Tras la reciente Cumbre Iberoamericana, se puede trazar un paralelismo interesante entre la Secretaría General Iberoamericana (SEGIB) y la secretaría permanente del Mercosur: si no se refuerzan esos mecanismos, actores y procesos supra-estatales, la esfera externa no será otra cosa que la puesta en escena mediática de la colisión de visiones e intereses domésticos.

 

TOMEMOS EL EQUILIBRADO Y COMPLETO análisis de Ricardo Israel Zipper en estas páginas, presentando lo que podría ocurrir en la XVII Cumbre Iberoamericana de Santiago de Chile y el elocuente y crítico balance de Javier del Rey Morató al concluir el encuentro-desencuentro. Y veamos, en este caso, el vaso medio lleno y las lecciones que dejó su realización. Nadie podrá decir, después de lo ocurrido y contando con el duro cruce entre el Rey de España y el presidente venezolano Hugo Chávez, que allí no ocurrió nada, que fue otra muestra de pura retórica alejada de las realidades, conflictos e intereses políticos y económicos que se juegan en las relaciones exteriores de los países que integran esta heterogénea comunidad de lenguas y pueblos latinos. Hubo diálogo frontal, enojos inocultables, fracasos estrepitosos y también compromisos y enseñanzas para el futuro.

“El encuentro para la foto podría haber tenido también resultados prácticos, aunque no fuera más que para aceitar los engranajes de relaciones bilaterales”

Esta cumbre fue muy buena, en tal sentido, para descorrer el telón de las apariencias, mostrar las fricciones y fuertes diferencias y evidenciar que, cuando la escena supranacional no es otra cosa que la sumatoria de las políticas y visiones nacionales, difícilmente puede servir para generar comunidades regionales o internacionales de integración.

Se puede trazar un paralelismo interesante, en tal sentido, entre la Secretaría General Iberoamericana (SEGIB) y la secretaría permanente del Mercosur: si no se refuerzan esos mecanismos, actores y procesos supra-estatales, la esfera externa no será otra cosa que la puesta en escena mediática de la colisión de visiones e intereses domésticos. Pruebas al canto: el incidente de Santiago de Chile se redujo a una discusión histórica y doméstica bilateral (el intento golpista de Caracas 2002 y el papel de José María Aznar). Y la discusión televisada terminó fortaleciendo a sus contendientes en sus respectivos frentes domésticos.

POLÍTICA DELIBERATIVA … QUE TERMINÓ EN REVISIONISMO HISTÓRICO

El encuentro para la foto del Rey Juan Carlos, el presidente José Luis Zapatero y los 21 presidentes latinoamericanos presentes podría haber tenido también resultados prácticos, aunque no fuera más que para aceitar los engranajes de relaciones bilaterales que están rechinando o produciendo fricciones desgastantes. En tal caso, cada uno debería haber cedido algo de sus posiciones para ganar a cambio dividendos superiores. “La cumbre tuvo como tema central la cohesión social pero era en los pasillos y reuniones fuera de agenda donde se concentraban los mayores puntos de interés” Pero no fue así: todos ganaron en esta partida a costa de perder todos en su juego común. Y descubrieron aquello que bien señala Javier del Rey Morató, aquello no es, al fin y al cabo, una versión hispánica de la Commonwealth.

En Santiago se esperaba algún avance en las gestiones de facilitación en las que estaba comprometido el Rey para encontrar una resolución al conflicto entre Uruguay y Argentina por la instalación de la fábrica de papel en la orilla ribereña oriental de la localidad de Fray Bentos. Pero todo salió mal: el presidente uruguayo Tabaré Vázquez se abrazó con su par argentino Néstor Kirchner, y pocos minutos después trascendió la puesta en marcha de la fábrica de Botnia, dejando desairada a la gestión mediadora de España. Nuevamente: una mediación confiada a exclusivos canales inter-gubernamentales sin injerencia de una figura o agencia supra-estatal con poder y mandato efectivos para intervenir en el diferendo, el cual sigue por otra parte los carriles del Tribunal Internacional de Justicia de La Haya.

“Cristina Kirchner deberá mirar más las actuales dificultades que enfrentan a los gobiernos vecinos (…) Hay ahora menos excusas para echar culpas a los errores del pasado y no tendrá el beneficio de inventario de la herencia recibida”

La cumbre tuvo como tema central la cohesión social (las desigualdades, los desafíos y las políticas sociales para lograr sociedades más inclusivas en Iberoamérica) pero era en los pasillos y reuniones fuera de agenda donde se concentraban los mayores puntos de interés. Un encuentro entre la presidenta anfitriona, Michelle Bachelet, y su par boliviano, Evo Morales, podía desembocar en algún gesto o anuncio sobre el centenario reclamo de Bolivia de una salida al océano Pacífico, que perdiera durante la guerra del Pacífico en el siglo XIX. Bachelet también podría reunirse con el peruano Alan García, en momentos en que Perú se apresta a enviar a La Haya sus alegatos sobre un diferendo limítrofe marítimo con Chile. Pero nada trascendente ocurrió en tales aspectos.

En síntesis, este Foro habitualmente insustancial –desde el punto de vista de su incidencia directa en la política del caleidoscopio de países y realidades latinoamericanas– fue, esta vez, un escenario donde hubo política deliberativa y activa. Pudieron adoptarse cursos de acción concretos y específicos respecto de principales desafíos que enfrentan los gobiernos de la región. Pero hasta ahí llegó, y mostró entonces sus límites y condicionamientos hasta terminar en un torneo de revisionismo histórico y querellas recíprocas que llegó a involucrar a la propia figura del Rey.

CRISTINA Y SU PRESENTACIÓN EN SOCIEDAD

Esta Cumbre fue además la primera presentación en sociedad de la argentina Cristina Kirchner en su condición de presidenta electa y la oportunidad de «Al norte bullen cien millones de anglosajones febriles e imperialistas, reunidos dentro de la armonía más perfecta; al sur se agitan ochenta millones de hispanoamericanos de cultura y actividad desigual»ponerse a tono con una problemática bien distinta a la de la euforia del triunfo electoral tanto como a la de los tiempos que le tocó gobernar a su marido y que ella acompañó como primera dama.

Se avanza ya también a paso acelerado hacia otros escenarios, agendas y demandas con las miras puestas más en el año 2010 y la superación de lo que en líneas generales se ha entendido como consecuencias del neoliberalismo. En tal sentido, la presidenta electa deberá mirar más las actuales dificultades, conflictos y desafíos que enfrentan a los gobiernos vecinos que aquellos tiempos un tanto más entusiastas y esperanzados en los que estos resultaron electos. Hay ahora menos resto y menos excusas para echar culpas a los errores del pasado y, obviamente, no tendrá la presidenta Kirchner el beneficio de inventario de la herencia recibida.

De uno u otro modo, siguen resonando un siglo después las palabras del poeta, escritor e intelectual argentino Manuel Ugarte, al evocar el contraste entre la América del norte y Sudamérica: Al norte bullen cien millones de anglosajones febriles e imperialistas, reunidos dentro de la armonía más perfecta en una nación única; al sur se agitan ochenta millones de hispanoamericanos de cultura y actividad desigual, divididos en veinte repúblicas que en muchos casos se ignoran o se combaten.

Ya son muchos más y no se ignoran ni se combaten, aunque por momentos parecieran reavivar los atavismos; pero falta que encuentren el modo de acompañar la retórica integracionista con instituciones y una cultura de la integración que subsuma los intereses nacionales y políticas domésticas en un contexto regional robustecido y no tan sólo en un foro de exposiciones, razones y pasiones nacionales y enunciaciones retóricas.