Si las futuras cumbres iberoamericanas estuvieran menos pendientes de la televisión, y de los egos y desequilibrios psicológicos de algunos personajes, y se fundaran en los negocios, con gentes menos presuntuosas y más pragmáticas, habría resultados tangibles, y podrían ser útiles para unos y otros.

(Desde Madrid) A FALTA DEL PROTAGONISMO DE CASTRO, el vacío que el cubano dejó tenía que llenarlo el teatral e histriónico Chávez, que, paradójicamente, de tan imprevisible, ya resulta previsible. Como dice un editorial venezolano, incluso, cuando los sucesos del Caracazo, Pérez se negaba a aceptar la magnitud de los acontecimientos. Hoy Chávez se comporta igual, ciego y sordo, ante lo que constituye su fracaso para atender no sólo al abastecimiento de los sectores populares sino a garantizar la vida de la gente. “Lo ocurrido en Santiago debería servir para reflexionar sobre la utilidad de estas reuniones. La del año pasado en Montevideo fue una cumbre prescindible: pudo no celebrarse, y el mundo no se habría enterado” Ese fracaso como gobernante se lo atribuyen a fuerzas conspirativas y a un plan orquestado desde el exterior. En realidad se comportan como niños, seres inmaduros incapaces de dirigir un país que necesita gente responsable y con los pies en la tierra (El Nacional, Caracas, 10/11/07).

Y es que la izquierda dogmática (Evo Morales, Rafael Correa, Daniel Ortega, Hugo Chávez) no puede competir con la izquierda finalista (Michelle Bachelet, Néstor Kirchner, Luiz Inácio Lula da Silva), y el victimismo que despliega revela su incapacidad, su infantilismo y su inmadurez.

Porque hay comportamientos que no son propios de personas maduras, y recuerdan las asambleas de estudiantes de los años sesenta, en las que la pataleta pasaba por argumento, y el insulto prestigiaba al estudiante novato de primero de carrera.

¿PARA QUÉ SIRVEN LAS CUMBRES IBEROAMERICANAS?

Conocemos bien los esfuerzos de Enrique Iglesias al frente de la SEGIB (la Secretaría General Iberoamericana), nadie cuestiona su profesionalidad, su cabeza privilegiada, su experiencia y su capacidad de liderazgo, y su obsesión por el trabajo bien hecho. No es responsable de estos episodios. Tal vez la responsabilidad deba caer sobre Bachelet.

“Enrique Iglesias podría decir aquello de «montas un circo y te crecen los enanos»

Lo ocurrido en Santiago debería servir para reflexionar sobre la utilidad de estas reuniones. La de 2006 en Montevideo fue una cumbre prescindible: pudo no celebrarse, y el mundo no se habría enterado.

Y la de Santiago de Chile, aunque todos han firmado el documento final, no parece que haya ido mejor. Y es que esto de las cumbres iberoamericanas debería ser menos folklore y más pragmatismo, menos histrionismo y más resultados, menos retórica de presunta (y no comprobada) unidad entre hermanos, menos televisión y más negocios. Hernán Felipe Errazuriz, escribe que en América Latina se abusa de las cumbres, antes que por su número, por su inutilidad. La retórica es imbatible en nuestra región (El Mercurio, Santiago, 11/11/07).

Enrique Iglesias podría decir aquello de montas un circo, y te crecen los enanos.

HACIA EL MODELO EMPRESARIAL

“Quizá la CEOE, y las patronales de los países latinoamericanos, estén en óptimas condiciones para preparar futuras cumbres iberoamericanas, de acuerdo con los respectivos gobiernos y con sus cancillerías”

Si las futuras cumbres iberoamericanas estuvieran menos pendientes de la televisión, y de los egos y desequilibrios psicológicos de algunos personajes, y se fundaran en los negocios, con gentes menos presuntuosas y más pragmáticas, habría resultados tangibles, y podrían ser útiles para unos y otros.

Pensamos en una Cumbre Iberoamericana de Empresarios y Políticos, anual, preparada cuidadosamente, con una agenda pactada, unos sectores privilegiados para la inversión, una presentación profesional de las oportunidades empresariales por parte de cada país, un marco jurídico estable (reglas de juego respetables y respetadas por todos los gobiernos), y unas obligaciones contraídas por el empresariado, para embarcarse en proyectos a largo plazo, comprometidos con los planes de desarrollo y con las necesidades de los países receptores de sus capitales.

Quizá la CEOE, y las patronales de los países latinoamericanos, estén en óptimas condiciones para preparar futuras cumbres iberoamericanas, de acuerdo con los respectivos gobiernos y con sus cancillerías.

No queremos negar la utilidad de las cumbres iberoamericanas, como afirmó Hugo Chávez hace años. Es que, o forman parte de la solución, o forman parte del problema. Y en Santiago de Chile parece ser que la cumbre formó parte del problema. Y pensando en el añoi 2010, cuando se cumplen dos siglos de la emancipación, para algunos presidentes latinoamericanos es posible que el rey también forme parte del problema.