Tras once años liderando, el Partido Liberal ha perdido el poder en Australia. Los laboristas abandonan la oposición gracias a una campaña electoral marcada por los asuntos internacionales, como Irak y Kyoto, pero que ha incidido especialmente en los temas domésticos, como la reforma laboral y la subida de los tipos de interés. ¿Qué cambios llevará a cabo el nuevo primer ministro Kevin Rudd?

 

EL PASADO 24 DE NOVIEMBRE tenían lugar las elecciones generales australianas y, como habían vaticinado las encuestas de los meses previos, los laboristas se alzaron con la victoria tras once años en la oposición. Desde el punto de vista del bipartidismo político australiano esto sería un hecho lógico porque desde el final de la Segunda Guerra Mundial, laboristas y liberales (en coalición con el Partido Nacional) se han alternado en el poder, con mayor presencia de los segundos. La novedad radica en que la política australiana ya no estará vinculada al nombre John Howard, primer ministro desde 1996.

Bajo su mandato, Australia ha jugado un rol protagonista en la escena internacional, y ha disfrutado de una prosperidad económica sin precedentes. Durante la primera parte de su mandato, esto es, hasta las elecciones generales de 2001, fueron los temas domésticos (impuestos, prestaciones sociales) los que dominaron la agenda de los dos grandes partidos. A partir de esa fecha, la política exterior copó la rivalidad entre los dos grandes partidos, en especial la lucha contra el terrorismo global y en íntima relación con éste, la presencia de las tropas australianas en Irak, tesis defendida por Howard y su ministro de Exteriores, Alexander Downer, pese a que en los comicios de 2004 esta fidelidad y ausencia de relativismo amenazó con desequilibrar la balanza a favor del Australian Labor Party.

EL DETONANTE DE LA POLÍTICA INTERNA

“Pero aunque han sido los temas de política doméstica los que han decidido las elecciones, las futuras e inmediatas decisiones gubernamentales van a tener que ver con el ámbito exterior”

En las recientes elecciones generales los temas de política exterior han sido protagonistas, uniéndose al binonomio Irak-terrorismo global, el tema medioambiental, puesto que en lo relativo a Kyoto hallamos una visión encontrada entre laboristas y liberales: los primeros apuestan por su ratificación, mientras que los segundos se han opuesto, sosteniendo que la estrategia de Kyoto no es una herramienta útil para hacer frente a la amenaza del cambio climático a largo plazo.

Sin embargo, pese al protagonismo mediático de estos dos temas, han sido los domésticos, tales como la reforma laboral, la subida de los tipos de interés (unido a una suerte de cansancio electoral que se ha reflejado en la crítica laborista a Howard de haberse distanciado de los votantes) los asuntos que han jugado a favor de Kevin Rudd, candidato del Laborismo, formación que al contrario de lo que hiciera en los comicios generales de 2004, cuando llevó a cabo una política relativista hacia Estados Unidos que encerraba un claro oportunismo electoral, en 2007 ha priorizado la agenda interior, e incluso cuando ha hecho referencia a cómo serían las relaciones internacionales, ha eliminado toda ambigüedad al respecto: retirada de las tropas de Irak y ratificación de Kyoto.

“el Labor Party tiene a su favor que Howard ha manifestado que no seguirá al frente del Partido Liberal”

Pero aunque han sido los temas de política doméstica los que han decidido las elecciones, las futuras e inmediatas decisiones gubernamentales van a tener que ver con el ámbito exterior, donde percibiremos un giro en U en lo que ha sido el entramado de relaciones mantenido por la Administración Howard, y que se va a traducir en la tan nombrada vuelta al consenso Whitlam (en referencia a la política exterior llevada a cabo por este primer ministro laborista entre 1972-1975) y en función del cual, Australia tenía tres escenarios entre los que no establecía jerarquía: Naciones Unidas, Estados Unidos y Asia. Ello no es más que la traducción práctica de la tesis defendida durante el periodo 2001-2007 por el Partido Laborista, que sistemáticamente ha reiterado que los liberales han despreciado tanto a la ONU como a Asia, centrándose exclusivamente en Estados Unidos.

NEW LEADERSHIP

Por todo ello, los siguientes meses van a ser claves a la hora ver qué repercusiones tiene todo ello para Australia y cómo recibe la comunidad internacional al Labor Party tras once años fuera de gobierno. A su favor tiene que en casa, Howard ha manifestado que no seguirá al frente del Partido Liberal y que la tarea inmediata de éste es lograr que los principios sobre los que se asienta (libre empresa, gobierno reducido, defensa de instituciones como la familia) vuelvan a calar entre el electorado, lo que viene a significar que deberán emplear los próximos años en un proceso de autoafirmación.

En definitiva, el laborismo hereda una Australia con protagonismo internacional y próspera económicamente con lo que tendrán más fácil llevar a la práctica su programa y el nuevo estilo de gobierno preconizado con su lema de campaña electoral New Leadership, bajo el cual en los próximos meses van a adoptar medidas en una dirección contraria a las del pasado inmediato.