¿Por qué jóvenes israelíes rechazan el servicio militar? ¿Dónde deben de buscarse las causas? ¿En el ejército, en el Estado, en los políticos, o en los propios jóvenes? ¿Por qué un servicio antaño percibido como heroico es visto hoy con creciente desinterés por cada vez más jóvenes? ¿Qué consecuencias puede tener esta tendencia para la seguridad del Estado de Israel a 60 años de su creación?

(Desde Tel Aviv) “EL EJÉRCITO DEL PUEBLO”. Así fue y así siempre se vio a sí mismo el TZAHAL, sigla hebrea que significa Fuerzas de Defensa de Israel. Siempre fue prácticamente el único marco en el que un barrendero podía hallarse en la misma unidad o el mismo campamento con un banquero, el médico de Tel Aviv con el agricultor y otras combinaciones singulares más.

En cuanto a lo multifacético de su composición, en lo referente a orígenes y variadas capas socio-económicas, se mantiene lo especial de Tzahal como ejército del pueblo. Pero la expresión parece ya no poder aplicarse en cuanto al alcance numérico, ya que va en continuo descenso el porcentaje de los jóvenes que hacen servicio militar obligatorio.

NÚMEROS PREOCUPANTES

Para los israelíes, los números son alarmantes. Cerca del 28 por ciento de los hombres en edad de servir en el ejército (18 años) no hace el servicio militar, luego el promedio es que algo más de 1 de cada 4 hombres no se enrola.

“un sector entero, los religiosos ultraortodoxos, reciben exención automática inclusive sin que tengan que demostrar que realmente son estudiantes de yeshivot”

El desglosamiento de dicha cifra es que el 11,2 por ciento de los que están en edad de entrar al ejército no lo hacen por resultar exentos en su calidad de estudiantes de yeshivot (institutos de estudios bíblicos), mientras que el 7,3 por ciento alega razones médicas diversas (lo cual incluye, al parecer, casos de exención por razones psicológicas de aquellos que se dicen inapropiados para el servicio). Un 4,7 por ciento consta de antecedentes penales, y 4,2 por ciento reside en el exterior.

Las mujeres no quedan fuera de estas cifras: el 35 por ciento de las jóvenes en edad de enrolarse, piden ser exentas por ser religiosas, pero sólo una parte de ellas hace, como alternativa al servicio militar, el así llamado servicio nacional de ayuda en diferentes áreas de la sociedad.

El tema a considerar no es sólo el número absoluto de exentos, sino la tendencia. Según el Coronel Shlomi Abraham, jefe del Departamento de Administración de Recursos Humanos, Tecnología e Investigación, el porcentaje de los no enrolados va en aumento. Desde hace pocos meses y hasta aproximadamente el próximo junio, se enrolará a los nacidos en 1989, pero lo cierto es que el 28 por ciento de ellos no realizará el servicio militar. Hace unos años, cuando los enrolados eran los nacidos en 1981, el porcentaje de los que quedaban fuera era del 21 por ciento.

LOS ULTRAORTODOXOS, EXENCION EN BLOQUE

No hay duda alguna de que la causa principal es que un sector entero, los religiosos ultraortodoxos, reciben exención automática inclusive sin que tengan que demostrar que realmente son estudiantes de yeshivot, sino bastando que lo aleguen.

Ello se origina en un acuerdo al que llegó en los primeros años del Estado el entonces primer ministro David Ben Gurión con los partidos ultraortodoxos, determinando que cierto número de jóvenes que querían dedicarse a los estudios religiosos superiores, podrían ser exentos del servicio militar. “una prueba de que no se trata únicamente de problemas objetivos, sino del enfoque de jóvenes que prefieren no hacer el servicio, es la distribución del fenómeno en diferentes partes del país” El argumento de los partidos religiosos era que el estudio de las Sagradas Escrituras había mantenido unido durante siglos al pueblo judío aún en medio de la dispersión y el exilio.

Pero el fenómeno se tornó en un hecho masivo que excede en mucho lo pactado hace casi seis décadas .Y su significado se agrava al multiplicarse claramente el porcentaje de este sector en toda la población, debido a su tasa de natalidad, muy superior por cierto a la del resto de la población israelí, salvo partes de la ciudadanía árabe.

En 1974, los jóvenes ultraortodoxos en edad de entrar al ejército constituían el 2,4 por ciento del total de los israelíes aptos para enrolarse, mientras que hoy, algo más de tres décadas después, el número ascendió considerablemente y supera el 11 por ciento.

YA NO ES UNA VERGÜENZA

Si bien dentro de ese 28 por ciento de los jóvenes que no se enrolan una parte no es considerada como quienes esquivan el servicio con mentiras o argumentos falsos, el fenómeno en sí va en aumento. Y una prueba de que no se trata únicamente de problemas objetivos, sino del enfoque de jóvenes que prefieren no hacer el servicio, es la distribución del fenómeno en diferentes partes del país. Mientras en Tel Aviv el porcentaje de los que no se enrola es casi del 35 por ciento, en las comunidades del norte del país, baja hasta el 17,4 por ciento. En Jerusalén la cifra alcanza el 52 por ciento, por el alto porcentaje de ultraortodoxos en la población de la capital.

“Ehud Barak: Una sociedad bajo amenaza existencial sobrevivirá únicamente si respeta a quienes la defienden”Lo preocupante, en términos de la sociedad israelí, no es sólo el resultado (por el cual los jóvenes que sí se enrolan se sienten a menudo utilizados porque hay otros que no hacen nada), sino también el ambiente que lo hace posible.

Antes (y es difícil señalar un año exacto, ya que todo ha sido un proceso) era una vergüenza no hacer servicio militar. Enrolarse y servir en unidades de combate, en un país que se sigue sintiendo amenazado por sus vecinos, era un motivo de orgullo. Ahora, si bien sería totalmente exagerado decir que ese fenómeno ha desaparecido, también hay otro, el de aquéllos que consideran que aquél que entrega tres años de su vida al servicio militar es ser, en el mejor de los casos, un tonto que desaprovecha su tiempo.

“cabe preguntar ahora es si acaso el Estado mismo no tiene la culpa de lo que está sucediendo, en parte al menos” El ministro de Defensa Ehud Barak declaró recientemente en una conferencia en la Universidad de Tel Aviv que los que se enrolan a TZAHAL y los combatientes en las unidades de la reserva militar son los dignos de ser considerados los verdaderos héroes de la sociedad. Con ello apuntaba no sólo al rol positivo de quienes sí cumplen con su deber en este sentido, sino que criticaba el fenómeno social de los últimos años, de jóvenes exitosos en programas populares como concursos de la canción o de bailes en altas horas de televisión y que no tenían problema en decir que no habían ido al ejército.

Hace pocos días, el Director General de la Autoridad de Radiodifusión de Israel Mordejai Shklar, declaró que no se haría un concurso abierto para decidir quién representaría a Israel en el festival europeo de la canción Eurovisión, a fin de no dar a jóvenes estrellas que no hicieron el servicio militar la oportunidad de ganar. No permitiré que nos representen quienes esquivaron su servicio militar, dijo Shklar. Es como pedirme que aplauda a alguien que utiliza alguna falla legal para evadir el pago de impuestos, explicó.

LAS CULPAS

Pero la responsabilidad no puede recaer únicamente en aquellos casos que esquivan el servicio militar, sino en los marcos de la sociedad que no hacen lo necesario para garantizar el cumplimiento de la ley y (más aún) el respeto a una norma que fue siempre un valor básico de Israel.

“No se puede volver a los días ingenuos en los que los ciudadanos tenían gran fe en las buenas intenciones del gobierno y en los que su voluntad de sacrificar sus vidas era proporcional a su grado de confianza” Es a ello que se refirió el ministro de Defensa Ehud Barak al criticar a profesores de universidad que no permiten a estudiantes llamados a servicio de reserva dar sus exámenes en fechas alternativas, o a líderes de la opinión pública que apoyan y publicitan a héroes culturales que evaden el servicio. Una sociedad bajo amenaza existencial sobrevivirá únicamente si respeta a quienes la defienden, agregó.

También el Comandante en Jefe del Ejército, Teniente General Gabi Ashkenazi se refirió al tema, señalando que los que evaden el servicio deben ponerse rojos de vergüenza, aclarando que si bien también en el pasado había quienes no cumplían con su deber lo nuevo es que ahora han perdido la vergüenza. A eso se refería también Barak al decir que antes, no servir en el ejército, era una marca de Caín.

Sin embargo, aunque todas estas frases sean muy ciertas, lo que cabe preguntar ahora es si acaso el Estado mismo no tiene la culpa de lo que está sucediendo, en parte al menos. En un editorial del matutino Haaretz, se afirma categóricamente que el no enrolamiento de casi la mitad de la población (incluyendo a la ciudadanía árabe) no es responsabilidad de los que deberían enrolarse sino del Estado que no los incluye.

Trucos políticos han permitido a políticos de todos los partidos, a lo largo de la existencia del Estado, eximir a los ultraortodoxos completamente, aceptando sumisamente su argumento de que a ellos se les ha encomendado el rol histórico de rehabilitar el judaísmo después del holocausto, sea a través de intensos estudios de la Torá o de su producción de hijos, escribe el editorialista. Y continúa: En lugar de perseguir a artistas que logran esquivar el servicio militar, no hace más que agregar insulto a la ofensa.

CUESTION DE CONFIANZA Y EJEMPLO

Pero el periódico toca otro tema muy de fondo, que sí se refiere a las motivaciones de los que esquivan enrolarse, aunque de hecho culpa por ello a otros. No se puede volver el reloj hacia atrás, a los días ingenuos en los que los ciudadanos tenían gran fe en las buenas intenciones del gobierno y en los que su voluntad de sacrificar sus vidas era proporcional a su grado de confianza, escribe. La confianza en el Estado no puede reinstaurada mediante amenazas y sanciones, sino únicamente a través de un comportamiento moral y responsable del gobierno.

El analista Nehemia Shtrasler, del periódico Yediot Ahronot (dedicado en general a temas económicos, pero también a asuntos de interés general), también critica al ministro de Defensa , al que acusa de haber batido records de cinismo con su discurso inflamatorio contra los que esquivan servicio militar. Shtrasler recuerda que cuando se postuló como candidato a primer ministro en 1999, su lema era una nación, un enrolamiento, dando a entender que había que terminar con todas las exenciones del servicio militar, especialmente las dadas en bloque a un sector, pero que en la práctica, bajo su gobierno, se apoyó legalmente el dejar fuera del servicio a los ultraortodoxos a través del llamado Comité Tal.

Se requiere una medida nada pequeña de atrevimiento para hablar de soldados de combate que se sienten aprovechados y no suficientemente apreciados, escribió el analista. Al fin de cuentas, se sienten así porque otros 50.000 jóvenes como ellos, que son tan sanos y talentosos como ellos, se reclutan a las yeshivot (aunque no necesariamente estudien) y “mueren” en el estudio de la Torá, mientras ellos resultan heridos y muertos defendiendo el país, aclaró.

MEJOR REPARTICIÓN

“por un lado están aquellos israelíes judíos que consideran que no se podría confiar en los ciudadanos árabes como parte del ejército, por otro los propios árabes que no quieren ni siquiera hacer un servicio social” Shtrasler no niega que existe el fenómeno de esquivar el servicio militar también entre los seculares, pero en mucho menor escala. La vasta mayoría tanto de los seculares como de los religiosos sionistas entra al ejército y completan el servicio militar. Pero mientras entre los haredim (ultraortodoxos), el cien por cien no hace servicio militar, entre los seculares y religiosos sionistas sólo el 17 por ciento no lo hace.

Es que, más allá del tema de los valores y de la unidad de la sociedad, hay aquí también una consideración muy práctica. Si el esfuerzo se repartiera entre más soldados, cada uno podría no sólo llevar menos carga sobre sus hombros, sino inclusive correr menos peligro en situaciones de combate.

El General Elazar Stern, jefe del Arma de Personal del ejército (él mismo observante, religioso sionista, o sea, no de la corriente ultraortodoxa) lo dijo claramente: si al hoy existente batallón de soldados haredim (ultraortodoxos) que existe en forma excepcional, se pudiera agregar otro, ello incidiría en la cantidad de batallones de reservistas a llamar por año al servicio y en el tipo de actividad que hagan, más entrenamiento y menos días operativos.

EL SERVICIO COMUNITARIO

Lo que agudiza la discusión es que quienes no van al servicio militar, no toman la alternativa de un servicio en pro de la sociedad, inclusive en su propio sector. La discusión al respecto se da especialmente con fuerza en lo relacionado a la ciudadanía árabe (casi el 20 por ciento de la población) que no es reclutada, por decisión del Estado, salvo los casos de voluntarios que se presentan y piden hacer servicio militar.

Este sector, por evidente temor a choque de intereses, no es llamado al servicio, pero sí hay propuestas de que hagan un servicio nacional o social, en sus propias escuelas, en hospitales, algo similar a lo que hacen las mujeres que no quieren ir al ejército por ser religiosas y preferir no servir junto a varones en condiciones que consideran inapropiadas, pero que desean sí prestar un servicio alternativo a la sociedad.

El tema ha dado lugar a muchas discusiones con variados matices, ya que por un lado están aquellos israelíes judíos que consideran que no se podría confiar en los ciudadanos árabes como parte del ejército, por otro los propios árabes que no quieren ni siquiera hacer un servicio social y en el medio los que sí quisieran afirmando que ello también ayudaría en su lucha por plena igualdad de oportunidades.

DE CARA AL FUTURO

Volviendo al cuadro general, hay quienes recuerdan justamente ahora, al cumplirse ya más de un mes de huelga de los docentes de secundaria en todo Israel, que todo comienza por la educación. Pero, al analizar el por qué del fenómeno aquí descrito, claro está que son varios los factores que se combinan y que no hay una sola explicación. Y la responsabilidad no puede recaer sólo sobre los jóvenes que no cumplen la ley, sino sobre aquellos que de hecho, por más que luego protesten, se lo permiten.

Es la responsabilidad de los políticos garantizar que se maniobre en temas como éste, con el objetivo, por ejemplo, de preservar coaliciones de gobierno con el apoyo de los partidos ultraortodoxos. Y es la responsabilidad del ejército ocuparse también de que jóvenes que se considera pueden causar problemas no sean dejados fuera.

Si se los recluta y dedica esfuerzos a su inserción, el ejército y la sociedad toda, saldrán ganando.