El descubrimiento de una bolsa importante de petróleo situada en el Golfo de Guinea entre Santo Tomé y Príncipe y Guinea Ecuatorial ha acrecentado el interés estadounidense, de Francia y de China en esta región de África. La producción podría pasar de los 3 millones de barriles diarios actuales a más de 6 millones en 2010, mientras que las reservas se estiman en 24.000 millones de barriles. Entienda por qué es tan importante que prime el control y la transparencia en los acuerdos de explotación.

EL ACCESO A LOS RECURSOS, especialmente a los recursos energéticos, se ha convertido en un elemento clave para la paz y la seguridad internacional. Y si hay un recurso por excelencia del que dependen los países industrializados para mantener su crecimiento y su nivel de vida y bienestar, ese es el petróleo.

Estados Unidos, siendo el primer consumidor mundial de petróleo y gas, ha incluido un apartado con respecto al acceso libre a los mercados petrolíferos, como parte integrante de su estrategia de Seguridad Nacional. Sin un flujo garantizado de las materias energéticas, el sistema económico estadounidense podría colapsarse, y ello implica la consiguiente exigencia de asegurarse el acceso al petróleo, incluso mediante la utilización de la fuerza.

En general, los países industrializados no pueden proseguir su ritmo de crecimiento o su nivel de vida sin el petróleo y, por tanto, su abastecimiento puede ser el origen de los conflictos del siglo XXI o, al menos, ser uno de los vectores principales que marque la pauta de las Relaciones Internacionales.

“Es urgente y vital para Occidente, y especialmente para Estados Unidos, la diversificación de la procedencia del petróleo”

Desde el 11 de septiembre del 2001, y más recientemente, tras la fallida guerra contra Irak, la amenaza nuclear de Irán y la política energética de la Venezuela de Hugo Chávez, es urgente y vital para Occidente, y especialmente para Estados Unidos, la diversificación de la procedencia del petróleo. Además, el hecho de que Estados Unidos sea el máximo consumidor internacional de crudo le hace especialmente vulnerable: siendo un 5 por ciento de la población mundial, consumen el 25 por ciento del petróleo, del cual importan el 60 por ciento y se espera que este porcentaje aumente hasta un 70 por ciento antes del año 2010. Mientras siga aumentando la demanda estadounidense de petróleo, también lo hará su exposición a los problemas que afectan a las inestables regiones productoras de petróleo del mundo.

OBJETO DE DESEO

Ante esta situación, África ha pasado a ocupar un lugar privilegiado en las relaciones exteriores estadounidenses, especialmente por la necesidad de asegurarse los flujos de petróleo, pero también como parte de su guerra contra el terrorismo internacional. África supone actualmente el 19 por ciento del petróleo que se importa desde Estados Unidos y las previsiones apuntan a aumentar este porcentaje hasta un 25 por ciento en el 2015.

Por ambas razones, Estados Unidos ha colaborado en la financiación y equipamiento de las fuerzas de seguridad de varios países africanos en los que le interesa mantener una estabilidad que permita la extracción continuada de petróleo y/o asegure el control de los movimientos terroristas relacionados con el fundamentalismo islámico.

En realidad, el giro hacía África que se ha labrado tras el 11 de septiembre del 2001, tenía sus antecedentes en 2000, cuando las petroleras estadounidenses, especialmente ExxonMobil y ChevronTexaco, destacaron el potencial energético de África ante una reunión del subcomité África de la cámara de representantes.

Estas recomendaciones y conclusiones no cayeron en el vacío y la combinación de las mismas con el triunfo electoral de George Bush, que lo fue también de las compañías petroleras tejanas que habían financiado su campaña, y con los atentados del 11 de septiembre de 2001, supuso la puesta en marcha de un programa en relación con la política energética hacia el continente africano.

LOS YACIMIENTOS DEL GOLFO DE GUINEA

El descubrimiento de una bolsa importante de petróleo situada en el Golfo de Guinea entre Santo Tomé y Príncipe y Guinea Ecuatorial, ha sido uno de los factores que ha acrecentado el interés estadounidense en esta región en concreto de África.

“Si en la actualidad África exporta casi 5 millones de barriles diarios, las predicciones apuntan a que la producción de petróleo africano crezca hasta representar el 11 por ciento de la producción mundial para el año 2020 con unos 12 millones de barriles diarios”

En la zona del Golfo de Guinea, la producción podría pasar de los 3 millones de barriles diarios actuales a más de 6 millones en el año 2010, además de que sus reservas se estiman en 24.000 millones de barriles. La región del Golfo de Guinea se caracteriza porque, a excepción de Nigeria, los otros países no pertenecen a la OPEP, con lo que no tienen una cuota limitada de producción, y además son centros de producción offshore, lo que asegura que las extracciones están lejos de los posibles conflictos.

Adicionalmente, si en la actualidad África exporta casi 5 millones de barriles diarios, las predicciones apuntan a que la producción de petróleo africano crezca hasta representar el 11 por ciento de la producción mundial para el año 2020 con unos 12 millones de barriles diarios, según las investigaciones del Departamento de Energía estadounidense. Esto equivale a la producción conjunta de Irán e Irak.

INTERESES NORTEAMERICANOS, EUROPEOS… Y EL AUGE DE LOS ASIÁTICOS

El handicap del petróleo africano puede ser la inestabilidad de los países productores. Puesto que Nigeria ya ha sido causa de altercados mayores y la extracción ha tenido que detenerse repetidas veces por ataques y manifestaciones violentas en el Delta del Níger, Estados Unidos ha actuado reforzando los gobiernos de otros países del Golfo de Guinea, desde el acercamiento a Teodoro Obiang, incluida su eliminación de la lista de países que infringen sistemáticamente los Derechos Humanos, a los contratos de mantenimiento y financiación con el nuevo presidente de Santo Tomé.

Curiosamente, en octubre del año 2003, apenas tres meses después del golpe de Estado en Santo Tomé, varias compañías petroleras estadounidenses anunciaban una inversión de 500 millones de dólares para la explotación de los yacimientos offshore. En Julio de 2005, el Center for Strategic and International Studies (CSIS), publicó un informe titulado A strategic US Approach to Governance and Security in the Gulf of Guinea en el que recomendaba reforzar las presiones estadounidenses a favor de la gobernabilidad y seguridad de la zona.

Pero Estados Unidos no es el único país tomando posiciones en África, no hay que olvidar que Francia nunca ha abandonado sus redes de poder africanas, y que la petrolera franco-belga TotalFinalElf es la que ostenta el número uno en barriles extraídos de África. Está presente en cuarenta países africanos, de los que en treinta controla la mayor parte del mercado. Le sigue a poca distancia la empresa estadounidense ChevronTexaco, que está presente en cincuenta países y se ha especializado en la prospección y extracción offshore y en aguas profundas. A esto debemos añadir que las petroleras europeas y estadounidenses están haciéndose con el control y la propiedad de las sucesivas privatizaciones de las petroleras africanas que fomentan las instituciones financieras internacionales.

“China supone ahora un 31 por ciento de las importaciones mundiales de petróleo, y se estima que el aumento del consumo va a aumentar espectacularmente”.

Al papel estratégico que tiene África para Estados Unidos y Francia, se debe añadir China, que para asegurarse la provisión de petróleo para mantener su nivel de crecimiento, ha desembarcado en África con varias propuestas y proyectos que están siendo una competencia a las petroleras europeas y estadounidenses. China supone ahora un 31 por ciento de las importaciones mundiales de petróleo, y se estima que el aumento del consumo va a aumentar espectacularmente. Por ello China trata de asegurarse sus proveedores, negociando acuerdos relacionados con sectores no cubiertos tradicionalmente por la ayuda occidental. Recientemente ha firmado un acuerdo con Nigeria por valor de 3.200 millones de euros en infraestructuras a cambio de 4 licencias de explotación petrolífera. También es el primer inversor en Sudán de donde obtiene el 8 por ciento de sus importaciones, a cambio provee al gobierno de Jartum con armas y apoyo en el Consejo de Seguridad de la ONU.

PREDICCIONES POCO HALAGÜEÑAS

Como concluía en mi primer análisis sobre la importancia del Petróleo para los países productores africanos, el resultado no es alentador. A principio de año se celebró en Davos la reunión anual de los poderes económicos mundiales, y el tema estrella fue la industria petrolífera. Un estudio de la consultora PriceWaterhouseCoopers, ponía de manifiesto que la petropolítica se ha situado en niveles de preeminencia equivalentes a los que tenía en 1973, cuando se produjo la primera crisis del petróleo. Así mismo, los informes de dos de las mayores compañías, ExxonMobil y Royal Dutch Shell, hechos públicos en Davos, prevén en sus planes estratégicos un crecimiento del consumo energético mundial del 50 por ciento, el cual será satisfecho en un 80 por ciento por los combustibles fósiles (petróleo, gas natural y carbón).

Con estas cifras en mente, y añadida la presión de la entrada de China en el mercado petrolífero, las predicciones para África no son muy halagüeñas. Al aumentar la dependencia de Occidente y de China con respecto al crudo disminuyen las posibilidades de que prime la ética en las transacciones comerciales. El petróleo seguirá siendo para los africanos sinónimo de corrupción y pobreza, de deterioro del medio ambiente y violencia, para beneficio exclusivo de multinacionales, gobiernos locales y potencias occidentales. Está en la mano de los nuevos dirigentes occidentales y africanos, liderar un cambio en las políticas estatales que primen el control y la transparencia de los acuerdos, concesiones y beneficios, para que realmente supongan una inyección de ingresos en los países productores y no en los bolsillos de unos pocos dirigentes.