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Washington busca rodear al régimen de Teherán

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La gira del presidente George W. Bush en Oriente Medio busca reconducir las negociaciones entre el gobierno palestino controlado por Abu Mazen y los israelíes y fortalecer paralelamente la alianza suní, entre Kuwait, Egipto, Bahrein, Emiratos Árabes Unidos y Arabia Saudí, todos países árabes amigos de Washington para contener de este modo a los iraníes. Sepa por qué Arabia Saudí es el país mas interesado en restablecer el equilibrio de poder en el Golfo a través de un plan de Defensa colectivo, ante la amenaza del chiísmo iraní.


LA UBICACIÓN DEL GOLFO PÉRSICO y la importancia estratégica la han convertido en una zona disputada del mundo. Los recursos de crudo que se encuentran en el Golfo y su ubicación geoestratégica y vital, han hecho de esa área una región frágil, peligrosa y altamente volátil.

Desde el comienzo de la crisis nuclear entre Irán y la comunidad internacional –tal y como es presentado por la Agencia Internacional de Energía Atómica [1] (AIEA), el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, la Unión Europea y Estados Unidos– Irán ha estado haciendo esfuerzos para responder mediante amenazas directas e indirectas a los países del Golfo, a quienes califica abiertamente como apóstatas y socios del imperialismo, además de Khubars (infieles); más si cabe, después de la Cumbre de Annapolis.

La gravedad de las recientes amenazas de Teherán contra Arabia Saudí y los países del Golfo, principalmente por parte de destacados funcionarios iraníes, debería ser tomada seriamente ante el desarrollo y avance de situaciones puntuales.

TODOS UNIDOS VENCEREMOS

Al parecer, así lo entendieron los gobiernos de la región que convocaron un frente conjunto formado por países del Consejo de Cooperación del Golfo (CCG [2]) contra Irán, frente tras el que preparan un plan de defensa colectivo que incluye el desarrollo de una industria militar del Golfo, donde se establecerá una fuerza militar conjunta. Son muchos los diplomáticos saudíes y kuwaitíes que piensan que deben cerrar líneas antes de que sea demasiado tarde y que los países del Golfo no deben permanecer sin respuesta ante las amenazas de las que son blancos por parte de Teherán.

La amenaza más reciente vino del presidente iraní Mahmoud Ahmadinejad [3], quien declaró abiertamente que su país cubrirá el vacío de seguridad que se creará en Irak cuando las fuerzas americanas se retiren. De ahí la determinación de los países del Golfo Pérsico para formular un plan de defensa conjunto.ESCALADA PREOCUPANTE

La preocupación derivada de la postura de Irán también se hizo evidente en declaraciones, a la agencia Farsi News, del comandante de su Marina de Guerra, Ali Razmjou, quien sostuvo que si los enemigos quieren lanzar un ataque militar, nuestra armada tiene la fuerza para convertir el Golfo en un mar de fuego para nuestros enemigos externos y aun para sus socios de los gobiernos ilegales colocados por el imperialismo.

Estas manifestaciones van en consonancia con las de Hossein Shari´atmadari, consejero del Líder Supremo [4] de Irán Ali Khamenei [5] y editor del diario Al Kayhan, en el que enfatizó que Bahrein [6] es una región que le pertenece a Irán, y que existen documentos que demuestran la soberanía iraní sobre las islas (Abu Moussa y Tunb), a las que aludió como el claro ejemplo de que en los Estados del Golfo existen regímenes ilegítimos que son producto del imperialismo. Su colega Ali Shamkhani, consejero militar del líder de la revolución iraní Khamenei y ex ministro de Defensa del régimen, fue más lejos aún y amenazó con emprender una guerra extrema contra los países de la región si Estados Unidos ataca las instalaciones nucleares iraníes.

RESTABLECER EL EQUILIBRIO DE PODER

Estas intimidaciones, presiones y advertencias sobre la soberanía y la seguridad de los Estados del Golfo, así como la interferencia de Teherán en los asuntos de estos Estados, deberían movilizar a la comunidad internacional con el fin de instrumentar medidas responsables, ya sean de diálogo a través de la diplomacia o directamente para brindar seguridad y apoyo a estos Estados que ya se encuentran abocados a preparar un plan de defensa conjunto para confrontar las aspiraciones anexionistas de Irán, en el intento de crear un mínimo equilibrio de poder en la región.

Tales esfuerzos deben ser enfatizados conduciendo acciones diplomáticas, sin descartar alianzas militares conjuntas con la participación de Arabia Saudí y los demás países del Golfo.

Sería imprudente, peligroso y suicida para estos países permanecer impávidos en el marco de la actual conducta irregular del régimen de Teherán, que no sólo considera enemigo al Estado de Israel, sino que, ante el menor indicio de iniciación de un conflicto, atacaría sin pensárselo dos veces a sus vecinos árabes, a los que considera socios del imperialismo en tierras del Islam. Es cierto que muchos diplomáticos saudíes restan importancia a las declaraciones y los discursos iraníes calificándolos simplemente de torpeza o desliz, o que estas declaraciones están dirigidas hacia los norteamericanos, tratándose pues de una guerra verbal entre Irán y Estados Unidos. Pero las circunstancias requieren que los organismos internacionales comprendan la gravedad de la situación regional y que, más allá del conflicto latente entre un Irán que vocifera la destrucción de Israel, el peligro no se agota en la centralidad de ese conflicto bilateral, sino que Irán iría más allá y llevaría a cabo, si fuera necesario y sin ningún tipo de miramientos, su publicitada destrucción para incendiar la fronteras del Golfo, pues considera a esos gobiernos como descarriados de la senda marcada por el Islam.

 

La comunidad internacional debe reexaminar la historia de la guerra Irak-Irán [7], como así también el deterioro de la seguridad que tiene lugar actualmente, lo cual no descarta una posible confrontación en la zona cuyas ramificaciones podrían ser destructivas y extensivas a todos los países de la región.

 

Este contexto hace que el actual escenario de inestabilidad tienda a agravarse más en lo que se refiere a la seguridad no sólo de Israel o de Arabia Saudí. Los países miembros del CCG deben trabajar de forma tan abierta como sea posible, en torno al futuro de su seguridad militar y política, y deben ser fuertes ante las fuerzas regionales e internacionales que los amenazan.

Las preocupaciones giran en torno a diversos interrogantes: ¿Por qué los países del Golfo no están mostrando interés en establecer su propia fuerza militar conjunta? ¿Acaso han olvidado cómo Saddam Hussein invadió a Kuwait? ¿Han olvidado las amenazas históricas del Sha de Persia de invadir la región del Bahrein y la reiteración de esas mismas amenazas por funcionarios iraníes de los últimos días? ¿Han olvidado la disputa entre Irán y los Emiratos Árabes por las islas Tunb?

La situación no ha alcanzado todavía su máximo apogeo, pero a la luz de las advertencias, la comunidad internacional deberá asumir su responsabilidad antes de que un nuevo tsunami se desate sobre sus socios. Esta vez, la crisis puede ir más allá del conflicto árabe-israelí, y la zona del Golfo en su conjunto no estará exenta.