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Barack versus «Billary»

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Con la presidencia de George W. Bush en su piso histórico de popularidad y sin un sucesor natural republicano, los demócratas deberían estar en la situación perfecta para llegar a la Casa Blanca. Sin embargo, mientras Bill Clinton ataca despiadadamente a Barack Obama, el senador republicano John McCain, lidera los sondeos nacionales contra su esposa, Hillary. Las discordias de Bill son perjudiciales para el partido Demócrata. Es la hora de Obama, afirma el autor.

DURANTE UN DEBATE TELEVISADO en Carolina del Sur, Barack Obama, en alusión a los feroces e inauditos ataques del ex presidente Bill Clinton, le dijo a Hillary Clinton que no sabía sí se enfrentaba a ella o a su marido. La perjudicial omnipresencia de Bill Clinton jugando al poli malo con Hillary, la poli buena, ha supuesto uno de los aspectos más perturbadores de estas singulares y acaloradas primarias del partido Demócrata.

UNAS PRIMARIAS ÚNICAS

No sólo son únicas estas primarias por presentar al primer candidato afroamericano y a la primera mujer candidata en la historia de Estados Unidos (sin mencionar el posible retorno de la antigua primera familia de la Casa Blanca con sus papeles intercambiados), sino que los Clinton han implementado unas tácticas drásticas que suelen reservarse sólo para las elecciones generales. Los frecuentes ataques y discordias, el uso de medias verdades y los deliberados falseamientos sobre la persona y los antecedentes de Obama (por parte de Bill Clinton) han sido amonestados por los comentadores políticos y hasta por los soldados del partido Demócrata.

John Ferry, el candidato demócrata a la presidencia en 2004, denunció las detestables distorsiones de Clinton, mientras que Tom Daschle, el antiguo líder de la mayoría Demócrata del Senado estadounidense, dijo que el comportamiento de Bill no se correspondía con la de un ex presidente.

EL COMPORTAMIENTO PRESIDENCIAL

Los estadounidenses tenemos una especial relación con la presidencia. Podemos discrepar con los políticos a ambos lados de la mesa, pero siempre apoyaremos y honraremos la figura del presidente por respeto a la institución de la presidencia. Como resultado, cuando el mandato de un presidente de Estados Unidos llega a su final, el presidente se convierte en ex presidente con todas las implicaciones del nuevo mandato. Los ex presidentes se honran como antiguos estadistas, como servidores de su patria, y se les concede el eterno título de presidente.

En las actuales elecciones, hemos visto cambios. Bill Clinton ha actuado más como James Carville [1], el Ragin’ Cajun [2], antes que un digno estadista. A Bill se le ha visto gritar generosamente en los mítines políticos. Insulta y humilla a su colega demócrata Obama. En Nevada, Bill contó a la prensa y a los electores un extenso relato sobre posibles irregularidades en la campaña de Obama que resultan imposibles de demostrar o refutar. Y lo hace como antiguo presidente de Estados Unidos.

Como escribe Eugene Robinson [3], del Washington Post, Olvidense del estadista que emplea apropiadamente un lenguaje moderado cuando habla de acontecimientos políticos… Aquel Bill Clinton ha abandonado el edificio.

RAZA, POLÍTICA Y GIRO DESCARADO

En particular, existe un consenso general entre los senior demócratas y los expertos respecto a que Bill y Hillary han estado jugando con el infame argumento racial en detrimento de Obama. Hay pocas dudas respecto al razonamiento que existe tras los comentarios de Hillary aludiendo a Martin Luther King y al presidente Jonson, y luego el menosprecio de Bill a la candidatura de Obama como un mero cuento de hadas. El raciocinio general, como manifestó el antiguo asesor de Clinton, Dick Morris [4], era convencer a los votantes blancos de que la victoria de Obama en Carolina del Sur se debía a que era un candidato negro, en vez un candidato que resultó ser negro.

Después de que Obama se impusiera en Carolina del Sur casi doblando el número de votos obtenidos por Hillary, Bill Clinton despreció la victoria de Obama afirmando que incluso Jesse Jackson [5] había también ganado unas primarias en Carolina del Sur. Éste es precisamente el tipo de descaradas bajezas y tentativas de convertir a Obama en un radical.

EL DÉJÀ VU DE CLINTON

Por convertir las primarias en una guerra de falsas acusaciones y lanzamiento de insultos, muchos estadounidenses están viviendo una angustiosa retrospectiva de la cultura bélica de los años 90, la triangulación, la intriga del asesoramiento especial, incontables escándalos de corrupción, amigos y tratos cuestionables, vidas personales…

La ausencia de decoro de Bill y el celo sin precedentes puesto en la estela de la campaña ha recordado también a los estadounidenses el aura de privilegio, de ambición de los Clinton. No están dispuestos a detenerse ante nada. Resulta incluso irónico y digno de ver cómo el mismo dúo que solía lloriquear tan vehemente por la política de destrucción personal ahora se ha tornado tan destructivo y despiadado respecto al joven Obama.

No sólo ofende ver al estadista experimentado y ex presidente intentar cortar las alas a Obama en cada esquina, sino que resulta una falta de respeto para los cientos de miles de seguidores de Obama, quienes están apoyando apasionadamente su candidatura marcando un récord en el número de votos en unas primarias. ¿Qué pasó con aquél Bill Clinton de 1992, joven, fresco y esperanzador, como el Obama de hoy?

BUSH CLINTON BUSH CLINTON… Y KENNEDY APOYANDO A OBAMA

Estados Unidos se encuentra cerca de la posiblidad de alternar dinastías y rotar presidencias lo que derivaría en un peligroso modelo. Porque las primarias exigen un cierto grado de lealtad al partido, sospechosamente ausente en el cuaderno de los Clinton, Obama podría plantear la pregunta sobre el estado de la democracia en Estados Unidos cuando el repaso a la lista de cuatro presidentes consecutivos podría ser Bush Clinton Bush Clinton…

Caroline Kennedy [6] ha apoyado recientemente la candidature de Obama afirmando que le inspira como ningún otro político lo ha hecho desde su padre, el ex presidente Kennedy. E incluso más importante, Edward Kennedy [7], el segundo senior Demócrata en el Senado ha respaldado también a Obama. Sus cuarenta años de experiencia en el Senado y el apoyo a Obama como el mejor candidato para ser el nuevo presidente supone todo un bofetón para la llamada a la experiencia de Hillary. Es más, su apoyo, siendo como es considerado el político nacional más importante de todos, le da a Obama el tipo de credibilidad de peso que necesita para enfrentarse a los dos Clinton.

EL AÑO DE LOS DEMÓCRATAS EN PELIGRO

Con la presidencia de George W. Bush en sus pisos de popularidad y sin un sucesor natural republicano, los demócratas deberían estar en la situación perfecta para llegar a la Casa Blanca. Sin embargo, mientras Bill ataca a Obama, el candidato republicano, el senador John McCain, lidera los sondeos nacionales contra Hillary. Las discordias de Bill son perjudiciales para el partido Demócrata. Según Daschle, en última instancia nos acabará dividiendo, y ello tendrá consecuencias perdurables en el futuro. Como indica Frank Rich en el New York Times [8], Bill Clinton puede ser el milagro que buscaban los republicanos para mantenerse en la Casa Blanca.

Algo es seguro: George W. Bush ya no será presidente tras estas elecciones. Y en unos comicios de cambio, Obama ha reunido a los estadounidenses en un nuevo y excitante camino con energía, entusiasmo y esperanza. Su discurso de victoria en Carolina del Sur [9] fue uno de los discursos más conmovedores de la historia reciente. Desafortunadamente, Obama se enfrenta al sentido del derecho de Billary y a la táctica del todo vale. El Súper Martes se aproxima, y ya parece que Hillary pedirá a Bill que juegue un papel secundario y se quede callado. Como indica Carolina del Sur, ella es una candidata mucho más fuerte, sola. La pregunta ahora es si la voluntad de Clinton jugará de forma justa y dejará a la esperanza de Obama tener su oportunidad legítima.

En palabras de Edward Kennedy, es la hora de Barack Obama.