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Timor Oriental no levanta cabeza

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El intento (fallido) de asesinato y de golpe de Estado contra el presidente Ramos Horta [1] de Timor Leste (o lTimor Oriental) hace pocos días puso una piedra más en el ya de por sí difícil camino que recorre el país hacia su consolidación como un Estado democrático independiente. La estabilidad de la ex colonia portuguesa preocupa no sólo a Naciones Unidas, sino a Portugal, que ha hecho pública ya su condena de los hechos, y a Australia, país vecino de Timor Oriental y con importantes intereses petrolíferos, que no ha dudado en reforzar su participación en la Fuerza Internacional de Estabilización.

EL INTENTO DE ASESINATO del presidente Ramos Horta [1] hace pocos días puso una piedra más en el ya de por sí difícil camino que recorre Timor Leste (o Timor Oriental) hacia su consolidación como un Estado democrático independiente.

En efecto, la historia de la que fuera colonia portuguesa hasta 1975, no puede ser descrita sino como un constante sobresalto desde esa fecha. Entonces, tras un corto interregno, con el propio Ramos Horta como presidente, los timoreses apenas pudieron saborear el sabor de la independencia; la Indonesia de Suharto [2] decidió invadir la parte oriental de la isla de Timor, anexionándose Timor Oriental y considerándolo como su 27ª provincia. “Sólo el despliegue de una fuerza de las Naciones Unidas haría posible estabilizar relativamente el país y celebrar en 2002 unas elecciones presidenciales”

Si inicialmente la opinión pública internacional miró para otro lado y las potencias occidentales, incluso, apoyaron la invasión, la creciente crueldad de los indonesios, que en los años de ocupación se llegó a cobrar la vida de unas 220.000 personas y que fue puesta de manifiesto por episodios como la masacre del Cementerio de Santa Cruz, en Dili (en que murieron cerca de 200 personas), acabaría por hacer arreciar las críticas, lo que iría allanando el camino para la celebración de un referéndum de independencia supervisado por Naciones Unidas en 1999, que acabaría por confirmar que un 78 por ciento de los timoreses era partidario de la independencia.

Con todo, el referéndum no podría escapar a una violencia que se está convirtiendo en endémica en el país ya que, incluso antes de que se hicieran públicos los resultados de la consulta, treinta milicias armadas, en buena medida protegidas por el propio ejército regular del país vecino, lanzaron una oleada de ataques contra aquellos ciudadanos considerados sospechosos de haber votado por la independencia.

Sólo el despliegue de una fuerza de las Naciones Unidas haría posible estabilizar relativamente el país y celebrar en 2002 unas elecciones presidenciales en las que saldría elegido Xanana Gusmao [3], héroe de la lucha por la independencia, uno de los líderes históricos del FRETILIN [4] (Frente Revolucionario de Timor Leste Independiente) y en prisión desde la llegada de los indonesios, en 1975, hasta el referéndum de 1999.

UNA DIVISIÓN DE MUCHO MÁS CALADO

Con ello quedaría sellado el comienzo de la existencia independiente del país pero, lamentablemente, no el fin de la violencia, ya que, sólo cuatro años más tarde, en 2006, los timoreses volverían a vivir escenas de manifestaciones, enfrentamientos, combates civiles, robos y asesinatos en las calles.

“las protestas de los militares no eran sino la punta del iceberg de una división de mucho más calado y no exenta de tintes étnicos entre el este y el oeste de Timor Oriental” En esa oportunidad, el origen de la violencia estaba aparentemente en la reacción de una parte del ejército timorés, ante lo que consideraban discriminación ejercida por los oficiales procedentes del este del país sobre los que procedían del oeste. El agravio, que venía a sumarse al descontento con la gestión de los fondos públicos y de los recursos procedentes del petróleo, así como con la propia composición del ejército y la policía –que contaban a su juicio con una excesiva presencia de indonesios y rebeldes–, precipitó la deserción de 600 militares a los que se uniría, el 4 de mayo de 2006, Alfredo Reinado, antiguo mayor del ejército.

Los militares rebeldes acabaron por provocar el estallido de unos enfrentamientos civiles en los que murieron 37 personas, y más de 150.000 fueron dispersadas en el marco de unas manifestaciones cuyo control se complicó por la negativa de los oficiales de policía procedentes de las áreas occidentales a controlar a los manifestantes.

Y es que las protestas de los militares no eran sino la punta del iceberg de una división de mucho más calado y no exenta de tintes étnicos entre el este y el oeste de Timor Oriental. Una división existente en el propio FRETILIN y reflejada en las diferencias entre los entonces presidente Xanana Gusmao y primer ministro, Mari Alkatiri [5], y sus respectivos grupos de apoyo, y que había acabado por pernear a las principales instituciones, incluidos el gobierno y la policía.

GOLPE DE ESTADO ¿FALLIDO?

La crisis se saldaría con la renuncia del primer ministro Mari Alkatiri, lo que hizo necesaria una nueva convocatoria de elecciones presidenciales, que tuvieron lugar en mayo de 2007 “Si bien parece evidente que la muerte de Reinado puede debilitar a los rebeldes, no hay que descartar que sea sustituido por Gastao Salsinha, líder de los militares desertores hasta que se les unió Reinado” y en las que salió elegido el Premio Nobel de la Paz, y ahora convaleciente, José Ramos Horta.

Pero la renuncia de Alkatiri no supondría el fin de los problemas, pues quedaba pendiente la solución a la situación creada por los militares rebeldes liderados por Alfredo Reinado, así como el juicio a éste último por la participación en los sucesos de 2006. Reinado, que llegó a ser detenido por la Fuerza Internacional de Estabilización el 26 de julio de 2006, pero que en agosto de ese mismo año logró escapar y refugiarse en las montañas que rodean a la capital timoresa.

Fue, precisamente, el propio Reinado el que lideró el comando que el pasado día 11 de febrero intentó acabar con la vida del presidente Ramón Horta después de asaltar su residencia en lo que, dado el ataque sufrido, poco antes por el primer ministro Xanana Gusmao no cabe considerar sino como intento de golpe de Estado. “Australia no ha dudado en reforzar su participación en la Fuerza Internacional de Estabilización y anunciar una posible visita del primer ministro a Dili”

Intento de golpe, en principio fallido, por cuanto que el primer ministro salió ileso, el presidente parece estar estable aunque grave y el cabecilla del golpe, el propio Alfredo Reinado, resultó muerto en el tiroteo posterior, pero que indudablemente deja a Timor Oriental en una situación de gran inestabilidad.

Si bien parece evidente que la muerte de Alfredo Reinado puede debilitar la actividad de los militares rebeldes, no hay que descartar tampoco la posibilidad de que sea sustituido por Gastao Salsinha, líder de los militares desertores hasta que se les unió Reinado.

UNA ESTABILIDAD DEPENDIENTE DEL EXTERIOR

Sea cual sea la suerte que corra el grupo, quedará pendiente la cuestión, sensiblemente más compleja, del riesgo de enfrentamiento civil existente en un Estado en que las principales instituciones, incluido el ejército, están divididas y en donde la estabilidad sigue dependiendo de fuerzas internacionales, como señalan maliciosamente antiguos miembros de las milicias indonesias.

Una estabilidad que, por otra parte preocupa a Naciones Unidas y a la antigua metrópoli, Portugal, que han hecho pública ya su condena de los hechos, así como a Australia, país vecino de Timor Leste y con importantes intereses petrolíferos asociados al país del sudeste asiático y que no ha dudado en reforzar su participación en la Fuerza Internacional de Estabilización y anunciar una posible visita del primer ministro a Dili.