meeting4.jpgEl crecimiento de las redes digitales ha fortalecido a think tanks, portales de ideas y páginas web dedicadas a ofrecer panoramas, perspectivas, columnas y análisis sobre política, economía y conflictos internacionales. El autor cree que se trata de un avance sumamente positivo, pero que no tendrían que reemplazar a las estructuras de participación y de representación (partidos y asociaciones ciudadanas) ni a los funcionarios de gobierno y sus equipos de asesores, sino constituirse como una interfase con unos y otros.

¿ES EL DESARROLLO Y LA CRECIENTE INFLUENCIA de los think tanks, tal como hoy los vemos, un indicador de calidad de las democracias, o de la crisis de representación política que afecta a las mismas?

“Hay 5080 think tanks en todo el mundo; 408 se hallan en América Latina y 100 de ellos en Argentina” No resulta casual que Argentina, por ejemplo, país que ha logrado una notable recuperación política y económica en los últimos años, pero que ha sufrido al mismo tiempo una tremenda crisis de sus partidos políticos de la que no se ha recuperado, encabece la lista de países latinoamericanos con mayores y mejores centros de estas características, según un estudio realizado por el Programa Think Tanks y Sociedad Civil de la Universidad de Filadelfia, a cargo del profesor James McGann.

THINK TANKS EN CANTIDAD Y CON CALIDAD

“La expansión de las redes digitales en Internet y la televisión por cable potenciaron la influencia de los think tanks De los 5080 think tanks que registra el informe en todo el mundo, 408 (el 8,03 por ciento) se encuentran en América Latina y 100 de ellos funcionan en Argentina. Con ese número, el país ocupa el octavo lugar en el nivel mundial y el primer puesto de la región, seguido por Brasil, con 38 think tanks, y Chile, con 30. El estudio de la Universidad de Filadelfia las define en particular como organizaciones de investigación, análisis e implementación de políticas públicas, productoras de materiales que permiten a las sociedades estar más informadas a la hora de tomar decisiones.

Según el estudio, las organizaciones argentinas Centro de Implementación de Políticas Públicas para la Equidad y el Crecimiento (Cippec) y Consejo Argentino para las Relaciones Internacionales (CARI) son dos de los cinco mejores think tanks de América Latina. Completan la lista la Fundación Getulio Vargas, de Brasil; “Una condición para que los think tanks funcionen como transmisoras de saberes es la existencia de un debate intelectual pluralista entre distintos pensamientos”el Instituto Apoyo, de Perú, y la organización Libertad y Desarrollo, de Chile. El estudio menciona otros think tanks argentinos: el Instituto Torcuato di Tella (ITDT), la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (Flacso) y el Centro de Estudios de Estado y Sociedad (Cedes), centros académicos de excelencia que proveen soportes técnicos e intelectuales a la gestión pública; el Centro para la Apertura y el Desarrollo de América Latina (Cadal) y las Fundaciones Atlas y Libertad, de orientación liberal-conservadora.

La expansión de las redes digitales a través de Internet y de la televisión por cable potenciaron, por otra parte, la función de influencia de los think tanks y expertos en la opinión pública, la posibilidad de interacción y participación de muchos más sujetos, sectores e individuos a escala transnacional y global y la aparición de derivados situados en las propias redes, como son estos portales de ideas o páginas web dedicadas a ofrecer panoramas, perspectivas, columnas y análisis sobre la política mundial y el debate político.

CONSIDERACIONES EN TORNO A LOS THINK TANKS

“No deben reemplazar a las estructuras de participación y representación política ni a los funcionarios de gobierno, sino procurar el trabajo en interfase”Una condición para que los think tanks funcionen más efectivamente como correas de transmisión de saberes y recomendaciones útiles y no queden encapsulados en cenáculos tecnocráticos o confundidas con los departamentos de comunicación institucional, publicidad y marketing político, es la existencia de un debate intelectual pluralista entre expertos y centros de distintas vertientes de pensamiento (izquierdas y derechas, liberales, socialistas, radicales y conservadores) y diferentes especialidades profesionales (economistas, politólogos, internacionalistas, antropólogos, sociólogos, filósofos, urbanistas, etc.)

Otra condición es que no reemplacen ni a las estructuras de participación y canales de representación política (los partidos y asociaciones ciudadanas) ni a los funcionarios de gobierno y sus equipos de asesores, sino que trabajen en interfase con unos y otros, manteniendo su independencia, acompañando los procesos de elaboración, discusión e implementación de las decisiones políticas y aportando elementos para enriquecer el debate público en los medios de comunicación y los ámbitos académicos y culturales.

Finalmente, pueden servir para refrendar con sus análisis, miradas y juicios preestablecidos sobre los problemas, o pueden servir como llamadores, iluminando sobre aspectos menos tenidos en cuenta, moderando conclusiones tajantes y cuestionando conclusiones simplificadas que suelen soslayar consecuencias no previstas y efectos colaterales de las decisiones políticas.

Es, precisamente, este segundo camino el que hace la diferencia.