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América Latina: Primero los jóvenes

deustp.jpgLos jóvenes representan la fuerza, la esperanza y el futuro de un país. Sin embargo, ésta no es una máxima que pueda aplicarse a los países de América Latina, donde los jóvenes de las clases más pobres están expuestos a amenazas que afectan directamente a su salud: desde la propia pobreza y la exclusión, hasta la ausencia de apoyo psicológico, pasando por el riesgo de infección del VIH, el tráfico de personas, la prostitución, la privatización del sistema sanitario y la falta de educación.

(Desde Nueva York) EL ESTADO DE SALUD PÚBLICA es un producto social. Está vinculado a lo que una sociedad está haciendo en campos como la creación de condiciones básicas favorables a la salud, la implementación de programas sistemáticos de salud preventiva, la generación de una cobertura de salud universal.

La salud de los jóvenes latinoamericanos está inmersa en la región en el escenario socioeconómico delineado. El mismo genera condiciones de riesgo significativas para amplios contingentes de jóvenes.

“La diferencia en esperanza de vida entre quienes tienen entre 1 y 8 años de educación y quienes tienen 13 o más se acerca a los 9 años”Son innegables los avances en promedios de salud en el continente ligados al progreso general en las ciencias médicas, y a esfuerzos importantes de las políticas públicas y otros sectores de la sociedad, pero sin embargo en cuanto se desagregan los promedios se encuentran grupos de alta vulnerabilidad. En ellos los jóvenes tienen una representación desproporcionada en diversos problemas.

Hay así un perfil de riesgo de salud propio del joven pobre que constituye más del 40 por ciento de todos los jóvenes, otro perfil del joven de otros sectores sociales, y una distancia considerable entre ambos.

Entre los riesgos mayores que afectan a los jóvenes marginados, rurales, indígenas, y afroamericanos, se hallan los siguientes, que forman parte de su vida cotidiana.

UNO: POBREZA

La pobreza incide directamente en la esperanza de vida. Las privaciones en materia de desnutrición, la vida en ambientes expuestos a todo orden de contaminaciones, las dificultades en el acceso a agua potable, los déficits de alcantarillado, la carencia de seguro medico, son algunos de los tantos factores vinculados a la pobreza que pueden generar umbrales de vulnerabilidad mucho mayores.

DOS: NIVEL DE EDUCACIÓN Y ESPERANZA DE VIDA

Hay una significativa correlación entre niveles de educación y esperanza de vida. “En 2003 murieron 23.000 madres latinoamericanas durante el embarazo o al dar a luz, 25 veces los promedios de los países desarrollados” En estudios en Chile (Vega, 2003) se evidencia que la diferencia en esperanza de vida entre quienes tienen entre 1 y 8 años de educación y quienes tienen 13 o más se acerca a los 9 años. El mismo tipo de tendencia se corroboró en otras realidades. Además los datos indican que este indicador va subiendo. La mayor escolaridad tiene un significado creciente en términos de prevención de riesgos de salud.

Las importantes brechas educativas entre los jóvenes, antes referidas, van a tener incidencia por ende en sus conductas diferenciales en materia de preservación de su salud.

TRES: MADRES JÓVENES POBRES

Las madres jóvenes que son proporción importante en los sectores más humildes padecen riesgos mucho más altos que los promedios de madres de la población. “Menos del 10 por ciento de la población adopta medidas para la prevención del SIDA”

Sus niveles de desprotección durante el embarazo, y en el mismo parto son considerablemente superiores a las medias. Según datos del Banco Mundial (2004) en el 20 por ciento más pobre de la población el 43 por ciento de las madres no reciben asistencia de personas médicamente entrenadas durante el embarazo, y el 60 por ciento no la reciben en el parto.

Esto va a impactar las cifras de mortalidad materna en las jóvenes desfavorecidas, y en los riesgos de daños en el parto. En 2003 murieron 23.000 madres latinoamericanas durante el embarazo o al dar a luz, proporción que multiplica por 25 los promedios de los países desarrollados.

CUATRO: VIH/SIDA

Existe una alarma respecto al VIH/SIDA en la región. Su incidencia en la mortalidad de jóvenes, 2,9 por cada 100.000 es objeto de preocupación. Se estima que a que esta cifra hay que adicionar que existen entre 5 y 7 portadores seropositivos.

Entre los factores que operan se hallan algunos vinculados a la pobreza como el hacinamiento, la promiscuidad, y la instalación de grupos de la droga en zonas pobres.

Por otra parte, si bien del 70 al 73 por ciento de la población está informada sobre la enfermedad y cómo se transmite, menos del 10 por ciento adopta las medidas para su prevención, lo que implica que hay un enorme trabajo a hacer en materia de educación de los jóvenes al respecto.

CINCO: TRÁFICO DE PERSONAS Y PROSTITUCIÓN

La región presenta problemas en expansión en campos como el tráfico de personas y la prostitución juvenil. “La región padece de una violencia juvenil de corte epidémico” Ellas están estimuladas por intereses económicos, por el llamado turismo sexual, y por las bandas de la droga.

Destruyen miles de vidas jóvenes y entre los daños que causan se hallan una mayor vulnerabilidad frente al SIDA. Así, en República Dominicana, donde ha habido constantes denuncias al respecto, se observa que la tasa de mortalidad de mujeres jóvenes por VIH/SIDA es un 300 por ciento mayor que la de hombres jóvenes: 12,2 mujeres por cada 100.000 comparado con 3,9 hombres.

SEIS: MORTALIDAD JUVENIL

La mortalidad juvenil en la región presenta un rasgo patológico muy especial. Está especialmente alimentada por la violencia. La mortalidad juvenil es de 134 por cada 100.000 habitantes. Casi triplica la española que es de 49 cada 100.000. Se estima que de cada 100 fallecimientos de varones jóvenes, 77 son atribuibles a causas violentas (CEPAL, 2004). En las mujeres son 38 de cada 100.

La región padece de una violencia juvenil de corte epidémico. Ante un fenómeno tan regresivo, y antijuvenil, corresponde evitar los tratamientos superficiales y procurar un análisis en profundidad que explore sus correlaciones con otros desarrollos claves del escenario socioeconómico como los que se han ido marcando, entre ellos los altísimos niveles de desocupación juvenil, las dificultades educativas, y la fragilidad de muchas estructuras familiares bajo el embate de los procesos de pauperización (esa exploración se realiza en el capítulo 9 de la obra).

SIETE: LA PRIVATIZACIÓN DE LA SALUD

La tendencia a la privatización de servicios de salud, “Se deja de lado el que los jóvenes necesitan con frecuencia apoyo en lo psicológico”y la reducción de las coberturas públicas ha dejado a muchos jóvenes librados a las posibilidades de cobertura que puedan proveer sus núcleos familiares, o que ellos puedan adquirir por sí mismo. En núcleos familiares agobiados por múltiples restricciones económicas la salud es uno de los gastos que tienden a reducirse marcadamente.

Por otra parte, jóvenes con las dificultades de inserción laboral antes mencionadas, tienen serios problemas para poder dedicar recursos a comprar coberturas. Todo ellos los deja en alta vulnerabilidad.

OCHO: AUSENCIA DE PSICOLÓGICO

Normalmente los análisis sobre salud de los jóvenes se han centrado en aspectos físicos. Se deja así de lado el que los jóvenes necesitan con frecuencia apoyo en lo psicológico. En situaciones tan duras en términos de restricciones de oportunidades, supervivencia, tensiones continuas como las que derivan del contexto económico actual, la demanda latente de ayuda psicológica es potencialmente mucho mayor.

Sin embargo, ese orden de cobertura hacia los jóvenes ha sido fuertemente relegado en toda la región, y no aparece siquiera como prioridad.

ATENDER LAS DIFICULTADES ANTES DE QUE EXPLOTEN

En su conjunto la situación de la salud juvenil se caracteriza por la presencia de amplios sectores de jóvenes con dificultades potenciales o explicitadas de salud de corte bien específico, que son escasamente focalizadas por las políticas oficiales de salud, y por la sociedad en su totalidad.

Sólo se atienden como corresponde cuando explotan, pero no se les da el reconocimiento debido en términos de políticas preventivas sistemáticas, con metas extendidas en el tiempo.

Las tendencias sumariamente trazadas en materia de pobreza, desocupación, desigualdad, educación y salud, generan dificultades cotidianas para desarrollar sus potencialidades a muchísimos jóvenes latinoamericanos.

Conducen en diversos casos a cuadros problemáticos que no tienen su explicación en decisiones o conductas de los jóvenes sino en el modo en que estas tendencias condicionan severamente sus ámbitos de opción.

 

La Fundación Safe Democracy agradece a Amartya Sen y a Bernardo Kliksberg la autorización para reproducir estos fragmentos del libro Primero la gente. Una mirada desde la ética del desarrollo a los principales problemas del mundo globalizado (editorial Planeta/Deusto, 2008).