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Elecciones en España: de tendencias y «maleficios»

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Los pronósticos se cumplieron en España y José Luis Rodríguez Zapatero, candidato del Partido Socialista, ganó las décimas elecciones de la democracia. Los resultados demuestran que hay diferencias, se mantienen tendencias históricas y se rompen otras, que se explican a continuación.

(Desde Madrid) LOS PRONÓSTICOS SE CUMPLIERON y José Luis Rodríguez Zapatero, candidato del Partido Socialista, ganó las décimas elecciones de la democracia. Unas elecciones en las que se aprecian diferencias, se mantienen tendencias históricas y se rompen otras con respecto a procesos electorales anteriores.

La primera diferencia: La utilización de Internet en esta campaña se ha convertido en un instrumento para acercar al ciudadano y candidato. Todos los partidos políticos han encontrado en la red un trampolín para difundir sus mensajes.

Se rompe, por otra parte, el maleficio o tendencia histórica de los últimos veinte años de que los cambios políticos en Francia eran secundados por España. Las paridades ideológicas a ambos lados de los Pirineos han desaparecido. Rodríguez Zapatero, reelegido presidente, ha conseguido alterar esa paridad.

TENDENCIA AL BIPARTIDISMO

“La confrontación política extrema entre PSOE y PP fomentó la polarización electoral y ésta el bipartidismo resultante” En primer lugar, el presidente socialista mantiene la tendencia que se viene dando desde 1977, según la cual el partido gobernante revalida la victoria. Lo hizo antes Adolfo Suárez [1], Felipe González [2] y José María Aznar [3]. Y al igual que estos dos últimos, el líder del Partido Popular, Mariano Rajoy, anuncia que se va a presentar a la reelección después de dos derrotas electorales. Veremos si mantiene la tendencia y refrenda la máxima que dice que a la tercera va la vencida.

Por otro lado, se agudiza la tendencia al bipartidismo, iniciada a finales de la década de 1980. “Desde el final del alto el fuego, en junio de 2007, ETA ha puesto en su diana a las sedes y los militantes socialistas” La confrontación política extrema entre los dos principales partidos políticos, PSOE y PP, fomentó la polarización electoral y ésta, a su vez, el bipartidismo resultante (322 escaños de los 350 del Parlamento). El gran perjudicado: el nacionalismo en su conjunto. Solamente el catalán de Convergencia i Unió (CiU [4]) (11 escaños) y el vasco del Partido Nacionalista Vasco (PNV [5]) (6 escaños) se han librado de un trasvase masivo de votos hacia el saco socialista. Aún así, los 169 escaños socialistas precisan del apoyo de alguno de estos partidos para formar gobierno estable.

“Zapatero apostó por el final dialogado del terrorismo, como todos los presidentes que le han precedido y, como todos, fracasó”Por último, diez horas antes del cierre de la campaña electoral, ETA asesinaba por la espalda a un ex concejal del partido socialista, Isaías Carrasco [6]. Su sanguinaria presencia en las vísperas de las convocatorias electorales ha sido habitual, una tendencia casi histórica. Todas las elecciones generales de la democracia han sufrido el zarpazo del terror. Objetivos: influir, hacer cambiar de opinión. Y la perversa intención de envenenar las relaciones entre los protagonistas del bipartidismo.

ZAPATERO, SOBRE ETA: ESPAÑA NO PUEDE PERDER EL TIEMPO

“La formación ilegalizada Batasuna se ha quedado sin cabeza y sin voz durante la campaña electoral” Desde el final del alto el fuego, en junio de 2007, ETA ha puesto en su diana a las sedes y los militantes socialistas y no ha cesado en su empeño de castigarles por no haber cedido a sus imposiciones en el proceso de paz. Y es que Zapatero apostó por el final dialogado del terrorismo, como lo hicieron todos los presidentes que le han precedido y, como todos, también fracasó.

Sin embargo, ese final no vino acompañado por una campaña de atentados. El Gobierno español ha logrado modificar esa tendencia en el escenario post alto el fuego. “La lucha contra ETA exige el acuerdo entre los dos principales partidos. Sin embargo, el nuevo Parlamento, más polarizado, no es el mejor escenario para propiciar ese acuerdo” ETA aprovechaba los periodos de tregua para rearmarse y organizar sangrientos atentados, en este caso la situación ha sido diferente y la ofensiva emprendida tras la ruptura del alto el fuego ha colocado a ETA en su momento más bajo, tanto a nivel operativo (con las detenciones ininterrumpidas de comandos) como político. En efecto, la ofensiva ha tenido un segundo frente con el encarcelamiento de la mayoría de los dirigentes de Batasuna [7]. La formación ilegalizada se ha quedado sin cabeza y sin voz durante la campaña electoral.

Rodríguez Zapatero ha insistido una y otra vez que no volverá a dialogar con ETA. El mismo día de las elecciones, tras conocerse los resultados electorales, declaró que España no puede perder el tiempo, y por eso hasta que ETA no de visos serios de abandonar la muerte como vía para conseguir objetivos políticos, hablar con ella será (una vez más) perder el tiempo.

LOS RETOS

“La esperanza nacionalista de que Zapatero se viera forzado a abrir una negociación con el presidente vasco sobre su hoja de ruta se ha debilitado” En estos comienzos de legislatura, el presidente tiene ante sí importantes retos. Uno de los más urgentes: acabar con la tendencia, también casi histórica, de utilizar la política antiterrorista con fines electorales. La lucha contra ETA exige el acuerdo entre los dos principales partidos democráticos. Sin embargo, el nuevo Parlamento, más polarizado aún que el anterior, no es el mejor escenario para propiciar ese acuerdo.

Además, la amenaza del lehendakari Ibarretxe [8] para convocar una consulta sobre el derecho a decidir el próximo mes de octubre, requerirá también atención del Gobierno socialista. Aunque mucho menor de lo que se esperaba. La pérdida de más de 100.000 votos por parte del partido que lidera dicha propuesta, el PNV (que se ha quedado como segunda fuerza electoral detrás de los socialistas), supone un revés para sus aspiraciones. La esperanza nacionalista de que Rodríguez Zapatero se viera forzado a tener que abrir una negociación con el presidente vasco sobre su hoja de ruta se ha debilitado.