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La educación no es un gasto, es la mejor inversión

 

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Encarar los retos en materia educativa que afectan a América Latina requiere vigorosas políticas públicas y amplios pactos sociales que los enfrenten. Hay que fortalecer la inversión en educación y maestros, subir el rendimiento, y generalizar el derecho a acceder a una educación de buena calidad, afirma el autor.

(Desde Nueva York) EN LOS PAÍSES DESARROLLADOS, el 85 por ciento de los jóvenes termina la secundaria, y el 60 por ciento cursa la Universidad, mientras que en América Latina, tales porcentajes alcanzan sólo el 49,7 por ciento, y el 7,4 por ciento.

La región ha hecho progresos muy importantes (9 de cada 10 niños finalizan la primaria), pero, en un siglo XXI donde la educación es decisiva, hay una gran agenda pendiente con fuertes retos, que veremos a continuación.

EL ELEVADOS NIVELES DE DESERCION Y REPETICION

“En la prueba PISA , los países latinoamericanos han ocupado sistemáticamente últimas posiciones” Según la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL [1]), se necesitan por lo menos 12 años de escolaridad para aspirar a no ser pobre. El 50 por ciento de la población latinoamericana no logra completarlos, casi todos ellos humildes.

No lo eligen. Inciden factores como el tener que trabajar desde temprana edad (18 millones de niños menores de14 trabajan), las condiciones desfavorables del medio familiar, la segregación residencial, etc.

EL BAJO RENDIMIENTO ESCOLAR

“El 31 por ciento de los alumnos de la región sólo alcanzaron un nivel rudimentario de comprensión de las pruebas de lectura, y el 23 por ciento tampoco ese nivel básico” En la reconocida prueba PISA (Programa para la evaluación internacional de estudiantes) [2] que se aplica a alumnos de 15 años de más de 40 países, midiendo aprendizajes en lectura, matemáticas y ciencias, los países latinoamericanos participantes han ocupado sistemáticamente algunas de las últimas posiciones.

En lectura, habilidad crucial tuvieron los peores resultados: el 31 por ciento de los alumnos de la región sólo alcanzaron un nivel rudimentario de comprensión de las pruebas de lectura, y el 23 por ciento tampoco ese nivel básico. Causas y cuestiones como los bajos presupuestos educativo en muchos países, en una región donde la educación sigue siendo vista como un gasto en lugar de entender que es una inversión; los déficits graves de infraestructura y equipamiento de las escuelas públicas que atienden el 80 por ciento de toda la matricula escolar, y, finalmente, la situación de los maestros. “En América Latina los salarios de los docentes son bastante más bajos que los de los profesionales y técnicos”

Finlandia es uno de los líderes del PISA. Ser maestro es allí una profesión muy bien remunerada, estable, estimulada, y altamente valorada por la sociedad. En América Latina los salarios de los docentes son bastante más bajos que los de los profesionales y técnicos. Representan el 50 por ciento del valor de éstos en Perú, el 58 por ciento en Brasil, el 66 en República Dominicana, el 67 por ciento en Paraguay, y a ello hay que sumar la valoración social, que es baja. Es una ocupación no estimulada, y con poca capacidad de atracción.

LA INEQUIDAD EN LA CALIDAD

“La escuela actúa más bien como mecanismo de diferenciación social que sólo asienta las desigualdades que posteriormente se reproducen en el mercado de trabajo”

Hay notables diferencias en calidad entre los diferentes tipos de escuelas. La CEPAL las resume con claridad: Las elites escolarizan a sus hijos en colegios de jornada completa y con una oferta curricular variada en contenidos. Adicionalmente, ellos establecen lazos al interior de sus estratos, reforzando el capital y redes sociales necesarios para una buena inserción laboral. En cambio los sectores populares van a escuelas con mayores carencias en infraestructura, oferta curricular y recursos…. La escuela actúa más bien como mecanismo de diferenciación social que sólo asienta las desigualdades que posteriormente se reproducen en el mercado de trabajo.

Encarar estos retos requiere vigorosas políticas públicas y amplios pactos sociales que los enfrenten. Hay que fortalecer la inversión en educación y maestros, subir el rendimiento, y generalizar el derecho a acceder a una educación de buena calidad.

No hay mucho tiempo para perder.