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Zimbabwe espera el momento del cambio

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El resultado final de los comicios presidenciales en Zimbabwe sigue siendo una incógnita. Se sabe que el partido de Tsvangirai, en la oposición, ha arrebatado a Mugabe en las elecciones parlamentarias. Los rumores sobre el futuro del país crecen, a la espera de que por fin se dé una oportunidad a la democracia, y el antaño ídolo independentista asuma su derrota.

(Desde Malabo) CONVIENE RECORDAR QUE hace sólo veintiocho años que Zimbabwe es un país independiente, y que esto lo consiguió luchando no contra el Reino Unido, sino contra un régimen racista autoproclamado independiente en 1965 por los colonos blancos y cuyo presidente era Ian Smith [1]. Entonces se llamaba Rhodesia, en homenaje a un personaje que no merece la pena recordar, o que sería sujeto de otra historia. Ian Smith tampoco merece ocupar ahora nuestro espacio, presidente como lo fue de un régimen racista y supremacista blanco. Pero sí que es importante mencionar que Robert Mugabe [2] fue el líder nacionalista que luchó por la anhelada independencia.

Veintiocho años en la memoria colectiva de un país no es mucho tiempo… Y, por ello, hasta hace muy poco tiempo, Robert Mugabe todavía era recordado como el héroe de la lucha independentista, como el luchador incansable contra el gobierno racista de Ian Smith, lucha que le llevó a la cárcel y al exilio durante los años 60 y 70, como el fundador en 1963 de la Unión Nacional Africana de Zimbabwe [3] (ZANU), partido que simbolizaba la lucha más radical a favor de la independencia.

PRIMER PRESIDENTE DE ZIMBABWE

Tras la Independencia conseguida en 1980, se celebraron las primeras elecciones, que a pesar de todas las trabas y ventajas que se concedieron por ley a los blancos, ganó Robert Mugabe con aplastante superioridad. Así se convirtió en el primer presidente de Zimbabwe, respaldado nacional e internacionalmente por su bagaje y perfil de líder indiscutible en la lucha por la Independencia. “Mugabe supo mantener el sistema de granjas que daba trabajo a gran parte de la población, al tiempo que tenía unas cifras importantes de productividad y eficiencia alimentaria”

Otra baza en favor de Rober Mugabe fueron sus primeros años de gobierno. Con una ideología cercana al socialismo de su vecino tanzano J. Nyerere, consiguió unos logros sociales envidiados por el resto de países africanos. Una de las tasas de alfabetización mayores del continente, cercana al 85 por ciento, fruto de una red de enseñanza pública y gratuita, una sanidad que funcionaba eficientemente, también gratuita para toda la población, así como unas leyes que tanto en la teoría como en la práctica permitieron inicialmente una total libertad de prensa.

 

 

Por último, destaca de aquella política un total pragmatismo a la hora de enfrentarse a uno de los mayores problemas del país: el reparto de las tierras, que seguían mayoritariamente en manos de la minoría blanca. En lugar de dejarse llevar por el corazón y promover una reforma radical y un reparto de la tierra, supo mantener el sistema de granjas que daba trabajo a un porcentaje altísimo de la población, al tiempo que tenía unas cifras importantes de productividad y eficiencia alimentaria.

EL INICIO DEL DECLIVE

A finales de los 80, lo que había sido un ciclo ascendente, tanto política como económicamente, inicia su fase de descenso. “A principios de los 90, cuando la economía empieza a serle desfavorable, Mugabe intenta convertir el sistema de democracia multipartidista en un régimen de partido único” Un descenso que fue continuado durante toda la década de los noventa, hasta llegar al día de hoy con una crisis acuciante, una inflación del 100 por cien, unas cifras de desempleo superiores al 80 por ciento de la población y una escasez generalizada de alimentos y combustibles.

Aunque no sería posible realizar un análisis exhaustivo de las causas y razones de la crisis económica de Zimbabwe, si es importante resaltar algunos aspectos de la misma que tienen relación y efectos directos en las elecciones acaecidas este mes pasado.

Por un lado, a principios de los 90, precisamente cuando la situación económica empieza a serle desfavorable, Mugabe esboza un intento de convertir el sistema de democracia multipartidista de Zimbabwe en un régimen de partido único. “Las medidas liberalizadoras que emprende el Gobierno para tratar de mejorar la situación económica, resultan ser un fiasco” Sin embargo, tras el final de la guerra fría, con la caída del muro de Berlín y el fin de las dictaduras del este de Europa, es precisamente cuando en toda África soplan vientos democráticos y su propuesta no es bien acogida ni dentro ni fuera de Zimbabwe, siendo por tanto guardada en un cajón. Lo que no quita que ya este gesto constituya un indicio de su renuencia a abandonar el poder a la que estamos asistiendo en la actualidad. También es verdad, que todavía en esos primeros años 90, la fachada pluralista es inocua, dada la absoluta hegemonía del ZANU-PF [4].

Por otra parte, las medidas liberalizadoras que emprende el Gobierno para tratar de mejorar la situación económica, en la onda de las presiones internacionales impuestas a través de los PAE (Planes de Ajuste Estructural) resultan ser un fiasco. Privatizaciones, reducción de los servicios sociales y del aparato público y estatal, resultaron en una inyección puntual de dinero, pero también en multitud de despidos y un aumento del paro, así como un deterioro y reducción de los servicios públicos.

UNA ESTRELLA QUE YA NO BRILLA

En tercer lugar, durante la década de los 90 se desata la guerra en la República Democrática del Congo (RDC), “En 1996 es reelegido, pero su perfil de luchador independentista se ha ensombrecido con indicios de enriquecimiento ilícito” conocida como la primera guerra mundial africana, en la que Zimbabwe interviene apoyando a Laurent Kabila [5]. Mientras que, oficialmente, el apoyo de Zimbabwe se vende como una lucha de liberación contra el dictador Mobutu [6], lo cual no deja de tener su parte verdadera, extraoficialmente es del dominio público que es una verdad incompleta, y que la razón poderosa por la que Zimbabwe interviene, es la promesa de recibir importantes concesiones mineras de las ricas tierras del Congo. Concesiones y compensaciones que no son para el Estado de Zimbabwe, sino para Mugabe y sus allegados.

En este contexto de crisis, en 1996 es reelegido presidente, pero su estrella ha dejado de brillar y su perfil de luchador independentista se ha ensombrecido con los indicios de enriquecimiento ilícito y ambición de permanencia en su trono particular. “Mugabe de 84 años, tras 28 en el poder, se aferra a su trono porque no puede irse hasta que no culmine su misión de redistribuir las tierras y elegir a su sucesor”

Es también en este contexto de crisis, que empieza a crecer una incipiente oposición política, que surge precisamente desde uno de sus bastiones tradicionales: los trabajadores y los sindicatos.

Morgan Tsvangirai [7] es el presidente del Congreso de Sindicatos de Zimbabwe, además de un destacado activista a favor de los Derechos Humanos. Y es la persona que se convierte en 1999 en el presidente del Movimiento por el Cambio Democrático [8] (MDC), partido formado por sindicalistas y activistas políticos y sociales, cuyo discurso es de corte socialdemócrata y que se convierte en la principal alternativa política al ZANU-PF.

LA REDISTRIBUCIÓN DE LAS TIERRAS, FACTOR CLAVE

Las elecciones celebradas hace muy poco (el 29 de marzo de 2008), son en cierto modo una reedición de lo ocurrido en el año 2002, y vienen a mostrarnos a un Mugabe de 84 años, que tras 28 en el poder, se aferra a su trono porque, según sus propias palabras, no puede irse hasta que no culmine su misión de redistribuir las tierras y de elegir a su sucesor entre los militantes del ZANU-PF. “Mugabe propuso un referéndum para reformar la constitución y confiscar las granjas de los blancos por decreto; el ‘no‘ de Tsvangirai resultó vencedor”

La redistribución de las tierras es un factor clave en la política de Zimbabwe, y es que el 32 por ciento de las tierras, entre las que están las granjas más productivas, está o estaba en poder de la minoría blanca (que apenas roza el 1 por ciento de la población). En 1998, se trató de poner en marcha una reforma agraria organizada, pero fracasó ante la falta de acuerdos de Mugabe con los donantes. Éstos exigían garantías de que las tierras serían distribuidas entre los ciudadanos más pobres, de que los propietarios expropiados serían indemnizados y de que se establecería un programa por fases para los realojos.

Al negarse Mugabe a esas garantías, se canceló la reforma, pero se retomó en el año 2000 con un programa más agresivo. Mugabe propuso un referéndum para que se ratificara su propuesta de reforma de la constitución que permitiese la confiscación de las granjas de los blancos por decreto. “Pese al referéndum, en 2001 empezó una campaña de hostigamiento contra los granjeros blancos, que en numerosas ocasiones acabó en arrasamiento de las granjas, quema de las plantaciones y asesinatos“ El referéndum, celebrado en febrero del año 2000, supuso el primer golpe al ZANU-PF y a Mugabe en las urnas, y el no defendido por el MDC de Tsvangirai, que convirtió el referéndum en un plebiscito del régimen, resultó vencedor. Fue el primer espaldarazo electoral al MDC, que, desde entonces hasta el día de hoy, ha ido consolidando su posición como alternativa política con posibilidades de vencer en las urnas.

Sin embargo, a pesar del resultado del referéndum, en agosto de 2001, empezó una campaña de hostigamiento contra los granjeros blancos, que en numerosas ocasiones acabó en arrasamiento de las granjas, quema de las plantaciones y asesinatos de trabajadores. Las escenas de saqueos y ataques violentos fueron dantescas, y muchos propietarios blancos tuvieron que huir del país. Si nadie duda de la necesidad moral de redistribución justa y equitativa de la tierra, tampoco nadie puede aprobar estos ataques, saqueos y expulsiones, que causaron las denuncias de toda la comunidad internacional.

ANTE LA DERROTA, TODAS LAS ARMAS SON VÁLIDAS…

“Ante el miedo a perder el poder, el ZANU ha recurrido a todas las armas a su alcance, incluido el juego sucio” Pero, si la victoria en el referéndum del 2000 fue un espaldarazo al MDC, también fue un aviso al ZANU-PF de que había desperdiciado con sus desaciertos el cheque en blanco que obtuvo al simbolizar la lucha por la independencia del país. Y ante el miedo a perder el poder, el ZANU ha recurrido a todas las armas a su alcance, incluido el juego sucio: manipulación de los medios informativos, persecución y acoso a los periodistas independientes, persecución y atropellos de las personas afines a la oposición, incluyendo detenciones arbitrarias, registros y torturas, manipulación de la distribución de alimentos con fines electorales, y expulsión de los observadores electorales no afines al régimen. “En los días previos a las últimas elecciones, varios periodistas, nacionales y extranjeros, han sido detenidos y forzados a dejar el país”

Como ejemplo de estas prácticas, el presidente del MDC, M. Tsvangirai fue detenido y torturado en abril del 2007, teniendo que ser ingresado en el hospital en estado muy grave con una fractura de cráneo y con numerosas heridas y contusiones en cabeza y rostro. Asimismo, en los días previos a estas últimas elecciones, varios periodistas, tanto nacionales como extranjeros, han sido detenidos y forzados a dejar el país. Como ejemplo, Barry Bearak, ganador de un premio Pulitzer en 2002 y corresponsal de The New York Times, ha sido arrestado acusado de ejercer el periodismo sin acreditación. Como él, cientos de activistas, sindicalistas y periodistas han sufrido acosos e intimidaciones.

Con este panorama esbozado, es fácil comprender la situación a la que se ha llegado. Hay dos fuerzas políticas que realmente tenían opción a ganar las elecciones: El ZANU-PF, liderado por Mugabe, y que ha perdido prácticamente todos los apoyos de la comunidad internacional, aunque tiene todavía muchos simpatizantes entre los que han sido sus partidarios desde 1980, y el MDC, liderado por Tsvangirai, que representa la opción más factible de cambio y seguridad y que cuenta con la crisis económica absoluta en la que sigue sumido el país, como un importante aliado.

Hay un tercer candidato, que es ex ministro de Finanzas, Simba Makoni [9], expulsado del ZANU-PF por sus aspiraciones a la jefatura del Estado.

RUMORE, RUMORE

A fecha de hoy, todavía no se conocen los resultados oficiales a las elecciones presidenciales, aunque ya se saben los resultados al Parlamento, en las que el MDC ha resultado vencedor. La SADC [10] (Comunidad para el desarrollo del África Austral) ha tratado de propiciar un acuerdo convocando una reunión regional, pero mientras Tsvangirai sÍ que ha acudido, Mugabe se ha recluido en Harare. “Cada día que pasa aumenta la percepción de que el MDC ha ganado las elecciones y de que, por tanto, Tsvangirai debería ser proclamado presidente” El presidente de Sudáfrica, Thabo Mbeki [11] ha asistido para dialogar con él, pero nada ha trascendido de esta reunión.

En cualquier caso, el retraso por parte del Gobierno en la publicación de los resultados oficiales está teniendo un doble efecto. Por un lado aumentan los rumores desestabilizadores. Desde la existencia de negociaciones entre el MDC y el ZANU para evitar que Mugabe pueda ser procesado por todos los abusos cometidos especialmente los últimos 8 años de su gobierno (rumor repetidamente rechazado por el MDC), hasta la posibilidad de un golpe de Estado promovido por cierto sector de las fuerzas de seguridad, favorecidas en su día económicamente por Mugabe y que ahora no quieren perder sus prebendas (por ejemplo, las tierras recibidas en la violenta reforma agraria). Un tercer rumor, incluso, apunta a la posible declaración de Estado de emergencia en caso de que los resultados no fueran favorables a Mugabe.

Por otro lado, cada día que pasa aumenta la percepción de que el MDC ha ganado las elecciones y de que, por tanto, Tsvangirai debería ser proclamado el nuevo presidente de Zimbabwe.

Ahora sólo nos queda esperar a que verdaderamente se dé una oportunidad a las urnas, se dé una oportunidad a la democracia y Mugabe sepa aceptar su derrota.