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Israel cumple 60 años con numerosos logros, pero sin haber alcanzado la paz

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Sesenta años después de su fundación, Israel ha experimentado un milagro económico, científico, cultural y tecnológico. Los acuerdos de paz con Egipto y Jordania son muy importantes, pero el conflicto con los palestinos sigue siendo, y todo apunta a que seguirá siéndolo, el gran tema pendiente, dice la autora.

 

(Desde Jerusalén) EL 14 DE MAYO DE 1948, se hizo historia. El entonces máximo líder del movimiento sionista, David Ben Gurion (que se convirtió en el primer Jefe de Gobierno de Israel) declaró la independencia del Estado judío. Israel cumple ahora 60 años de independencia, aunque en su haber, miles de años de historia.

En tan sólo seis décadas, Israel alcanzó logros antes impensables. El sistema democrático que gobernó sus destinos desde su fundación, fue mantenido también en medio de las guerras y de hecho Israel sigue siendo la única verdadera democracia en el entorno en el que vive.

“Tras los primeros años de racionamiento y crisis, el empuje de la economía fue tal que Israel se posicionó en la primera línea de los países desarrollados” El país recibió a millones de inmigrantes de casi cien países, que hablaban decenas de idiomas diferentes. La sociedad israelí, incluso en medio de tensiones y conflictos, se convirtió en un impresionante crisol de diásporas.

En ese marco, aun sin olvidar los problemas pendientes y las numerosas dificultades con las que todavía hay que lidiar, los sabras [1] nativos de esta tierra, los inmigrantes de la ex Unión Soviética y los arribados desde Etiopía, todos se encuentran, junto al resto de sus hermanos provenientes de otros lares, en las mismas escuelas y en las mismas unidades de las Fuerzas de Defensa de Israel.

DESARROLLO CULTURAL, CIENTÍFICO Y TECNOLÓGICO

Hubo tiempos en los que faltaba comida, recuerdan los veteranos activos en los años de la creación del Estado. “La Universidades israelíes son reconocidas mundialmente como centros de avanzada investigación científica y académica” El agregado de vitaminas que daban a las embarazadas, era una risa, cuenta Tamar Excel, de 87 años, miembro de la organización de lucha clandestina Hagana, que fuera luego diputada en el Parlamento israelí.

Pero de esos primeros años de racionamiento y crisis, el empuje de la economía fue tal que Israel se posicionó en la primera línea de los países desarrollados, con un ingreso per cápita bien ubicado en la escala occidental, de casi 27.000 dólares anuales.

La Universidades israelíes son reconocidas mundialmente como centros de avanzada investigación científica y académica. “Una empresa israelí que desarrolló una videocámara tan pequeña que cabe en una píldora susceptible de ser ingerida” Israel es uno de los únicos ocho países del mundo capaces de lanzar sus propios satélites. La mayoría de los sistemas operativos Windows NT y XP, fueron desarrollados por Microsoft-Israel. Fue una compañía Israelí, M-Systems, el cerebro detrás del Pen Drive, el primer y más poderoso sistema de almacenamiento portátil en el mundo. La tecnología de mensaje de voz digital fue desarrollada por NICE Systems, una empresa Israelí que provee de hardware y software para la vigilancia de llamadas para la mayoría de los Call Centers del mundo. Y fue una empresa israelí, Given Imaging, la que desarrolló una videocámara tan pequeña que cabe en una píldora susceptible de ser ingerida. La cámara en cuestión ayuda a los médicos a diagnosticar enfermedades del tracto digestivo y salvar vidas.

La lista sería demasiado prolongada como para poder abarcarla toda en este artículo, incluyendo el revolucionario sistema israelí de riego por goteo, el gran desarrollo de la energía solar y la cantidad récord de museos que cubren todo el país.

EL MILAGRO

Israel, en muchos aspectos, parece un milagro. Especialmente simbólico resulta el hecho que en su seno vivan también sobrevivientes del Holocausto que aquí rehicieron sus vidas. Su aporte al carácter de Israel y a su desarrollo en distintas áreas del quehacer nacional, fue la respuesta más contundente del Estado judío a los designios nazis.

“Los israelíes no creen haber fracasado. La gran diferencia entre el conflicto actual y las amenazas aún existentes, es que ahora se pueden defender” El problema central que acrecienta sin embargo justamente esa sensación de éxito alcanzado, es que todos los logros han sido obtenidos sin que haya desaparecido el estado de guerra. Seis décadas después de su fundación, Israel aún no vive en paz. Los acuerdos de paz con Egipto y Jordania son muy apreciados (aunque no se siente que haya una paz cálida) pero el conflicto aún existente con los palestinos sigue siendo la gran espina.

Cuando yo luchaba en la guerra de independencia, pensé que luego vendría la paz, dijo el poeta Haim Guri, de 85 años, que fue oficial en el Palmaj [2], fuerza de combate judía previa a la creación del Estado. Pero hace unos días, participó en la ceremonia de juramento de su nieto mayor como soldado en las Fuerzas de Defensa de Israel. “Lo que para los israelíes es la celebración de la independencia, para los palestinos es la nakba, catástrofe, afirmando que la creación de Israel significó su tragedia” Si me hubieran dicho en aquel entonces que 60 años después estaría hoy en este acto de mi nieto, que también él tendría que vestir uniforme, dice Guri, no lo habría creído.

Sin embargo, aunque sienten que su vida sería incomparablemente mejor si se lograra la paz, los israelíes no creen haber fracasado. La gran diferencia entre el conflicto actual y las amenazas aún existentes, es que ahora se pueden defender. Seguridad no es sólo garantizar que nadie muera, sino poder tomar medidas para reaccionar cuando nos atacan, dice el General (R) Yaakov Amidror, ex oficial en el Servicio de Inteligencia de Israel.

De todos modos, claro está que la gran asignatura pendiente de Israel es el fin del conflicto con los palestinos.

LA REACCIÓN ÁRABE

“El hecho histórico que determinó los desenlaces posteriores y el problema de los refugiados, fue el rechazo por parte del mundo árabe de la resolución 181 de la ONU” Lo que para los israelíes es la celebración de la independencia, para los palestinos es la nakba [3], o sea catástrofe, afirmando hasta hoy que la creación de Israel significó su tragedia y desplazamiento. Con esa sensación, no se puede discutir. Pero sí con la narrativa histórica, y es por eso que palestinos e israelíes están divididos no sólo en cuanto a fronteras y fórmulas que permitirían hoy un arreglo, sino también respecto al recuento de lo sucedido.

El hecho histórico que determinó los desenlaces posteriores y la creación del problema clave de los refugiados, fue el rechazo por parte del mundo árabe de la resolución 181 de la ONU [4], en favor de la partición de Palestina en un Estado árabe y otro judío. El liderazgo sionista de entonces lo aceptó, aunque el territorio destinado a Israel era pequeño y fácilmente violable, comprendiendo Ben Gurion [5] que, de lo contrario, el riesgo era quedarse sin nada. “650.000 árabes residentes en el territorio de lo que fue el nuevo Estado, se convirtieron en refugiados” El mundo árabe y el liderazgo palestino encabezado por el Mufti Hajj Amin el-Husseini [6], rechazaron el plan, optando de hecho por el todo o nada.

La convicción árabe de entonces era que los judíos, minoría en ese momento, no tenían derecho a nada y que darles territorio equivalía a socavar los derechos árabes. Un día después de que se aprobara la partición, tras la cual los judíos salieron a las calles a bailar, comenzaron los ataques de fuerzas irregulares en diferentes partes del país, mientras el mandato británico cerraba los ojos.

Meses más tarde, horas después de la declaración de Independencia de Israel el 14 de mayo de 1948, se sumó a los ataques la otra parte: la invasión de cinco ejércitos árabes regulares. La guerra ya era total.

HERIDAS ABIERTAS

650.000 árabes residentes en el territorio de lo que fue el nuevo Estado, se convirtieron en refugiados, más que nada por la dinámica misma de la guerra. “A Israel llegaron 850.000 judíos de países árabes, convertidos de inmediato en ciudadanos del nuevo Estado hebreo” Algunos fueron expulsados, la mayoría se fue temiendo los combates y no pocos, alentados por sus líderes a salir por unos días, para volver luego de la victoria sobre los judíos, directo a Tel Aviv.

Pero no volvieron. Y el mundo árabe no los absorbió como partes de sus respectivas sociedades (salvo Jordania), sino que los dejó para siempre en campamentos de refugiados, sin derechos ni ciudadanía. A Israel llegaron 850.000 judíos de países árabes, convertidos de inmediato en ciudadanos del nuevo Estado hebreo. Esa es la gran diferencia. Por la distinta actitud de Israel y de los árabes respecto al tema, ellos siguen teniendo refugiados, para usarlos como arma contra nosotros, dijo el ex presidente del Parlamento israelí, Shlomo Hillel, que hace 60 años fue agente secreto en la organización de la inmigración de los judíos de países árabes a Israel.

Las heridas siguen abiertas y cabe suponer que ni siquiera un acuerdo de paz las cerrará realmente.

Las negociaciones llevan ya mucho tiempo, la ocupación de territorios palestinos (consecuencia de la Guerra de los Seis Días de 1967) divide a los propios israelíes, la desconfianza perdura, al ver que incluso tras la retirada de Gaza continúan los ataques, y nadie puede aún garantizar que el próximo año, al cumplirse 61 de vida independiente, la situación haya llegado a buen puerto. Por ahora, se sigue intentando.