inmigrantesbari.jpg

Un acuerdo tácito y políticamente correcto entre partidos, medios e instituciones en Italia prohibía asociar la palabra delincuente con una nacionalidad concreta. Ese pacto se ha roto con la política de inmigración del nuevo gobierno de Silvio Berlusconi, cuyo riesgo, dice la autora, reside en el empleo de fórmulas de comunicación simplificadas, que centran toda la atención de la opinión pública en el miedo al otro y en la ilusión de que su expulsión suprima el problema.

 

ÚLTIMAMENTE SE HABLA MUCHO de las intervenciones que el recién nacido gobierno de Berlusconi quiere tomar con respecto al tema de la seguridad de los ciudadanos italianos, centrándose sobre todo en la lucha contra la inmigración clandestina y en la regularización de los inmigrantes comunitarios provenientes del Este de Europa.

El gobierno de Berlusconi planea medidas a través de un decreto ley, que tendría validez inmediata, y de un proyecto de ley que tendría que ser aprobado por el Parlamento y que necesitaría más tiempo para ser ejecutado.

INMIGRANTES CLANDESTINOS… Y DELINCUENTES

“Los únicos inmigrantes en regla serían los que ya tienen contratos laborales antes de partir de su país de origen” En el decreto ley se perfila sobre todo una novedad en las competencias reservadas a los alcaldes, que pueden tomar, en casos que ellos consideren de excepcional gravedad, decisiones como la de desalojar campamentos de nómadas, y decidir de manera discrecional en temas de inmigración.

En el proyecto de ley, hay tres aspectos de gran innovación que pueden destacarse: la introducción de un delito de inmigración clandestina, de modo que la cárcel será inmediata para los inmigrantes clandestinos (desde los seis meses a los dos años de cárcel); la posibilidad de detener a los inmigrantes en los centros de detención permanente dieciocho meses, para hacer controles de identificación antes de la expulsión; el endurecimiento de los permisos para las reagrupaciones familiares, “Las ciudades no son percibidas como seguras, y la opinión pública a menudo culpa de ello a la inmigración incontrolada”que serán comprobados con la prueba del ADN y la posibilidad de tener la ciudadanía italiana sólo después de dos años de convivencia después del matrimonio.

Los únicos inmigrantes en regla, pues, serían los que ya tienen contratos laborales antes de partir de su país de origen.

Se piensa limitar también las posibilidades de residencia de los inmigrantes comunitarios, que tendrán que demostrar la disposición de una renta suficiente para vivir y un seguro sanitario; esta medida se concibió, sobre todo, en referencia a los inmigrantes del Este europeo.

LA SEGURIDAD, GRAN PREOCUPACIÓN

Tales medidas surgieron como respuesta a la que, según varios sondeos, es una de las mayores preocupaciones de los ciudadanos italianos: la seguridad. “Gran parte de la campaña electoral durante las elecciones nacionales y a la alcaldía de Roma gravitó sobre el tema de la seguridad, a menudo asociándolo con el tema de la inmigración” Las ciudades no son percibidas como seguras, y la opinión pública a menudo culpa de ello a la inmigración incontrolada.

La atención de los medios de comunicación en estos meses, a partir de la violación y homicidio de Giovanna Reggiani en Roma por parte de un rumano, ha insistido mucho sobre las molestias y violaciones perpetradas por inmigrantes, demorando no tanto sobre la cuestión de la violencia de género, sino sobre la violencia de los inmigrantes.

De hecho, gran parte de la campaña electoral durante las elecciones nacionales y a la alcaldía de Roma gravitó sobre el tema de la seguridad, a menudo asociándolo con el tema de la inmigración. Finalmente, ha ganado el que más duramente ha propuesto enfrentarse al tema.

RAPIDEZ Y DECISIÓN

El Gobierno está recibiendo críticas por las soluciones programadas en la lucha contra la inmigración y por la fuerza de las propuestas realizadas para lograr la seguridad de los ciudadanos. “El reto es provocar el consenso de la opinión pública y su confianza en la conducta del Gobierno” Lo que más se destaca es el acento sobre la rapidez y la decisión con que se va a enfrentar el asunto de la seguridad, y el binomio peligro-inmigración. En cuanto a la rapidez, el Gobierno insiste en que quiere contestar de forma decidida a los miedos de los italianos… arriesgándose con ello a darse mucha prisa y a reflexionar poco.

Lo que se percibe es que su plan de acción está basado en la idea del corto plazo, de la resolución inmediata del problema. Esto conlleva una estratégica comunicativa que subraya la celeridad de las decisiones tomadas y los efectos inmediatos de las medidas.

Naturalmente, el reto es provocar el consenso de la opinión pública y su confianza en la conducta del Gobierno, a pesar de que las medidas puedan estar carentes de previsión y ser imprudentes a largo plazo.

Se pretende así llamar la atención a la opinión pública a través de una comunicación impactante. Sin embargo, es posible que no se logre disminuir realmente la peligrosidad en las ciudades, que para ser efectivamente reducida debería ser enfrentada mediante medidas de reorganización y reflexión, recordando sobre todo que no tiene un solo culpable.

¿Y LO POLÍTICAMENTE CORRECTO?

Lo que preocupa a muchos críticos de estas medidas es precisamente el desvanecimiento del políticamente correcto: hasta hace poco, un acuerdo tácito entre partidos, periodistas e instituciones públicas prohibía que la palabra delincuente fuera relacionada sólo con una nacionalidad, e impedía semejante simplificación.

“Ahora todo el Gobierno de centro derecha encuentra en estos temas cohesión perfecta” Ahora este muro, tácito y compartido, ha desaparecido. El mismo Gobierno lo ha superado, validando la aceptabilidad de este comportamiento. Ya se han detectado varias agresiones a inmigrantes, campamentos de nómadas y atracos a tiendas cuyos titulares son extranjeros regulares. Han empezado también las rondas, grupos de ciudadanos que se encargan de controlar zonas de las ciudades para que no se cometan delitos, demostrando así la debilidad de las fuerzas policiales.

En Italia no existía, como ocurre en cambio en muchas partes de Europa, un partido que basara su línea política exclusivamente sobre la inmigración. Incluso la Liga Norte, dura con los inmigrantes, estaba más centrada en asuntos como el federalismo fiscal. Ahora todo el Gobierno de centro derecha encuentra en estos temas la cohesión perfecta.

EL PELIGRO DE LA LÍNEA ITALIANA

Después de las quejas y críticas provenientes de la UE por algunos europarlamentarios, es difícil saber qué medidas podrá tomar el Gobierno, si bien parece decidido a tomarlas todas.

Objeciones hacia la línea política de Italia llegan de toda Europa, aunque, de hecho, todos los países europeos se están enfrentan con el fenómeno de la inmigración, y lo hacen desde la perspectiva de la represión y las limitaciones a las posibilidades de obtener la residencia.

Muchos de los países de la Unión Europea tienen más controles en la frontera, a través de acuerdos con los países del Magreb, así como con otros Estados.

El peligro de la línea italiana es que no haya reticencias en utilizar fórmulas de comunicación triviales y simplificadas, buscando el consenso de forma sencilla y grosera, centrando toda la atención de los ciudadanos en un único concepto: el miedo al otro y la ilusión que su expulsión suprima el problema.