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Argentina: es momento de frenar las agresiones

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Argentina parece perder la oportunidad histórica ante la demanda mundial de alimentos con el conflicto que ya lleva tres meses entre el gobierno y el campo. Pero lo que verdaderamente está en juego es el modelo político que se impondrá de aquí a una década, dice el autor.

 

(Desde Buenos Aires) A OCHENTA DÍAS DE HABERSE INICIADO el conflicto entre el gobierno nacional y los empresarios agropecuarios, la resolución del mismo, por vía del diálogo, parece cada vez más lejana.

En este punto, y a diferencia del simplismo que supone decir que Argentina se está perdiendo una oportunidad histórica para la venta de sus productos en los mercados internacionales, “En el discurso que dio en el acto de asunción de su marido como presidente del Partido Justicialista, la estrategia esgrimida por las entidades rurales fue reunir a la diezmada oposición en una variopinta tribuna” en momentos de una enorme crisis alimentaria mundial y de un considerable aumento en los precios de estos productos, lo que está en juego en Argentina es el modelo económico y social que responderá a sus intereses, por lo menos de aquí a una década, y esto supone un enfrentamiento político entre dos visiones antagónicas, además de económico.

La estrategia esgrimida por las entidades rurales fue lograr reunir a la diezmada oposición en una variopinta tribuna, el pasado 25 de mayo. Allí estuvieron presentes desde dirigentes de la izquierda marxista vernácula, como Vilma Ripoll [1], hasta la referente de la derecha golpista como Cecilia Pando [2] (que no pierde ocasión de denunciar la ilegitimidad de los Juicios por la Verdad, que se llevan a cabo contra los torturadores y genocidas del último proceso militar en Argentina) pasando por la líder la Coalición Cívica, Elisa Carrió [3] y el presidente de los restos políticos de la Unión Cívica Radical, Gerardo Morales.

¿LA EVASIÓN FISCAL COMO EXCUSA DEL NUEVO LOCKOUT?

“La auténtica razón de la insuficiencia de la medida es que, para recibir compensaciones, los productores deben figurar en el padrón tributario y registrar sus operaciones” Cuando el 31 de marzo pasado, el entonces ministro de Economía, Martín Lousteau [4], anunció las compensaciones para los productores más pequeños de granos por diferencias de retenciones y por transporte, la suposición lógica era que el conflicto se encaminaba a una solución. Sin embargo, el beneficio fue rechazado por las entidades rurales, sin demasiadas explicaciones acerca de por qué no los satisfacía, cuando aparentemente el 80 por ciento de los productores quedaban en mejores posiciones que antes de las retenciones móviles.

La auténtica razón de la insuficiencia de la medida es que, para recibir compensaciones, los productores deben figurar en el padrón tributario y registrar sus operaciones. Apenas una minoría cumple con ese requisito. “El conflicto entre el gobierno nacional y los empresarios agropecuarios destapó varias discusiones de fondo” La actual controversia entre los exportadores de trigo y el organismo responsable de autorizar el registro de operaciones de venta al exterior, la Oncca [5] (Oficina Nacional de Control Comercial Agropecuario), pasa justamente por ese plano: la diferencia entre unos y otros sobre el grano disponible para exportación es de nada menos que de cuatro millones de toneladas, el 25 por ciento de la cosecha total estimada.

Sería la proporción de la producción no declarada que, casi como una extorsión, sólo se blanquearía en caso de que se autorice su exportación. De ir al mercado interno, permanecerían en el circuito negro, hasta su venta al consumidor como pan, facturas, harina o fideos.

RETENCIONES SÍ, RETENCIONES NO

El conflicto entre el gobierno nacional y los empresarios agropecuarios destapó varias discusiones de fondo, que son necesarias definir, para que Argentina ponga un rumbo fijo, al menos, para la próxima década.

“La política de retenciones estipula un precio para distintos productos alimenticios que, por el momento, continúa siendo del alcance del bolsillo popular” Sin dudas, la crisis mundial de alimentos y la masiva producción de bio-combustibles que se intenta imponer en los mercados internacionales (motorizados por Estados Unidos y algunos países europeos, para intentar cortar su dependencia con el petróleo, que cada día cuesta más caro y se acaba), tiene como objetivo que los países periféricos se desesperen por cubrir sus extensiones territoriales con soja, dejando de lado otros productos (hasta ponen en riesgo la misma alimentación de vacas, ovejas y otros animales que proveen productos lácteos y cárnicos) que hacen a la dietas alimentarias.

En Argentina, una gran porción de la dieta alimentaria, esta relacionada con la cría de ganado y el consumo cárnico.

“Hasta uno de los máximos referentes del neoliberalismo asume la importancia de la política de retenciones defendida por el Ejecutivo nacional” Fuera de esto, la política de retenciones estipula un precio para distintos productos alimenticios que, por el momento, continúa siendo del alcance del bolsillo popular.

En una visita a Buenos Aires, realizada a finales del mes de mayo para presentar la Cátredra Phelps de Derecho y Economía Dinámica, de la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires (UBA), el Premio Nobel de Economía 2006, Edmund Phelps [6], dijo que las retenciones sólo mejoran los precios internos en el corto plazo, pero no solucionan el problema de fondo.

Es decir, hasta uno de los máximos referentes del neoliberalismo, asume la importancia (como también denuncia los límites) de la política de retenciones defendida por el Ejecutivo nacional.

CÓMO SALIR DE LA CRISIS

A casi tres meses de iniciado este conflicto, es momento de frenar las agresiones (sobre todo del lado de los empresarios agropecuarios) “Ningún gobierno puede ceder ante presiones sin concesión de ningún polo económico y/o político, pero tampoco puede cerrar las vías de la negociación” y de sentarse a negociar con madurez y ubicación, y de cara a la sociedad.

Este conflicto tapa aspectos débiles de ambos lados: en cuanto a lo que le compete al gobierno nacional, la falta de una política clara ante el creciente problema inflacionario, los índices de pobreza e indigencia que van en aumento y los problemas energéticos que, hoy por hoy, no presentan solución. Del lado de los empresarios agropecuarios, la negación constante del blanqueo tributario de sus producciones y exportaciones, como el asumir (aunque les cueste) que no son los dueños del país, ya que Argentina está conformada por 40 millones de personas.

Ningún gobierno puede ceder (a seis meses de haber asumido el poder con un 46 por ciento de los votos) ante presiones sin concesión de ningún polo económico y/o político de relevancia, pero tampoco puede cerrar las vías de la negociación. Posiblemente se revisarán las retenciones móviles, y se fije una tasa fija, que ronde el 40 por ciento del precio del producto de exportación por tonelada.

Por lo demás, es hora que se llegue a un arreglo para que el gobierno tenga las manos libres para empezar a dar respuestas a las verdaderas urgencias que tiene el país.