noirlanda3.jpgEl no irlandés al Tratado de Lisboa deja un mensaje claro: es imprescindible tomar en serio al ciudadano europeo, si no, la UE seguirá sin avances considerables en el terreno político. La preeminencia de los tecnicismos y burocratismos empujarán hacia una Unión a dos velocidades, que podría descarrilar, dice el autor.

(Desde Madrid) LA UNIÓN EUROPEA EN CRISIS. No es nada nuevo, desde 2005 la organización no ha levantado cabeza. La Unión Económica funciona pero cuando se pregunta a los ciudadanos sobre la política huyen sobresaltados. ¿Por qué? Quizás porque no se explica bien, siempre se hace en términos institucionales y con jergas burocráticas incomprensibles que incluyen cesiones de poder poco transparentes.

“No se desea que política exterior, inmigración, fiscalidad o agricultura pasen a ser gestionadas por la alejada burocracia bruselense” Los cambios institucionales que se explicitan siguen siendo poco democráticos: los partidos políticos no son europeos, el Parlamento europeo no elige directamente al presidente de la Comisión, sino que quien lo hace son los 27 jefes de Estado y de Gobierno, y su labor es la de mero comparsa. Los eurodiputados son unos perfectos desconocidos para los nacionales de sus Estados miembros, y además no somos capaces de poner caras a los primeros espadas de la política europea.

El ciudadano lo intuye y no le gusta, pues no se identifica con esas estructuras de poder. La política exterior, la inmigración, la fiscalidad o la agricultura no se desea que pasen a ser gestionadas por la burocracia bruselense alejada y poco controlada por el ciudadano común.

RAZONES PARA EL NO, RAZONES PARA EL SÍ

Por otro lado, los lazos comunitarios que unen a los ciudadanos de los 27 son muy escasos o poco explícitos. “Los partidarios del no son más cercanos a las preocupaciones ciudadanas; los del hablan sobre asuntos institucionales que no entiende el común de los mortales” Se trabajan más los tecnicismos y las burocracias que la sociedad civil, y al final eso tiene sus consecuencias. El europeo no se identifica con la política comunitaria, por mucho que de ella emane el 70 por ciento de las leyes que nos regulan, sino con la del Estado nacional o la regional y local.

Y para muestra tenemos la consulta popular de Irlanda, en la que han primado argumentos como la pérdida de privilegios fiscales o la neutralidad del país sobre los más de 50.000 millones de euros que ha recibido Dublín de la Unión Europea, que le han colocado como segundo país más rico del continente.

Los partidarios del no a Europa siempre son más cercanos y venden argumentos relacionados con las preocupaciones ciudadanas; mientras los del hablan en abstracto y sobre asuntos institucionales que muchas veces no entiende el común de los mortales.

“Los defensores del sí argumentaron las reformas necesarias para que la UE pueda funcionar: un ministro de Exteriores, un presidente más estable o la toma de decisiones por mayoría cualificada” En el caso irlandés el bloque euroescéptico formado por los agricultores, la Iglesia, el Sin Feinn, algunos intelectuales y el empresario Declan Ganley han puesto sobre la mesa razones más maniqueas y atractivas: la subida del petróleo, la inmigración, la crisis inmobiliaria, el aumento de los precios de los alimentos, los impuestos sobre las empresas, el aborto, las maniobras militares conjuntas con Reino Unido o la entrada de la carne argentina.

En cambio, los defensores del sí entre los que estaban el primer ministro, Brian Cowen, partidos de la oposición como el Laborista y el Fine Gael o los medios de comunicación más influyentes argumentaron sobre las reformas necesarias para que la UE del futuro pueda funcionar: un ministro de Exteriores, un presidente más estable o la toma de decisiones por mayoría cualificada.

Con estos razonamientos a ver qué irlandés deja de tomarse una pinta para ir a las urnas.

UN TRATADO BARROCO, SIN ALMA Y SIN CORAZÓN

“Paradójicamente, la reforma institucional nació para acercar Europa a los ciudadanos” Es la lucha entre el populismo y la tecnocracia, con un vencedor más que seguro por la motivación y el atractivo de la argumentación euroescéptica frente a los defensores de Lisboa. Al final el resultado es el que es: no a un Tratado barroco, bizantino e incomprensible incluso para los especialistas, cocinado por la elite bruselense a espaldas de los ciudadanos.

Paradójicamente, la reforma institucional nació para acercar Europa a los ciudadanos y ha conseguido el efecto contrario.

El problema es que los políticos europeos no aprenden y el Consejo Europeo confirma que seguirán las ratificaciones del Tratado con los peros correspondientes de la República Checa. “No se puede seguir ignorando al pueblo y despreciando su opinión desde la atalaya del despotismo ilustrado bruselense” A Irlanda se le da más tiempo para encontrar una solución como sino hubiese pasado nada. Así, llegará el mes de octubre y en el Consejo, bajo presidencia francesa, se le pedirá la celebración de un segundo referéndum para junio de 2009, fecha de los comicios al Europarlamento.

Sin embargo, cómo es posible convocar otra consulta popular cuando el 53 por ciento de los ciudadanos ya ha rechazado Lisboa. La legitimidad política del no está más que conseguida, pues el resultado al igual que la participación ciudadana es superior al 50 por ciento.

Ha llegado la hora de que se tome en serio al ciudadano europeo, si no, la Unión Europea seguirá sin avances considerables en el terreno de lo político.

La ausencia de alma y corazón, que sólo pueden aportar los ciudadanos, y la preeminencia de los tecnicismos y burocratismos nos empujarán hacia una UE a dos velocidades e incluso al descarrilamiento de la misma. No se puede seguir ignorando a las sociedades y despreciando su opinión desde la atalaya del despotismo ilustrado bruselense. Las elecciones de 2009 están a la vuelta de la esquina.