rajoycongreso.jpgDespués de una crisis de tres meses entre su derrota electoral y un exitoso congreso, los populares españoles se sienten dispuestos a ejercer una oposición convincente que les lleve al poder en 2012.

(Desde Madrid) ALGUNOS DÍAS DESPUÉS de que el Partido Popular, representante del centro derecha español, clausurara su congreso dando por finalizada una seria crisis tras ser derrotado en elecciones generales del pasado marzo, han comenzado a secarse los torrentes informativos y a calmarse los oleajes de análisis que lo han acompañado.

Es el momento de resumir lo esencial, y de descartar toneladas de intoxicación interesada, prejuicios miopes y conclusiones sesgadas.

Mariano Rajoy, el hombre que eligió José María Aznar para sucederle, ha sido reelegido presidente del partido con un 15 por ciento de votos en blanco, una apreciable minoría opositora pero sin posibilidades de optar a la victoria.

La media docena de dirigentes que en el período congresual alzaron la voz para criticarle y pedir su retirada no consiguieron articular una opción, no alzaron la voz en el congreso, y han perdido sus cargos sin mayor problema.

RUIZ-GALLARDÓN, REFERENCIA DE LA NUEVA ETAPA POPULAR

El presidente reelecto del partido, que sería automáticamente su candidato electoral para 2012, ya ha adelantado que el próximo congreso, en 2011, será en realidad el que lo ratifique o lo releve como aspirante a la presidencia del país, dependiendo de su gestión hasta entonces, de los resultados del partido en las elecciones autonómicas vascas y gallegas, en las elecciones europeas, y del juego de alianzas internas para entonces. “El indudable triunfo de Gallardón no ha ido acompañado con la incorporación de su atávica rival, Esperanza Aguirre, al nuevo equipo dirigente” Si Rajoy viera mal las cosas es probable que responsablemente se hiciera a un lado, apoyando a quien pudiera reunificar al partido y alcanzar la victoria frente a los socialistas. Y es en este punto donde emerge la figura de Alberto Ruíz Gallardón, el joven y competente alcalde de Madrid, que tras no pocos malentendidos ha sido incorporado por Rajoy al equipo dirigente en calidad de posible sucesor in pectore.

Gallardón, que llegó a anunciar su retirada de la política cuando Rajoy se negó a incorporarlo a su lista electoral, ha sabido sin embargo esperar prudentemente, y con el apoyo explícito del presidente fundador del PP, Manuel Fraga, y el apoyo implícito de una parte decisiva del Establishment español –el principal grupo mediático y figuras financieras e institucionales– convertirse en la referencia de esta nueva etapa del PP, caracterizada por el relevo del equipo heredado de Aznar, el abandono de la rabia y frustración que produjo la derrota de 2004 debido a los efectos de los atentados terroristas del 11-M, la comprensión de que no basta con ser centristas reformistas sino que hay que parecerlo, el reconocimiento de que sin acercarse a la derecha nacionalista vasca y catalana es casi imposible volver a gobernar, y el desafío ya inaplazable de que es prioritario conseguir, “Aznar ha aceptado lo inevitable, se ha mantenido neutral en estos meses de crisis, y sólo ha insistido en contadas ocasiones en lo que a él le parece más importante” de una vez por todas, que el centro derecha español sea percibido por la sociedad igual de demócrata, de actual y de respetable que el centro izquierda.

No obstante, y tal como nos parecía imprescindible, el indudable triunfo de Gallardón no ha ido acompañado con la incorporación de su atávica rival, la presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, al nuevo equipo dirigente. La fórmula Rajoy+Gallardón+Aguirre no ha sido posible, quizás por razones ignotas más allá de la pugna personal. Pero tampoco ha habido ruptura. Los tres personajes han hecho declaraciones conciliatorias. Los tres y sus lugartenientes estarán en el comité ejecutivo. Y la pugna entre las dos figuras madrileñas del partido puede mantenerse en límites razonables en espera de un nuevo combate por el liderazgo –o alianza en el mismo, que tampoco se debe descartar– allá en el 2011. Quizás un tándem Gallardón-Aguirre sea menos difícil que el de Obama-Hillary.

MARIANISMO ¿Vs? AZNARISMO

Mucho se ha insistido desde los medios de comunicación en las tensiones, distancias y desencuentros entre el ex presidente hoy retirado de la política activa “Rajoy ha respetado la herencia en personas, consignas y modos, hasta el punto de que probablemente le ha costado la derrota” José María Aznar y su sucesor Mariano Rajoy, y en un ajuste de cuentas agrio del marianismo sobre el aznarismo. Pero los hechos indican que Aznar, como le pasó a Felipe González con Zapatero, ha aceptado lo inevitable, se ha mantenido neutral en estos meses de crisis, y sólo ha insistido en contadas ocasiones en lo que a él le parece más importante: reivindicar sus ocho años de gobierno como un patrimonio irremplazable, no descuidar el componente conservador y mantener la unidad en la cierta diversidad de estrategias y tácticas que componen un gran partido occidental de centro-derecha en un sistema democrático consolidado de funcionamiento bipartidista.

Aznar eligió a Rajoy frente a otros candidatos también aptos para el puesto. Rajoy ha respetado escrupulosamente la herencia en personas, consignas y modos, hasta el punto de que probablemente le ha costado la derrota. “Para Rajoy, los ajustes tácticos a realizar son imprescindibles porque la situación ha cambiado desde el gobierno aznarista”Y es que no hay que olvidar que Aznar ya pactó con los nacionalistas, ya hizo reformismo ejemplar, ya fue centrista casi excesivo aún cuando la propaganda enemiga nunca lo reconociera, y desde la potente Fundación para el Análisis y los Estudios Sociales (FAES) no defiende otra cosa que moderación con principios. No hay diferencias entre uno y otro, salvo de forma de ser.

Además, Rajoy ha incorporado a su equipo a Ana Botella, la flamante esposa de Aznar que ya estaba en el equipo municipal de Gallardón, y jamás se le ha oído una crítica a su antecesor. Por el contrario, explica reiteradamente que los ajustes tácticos que debe realizar son imprescindibles debido a que la situación española ha cambiado desde la época de gobierno aznarista, el período 1996-2004. “El congreso ha aprobado un nuevo sistema de elección del presidente del partido al modo de las primarias de Estados Unidos” ¿Qué es lo que ha cambiado? Si Rajoy entrara en detalles comprenderíamos a qué se refiere y qué planea.

En todo caso, el congreso ha consagrado la influencia levantina (el Levante español es uno de los feudos del Partido Popular) y madrileña, y ha aprobado un nuevo sistema de elección del presidente del partido –y casi tan importante, de los presidentes autonómicos y provinciales– al modo de las primarias de Estados Unidos. El requisito único para ser candidato es contar con el apoyo de tan sólo cien militantes. Los aspirantes a presidente nacional-candidato electoral en 2011, al igual que ocurre con el modelo americano, presentarán compromisarios defensores de su candidatura en listas abiertas y desbloqueadas, y los que superen el 20 por ciento de los compromisarios votados por los militantes pasan a disputar la presidencia en el Congreso. En esa cita, si no hay ningún candidato que tenga una mayoría absoluta, se pueden producir alianzas entre los candidatos minoritarios y los compromisarios que los avalan. Todo un experimento que aportará democracia interna, mayor participación y sin duda quebraderos de cabeza. Pero que ya augura desde hoy mismo, que el sistema de candidato único congresual dará paso a la pugna entre varios.

A NUEVOS TIEMPOS, NUEVAS CARAS

El nuevo equipo dirigente del presidente popular se basa en una joven secretaria general, María Dolores de Cospedal, “Dos mujeres brillantes y un hombre dialogante que habla quedo y argumenta con facilidad. Otro talante” que ha demostrado su capacidad al frente del partido en Castilla-La Mancha, ayudada por tres vicesecretarios: el veterano dirigente andaluz Javier Arenas para las políticas autonómicas y locales; la experta Ana Mato en organización interna; y el fotogénico Esteban González Pons para la comunicación, en el papel del portavoz que deberá ganarse a la opinión pública. En el campo parlamentario, los portavoces populares son, en primer lugar, otra joven novedad, Soraya Sáenz de Santamaría, en el Congreso de los Diputados; acompañada de un repetidor en el puesto, Pío García-Escudero, para el Senado, y otro repetidor que no ha ahorrado críticas a Rajoy, el veterano político vasco Jaime María Mayor Oreja para el Parlamento Europeo.

Cospedal, Pons y Santamaría son una nueva imagen tridimensional que intentará que la gente olvide pronto el estilo y las figuras de Ángel Acebes y Eduardo Zaplana, los competentes políticos que fueron la imagen del PP en la pasada legislatura, quemados en una imposible tarea y una gigantesca campaña de desprestigio. Dos mujeres brillantes y un hombre dialogante que habla pausado y argumenta con facilidad. Otro talante. Y es que después de tanto reírnos del presidente Zapatero y su hincapié en el talante y la apariencia más que en las políticas y los hechos, su repetición como presidente del gobierno español, demuestra que apariencia, aptitud e interpretación son ya cualidades decisivas en los políticos postmodernos.

Rajoy aparecía anticuado en esta coctelera en ebullición que es España en estos días. El PP tiene un problema grave de imagen y comunicación. Si con las nuevas caras del trío C-P-S y los sólidos contactos de Gallardón se diluye o al menos se mitiga, los populares españoles podrán demostrar que sus opciones son otra vez necesarias, convenientes y adecuadas. Es la servidumbre de la política en estos tiempos.