domingo_faustino_sarmiento.jpg Argentina nunca ajustó cuentas con sus ficciones orientadoras, es decir, con sus mitos nacionales sobre su carácter, su ser y su destino. El país es (y ha sido) una casa dividida contra sí misma, en donde no hay adversarios, sino enemigos, dice el autor. Entienda por qué Argentina ha sido inventada por dos bandos que no terminan de entenderse.

(Desde Madrid) CUANDO TERMINÓ DE ESCRIBIR The Invention of Argentina, antes de regresar a Estados Unidos, el profesor Nicolas Shumway, de la Yale University, hizo una fiesta en su casa de Buenos Aires. Confiesa que fue una de las experiencias más incómodas de su vida.

No tuvo en cuenta el color político de los invitados, y no supo hasta más tarde que en su casa se encontrarían liberales y nacionalistas, cosmopolitas y populistas, sarmientistas y rosistas. Le sorprendió que sus invitados se trenzaran en discusiones acaloradas, que el profesor norteamericano no entendió. Sus invitados atribuyeron ese naufragio al hecho de que el anfitrión no era argentino.

Debo a Diego Fonseca, analista y colaborador de Safe Democracy, la idea de leer el libro del profesor Shumway, y, por aquello de que las deudas se pagan, quiero consignar su nombre en estas líneas.

LOS ARGENTINOS DIALOGAN CON LOS FANTASMAS DE SU PASADO

El norteamericano confiesa que lo que más le impresionó fue la retórica que desplegaban sus invitados en sus encendidas discusiones. Hablaban lenguas distintas, y se remitían a ficciones orientadoras o mitos nacionales totalmente distintos. “Esos fantasmas sobreviven quizá porque Argentina nunca ajustó cuentas con sus ficciones orientadoras”

El profesor Shumway regresó varias veces a Argentina, y aunque notó cambios en la retórica, confirmó, con asombro, que la Argentina moderna sigue en diálogo con su pasado. Los ecos de debates del siglo XIX siguen resonando en prácticamente toda discusión que tengan los argentinos sobre sí mismos y su país. Y escribe: los fantasmas retóricos de Moreno, Hidalgo, Rivadavia, Sarmiento, Alberdi, Mitre, Andrade y Hernández siguen habitando el país.

UNA CASA DIVIDIDA CONTRA SÍ MISMA

Y es que Shumway sin saberlo, había convocado en su casa al siglo XIX. El norteamericano escribe que esos fantasmas sobreviven quizá porque Argentina nunca ajustó cuentas con sus ficciones orientadoras, es decir, con sus mitos nacionales sobre su carácter, su ser y su destino. “Moreno es útil como paradigma de las posturas contradictorias que corren a lo largo del pensamiento argentino”

Argentina es una casa dividida contra sí misma, y lo ha sido al menos desde que Moreno se enfrentó a Saavedra, escribe Shumway, y añade que Sarmiento codificó la división en sus polaridades inflexibles: Civilización y Barbarie, entre las que no había posibilidad de convivencia ni de pacto.

Mariano Moreno (1778-1811) elabora una construcción del otro que está en el origen de no pocos comportamientos posteriores: el otro no es adversario, sino enemigo. Y también anticipó la función del Estado en Argentina, como actor que interviene en la economía, con su fiebre de regulaciones, subsidios industriales, protección de empleos, precios controlados, tasas artificiales, industrias estatales, todo lo cual sólo consiguió paralizar la economía. Shumway escribe que Moreno es útil como paradigma de las posturas contradictorias que corren a lo largo del pensamiento argentino. Además, es precursor de ficciones orientadoras que siguen vivas en el país. “Los mitos divergentes de la nacionalidad legados siguen siendo un factor en la búsqueda frustrada de la realización nacional” Del morenismo nace el Partido Unitario, eco de la oligarquía porteña, y del saavedrismo nace el Partido Federal, orientado hacia la autonomía de las provincias.

Y Shumway escribe: Los conflictos resultantes entre saavedristas y morenistas, conservadores y liberales, proteccionistas y partidarios del libre comercio, provincianos y porteños, populistas y elitistas, nacionalistas y cosmopolitas, personalistas e institucionalistas, federalistas y unitarios, de un modo extraño, siguen asolando al país.

Y el profesor Shumway llega a una conclusión, con la que cierra el libro: el problema está en que los mitos divergentes de la nacionalidad legados por los hombres que inventaron Argentina siguen siendo un factor en la búsqueda frustrada de la realización nacional.

Y llega a decir: aunque Sarmiento y Mitre murieron hace más de un siglo, sus viudas todavía vagan por Buenos Aires, apareciendo de cuando en cuando en diversos actos públicos.

UNA SOCIEDAD DE OPOSITORES

Shumway se pregunta cómo pudo ser que una nación beneficiada con enormes recursos naturales y humanos no consiga revertir la lenta y melancólica declinación hacia la mezquindad y la insignificancia. “El peronismo, en muchos sentidos, no hace más que reciclar ideas y retóricas que ya estaban presentes en el país” Pero se aparta de las explicaciones económicas, y contempla otro factor de la ecuación argentina que los analistas pasan por alto: la peculiar mentalidad divisoria creada por los intelectuales del país en el siglo XIX.

Argentina es una sociedad de opositores. La mitología de la exclusión ha prosperado, y es una de las ficciones orientadoras, siendo Sarmiento uno de los argentinos que dejó una fuerza de división como legado psicológico y cultural a su país. Y la oligarquía porteña cultivó esa manía: lo recuerda Alberdi, cuando habla del aislamiento del puerto, para que Buenos Aires se quedara con la renta de todas las provincias. Y el siglo XX siguió un guión redactado en el siglo XIX.

“No hay nada equivalente en Estados Unidos a la pugna entre Buenos Aires y las provincias” En una entrevista que Juan Pablo Neyret, de la Universidad de Mar del Plata, le hace a Shumway, el norteamericano afirma:

Para mí, el peronismo, en muchos sentidos, no hace más que reciclar ideas y retóricas que ya estaban presentes en el país. El genio de Perón no es como creador, es como reciclador de discursos nacionalistas. En mi libro sobre el nacionalismo del siglo XIX vas a encontrar una cantidad de ideas que parecen muy modernas. Y sino de Perón, por lo menos de FORJA, el grupo nacionalista de los años 30. Esos paradigmas fundacionales, esas ficciones orientadoras ya se encuentran en una forma muy presente en el siglo diecinueve (Shumway, en Espéculo).

LA INVENCIÓN DE ESTADOS UNIDOS

Neyret le pregunta qué semejanzas y diferencias encuentra entre la invención de Argentina y la invención de Estados Unidos, y Shumway contesta: Los dos países son producto específicamente de un mismo vocabulario. Me refiero al vocabulario del liberalismo, las ideas, las economías. Pero Estados Unidos nació de una situación social muy diferente, hasta tal grado que las diferencias son mucho mayores que las semejanzas (…) No hay nada equivalente en Estados Unidos a la pugna entre Buenos Aires y las provincias. Estados Unidos es un país que nunca ha tenido un centro económico ni un centro político (…) Yo diría que la descentralización de Estados Unidos tiene muchas explicaciones.

Una es que las colonias eran muy diferentes entre sí. Nueva Inglaterra era una colonia netamente puritana y religiosa. Las colonias centrales, como Nueva York y New Jersey, eran más que nada comerciales, y en ellas había como veinte o veinticinco distintos grupos o religiones. Ahí es donde creo que realmente nació la variedad que representa a Estados Unidos. Y, después, el Sur, que era como Brasil, con grandes haciendas, estancias, azucareras en muchos casos, otras de algodón, otras para tabaco. Es decir, era un país que descendía de colonias muy dispares. Obviamente, eso también existía en la Argentina, pero Buenos Aires podía dominar de una manera que ninguna colonia o región de Estados Unidos podía. Ésa es la gran diferencia (Ibidem).

Shumway cree que los paradigmas retóricos de un país sobreviven, y que las ficciones orientadoras de los próceres argentinos dictaron el guión por el que transcurren los comportamientos y la retórica de los argentinos de hoy. Y es que Argentina ha sido inventada por dos bandos que no terminan de entenderse.