evoenteheran.jpg

¿Por qué Irán es visto por ciertos países de Sudamérica (supuestamente progresistas) como un “aliado revolucionario” y no como un país autoritario y represivo? Por la sencilla razón que impone la vieja máxima: “el enemigo de mi enemigo es mi amigo” que, en la mayoría de los casos, se presenta como el verbo de un breve pensamiento arropado de miopía política, dice el autor.

(Desde Buenos Aires) CADA NACIÓN TIENE el Derecho de ejercer libremente sus políticas de alianzas y amistades. Por lo tanto, las elecciones que toman los distintos gobiernos para definir con quién comerciar, estrechar relaciones o romperlas, parten de las necesidades estratégicas y de sus propios intereses. Pero hay que tener cuidado.

“De la mano del presidente venezolano Hugo Chávez, Irán ha reforzado sus lazos con Nicaragua, Bolivia y Ecuador”

 El gobierno de Bolivia –luego de haberse reafirmado legítimamente en el poder, tras el exitoso referéndum revocatorio de agosto pasado– eligió estrechar sus relaciones diplomáticas, comerciales y políticas con uno de los países más cuestionados del mundo: la teocrática República Islámica de Irán. Y lo ha hecho a riesgo decaer en el ostracismo político, a nivel internacional.

TEHERÁN INVERTIRÁ MIL MILLONES EN BOLIVIA

Al gobierno encabezado por el presidente iraní, Mahmoud Ahmedinejad, la breve visita de tres días de su par boliviano, le dio algo de oxígeno ante el creciente aislamiento que en los últimos tiempos viene sufriendo, por negarse –principalmente– a blanquear su programa de enriquecimiento de uranio, que tiene como fin último, facilitar el ingreso de Irán, al selecto “club” de países con capacidad nuclear-militar.

En el mes de septiembre de 2007, el presidente Ahmedinejad, tras su corta estadía de apenas algunas horas en Bolivia, se comprometió a invertir en ese país, 1.000 millones de dólares hasta 2012 en proyectos relacionados con la explotación de hidrocarburos y otros también de alcance estratégico, como la creación de medios masivos de comunicación, en particular radios y una estación de TV, entre otros.

De lograrse estos acuerdos, entrarán en la historia del pequeño país Latinoamericano, como una de las inversiones extranjeras más importantes de los últimos tiempos, pero le dejarán en la encrucijada de no recibir inversión de los mercados de mayor importancia.

“COMPAÑERO REVOLUCIONARIO Y HERMANO”

De la mano del presidente venezolano Hugo Chávez, Irán ha reforzado sus lazos con Nicaragua, Bolivia y Ecuador.

En enero de 2007, Nicaragua reestableció relaciones diplomáticas con Irán tras 16 años de interrupción y, en abril de 2007, el presidente del país centroamericano, Daniel Ortega, oficializó su apoyo al programa de enriquecimiento de uranio iraní. Teherán aprovechó la ocasión para manifestar su interés en invertir en Nicaragua, donde se comprometió a apoyar más de 30 proyectos económicos, energéticos y sociales, fundamentalmente en generación hidroeléctrica, un área crítica para el Gobierno sandinista, apremiado por la amenaza de una crisis energética.

“Con anterioridad a Venezuela, Cuba fue el principal aliado de Irán en la región, ya que ambos compartían una agenda anti-estadounidense”

Ante las críticas de la oposición interna, Morales se ha sentido obligado a defender su decisión “soberana” de abrir relaciones con Irán y ha calificado de “compañero revolucionario y hermano” a Ahmadineyad. Especulando con las razones del interés iraní en Bolivia, algunas fuentes diplomáticas han apuntado a los yacimientos de materiales radiactivos. El diario La Prensa afirmó que los acuerdos bilaterales pueden incluir la explotación de litio y uranio en Potosí pero el Ministerio de Minería lo ha negado. Sin embargo, lo central pasa por el objetivo iraní de aumentar su círculo de amigos, y así la atención de Irán en Bolivia se relaciona con la amistad entre los presidentes Chávez y Morales y en el lobby venezolano en Bolivia. En esta misma línea se encuadra la visita de Ahmadineyad a Ecuador, en enero de 2007, para asistir a la asunción del presidente ecuatoriano Rafael Correa.

Con anterioridad a Venezuela, Cuba fue el principal aliado de Irán en la región, ya que ambos compartían una agenda anti-estadounidense y se enfrentan a sanciones impuestas por Estados Unidos. Cuba e Irán establecieron relaciones diplomáticas en 1979, el año de la revolución islámica. En mayo de 2001, Fidel Castro visitó Irán por primera vez y entonces afirmó sentirse como en casa y alabó la lucha antiimperialista iraní. Cuba se ha unido a Venezuela para defender “el derecho inalienable” de Irán de acceder a la energía nuclear. En la votación de febrero de 2006, en el Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), Cuba fue uno de los tres países que votaron contra la resolución sobre el programa nuclear iraní, lo que Ahmadineyad agradeció públicamente.

EL ATENTADO A LA AMIA EN BUENOS AIRES

La relación entre Argentina e Irán está marcada por el caso AMIA. En julio de 1994 un atentado terrorista, destruyó
la Asociación Mutual Israelita Argentina (AMIA), arrojando un funesto saldo de 85 personas muertas y más de 200 heridos. Dos años antes una explosión similar había destruido la embajada de Israel en Buenos Aires. Los fiscales argentinos han confirmado la responsabilidad directa de la organización terrorista libanesa chií, Hezbolá y de altas autoridades iraníes como responsables intelectuales del ataque y pidieron a Interpol la captura de una serie de ex altos dirigentes iraníes, incluyendo un ex presidente, lo que acentuó la tensión entre los dos países.

“La duda en este punto es cuál sería la actitud del Gobierno de Kirchner ante Irán de no mediar el caso AMIA y la postura militante de la comunidad judía local”

Durante el gobierno del ex presidente Néstor Kirchner, la conflictividad entre Buenos Aires y Teherán quedó patente cuando Néstor Kirchner no asistió a la asunción del presidente ecuatoriano Rafael Correa para no encontrarse en Quito con Ahmadineyad. En Asamblea General de Naciones Unidas de 2007, el entonces presidente argentino utilizó su discurso para pedir que Irán colabore en la investigación del atentado, lo que no cayó nada bien en el Gobierno de Teherán que respondió duramente. La duda en este punto es cuál sería la actitud del Gobierno de Kirchner ante Irán de no mediar el caso AMIA y la postura militante de la comunidad judía local.

¿QUÉ BUSCA TEHERÁN EN LA REGIÓN?

Lejos de ser un “aliado de los gobiernos de izquierda y/o progresistas del mundo”, Irán es el principal apoyo de los grupos terroristas Hezbolá (en Líbano) y Hamás (en la Franja de Gaza). Además facilita las acciones, no menos salvajes, de distintos grupos chiíes en Irak, que hasta el momento, se han cobrado la vida de miles de civiles en atentados de la peor calaña.

¿Por qué Irán es visto por ciertos países de Sudamérica, como un “aliado revolucionario”?

¿Por qué, entonces, es visto por ciertos países de Sudamérica, como un “aliado revolucionario”? Por la sencilla razón que impone la vieja máxima: “el enemigo de mi enemigo es mi amigo”, que en la mayoría de los casos, se presenta como el verbo de un breve pensamiento, arropado de miopía política. Sólo basta como referencia a esta antigua máxima, el apoyo político que el IRA irlandés le brindó a Hitler cuando llevaba a cabo los bombardeos sobre Londres, durante la Segunda Guerra Mundial.

UNA AMISTAD PELIGROSA

Por estos motivos, y lejos de representar los intereses supremos de los pueblos a ser libres y soberanos (¿en que situación se encuentran las mujeres en Irán, y todo aquel que intenta ser opositor al régimen teocrático?) la Nación persa, es la expresión del oscurantismo más peligroso.

“Basta con recordar las sistemáticas negaciones que del Holocausto realiza el presidente de Irán”

Por tal motivo, es lamentable ver cómo ciertos gobiernos que se presentan como los adalides del cambio progresista en Sudamérica –como el caso del presidente indigenista Evo Morales– caen en esta trampa dialéctica. Estos intereses, por sobre todo, intentan imponer el fascismo y el autoritarismo y lejos de trabajar contra la opresión de los pueblos, buscan reeditar la opresión y la muerte.

Sino, como último ejemplo, basta con recordar las sistemáticas negaciones que del Holocausto realiza el presidente de Irán, en cuanta oportunidad se le presente. ¿De qué estamos hablando entonces?