palinmccaintres.jpgHay pocos problemas más serios para la prensa que escribir hablando como un vecino. No por el lenguaje, sino por la ausencia de fundamentos. La inmediatez es enemiga de la razón y cuando ella pierde, gana el vecino vocinglero, dice el autor. No es nuevo que la política es show, está farandulizada, los mensajes se deciden por target y un largo etcétera. Pero, ¿y los problemas reales? ¿Cuál es el rol de los medios?

(Desde Miami) SOY UN HIJO DE LOS MEDIOS. De todos los medios. Y ahora soy un hijo de medios en campaña electoral en la mayor economía del mundo. Y de medios en campaña con un macromedio, Internet, picándoles por el carril central como Usain Bolt. Los medios están sufriendo horrores, como lo sufrió Hillary, el comportamiento viral de los consumidores de información y entretenimiento político.

Y, para más, con una campaña atípica. Un senador de 72 años, el más anciano y primer héroe de guerra real aspirante a la Casa Blanca. Un mulato con apenas cuatro años de experiencia política que desbancó a la esposa de un ex presidente y pareciera tener tantas ideas como impostaciones y que gusta de echar pinta subiendo a la carrerita los tablados y llenarse de flores la verba.

Una gobernadora que adora los rifles de alta potencia y acompañará al abuelo tras dirigir un Estado con potencial para los negocios republicanos pero intrascendente para una elección reñida. Un candidato a vicepresidente con una trayectoria extensa y dueño de esas sonrisas que denuncian, ah maquiavélico cronista, que él ya se siente el poder tras la sombra.

Las líneas iniciales las subí al blog de Edmundo Paz Soldán, en El Boomeran(g), y me las quedé macerando para ver si daban algún tanino extra. Finalmente, si llegaron aquí fue porque Edmundo amenazó con robarlas si no las convertía en un post. Con el cerebro hibernando como la PowerBook de mi mujer, a punto de calzarme los Timberland para recorrer el Gran Cañón y el desierto de Arizona, lo que hice fueron los párrafos precedentes y los subsiguientes.

OBAMA… BLACK MAMBA

Me costó comprender el por qué de tanto fervor por Obama. No ahora, siempre. Durante toda la campaña y hasta bien entrado el discurso de aceptación de la candidatura demócrata. “Curiosamente, el de la Convención Demócrata, fue el discurso menos obámico de la precampaña” Clinton, Bill, por ejemplo, siempre fue un discurseador con mayor dominio de escena y cierta astucia y picaresca de latino. Hasta Hillary me resultaba, cuando hablaba ella y no un asesor, más sólida.

Obama no me seducía como orador porque me sonaba flaco de recursos y gordo de clichés. Siempre me dio cierta sensación de ser indeciso y temeroso. Esquivo, no en el sentido de saber escapar, listo, de la inquisición periodística, sino de salirse por la puerta de los proveedores –y vestido de panadero– para que nadie sepa que anduvo por allí.

En el discurso en Colorado, comenzó a parecerme sólido una vez que se largó a coser los agujeros del traje por donde podían entrarle los conservadores. O sea, me tomó diez minutos engancharme a él (o, de otro modo, le tomó ese tiempo venderme el paquete). “No es nuevo que la política es show, está farandulizada, los mensajes se deciden por target y un largo etcétera”

Curiosamente, el de la Convención Demócrata, fue el discurso menos obámico de la precampaña. Esto es, tuvo más definiciones políticas y menos abstracciones, escasearon los guiños populistas y lanzó un par de definiciones imperativas a McCain, de esas que fijan la agenda de lo discutible. Entre ellas, una sobre los alcances de la discusión sobre el patriotismo y los límites de la capacidad de gestión. Casi aplaudo.

Antes de eso, Obama hablaba y yo siempre recordaba a Bill. Clinton, frente a Obama, era Kill Bill. A ocho años de dejar el Despacho Oval, seducía mejor que cuando lo ocupaba. Pero entonces Obama fue menos obámico y más racional, digo yo, y me dejé llevar. Bill sigue siendo Kill Bill pero digamos que Obama empieza a ser un indicio de Black Mamba.

CUAL NOVELA LATINOAMERICANA

Es curioso que lo diga, pero he estado pidiéndole a la política americana que se comporte como lo que ya no es ninguna política. “Casi como si fuera una novela latinoamericana, la pasión de la gente se levanta siempre que McCain relata su capacidad para entender al americano medio porque él sufrió cinco años las torturas de Hanoi Hilton” Racionalidad y argumentación. No es nuevo que la política es show, está farandulizada, los mensajes se deciden por target y un largo etcétera. Pero, en ese mercado electoral, yo seguía yendo a la despensita a comprar al fiado mis ideas y razones.

Not any more, Fonseca. Si hasta yo dejé de hacer canciones de protesta y me vendí a Fiorucci (a.k.a., me puse un blog), ¿por qué no actualizaba mi DOS de la ritualidad política? Lo hice. No fui argentino: intenté hacer algo en vez de apenas enunciarlo y, aunque los resultados desconsuelan, no me quejo. Veamos si puedo seguir sin ser argentino y trato de entender de qué van las cosas.

Es evidente que la carga subjetiva de la política en general y de la americana en particular –lo del show no es vano– contribuye a todo. Y es aceptable que el tipo tiene lo suyo para la tribuna: aun con un pésimo director de cámaras en MSNBC, las lloronas conmovidas por Obama eran multitud (seré abogado del diablo: no sé si tanto porque creen en su mensaje, porque lo ven como la esperanza posible por levantar los principios de la última Roma o por culpa. No lo sé. Pero hace llorar a medio mundo y le saca el fervor por los poros al remanente).

Gobernar, claro, no es llorar, me reafirmo. Y también lo dijo recientemente Michael Kinsley, en Time. Mientras la campaña parece destinada al impacto emocional perpetuo, Kinsley se encargó de hacer el trabajo que mi vagancia impide, recolectando sus momentum.

Casi como si fuera una novela latinoamericana, la pasión de la gente se levanta siempre que McCain relata su capacidad para entender al americano medio porque él sufrió cinco años las torturas de Hanoi Hilton. Sí, a los gringos les encantan sus héroes de guerra y más uno de carne y hueso que soportó las de Caín, pero también quieren Beverly Hills 90210. Y ahí va por la vida Joe Biden, más reconocido en el discurso por perder a su esposa e hija que por sus años de servicio. U Obama, el mensajero político de los viejos mantras de Bill Cosby, que creció con una madre abandónica y un padre tribalmente ausente. Todos lloran eso, porque es llorable. O se lamentan porque el carilindo Edwards sufrió el cáncer de su esposa (y luego se lo quieren comer más crudo que a Elliot Spitzer porque su doble vida clintoniana). O, alternando entre heroicidad y conventilleo, todos conmovidos por Giuliani y el 11S y todos, absolutamente todos, esperando que Hillary doble las manos agobiada por el peso de cargar el casco nórdico de Mónica Lengüinsky.

Y, sí, aún nos falta McCain, pero en auxilio de nuestras necesidades de soup opera nos llegó Mrs. Palin. Con ella las ollas perdieron las tapas en menos tiempo que con los demás. Y es en buena medida porque la prensa americana, con los tobillos colorados por los chicotazos de los social media, los blogueros y la vida online, ha cedido a la espontaneidad y al show permanente (salvadas honrosas excepciones, que son muy honrosas).

LEEMOS POCO… PENSAMOS MENOS

Hay pocos problemas más serios para la prensa que escribir hablando como un vecino. No por el lenguaje, sino por la ausencia de fundamentos. “¿Para qué comprobar nada si siempre se puede producir una nueva capa geológica de información que abone más el terreno?” Los periodistas necesitan tiempo para masticar una historia, tallar la tesis, refutar contratesis, combinar puntos de vista y, por si fuera poco, abrir el primer párrafo con un cuento de 50 palabras que nos deje clavados en las sillas.

La inmediatez es enemiga de la razón y cuando ella pierde, gana el vecino vocinglero. Por supuesto, me dije el mismo día, es una exageración, pero entonces encendí el televisor y el paseo por los canales se convirtió en un viaje en barco hacia el ojo de Katrina. Lo mismo en Internet: el amarillo saltaba a los ojos como pop ups y al escandalete le babeaba el colmillo.

¿Para qué comprobar nada si siempre se puede producir una nueva capa geológica de información que abone más el terreno? ¿Para qué hacer algo en serio si vamos tan rápido que se lee poco y se piensa menos? (Lo escribió el 1 de setiembre Ramón Muñoz en El País. Es una nota brevísima, de esas que se pierden si no están bien vendidas, y el título entrega el bulo a la perfección: El desmentido es noticia. Disgresión: que la historia cite una pésima recreación del canal de noticias Todo Noticias, no es menor; el periodismo argentino, donde se escribe cada vez peor, es una muestra de filtros tapados).

Por supuesto, me dije el mismo día, es una exageración, pero entonces encendí el televisor y el paseo por los canales se convirtió en un viaje en lanchita hacia el ojo de Katrina. Y fui a Internet y el amarillo saltaba a los ojos como pop ups y al escandalete le babeaba el colmillo. “En el discurso de aceptación de la candidatura, Palin no desentonó. Hizo de hockey mom, señora simpática, mamá coraje”

Así fue como, a menos de 48 horas de aceptar ser la compañera de McCain, nos pusimos a hablar de Palin. Preguntas, dudas y suspicacias sobre si podrá combinar la demandante crianza de una criatura down con las obligaciones de la vicepresidencia. Que empujó la salida de un sheriff por motivos familiares. Que levantó el brazo izquierdo de la independencia de Alaska en la mocedad. Que se patinó 27 millones de dólares de fondos federales cuando era alcaldesa de Wasilla, un lote de 9 mil y pico de habitantes. Y luego, el morbo. Nada más verle la cara al novio de Bristol, la hija embarazada de 17 años de Mrs. Palin, pagaba el ticket a la Convención Nacional Republicana. ¿La nena querrá casarse o promoverá un temblor descomunal en el Grand Old Party pidiendo desembarazarse?

En el discurso de aceptación de la candidatura, Palin no desentonó. Hizo de hockey mom, señora simpática, mamá coraje. La siguió la mujer de McCain, quizá honesta y tierna, con mohínes al pequeño Palin. El libreto común de la obra. Muchos chistes, adjetivos y barras y estrellas y un par de granadas para Obama. Sí me sorprendió su aplomo, que no esperaba, y el manejo de la tribuna, más propio de un experto en discursos ante masas que de la primera ciudadana de Juneau. Inicialmente, le doy su primer round contra mí.

LA OBLIGACIÓN DE LOS MEDIOS

Si el próximo César debe reemplazar ocho malos años de un mal César, es menester que en la mesa se sirvan los platos principales bien calientes. Si Estados Unidos va a discutir de religión, educación sexual, derecho a la decisión de vida, armas en casa o la guerra en medio planeta, espero cierta altura discursiva, no al guionista de Maury y Jerry Springer. “Sí me preocupa que McCain tenga demasiados años conociendo tantos lobbies y que Obama tenga demasiado pocos sabiendo mucho menos” Eso es crítico. Si los republicanos discutirán a Obama deberán elevar la categoría y dejar de hacer el bully, como si el demócrata —I’m a dude playing a dude disguised as another dude— fuera una falsía. Si queremos saber qué tan amplio o conservador es el Maverick de Arizona, pasemos de su edad porque no es el tema central.

Ahora, si nadie baja los cambios en la tribuna, los medios deben convocar a esa discusión. Se puede empezar ahora, que es temprano. Porque a mí me importa un comino si al marido de Palin lo detuvieron a los 22 años porque conducía borracho por Anchorage o si Obama acepta finalmente o no que no quería vivir más con su madre cuando tenía 11. Tampoco me aporta al futuro lo que ocurrió a McCain en un agujero pútrido en Vietnam, hace cuatro décadas. Ni el marido de Palin gobierna, ni la madre de Obama dirigirá la seguridad social ni McCain aprendió entonces la estrategia militar que necesita para ser el futuro Commander-in-Chief.

Sí me preocupa que McCain tenga demasiados años conociendo tantos lobbies y que Obama tenga demasiado pocos sabiendo mucho menos. Eso es crítico. O que ambos porten definiciones volátiles, destempladas por el pragmatismo o por el desconocimiento. Sus costados más independientes están ahora naturalmente constreñidos, pero ni así se les ve dar definiciones jugosas. Peor, hay días en que siento que McCain es capaz de cualquier cosa con tal de ganar un voto. Y hay otros en los que pienso que Obama se va a desmoronar sin ideas.

TRAS OCHO AÑOS TRAGICÓMICOS….

No obstante, dos buenas sensaciones. Primero, McCain ha optado inteligentemente por obviar toda descalificación de Obama. Al menos por ahora, ese trabajo sucio lo ha tomado entre manos Mrs Palin, quien ha seducido a los neocons con su estilo duro de chica de la Asociación Nacional del Rifle. Segundo, Obama parece decidido –y deseo ser enfático con la palabra– a entablar una campaña de vieja escuela, poniendo los temas de valía sobre la mesa. Hasta el momento, McCain no le ha hecho el quite.

Sería deseable que ese momentum prosiga. Por supuesto, difícilmente Obama entregue detalles sobre cómo piensa financiar una reducción impositiva del 90 por ciento (o más) sobre los salarios de los trabajadores o McCain ablande la mollera para que entre una idea distinta a vamos a ganar en Irak. Biden seguirá sonriendo Colgate para las fotos y Palin casará a su hija y al novio.

Al final, todos quedamos atrapados, desde otro lugar, en la red lacrimal de la telenovela Decision 2008. La política, la conducción de Roma, gobernar, es otra serie. El prime time empieza el 5 de noviembre. Tras ocho años tragicómicos de George W. Bush, no puede ser peor (¿O sí?). Show must go on.