lehman1.jpg ¿Qué lecciones deja la caída de Lehman Brothers? ¿El derrumbe de Lehman es sólo un asunto financiero? ¿Por qué quiebra un banco de inversión? ¿Qué sucede cuándo quiebra? ¿Por qué Washington sí intervino ante la quiebra de Freddie Mac y Fannie Mae y Bear Stearns y no lo ha hecho ahora? ¿Pueden quebrar más entidades? ¿Por qué dura tanto esta crisis? ¿Cómo empezó todo? ¿Qué consecuencias pueda traer para el ciudadano medio?

(Desde Phoenix, Arizona) EN SOUTHERN AVE Y RURAL ROAD, en la universitaria Tempe, hay una bella filial de Washington Mutual, la mayor caja de ahorros de Estados Unidos. WaMu, como la llaman, es una entidad largamente extendida por el Estado de Arizona, y en esta sucursal en particular hay hoy bastante gente. Son empleados de construcción, la inmensa mayoría mexicanos, casi todos nuevos clientes que han optado por las cuentas corrientes de WaMu pues la ven como lo que son, una ganga. WaMu no cobra por chequeras ni cheques emitidos y ha eliminado comisiones que otros bancos todavía cargan. Si esos clientes compran certificados de depósito en línea, tendrán además una tasa especial de 4,25 por ciento, un punto por encima de lo ofrecido por el Citi. Genial.

Pero el bello y generoso WaMu es un asunto serio. Tanta generosidad tiene una sola razón: WaMu necesita dinero. Mejor, mucho dinero. Muchísimo dinero. El banco ha tenido previsiones superiores a 6.500 millones de dólares en un año por las hipotecas basura y se ha visto obligado a poner en lista de despidos a 3.150 trabajadores y a cerrar más de la mitad de sus 336 centros de préstamos hipotecarios. Tras anunciar una ampliación de capital de 2.500 millones de dólares, ahora está a la búsqueda de un socio mayoritario.

Pero de esto no están muy al tanto sus nuevos clientes y es más que factible que ellos no salven a la entidad de una venta pronta, pero como ellos está media humanidad, preguntándose qué hay detrás de tamaño maremagnum, con qué se come eso de las subprime, por qué la sufrirá Joselo en A Coruña si jamás oyó de un tal Oso Stearns y a cuento de qué aumentará mañana el precio del tacu tacu en Lima.

A modo de simple ayudamemoria, Safe Democracy ofrece este primer intento de ordenar la información.

¿POR QUÉ Y QUÉ SUCEDE CUANDO QUIEBRA UN BANCO DE INVERSIÓN?

La quiebra de Lehman Brothers y Bear Sterns y los problemas de las aseguradoras Fanny Mae y Freddy Mac en Estados Unidos ocurren por la eclosión de la crisis hipotecaria en Estados Unidos, a la que se han sumado una creciente desconfianza de los inversores y, posible aunque difícil de probar, algunas maniobras especulativas de corto plazo.

En el caso de Lehman, la tercera parte de sus activos carecen de liquidez inmediata y estaban condenados a la malventa ante una crisis. Siete de cada 10 dólares de la compañía, además, operaban con hipotecas a tasa fija en un mercado de costos y tasas crecientes.

En una quiebra puntual, los perjudicados son los clientes del banco, por lo general medianos y grandes inversores institucionales y personales. No suele dispersar el efecto. En este caso, donde la crisis es sistémica, eleva la desconfianza hasta el pánico. De allí a tomar acciones apresuradas ante la sensación de que las expectativas son aun más perjudiciales hay un paso.

¿POR QUÉ WASHINGTON SÍ INTERVINO ANTE LA QUIEBRA DE FREDDIE MAC Y FANNIE MAE Y BEAR STEARNS Y NO LO HA HECHO AHORA?

El principio con el que actúa la Reserva Federal (en adelante la Fed) de Ben Bernanke se resume a esta frase: si la opción es que los consumidores y la economía pierdan más por dejar quebrar un banco que por ayudarlo, se le rescata. “El problema añadido es que la cartera de créditos de F&F representaban más de la mitad del mercado hipotecario de Estados Unidos”

El segundo principio atañe al llamado riesgo moral. La Fed, creada en 1913, es prestamista de última instancia pero no puede ni debe auxiliar a todos los bancos. Si lo hiciere, lanza el mercado la señal de que vale meterse en cualquier atolladero pues Bernanke financiará el rescate con fondos públicos (el asunto es que nadie sabe muy bien cuándo la Fed considera a un banco vital o estratégico para el sistema financiero, y cuándo no.)

A priori, además, los rescates responden a entidades y momentos distintos. Fannie y Freddie (F&F) eran empresas autárquicas del gobierno que compran créditos a los bancos para que emitan más préstamos. Sin ellas como reaseguradoras los bancos no podrían incrementar demasiado la masa monetaria. El problema añadido es que, además, la cartera de créditos de F&F representaban más de la mitad del mercado hipotecario de Estados Unidos.

“El modelo de la banca de inversión se ha pulverizado. Los inversores no saben qué esconden los balances de los bancos, ya no sólo de aquéllos en problemas” En el caso Bear Stearns, la Fed auxilia la compra por parte de JP Morgan Chase pues éste no podía acceder al descuento que Bernanke propuso para resolver turbulencias financieras. Bear, además, fue el primer banco en ser rescatado y pudo haber tomado a la Fed con una filosofía entonces más laxa y quizás algo más desprevenida. Para cuando llegó Lehman, la Reserva ya había tomado la decisión de no rescatar a todos (de hecho, no hizo más rescates de privados tras Bearn.)

Lehman, además de ser privado y trabajar con clientes institucionales y no con municipios o pymes, como es el caso de AIG, tampoco tenía el impacto de la aseguradora. La nacionalización de AIG comparte lectura con F&F. Se trata de la mayor aseguradora del mundo y sus líneas clave de negocio son los bonos corporativos. Esos pagarés son usados por las empresas para tomar deuda. AIG se encarga de asegurar al comprador de esa deuda su repago en caso de que el titular no pueda hacerle frente. Estos seguros, técnicamente llamados Credit Default Swaps, se transan en el mercado para generar ganancias financieras. Su impago, en estas circunstancias, sería equivalente a entrar en un agujero negro, pues chuparía detrás al sistema financiero en su conjunto.

¿EL DERRUMBE DE LEHMAN ES SÓLO UN ASUNTO FINANCIERO?

No. Lehman confirmó, por si hacía falta, la crisis sistémica. El modelo de la banca de inversión se ha pulverizado. Más ampliamente, los inversores no saben qué esconden los balances de los bancos, ya no sólo de aquéllos en problemas.

En este marco, algunos reguladores han optado por no exigir más información a los bancos para reducir el estrés. Ésta última es una decisión compleja y paradójica y tiene directa relación con el derrumbe de Lehman. Más información permite a los clientes tomar decisiones más certeras, que en el caso de un banco en problemas podría incrementar su despiste por corridas en busca de fondos. Menos información también puede empujar, en un contexto de crisis, a la incertidumbre y amplía la posibilidad de corridas por temores infundados.

Los reguladores han optado por esta segunda opción en la creencia de que menos datos de entidades en problemas evitaría males mayores al sistema y ayudaría a evitar una corrida contra entidades que, hipotéticamente y con tiempo, podrían sanar. Es una línea de pensamiento similar a la de la Fed, que presupone que el perjuicio potencial de un número incierto de ciudadanos es preferible a cifras potencialmente mayores.

La razón de esta decisión tiene que ver con cierta lectura de que al mercado han llegado los carroñeros, síntoma de que hay demasiados negocios muertos o por morir. A última hora del jueves 18, el Tesoro y la Federal estadounidenses anunciaron que se prohibirían las apuestas a la baja en la Bolsa contra acciones de entidades en problemas. Este mecanismo perverso, que llenó los bolsillos de especuladores con compraventas de títulos a corto plazo, fue usado agresivamente en especial con Lehman. En situaciones de emergencia su uso actúa como la profecía autocumplida: ante la creencia general de que más bancos pueden caer, las ventas especulativas más una buena dosis de rumores (malintencionados o no) pueden empujar por el barranco a una entidad potencialmente salvable.

¿QUÉ LECCIONES DEJA LA CAÍDA DE LEHMAN?

La lección más profunda es la necesidad de coordinar medidas globales sobre el sistema financiero, quizá excediendo el propio ámbito de los bancos centrales. Las reservas federales siempre operan con autonomía nacional o plurinacional, como en el caso de la Unión Europea, y en circunstancias graves, como la actual, coordinan acciones preventivas con visión de rescate.

Dada la magnitud global del sector financiero y la transnacionalización de sus activos, esa coordinación debería incluir el control de comportamientos locales de los bancos, actuando como una especie de Consejo General de Naciones Unidas o, en su defecto, como su Consejo de Seguridad. No sería descartable disponer de más fondos de socorro internacionales para salvar situaciones puntuales bajo la figura de préstamos contra capital accionario. Una mayor regulación de la creación de instrumentos financieros por parte de la banca es imperiosa.

¿PUEDEN QUEBRAR MÁS ENTIDADES?

Sí. Washington Mutual, por ejemplo, está bajo tal necesidad de liquidez que puede entrar en quiebra y aún se desconoce el impacto sobre entidades como las monoline AMBAC y MGIA, que tienen cartera un dólar por cada 130 prestados.“De aquí en adelante, los bancos sobrevivientes andarán por el mundo cuidando el capital y la renta de sus clientes tratando de crear un modelo más sano y conservador” Evitar ésa u otras quiebras depende tanto de la velocidad de reacción de sus directivos como del valor al que decidan vender, o, lo que en este caso es lo mismo, cuánto decidan pagar los compradores.

Por lo pronto, la caída de tres de los cinco mayores bancos de negocios de Estados Unidos (Bear, Lehman y Merrill) deja a Goldman Sachs y Morgan Stanley sacando agua del barco. Los costos de financiación son ya elevados para ellos y sus acciones no dejan de desplomarse. Todo mundo está anticipando la caída y ellos han debido cubrirse. Morgan está cerrando trato con Wachovia y el atribulado WaMu está a la pesca de socio comprador.

Una clara evidencia es que el modelo de negocios de los bancos de inversión, que se habían corrido a instrumentos de alto riesgo, ha colapsado. De aquí en adelante, los bancos sobrevivientes andarán por el mundo cuidando el capital y la renta de sus clientes tratando de crear un modelo más sano y conservador.

Es curioso, pero lo que divide a muertos y sobrevivientes es un corto lapso de no más de seis meses. A principios de año, sin ir más lejos, Bank of America, Wachovia y HSBC, hoy en la vereda de los más activos buscadores de oportunidades de compra con JP Morgan Chase, eran indicados como bancos con alguna dificultad. Wachovia debió ser capitalizado por sus socios en casi 4.000 millones de dólares tras perder más de 27.000 por las hipotecas contaminadas. HSBC previsionó 11.000 millones de dólares y tuvo un rojo contrastado de 22.700 millones más por el mismo motivo. Una ventaja nada menor es que pudo licuar parte de la pérdida por la paridad dólar/libra favorable.

¿CÓMO EMPEZÓ TODO?

Tras reventarse la burbuja puntocom y los atentados del 11-S, la economía estadounidense no levantaba cabeza y la mundial crecía lentamente. La Fed entonces decidió dar liquidez al mercado bajando la tasa de referencia al 1 por ciento. Los consumidores pudieron entonces acceder a créditos muy baratos. Muchos refinanciaron deudas preexistentes y contrajeron nuevas. Algunos de ellos compraron segundas y terceras viviendas para incrementar riqueza y otros tantos entraron al sistema, sin mucha capacidad de pago, a pedir también dinero para viviendas.

El sistema se retroalimentaba: créditos baratos elevan la demanda de préstamos, especialmente para activos de difícil acceso, como las casas, que comenzaron a subir de precio. La demanda de créditos y casas no se detuvo y el sistema se infló, los bancos comerciales colocaron esos créditos en la banca de inversión (como Bear, Lehman o Merrill); los créditos fueron reasegurados (en AIG, por ejemplo) e introducidos en paquetes de inversión garantizados por las hipotecas. Luego, los bancos de inversión los vendieron a sus clientes institucionales, desde fondos de pensiones a universidades, y particulares.

Hace cuatro años, la capacidad de crecimiento se desinfló pinchada en parte por el doble déficit del gobierno de Estados Unidos. La Fed decidió controlar la inflación encareciendo el coste del dinero y subió la tasa de referencia hasta llegar al 5 por ciento el año pasado. Con eso, los intereses de los créditos hipotecarios se volvieron muy costosos para numerosas familias y mucha gente descubrió que era más barato devolver la casa (muchas de ellas, segundas) que seguir pagando las hipotecas. El resto es historia conocida y reciente.

¿POR QUÉ DURA TANTO TIEMPO ESTA CRISIS?

Verdad de Perogrullo, la crisis no termina hasta que se llega a un punto de inflexión. Simplemente, aún no se sabe cuántos bancos más caerán, en especial en Estados Unidos. Determinar el fin de la crisis, hoy, es incierto, pues ha pasado a ser sistémica. Muchos analistas, antes de los últimos anuncios de la Fed y el Tesoro de Estados Unidos, consideran que se está a medio camino.

“Es difícil saber cuándo y de qué modo regresará la confianza de los inversores. Los profesionales la recuperan más rápido; a las familias les toma más tiempo” Inicialmente, se previó que la crisis terminaría de mostrar el alcance de sus raíces en el segundo semestre de 2008, pero esa especulación ha quedado desechada pues, a ciencia cierta, nadie sabe cuántos bancos y en qué magnitud están afectados. La última hipótesis hablaba de 2010, cuando se esperaba un rebote de la economía estadounidense (su gasto representa un quinto del consumo mundial), pero ellas fueron elaboradas antes de la evidencia del colapso de la semana trágica de Lehman, Merrill y AIG. Hasta entonces, bolsas como la de Estados Unidos acumulaban pérdidas superiores al 25 por ciento. Con valores como eso muchos aventuran que el final del túnel está cercano pero el escenario sigue demasiado turbulento.

Es difícil saber, por otro lado, cuándo y de qué modo regresará la confianza de los inversores. Los profesionales la recuperan más rápido; a las familias les toma más tiempo (aunque también es cierto que el optimismo del consumidor americano, que suele operar como rebaño, puede dar sorpresas).

¿YA HEMOS VISTO TODO, MÁS ALLÁ DE LOS BANCOS?

No. La crisis tiene varias dimensiones. Empezó y sigue siendo financiera pero ya contagió a la economía, por lo que se reducirá, se contendrá o retrocederá el crecimiento del PIB en algunas regiones. Si el precio del petróleo pasó de 145 dólares por barril en julio a menos de 100 hoy es porque ya hay previsiones de una menor (¿35 por ciento menor?) demanda de crudo por desaceleración de la actividad. “Además de pagar o abandonar hipotecas y enfrentar quiebras personales, las familias deben pagar sus cuentas con las tarjetas de crédito” Cuánto quedará afectada la economía global y qué costes y por cuánto tiempo pagarán los consumidores son preguntas sin respuestas demasiado precisas; otra vez, porque todavía se desconoce la profundidad del foso abisal.

Por lo pronto, ya hay mayor inflación y los precios no dejarán de elevarse por un tiempo mientras que el poder de compra de los salarios familiares caerá y muchas familias deberán ajustar sus gastos y mantener sus empleos. En este punto, las familias de Estados Unidos, cuyo consumo equivale al 70 por ciento del PIB del país, no han terminado de procesar todos los efectos de la crisis. Además de pagar o abandonar hipotecas y enfrentar los costes de quiebras personales, deben pagar sus cuentas con las tarjetas de crédito. Allí han ido los gastos generales, incluidos las cuotas de los automóviles y los pagos de los planes de salud junto con el oneroso coste de los créditos para educación.

Aun está por verse si el sistema tiene la capacidad de absorber rápido el colapso –para lo cual dispone de menos de 9 meses–, pues una nueva planificación hipotecaria vendrá en 2009, cuando se actualicen los intereses de las hipotecas Alt-A y Option ARM. Las primeras son de familias de las que se presume solvencia pero que no han presentado avales suficientes para tomar los créditos; las otras son hipotecas por las que se pagan intereses crecientes pero no capital.

¿CÓMO SE PODRÍA SOLUCIONAR?

La salida más veloz a la crisis financiera fue la nacionalización de los bancos con problemas; la segunda, con o sin ayuda estatal, la consolidación. La primera medida traslada inmediatamente la cuenta al contribuyente, pues se financia con recursos federales. La segunda se la pasará al consumidor por la vía de créditos más caros, más exigencias de avales y menos competencia para reducir costos.

“La congelación de la deuda o su ajuste con tasas de interés dentro de bandas de flotación, en un marco de inflación moderada, no es irracional” Una opción razonable, que incluía la reestructuración del sistema financiero, no está siendo explorada. Esto es, la Administración Bush resolvió que los inversores que invirtieron en F&F, por ejemplo, no paguen por su riesgo. Por ende, en vez de absorber ellos el colapso, aportando recursos propios, el gobierno se lo trasladó a todos los contribuyentes.

Los analistas más liberales se tiran de los pelos ante la nacionalización. Si F&F cumplían funciones de reaseguro de inversiones privadas, sus ganancias y pérdidas debían ser privatizadas, dicen. La intromisión del gobierno implica que F&F sigan comprando hipotecas aproblemadas con dinero público sin pasarles la cuenta a los bancos que las vendieron ni a sus clientes codiciosos.

Los bancos, por su parte, deberían replantearse la renegociación de contratos. Una solución razonable es ampliar el plazo del pago de las deudas. La congelación de la deuda o su ajuste con tasas de interés dentro de bandas de flotación, en un marco de inflación moderada, no es irracional. Bancos y clientes deberán asumir, ambos, un costo por sus decisiones. Se trata de dar una buena señal sobre los alcances del riesgo moral.

La economía deberá sincerar, finalmente, su valor, tanto en Estados Unidos como en el mundo. Sin esa medida necesaria, el inflamiento de burbujas seguirá y el déficit del sector público de Estados Unidos, que ya debe sumar a sus 500.000 millones de dólares actuales una cifra similar por rescates, será impagable. “Los bancos necesitan dinero pero hay que ser cuidadosos con las opciones elegidas. Si piensa invertir a largo plazo con un banco, no destine a ello el grueso de su ahorro” La opción de la emisión ampliará la inflación y recreará una nueva casta de consumidores y banqueros irresponsables.

Fuera de estas opciones, una duda capital seguía flotando en el mercado: ¿acaso la Fed ha podido parar la crisis interviniendo en el mercado con maniobras tácticas? No, y por eso el jueves ella y el Tesoro anunciaron que conversan con el Congreso una solución definitiva a la crisis. Se especula con que sería una mega agencia como el Resolution Trust Corporation, una entidad estatal que permitió al sistema financiero recuperarse de la crisis de los 80. En aquellos tiempos, la RTC actuaba como una ambulancia cazadora de heridos comprando con descuento deudas incobrables de los bancos para limpiar sus carteras.

De prosperar, según señala The Economist, la ambulancia de la RTC II debería lidiar aun con la onda expansiva en crecimiento, un hecho nuevo, pues experiencias anteriores de organismos liquidadores han sido practicadas una vez que las crisis han concluido y sólo queda limpiar la basura. Por lo demás, es un mecanismo costoso. En este punto, una vez más, la Fed y el Tesoro balancearán: qué mal es menor.

¿QUÉ CONSECUENCIAS PUEDE TRAER PARA EL CIUDADANO MEDIO?

En tanto crisis financiera, si el ciudadano tiene fondos en los bancos en problemas, deberá vigilar las cuentas. En Estados Unidos, hay garantía hasta 100.000 dólares, provista por la Federal Deposit Insurance Corporation. En tanto crisis económica, con variaciones por país, habrá más inflación, se puede contraer el empleo y reducir los salarios. Son momentos de compras básicas y no de gasto sin control. Sentarse sobre el dinero (mejor si es metálico) y estudiar cada opción de inversión con perspectiva de corto plazo.

Los bancos necesitan dinero pero hay que ser cuidadosos con las opciones elegidas. Si piensa invertir a largo plazo con un banco, no destine a ello el grueso de su ahorro.

Revise bien los costos por retiro anticipado y lea en detalle la letra pequeña. No se apresure a firmar ni crea demasiado en las ofertas de ahora o nunca. Si un banco ofrece demasiado interés por su dinero, relea la oferta: más ganancias rápidas (y más gratuidad por servicios que antes el banco no dudaba en cobrar) implica también más riesgos.