cubanostres.jpgLa sociedad cubana tiene graves problemas que no terminarán con el fin de la dictadura ni con el levantamiento del embargo de Estados Unidos al Gobierno de la isla. La doble moral en la que generaciones de cubanos se han formado para poder sobrevivir, es un flagelo que hipotecará en alguna forma la calidad de su futura democracia, dice el autor.

(Desde Montevideo) LA SOCIEDAD CUBANA TIENE GRAVES PROBLEMAS que no terminarán con el fin de la dictadura ni con el levantamiento del embargo de Estados Unidos al Gobierno de la isla. La doble moral en la que generaciones de cubanos se han formado para poder sobrevivir, es un flagelo que hipotecará en alguna forma la calidad de su futura democracia. Este fenómeno es universal, pero en la isla se ha potenciado en forma alarmante y conspira para construir una sociedad sana. Ya en el clásico de la literatura inglesa 1984, de George Orwell, escrita en la década del cuarenta del pasado siglo, el autor alertaba sobre el double talk de las sociedades totalitarias, como una de sus nefastas características. “Los ciudadanos, inclusive a nivel de Gobierno, no dicen lo que piensan por miedo a represalias”

Durante casi medio siglo, el ciudadano común en Cuba desarrolló una clara doble moral como modus vivendi para burlar los controles del régimen, no sólo en lo político, sino también en su economía diaria, en la cultura, y hasta en su vida íntima. La supervivencia se tornó una profesión, que incluso le permitió a muchos ascender en la descompuesta escala social de un régimen que reclama unanimidades, uniformidades y lealtades irrestrictas, más que ciudadanos críticos y librepensadores.

Se piensa una cosa, se dice otra o no se dice nada, porque opiniones encontradas con el pensamiento del régimen de partido único pueden traerle al ciudadano común más dificultades que beneficios. Esa regla la siguen la mayoría de los cubanos. Los ciudadanos, inclusive a nivel de Gobierno, no dicen lo que piensan por miedo a represalias.

MECANISMO DE DEFENSA

El ambivalente discurso público del cubano promedio, salvo excepciones que pueden ser el principio del exilio, la cárcel, o la vida de un paria en su propia tierra, constituye un mecanismo de supervivencia y defensa ante un régimen que implementó el marxismo-leninismo como corriente filosófica rectora de la sociedad a partir de la década de los 60, “La búsqueda del utópico hombre nuevo terminó minando la sociedad” y del cual se depende monopólicamente para poder trabajar y estudiar, entre otras actividades básicas.

El doble discurso es parte de toda sociedad represiva y dictatorial. En el antiguo campo socialista la doble moral fue parte integral de la vida de muchos. Poco antes de la caída de varios Gobiernos de Europa del Este, cientos de miles victoreaban a sus líderes en planificadas manifestaciones públicas renegando del capitalismo, pero poco tiempo después, esos mismos manifestantes los abucheaban en las calles. De un día para el otro los obreros se convirtieron en patrones y los comunistas en capitalistas, pese a décadas de adoctrinamiento oficial.

En Cuba, desde los primeros meses de 1959, cuando el gobierno dictaminó que criticar al Estado era equivalente a ser un traidor, un agente de la CIA, un anticubano, un gusano, el pueblo adoptó la doble moral como forma de vida. De allí en adelante, la fue perfeccionando según los vaivenes históricos del régimen. “Cantan La Internacional y levantan el puño, pero pagan en dólares la comida y los productos made in USA que venden las tiendas del Gobierno”

La búsqueda del utópico hombre nuevo terminó minando la sociedad, con ciudadanos escondidos tras un doble discurso, esperando nuevos tiempos con viejos y nuevos males sin resolver.

Los mismos militantes y funcionarios del Gobierno cubano que en sus reuniones condenan habitualmente el llamado mercado negro, una vez que llegan a sus hogares y encuentran sus despensas vacías, no tienen otra opción que acudir al llamado bisnero para conseguir los productos de la canasta básica para sus familias.

Expresiones como sociolismo, merolicos, macetas y bisneros y la palabra mágica, resolver, son parte de vocabulario en una sociedad en donde muchos valores pasaron a un segundo plano, en la lucha diaria por cosas tan simples como el desayuno, el almuerzo y la cena.

UN DOBLE DISCURSO TAMBIÉN GUBERNAMENTAL

Un amigo cubano que vive en la isla me lo describió magistralmente. Por la mañana están gritando ante la Sección de Intereses de Estados Unidos contra el imperialismo y por la tarde hablan por teléfono con algún familiar exiliado en Miami, rogándole que con urgencia les envíen dólares para poder seguir viviendo. “Hoy el régimen cubano es víctima también del doble discurso en la cual han crecido generaciones de cubanos, incluso la clase dirigente” Cantan La Internacional y levantan el puño, pero pagan en dólares la comida y los productos made in USA que venden las tiendas del Gobierno.

La crisis de valores individuales se produce cuando el hombre se encuentra en un callejón sin salida y apela al suicidio ético. Renuncia a los valores esenciales de su condición humana por encontrarse atrapado en una sociedad donde el futuro es incierto.

Hoy el régimen cubano, producto de su connivencia con esa doble moral para evitar explosiones sociales que pudieran cuestionar su poder cuasi autocrático, es víctima también del doble discurso en la cual han crecido generaciones de cubanos, incluso la clase dirigente.

La grave situación económica y de carencias en la isla, motivada por la pésima gestión llevada a cabo por su administración y por el fracaso del modelo socialista, –y no sólo por el embargo y por las consecuencias de los huracanes– ha llevado a un incremento de los robos, la corrupción y la especulación.

“La doble moral, que corta a toda la sociedad cubana y ataca sus cimientos, se burla de los discursos triunfalistas del gobierno, y le pega también al poder” Si bien para el Gobierno cubano la escasez de alimentos es producto del embargo, Estados Unidos se convirtió en uno de principales proveedores de alimentos a Cuba. El régimen cubano compra a empresas estadounidenses más 500 millones de dólares anuales. Desde 1991, Cuba puede comprar a su poderoso enemigo del norte medicamentos importantes para fortalecer su ahora debilitado sistema de salud pública. La única condición es que tiene que pagar en efectivo. Fue el ex presidente de Estados Unidos, Jimmy Carter, en la propia capital cubana, quien mejor definió la situación. A pesar de estar opuesto al embargo, el demócrata Carter dijo delante del propio Fidel Castro, en 2002, en la Universidad de La Habana, que Cuba podía comprar lo que necesitaba en otros 180 países con los cuales tiene relaciones comerciales, inclusive a precios más bajos que los de Estados Unidos.

La doble moral, que corta a toda la sociedad cubana y ataca sus cimientos, se burla de los discursos triunfalistas del gobierno, y finalmente le pega también al poder como un boomerang.

CRUZADA CONTRA EL ROBO Y LA ESPECULACIÓN

La crisis ha llegado a tal punto que el gobierno de Raúl Castro anunció castigará con mano dura la especulación en el precio de los alimentos y el robo de recursos del Estado desatados en las últimas semanas.

La Fiscalía pidió a los tribunales que apliquen las condenas mayores establecidas en el Código Penal para sancionar esos delitos, que incluyen años de cárcel, trabajo correccional y la confiscación de cuentas bancarias producto del negocio ilícito. “Cuba importa el 80 por ciento de alimentos que consume, y este año destinará 2.500 millones de dólares a esas compras, 1.100 millones más que en 2007”

Las autoridades detectaron también especulación y robo de alimentos en el mercado negro, donde también se negocian medicamentos, tejas, cables eléctricos y telefónicos y otros materiales de construcción sustraídos al Estado.

La cruzada oficial contra el robo y la especulación, acompañada de una fuerte campaña mediática, incluye el reforzamiento de los controles en mercados, empresas y entidades sobre todo del sector alimentario, e involucra a policías, agentes del ministerio del Interior y a inspectores estatales.

El robo de productos en almacenes y entidades estatales, combustible, materiales de construcción y equipo, nutre un gigantesco e histórico mercado negro, que se incrementó a partir de la crisis económica de los años 90 y al cual recurren a diario los cubanos porque los precios en las tiendas son elevados para el salario medio de unos 17 dólares.

Cuba importa el 80 por ciento de alimentos que consume, y este año destinará 2.500 millones de dólares a esas compras, 1.100 millones más que en 2007, pero tras el impacto de los huracanes Ike y Gustav, que arrasaron con cultivos y dejaron pérdidas por 5.000 millones de dólares, se prevé que las necesidades serán mucho mayores.

UNA FALSA UNIDAD

“Es difícil salir de la pobreza dentro de un esquema en el que no existe el libre flujo de las ideas. Las sociedades para progresar necesitan libertad de pensamiento y de acción” La sociedad cubana está sufriendo las mismas limitaciones que padecían los países que entre 1989 y 1991 decidieron abandonar el marxismo-leninismo como sistema político, limitaciones que llevaron también a China y Vietnam a optar por el esquema capitalista en el área económica, para poder dar de comer a sus habitantes.

En 1992, poco después de la desintegración de la Unión Soviética, un general cubano planteó en una reunión del Partido Comunista que había que elegir entre sacar los frijoles o los tanques a las calles. Él, dijo, prefería sacar los frijoles. Represión o darle de comer a la gente.

Pero es difícil salir de la pobreza dentro de un esquema en el que no existe el libre flujo de las ideas. Las sociedades para progresar necesitan libertad de pensamiento y de acción. La sociedad civil, sus instituciones y las empresas eficientes grandes o pequeñas, familiares o institucionales, que producen, dan trabajo, y pagan impuestos no nacen de un plan quinquenal diseñado por una burocracia, en muchos caso anquilosada por años de corrupción. Las crean personas con iniciativa, ideas y aspiraciones. Personas libres y pensantes. La economía es mucho más compleja que un cuartel, en donde todos se cuadran ante la voz de mando.

El autoritarismo del gobierno cubano es contraproducente porque busca una unidad falsa. La falsa unidad depende de la simulación y de la enquistada doble moral, arriba y abajo. La supuesta unidad impide pensar y actuar normalmente en la cotidianeidad de cualquier proceso político y económico.

En su libro El poder de los sin poder, el intelectual checo Vaclac Havel, afirma que no sólo el sistema aliena al hombre, sino que a la vez, el hombre alienado apoya este sistema como un proyecto automático, como la imagen depravada de la propia depravación, como el documento de su fracaso. Hay en cada uno una pizca de complacencia en confundirse con la masa anónima, en dormirse cómodamente en el lecho de la vida inauténtica.

Para buscar una salida a la crisis cubana se debe comenzar con la revalorización ética del individuo por medio de una búsqueda de esa conciencia individual que supone dejar de lado la doble moral y reelaborar sobre nuevas bases un contrato ético-social con un signo verdaderamente humano, en donde el núcleo familiar juegue un papel vital. Es un reto para los cubanos que indefectiblemente tendrá que llegar, si quieren construir una cultura democrática sólida en un futuro próximo.