obamasaluda1.jpgObama es un hombre de centro izquierda, no de izquierdas; es cauto por temperamento, y conciliador por costumbre y entrenamiento. Aquí reside la oportunidad del nuevo presidente electo, quien una vez en el cargo, comenzará a dar batalla con varias crisis en múltiples frentes.

 

(Desde Cambridge, Massachusetts, Estados Unidos) PESE A QUE ESTÁBAMOS ESPERÁNDOLO, la gigantesca ola que impactó contra nuestras orillas políticas el martes 4 de noviembre ha dejado a la mayor parte de los analistas políticos –incluido al que escribe–, algo atontados. El poder emocional del triunfo de Barack Obama es tan fuerte que dificulta un pronóstico clarividente.

Sin embargo, no hay duda de que la decisiva victoria de Obama, sumada a los grandes logros de los demócratas en el Congreso, ha situado nuestro panorama político –y nuestra política– en una coyuntura crítica, tanto en casa como a nivel internacional.

UN CAMBIO MONUMENTAL

Seguramente, la más evidente trascendencia de las elecciones radica en que Estados Unidos ha elegido a un presidente afroamericano, menos de cincuenta años después de que se demolieran las últimas barreras raciales para el voto. “La elección de Obama es un rechazo a las políticas fiscales que ha redistribuido los ingresos de las clases trabajadoras entre las pudientes” Lo que ello hará exactamente por el bienestar de los pobres afroamericanos no está claro (y existen diversas razones para no ser demasiado optimistas en este aspecto), pero lo que seguramente representa y refuerza la elección de Obama es un cambio cultural, un suavizamiento de las fronteras y una celebración de diversidad que reverberará a lo largo y ancho de la mayor parte de la sociedad americana.

La victoria de Obama se debió en parte a una enorme asistencia electoral de los afroamericanos (quienes siempre tuvieron el potencia de transformar las políticas en los Estados sureños clave, como Carolina del Norte y Virginia), y a sus casi dos tercios de los votos de los hispanos, un segmento del electorado raudamente en ascenso. Sin embargo, la mayoría de los votos de Obama (61 por ciento) vinieron de los blancos, aunque una mayoría leve de los votantes blancos prefirieran a McCain. El mapa político regional y étnico de Estados Unidos ha cambiado, tal vez permanentemente, de un modo que creará una presión perdurable para una mayor igualdad social.

RECHAZO

Igualmente, la elección de Obama supone un rechazo al presidente Bush y a su partido. Es un rechazo a las políticas fiscales que ha redistribuido los ingresos de las clases trabajadoras entre las pudientes. Es un rechazo al feroz abrazo ideológico de los libres mercados que dejaron nuestros mercados financieros (y otros) sin regular y vulnerables ante el desastre. Es un rechazo al unilateralismo y a la excesiva confianza en los medios militares en materia de política exterior. Es un rechazo a los esfuerzos de la Administración Bush para erosionar las fuertes protecciones a las libertades civiles que durante mucho tiempo han sido una virtud de instituciones americanas. Es un rechazo al propio gobierno republicano, fuente de la mayor parte de los problemas de América. “Casi con certeza, consultará a líderes extranjeros con mayor frecuencia -y con mayor autenticidad-de lo que hasta ahora ha sido la norma”

En el interior del país, la elección de la Obama significará un Estado más activo en la promoción de políticas sociales progresivas, a grande y pequeña escala. El presidente electo se ha comprometido, por ejemplo, a respaldar una nueva ley federal que facilitará la sindicación a los trabajadores. Presionará por una legislación que otorgará seguro médico para los cincuenta millones de americanos que actualmente carecen de tal cobertura. Durante los próximos cuatro años, Obama tendrá además la oportunidad de designar al menos dos nuevos jueces para el Tribunal Supremo, controlando así la tendencia conservadora del Tribunal.

A nivel internacional, Obama y sus asesores son conscientes de que su elección proporciona una oportunidad para restablecer la categoría de Estados Unidos ante los ojos de líderes y pueblos en el mundo entero; seguramente aprovechará esa oportunidad, tanto simbólicamente como mediante cambios en las políticas relativas a derechos humanos, comercio y medio ambiente. Casi con certeza, consultará a líderes extranjeros con mayor frecuencia –y con mayor autenticidad–de lo que hasta ahora ha sido la norma.

CENTRO IZQUIERDA Y CAUTELOSO

Dicho todo esto, las implicaciones políticas no deberían ser exageradas. Aunque los republicanos le han acusado de ser un socialista, no lo es; como tampoco es un demócrata social, como los europeos o los brasileños entienden el término. “La amenaza de otro ataque terrorista en Estados Unidos no desaparecerá sólo porque el presidente Bush abandone la oficina” Obama es un hombre de centro izquierda, no de izquierdas; parece ser cauto por temperamento, y un conciliador por costumbre y entrenamiento.

Además, el nuevo presidente afrontará enormes coacciones, dada la situación de la nación y del mundo al tomar su cargo. La economía americana se está hundiendo en medio de una importante recesión que restringirá seriamente el desarrollo de nuevos programas domésticos, y tiene a su alcance pocas herramientas con las que combatirla. Las tropas americanas permanecen en Irak y en Afganistán, ocupadas con guerras que Obama no puede simplemente terminar declarando su deseo de que así sea. La amenaza de otro ataque terrorista en Estados Unidos no desaparecerá sólo porque el presidente Bush abandone la oficina.

En efecto, mucho permanece indescifrable mientras este líder enormemente dotado, reflexivo, toma posesión de su cargo y comienza a batallar con crisis y dilemas que no ha originado él. Podríamos recordar que Franklin Roosevelt, padre del New Deal e incono presidencial del liberalismo americano, no era un liberal New Deal cuando tomó posesión de su cargo. De hecho, era un centrista, un abogado de presupuestos equilibrados, y a menudo percibido como demasiado cauto. Sin embargo, las condiciones históricas le condujeron a adoptar osadas e innovadoras políticas que tuvieron impactos positivos durante muchas décadas. La promesa de Obama, al final, es que él puede hacer lo mismo en nuestro tiempo.