aipac.jpgEl éxito de la política exterior de Obama pasa por resolver la difícil relación con Irán, el conflicto palestino-israelí, y la guerra de Irak, afirma el autor. Para ello, será necesario priorizar los intereses a largo plazo frente a los cortoplacistas, lo que permitirá a su vez una lucha más eficaz contra el terrorismo.

(Desde Monterrey) LA ELECCIÓN DE BARACK HUSSEIN OBAMA el 4 de noviembre pasado para la presidencia de los Estados Unidos de Norteamérica ha despertado demasiadas esperanzas después de dos gobiernos republicanos caracterizados por la guerra y finalmente la crisis que hundió el sistema financiero de la primera potencia mundial.

En política exterior, el periodo Bush será recordado por la inútil guerra de Irak que además se ha convertido en la más costosa de la historia. Obama hereda así una situación compleja, multifacética (militar, económica, social, etcétera) tanto a nivel interno como externo.

UN NUEVO MODELO POLÍTICO

Obama podría convertirse no solamente en un presidente más de Estados Unidos, sino en un iniciador de un nuevo periodo para el país. “El nuevo presidente americano podría reconfigurar el sistema norteamericano para implementar un modelo que trascienda las diferencias partidistas” Teodoro Roosevelt abrió una era de liberalismo que solamente la crisis del 29 podría acabar y así permitir a otro Roosevelt, Franklin Delano, plantear el modelo del Estado de Bienestar que tanto republicanos como demócratas seguirían hasta la crisis de la década de los años setenta que empujo un nuevo liderazgo. La victoria electoral de Reagan no es solamente la de un republicano, sino de un cambio de modelo político. El neoliberalismo triunfante de los años ochenta se impondrá inclusive durante la administración demócrata de Clinton y tendrá en Bush su máximo exponente pero también su último representante. El neoliberalismo ha acumulado los errores del liderazgo de la administración republicana con una deuda pública impagable y un manejo irresponsable de las finanzas del sistema bancario privado. El millonario salvamiento del sistema bancario norteamericano es un claro y necesario intervencionismo público en la esfera privada.

El nuevo presidente “La inexperiencia de Obama en los asuntos internacionales podría convertirse en un gran obstáculo del recién electo presidente para resolver los temas más complejos”americano podría reconfigurar el sistema norteamericano para implementar un modelo que trascienda las diferencias partidistas y que inaugurará un nuevo periodo como lo lograron los Roosevelt o Reagan. En la arena internacional, el futuro inquilino de la Casa Blanca deberá restaurar la imagen de los Estados Unidos, replantear los intereses de Washington y sobre todo actuar a un nivel multilateral para reforzar a los organismos internacionales tan golpeados por la unilateralidad de la administración saliente.

Sin embargo, la inexperiencia de Obama en los asuntos internacionales podría convertirse en un gran obstáculo del recién electo presidente para resolver los temas más complejos de la agenda internacional y en particular las cuestiones de Oriente Medio, tanto la relación con Irán como la problemática palestino-israelí o la guerra de Irak.

MUCHO MÁS QUE BUENA VOLUNTAD

Cuando John F. Kennedy fue electo, su juventud y su discurso del cambio político despertó muchas expectativas, tanto en el interior de Estados Unidos, pero mucho más en el exterior del país. “El presidente mexicano del cambio terminó con un nivel de popularidad de los más bajos de la historia del país” Su inexperiencia en los asuntos internacionales conllevó a que recién instalado en la Casa Blanca, el nuevo líder estadounidense aprobó la invasión a Cuba organizada desde la presidencia de Eisenhower, y que se saldó con el fracaso de Playa Girón más conocido como Bahía de Cochinos. Dos años más tarde, Kennedy respaldó el golpe de Estado del General Diem en Vietnam, abriendo las puertas al intervencionismo de Estados Unidos que tardaría diez años en resolverse con un saldo de más de un millón de vietnamitas muertos y 55.000 soldados norteamericanos caídos. A pesar de su imagen, Kennedy no logró hacer transcender un modelo más allá de su administración.

Cuarenta años después, en México, Vicente Fox logró expulsar al Partido de la Revolución Institucional de la presidencia y se instala en Los Pinos (residencia oficial de los presidentes de México) sin ninguna experiencia en la política exterior. “La política exterior requiere mucho más que buena voluntad: sabiduría y un tacto de los temas candentes para evitar tropiezos” Su leitmotiv para llegar a la presidencia giró alrededor de dos eslóganes: el candidato del cambio y sí se puede (el mismo discurso de Obama). Su sexenio se traducirá por una política exterior errática como un aislamiento frente a los países del Cono Sur y un conflicto con Cuba que congeló las relaciones diplomáticas mexicanas con la isla. El canciller Derbez fracasó en su intentó por ser nombrado Secretario General de la Organización de Estados Americanos frente a un Insulza de Chile que logró aglutinar los apoyos de los más importantes países del continente. Felipe Calderón, al asumir la presidencia del país, declaraba que su primera tarea será reconstruir nuestra política exterior. El presidente del cambio terminó con un nivel de popularidad de los más bajos de la historia de México.

Estos ejemplos, muestran que la política exterior requiere mucho más que buena voluntad: sabiduría y un tacto de los temas candentes para evitar tropiezos.

UNA POLÍTICA EXTERIOR GLOBAL

El de Oriente Medio es tal vez el tema de mayor urgencia en política exterior para Obama. Frente a la cuestión iraquí, está muy claro que Washington debe encontrar una salida. Sin embargo, un retiro precipitado de las tropas norteamericanas, como parece ser el planteamiento del nuevo presidente, “Desde Anápolis, las posturas siguen siendo muy lejanas en los temas centrales como Jerusalén, la cuestión de los refugiados y las fronteras definitivas” provocaría un vacío de poder que detonaría un conflicto regional de mayor envergadura por el interés de Irán de apoyar a la mayoría chiíta y la posición saudí de no permitir un gobierno que pudiera excluir a los sunnitas del poder. Solamente con un acuerdo regional, incluyendo a los intereses de Riad y de Teherán, se podría lograr un retiro de las tropas que no fuera un detonador de una conflagración multinacional.

En la cuestión palestino-israelí, la situación es también muy delicada. La conferencia celebrada el domingo 9 de noviembre pasado entre el cuarteto para Oriente Próximo (Naciones Unidas, Unión Europea, Estados Unidos y Rusia) y palestinos e israelíes en el balneario egipcio de Sharm el Sheik, concebida para dar impulso al estancado proceso de paz, acabó siendo nuevamente una reunión para poder seguir reuniéndose. Los representantes de Israel y Palestina se limitaron a reafirmar su compromiso de seguir dialogando, mientras que se da por hecho que no habrá acuerdo antes de finales del año en curso.

“La declaración de Obama frente al AIPAC, de que Jerusalén no puede ser dividida de nuevo, fue una posición poco afortunada y que demuestra la falta de tacto diplomático del próximo inquilino de la Casa Blanca” Desde la reunión de Anápolis (Maryland) hace un año, las posturas de las dos partes siguen siendo muy lejanas en los temas centrales como Jerusalén, la cuestión de los refugiados y las fronteras definitivas entre los dos Estados. Se han logrado algunos acuerdos, incluida la necesidad de mantener negociaciones continuas, directas y bilaterales, se limitaron a decir el presidente palestino, Mahmud Abbás, y la jefa de la diplomacia israelí, Tzipi Livni.

Mientras que el mandato del presidente Mahmud Abbás se acaba en enero próximo, el presidente Bush se retirará el 20 de enero y en febrero, se celebrarán elecciones anticipadas en Israel, el gobierno israelí expande los asentamientos y coloniza nuevas tierras, creando una situación aún más explosiva tanto para el presidente palestino saliente como para el nuevo inquilino de la Casa Blanca.

LA PARCIALIDAD DE OBAMA

Además, Barack Obama, a pesar de su mensaje de establecer un puente con el Islam, no empieza su mandato con una imagen de mediador. Su declaración el día de la confirmación de su candidatura demócrata, frente al AIPAC (American Israel Public Affairs Committee, más conocido como el Lobby israelí en Washington) de que Jerusalén no puede ser dividida de nuevo, fue una posición poco afortunada y que demuestra la falta de tacto diplomático del próximo inquilino de la Casa Blanca. Ningún presidente norteamericano, ni siquiera los más favorables a Israel, han planteado abiertamente la anexión de Jerusalén oriental. Con esta declaración Obama se excluye como un mediador imparcial y puede provocar un mayor endurecimiento de la posición israelí frente a las negociaciones con la Autoridad Nacional Palestina y un mayor rechazo de los países árabes a la mediación estadounidense.

El éxito de la política exterior de Obama pasa por la resolución de la compleja situación en Oriente Medio. Para lograrlo se deberá sacrificar intereses de corto plazo en pro de una visión de largo plazo que permitiría al mismo tiempo una lucha más eficaz contra el terrorismo.