chavez-rosales.jpgNi oficialismo y ni oposición tienen un discurso comprometido con los auténticos problemas de Venezuela. Pase lo que pase en las próximas elecciones regionales Venezuela sabrá dos cosas: que la votación no ha servido para mucho, y que los problemas siguen ahí, ahogados por la retórica incendiaria del presidente.

(Desde Madrid) EL PRÓXIMO DOMINGO 23 de noviembre se celebran elecciones regionales en Venezuela. Ese día los venezolanos elegirán a los gobernadores de los Estados, a los alcaldes y a los legisladores de los Consejos Legislativos de los Estados.

Entre el 26 de octubre y el 3 de noviembre, cuando faltaba un mes para la consulta, Chávez tenía 22 puntos de ventaja sobre su adversario, Manuel Rosales: un 57 por ciento frente a un 35 por ciento. Aquella encuesta fue encargada por PDVSA Holdings, subsidiaria de Petróleos de Venezuela, y los encuestadores aseguran que la empresa contratante no influyó en los resultados.

“Chávez amenazó con enviar el ejército a los Estados de Zulia y Carabobo, donde se supone que podría ser derrotado” Encuestas más recientes dan pronósticos diferentes. La mayoría de las empresas encuestadoras dan como ganador al oficialismo –entre 42,1 por ciento y 45,2 por ciento–, mientras la oposición estaría en el 41,5 por ciento. Sólo una empresa da como ganadora a la oposición, con un 38 por ciento, frente al oficialismo, que sólo obtendría el 34 por ciento.

Desde el domingo 16 la ley prohíbe difundir encuestas, y a partir de ahora todo son cábalas. Se espera una participación masiva, y se habla de la posibilidad de que acudan a las urnas el 90 por ciento de los venezolanos con derecho a voto, cifra que superaría la participación alcanzada en 2006. Pero la cifra parece exagerada, pues la llamada abstención técnica suele ser superior al 10 por ciento. Y es más que probable que ni el oficialismo reedite su triunfo del año 2004, ni la oposición obtenga una victoria apoteósica.

ENTRE LAS URNAS Y LOS TANQUES

El presidente Chávez, fiel a su retórica incendiaria, afirmó que la oposición preparaba actos de violencia, ante la derrota que les espera. Ellos están hablando con los militares. Quisieran que los militares derroquen o maten a Chávez, pero los militares venezolanos no lo van a hacer, ellos son el pueblo uniformado y en armas para defender la revolución, dijo. “Muchos afirman que el acoso judicial a Rosales, acusado de corrupción, no es más que una maniobra electoral del oficialismo para desacreditar a su adversario en las últimas elecciones generales”

Chávez amenazó con enviar el ejército a los Estados de Zulia y Carabobo, donde se supone que podría ser derrotado, y no tuvo empacho en anunciar lo que haría su perdía en esos Estados: Si permiten que la oligarquía (…) regrese a la gobernación (de Carabobo) a lo mejor voy a terminar sacando los tanques de la brigada blindada para defender al gobierno revolucionario y para defender al pueblo. Y donde Chávez dice defender al pueblo hay que leer, obviamente, defender mi poder, con las urnas o con las armas.

Y muchos afirman que el acoso judicial a Manuel Rosales, gobernador del Estado Zulia, acusado de corrupción, no es más que una maniobra electoral del oficialismo, para desacreditar al que fue su adversario en las últimas elecciones generales.

LOS JUEGOS DE LENGUAJE Y SUS BENEFICIOS

Más recientemente llegó a afirmar, sin que le temblara la voz, que el que traiciona a Chávez termina siendo un muerto político, no tiene para donde seguir, habrá que enterrarlo por engañar al pueblo y hacer pactos con la oligarquía.

Los juegos de lenguaje del populismo latinoamericano “La cultura política del antiguo paracaidista y golpista se manifiesta en sus palabras. Mantiene la democracia formal porque no tiene más remedio” –Getulio Vargas, Perón–, le hacen un servicio inestimable al presidente venezolano, que repite una ejecutoria infantil de la que espera beneficios electorales: la invención de un enemigo interior (la oligarquía), junto a la invención de un enemigo exterior (Bush, que financia su revolución bolivariana), justifican la aparición de un salvador (Chávez) que redima a la víctima de unos y otros (el pueblo).

El sábado 14 dio orden a su hermano, Adán Chávez, candidato a la gobernación de Barinas por el PSUV, que expropie los terrenos a los dueños que son adecos (del partido Acción Democrática, al que pertenece Manuel Rosales), en una incitación a despojar de sus propiedades a sus adversarios que no debería consentir la república, y tampoco la Organización de Estados Americanos (OEA).

UNA CULTURA POLÍTICA NO DEMOCRÁTICA

“Si gana Chávez, intentará una reforma que le permita la reelección, con el fin de perpetuarse en el poder” El oficialismo y la oposición no tienen un discurso comprometido con los auténticos problemas del país, que ve como, en plena crisis económica de un mundo globalizado, baja el precio del petróleo, afectando seriamente a los dineros que el presidente dedica a sus misiones sociales. El clientelismo funciona en el poder que administra Chávez, pero también en el Estado de Zulia, donde el candidato Rosales tiene su feudo. Es la cultura política de Venezuela la que sigue siendo una asignatura pendiente del país.

Y la cultura política del antiguo paracaidista y golpista se manifiesta en sus palabras. Mantiene la democracia formal porque no tiene más remedio, pero nada le gustaría más que prescindir de esos tres trámites molestos, engorrosos, prescindibles: la oposición (1), la crítica de la prensa (2), y la posibilidad de ser retirado del poder por los ciudadanos (3), a los que en el fondo subestima. Y es que, en sus opositores, Chávez, no ve adversarios: al otro lado de la valla del oficialismo sólo hay enemigos.

LAS TRES COSAS QUE LOS VENEZOLANOS SABRÁN EL 23 DE NOVIEMBRE

Si gana Chávez, intentará una reforma que le permita la reelección, con el fin de perpetuarse en el poder. Pero ya no tendrá la inestimable ayuda del malo de la película: Bush desaparecerá de la escena. Y es probable que Obama no le sirva para justificar su liderazgo ante el supuesto peligro del imperialismo. Tiene otro perfil, buscará el diálogo, es negro, y no es eso lo que necesita Chávez. “El tiempo de la política en Venezuela no es lineal, sino cíclico, y las sombras chinescas de la historia regresan”

Es posible que Chávez cumpla su promesa, y detenga a Rosales, acusado de un plan para asesinar al presidente, plan que el acusado niega. Pase lo que pase, el 23 de noviembre Venezuela sabrá dos cosas: la primera, que las elecciones no han servido para mucho; la segunda, que los problemas siguen ahí, ahogados por la retórica incendiaria del presidente.

Y tal vez no tarde en caer en la cuenta de una tercera cosa: si el domingo 23 gana Chávez, paradójicamente, no hará más que dar un paso hacia su fracaso final.

DE JUAN VICENTE GÓMEZ A HUGO CHÁVEZ

Si se quiere comprender el fenómeno Chávez hay que recurrir a la historia. Chávez es la versión actual del caudillismo venezolano, que encarnó como nadie Juan Vicente Gómez (1857-1935), en los años en que el país conoció el auge de la producción de petróleo. Y para acercarse a Gómez hay que acudir a Arturo Uslar Pietri.

En Oficio de Difuntos el caraqueño escribe: La autoridad, el poder, los honores, el himno, habían llegado a parecer propiedades personales suyas. Entre el país y él se había llegado a establecer una especie de indisoluble amalgama, de integración mágica. Nada se podía contra él, todo lo podía él.

Setenta y tres años después de la muerte del dictador Gómez, las cosas no parecen haber cambiado mucho. Y es que el tiempo de la política en Venezuela no es lineal, sino cíclico, y las sombras chinescas de la historia regresan, y perpetran su secreta venganza contra un pueblo que no termina de asumir su destino con dignidad, y con una cultura política moderna.