asesoresobama.jpgEl desempleo, las reformas fiscal y sindical, las políticas de inmigración, el respeto a los derechos humanos y civiles… Son algunos de los desafíos internos que afronta Obama. Lo que proponga durante estos meses de transición será clave para el futuro de la economía y la sociedad estadounidense.

(Desde Madrid) POCAS VECES EN LA HISTORIA de Estados Unidos unas elecciones presidenciales han despertado tantas expectativas de cambio en el mundo entero.

La histórica llegada de un inquilino negro a la Casa Blanca, sumada a su particular historia personal, a su nuevo talante, su gran capacidad mediática y de seducción, han hecho que muchos millones de personas, tanto en Estados Unidos como hasta muy lejos de sus fronteras, vivieran la elección de Obama como su propio triunfo. El ya presidente electo demócrata ha despertado esperanzas que ya parecían perdidas. La comparación con el presidente saliente ha agigantado aún más esa expectativa generalizada de cambio.

Algunos auguran una profunda revolución, un cambio mundial. Hay quienes le adjudican un ideario similar al de un socialdemócrata europeo. ¿Será así? ¿Hay algún fundamento para semejante expectativa? Pues no lo parece. Ni de su programa, ni de su campaña electoral se pueden desprender semejantes especulaciones.

TODO ESTÁ ATADO Y BIEN ATADO

El hecho de que la gran banca haya apostado más por Obama que por McCain a la hora de hacer sus donaciones a las campañas electorales, o que el lobby industrial armamentístico haya aportado con una mano a las arcas del Partido Republicano y con la otra a las del Partido Demócrata, “El globo Bush que le permitió pasar del 50 por ciento de popularidad del 10-S de 2001 al 91 por ciento del 12-S gracias a su cruzada del Bien contra el Mal, se pinchó hace tiempo” de forma similar al no menos poderoso lobby judío, dice de por sí algo del convencimiento de estos poderes fácticos de que el Gran Seductor no alterará en lo esencial las reglas de juego económicas, laborales, sociales y políticas. Todo está atado y bien atado.

La capacidad de Obama para recaudar 2 de cada 3 dólares invertidos en la campaña electoral más cara de la Historia de Estados Unidos (aproximadamente 800 millones de dólares) no se logró precisamente por las muchas donaciones de 5 y 10 dólares de los ciudadanos de a pie, sino por los voluminosos aportes de la banca y la industria mayoritariamente.

¿A qué se debe si no que tantos dirigentes políticos, económicos y medios de comunicación de derecha del mundo entero prodigaran tantos elogios para el candidato demócrata en el último periodo de la campaña electoral en vez de dedicárselos al candidato republicano? ¿Dónde está el programa revolucionario con el que ha ganado Obama?

¿HA GANADO OBAMA O HA PERDIDO BUSH?

Cuando Barack Obama se impuso en las primarias de su partido sobre Hillary Clinton y se perfiló como un peligroso contrincante de McCain, “La situación económica que deberá afrontar Obama se parecerá en parte a la de otro presidente demócrata, Franklin Delano Roosevelt” muchos de aquellos que tanto en el plano nacional como en el internacional aplaudieron la política de la Administración Bush durante años y justificaron cada una de las aberraciones cometidas bajo el paraguas de la guerra contra el terror, decidieron distanciarse cada vez más de éste, y luego, hasta de su proyección, del propio candidato republicano a sucederle en la Casa Blanca, de John McCain. La real politik siempre tan presente.

El globo Bush que le permitió pasar del 50 por ciento de popularidad del 10-S de 2001 al 91 por ciento del 12-S gracias a su cruzada del Bien contra el Mal, se pinchó hace tiempo y el presidente número 43 termina su mandato con menos de un 30 por ciento de popularidad.

Sí es verdad que por poco profundos que sean los cambios que haga Obama realmente, si van bien envueltos como es de prever habiendo visto su increíble campaña electoral y sus características camaleónicas, logrará que parezcan más importantes, lo que le da al menos un tiempo de margen de confianza y de maniobra.

EL ASPECTO ECÓNOMICO Y SOCIAL

En el plano interno Barack Obama tendrá la economía como primer desafío, no es ninguna novedad. “Obama es consciente de que la gravísima situación económica actual es un duro hueso que roer, pero sabe también que ella influyó decisivamente en el desgaste republicano” Todos los ojos estarán pendientes de qué propone para sacar a su país de la profunda crisis por la que atraviesa, cómo evita que caiga en plena recesión; cuáles son sus recetas para regular el sistema financiero.

En octubre pasado se destruyeron 240.000 puestos de trabajo en Estados Unidos, el paro subió al 6,5 por ciento, muy por encima de la medida de 4,7 por ciento de 2007. Es la cifra más alta de los últimos 14 años y no son pocos los analistas que pronostican que puede llegar en no mucho tiempo al 8 por ciento y hasta al 10 por ciento. Ya son 10 millones de desempleados, 2,8 millones más que el año pasado, una situación muy distinta a la que encontró Bush junior al llegar a la Casa Blanca en 2001, con el superávit heredado de Bill Clinton.

La situación económica que deberá afrontar Obama “La clase obrera prácticamente no ha sido mencionada durante su campaña como tampoco lo ha estado en la de McCain” al asumir formalmente la presidencia el próximo 20 de enero se parecerá en parte a la de otro presidente demócrata, Franklin Delano Roosevelt. Este se vio perjudicado por la pesada herencia económica recibida de Herbet Hoovert , pero también le fue de gran ayuda para ganar en las elecciones de noviembre de 1932 el desgaste acumulado por éste presidente republicano tras la desastrosa gestión ante el crack del 29. En ese momento, con una población mucho menor a la actual, Estados Unidos tenía 13 millones de desempleados.

Obama es consciente de que la gravísima situación económica actual es un duro hueso que roer, pero sabe también que ella influyó decisivamente en el desgaste republicano, un desgaste popular que no habían logrado ni el recorte de las libertades a sus propios ciudadanos ni sus mentiras para justificar guerras, ni Abu Ghraib o Guantánamo.

REFORMAS POR DELANTE

En materia fiscal Obama ha propuesto elevar los impuestos a quienes ganen más de 200.000 dólares anuales y disminuirlo para los de ingresos más bajos, centrándose sobre todo en la clase media. La clase obrera prácticamente no ha sido mencionada durante su campaña como tampoco lo ha estado en la de McCain. “El presidente electo ha evitado asumir todo tipo de compromiso de reformar la política inmigratoria” Obama también ha prometido durante su campaña electoral la generalización del seguro médico para todos los trabajadores. El Estado exigiría a todas las empresas que den esa cobertura a sus empleados a través de seguros privados. La reforma sindical es otra de las medidas esperadas por la clase obrera, así como una serie de medidas para hacer frente a la pobreza que afecta a cerca de 40 millones de personas. Obama ha dicho sólo generalidades sobre estos dos últimos temas.

A pesar de su origen y del voto mayoritario de los inmigrantes que ha recibido, el presidente electo ha evitado asumir todo tipo de compromiso de reformar la política inmigratoria, que afecta a millones de personas, ni de derribar el humillante muro-fortaleza en la frontera con México.

Tampoco ha expresado su disposición a acceder a reformar el Tratado de Libre Comercio (TLC, que entró en vigor en 1994) que le reclama México, país que se siente abiertamente perjudicado por el mismo. “Obama tampoco se ha pillado las manos en temas legales que afectan seriamente a los derechos civiles de todos los ciudadanos”

Pero, dada la crítica situación económica, el medio billón de euros comprometidos ya para salvar a las empresas en crisis; visto la abultada y creciente deuda externa y la sangría de cerca de 300 millones de euros diarios en guerras, ¿los asesores de Obama le disuadirán de dejar para más adelante el cumplimiento de esas promesas que tanta expectativa provocaron y que hicieron decidir por él a 6 de cada 10 electores que le votaron? Es de suponer que sí.

Y eso ya ha empezado a provocar discusiones en el seno del Partido Demócrata, como lo provocó durante la era Roosevelt, entre los defensores de los valores más progresistas, dispuestos a reformas más profundas para lograrlos y los posibilistas, los que en aras de la real politik pueden terminar defendiendo políticas claramente antagónicas a esos ideales.

DERECHOS CIVILES Y DERECHOS HUMANOS

Este mismo debate interno se reproducirá en otros aspectos, como ante la pena de muerte; ante la tradicional proliferación de armas de fuego en manos de la población; frente al matrimonio gay o el drama ecológico, en un país que produce buena parte de la contaminación mundial, temas, todos ellos, sobre los cuales el candidato Obama ha pasado de puntillas. Es difícil pensar que los enfrente con coraje el presidente Obama.

“Numerosas organizaciones defensoras de los derechos civiles reclaman que el nuevo Gobierno termine con este espionaje masivo a sus ciudadanos” Obama tampoco se ha pillado las manos en temas legales que afectan seriamente a los derechos civiles de todos los ciudadanos, por los que su partido no ha dado batalla durante la Administración Bush, sino que, por el contrario, terminó dándole luz verde, como es la Patriot Act. La Ley Patriota, por la cual el FBI y otras agencias de Inteligencia pueden fisgonear sin autorización judicial hasta en los aspectos más íntimos de cada ciudadano, en su correo, su telefóno, su banco, sus fichas médicas, las compras que realiza por internet, lo que compra en su farmacia, los libros que retira de una biblioteca, que permite registros domiciliarios en cualquier momento y un largo etcétera, fue inicialmente un paquete de medidas antiterroristas temporales aprobada el 26 de octubre de 2001 por el presidente Bush, 45 días después del 11-S ante una situación de emergencia como aquélla.

Sin embargo, desde entonces fue extendiendo su vigencia a través de varias prórrogas aprobadas por las Cámaras, no sin poco debate, la última de ellas en 2006, lo que de hecho la ha convertido en una nueva ley. Numerosas organizaciones defensoras de los derechos civiles de Estados Unidos reclaman ahora que el nuevo Gobierno termine ya con este espionaje masivo a sus ciudadanos.

ACABAR CON LA IMPUNIDAD

“No basta con cerrar Guantánamo, como ha prometido hace un año Obama, sino que hace falta liberar a los 255 prisioneros que aún permanecen allí” Con el mismo objetivo de acabar con ese complejo entramado legal urdido durante la Administración Bush para saltar por alto las más elementales leyes nacionales e internacionales, esos organismos reclaman que el nuevo Gobierno acabe con la impunidad, el blindaje ante los tribunales federales y la Corte Penal Internacional del cual gozan ahora los torturadores de las agencias de Inteligencia y fuerzas armadas en Guantánamo, Afganistán o Irak. Es necesario que acabe igualmente con la ignominia de Guantánamo y los tribunales militares, creados por una Orden Militar de Bush en 2002, que conllevó declararlos enemigos combatientes y no beneficiarios del estatuto de prisioneros de guerra reconocido por las Convenciones de Ginebra.

La Administración Bush ha justificado la no aplicación de las leyes de Estados Unidos en Guantánamo a que esa base naval anclada en territorio cubano es un territorio de ultramar y ha burlado una y otra vez las disposiciones del Tribunal Supremo para que los prisioneros puedan acogerse a la legislación continental.

Pero no basta con cerrar Guantánamo, como ha prometido hace un año Obama, sino que hace falta liberar a los 255 prisioneros que aún permanecen allí, o, de existir realmente cargos contra ellos, sacarlos de ese limbo legal para someterlos a juicios civiles, ante tribunales federales, con todas las garantías.

Estos son algunos de los desafíos internos que tiene Obama. La partida ni siquiera ha empezado todavía, pero lo que diga durante este periodo de transición hasta el 20 de enero será clave para evaluar qué perfil pretende que tenga su próximo Gobierno.