narcosperu.jpgEl narcoterrorismo en Perú se ha convertido en una lacra social que mantiene en vilo a las poblaciones que lo sufren y a las fuerzas de seguridad que deben combatirlo. Inversión en carreteras, infraestructuras, educación, salud y desarrollo, son los remedios que la autora identifica como primer paso para afrontar este punto débil no reconocido de la democracia peruana.

(Desde Madrid) TRES MILITARES HAN MUERTO y 30 han resultado heridos desde agosto pasado en la selva peruana en combate con los rezagos del grupo terrorista Sendero Luminoso. En noviembre, cinco policías murieron en una emboscada provocada por los remanentes del terrorismo. Se trata de una lucha soterrada que esporádicamente aparece en los medios de comunicación.

Si bien el terrorismo en Perú fue controlado en gran medida en la década anterior, aún quedan miembros activos de esta lacra que, aliada con el narcotráfico, mantiene en vilo a las poblaciones que la sufren y a los cuerpos y fuerzas de seguridad que deben combatirla. Se trata de una de las mayores rémoras para la democracia peruana que nunca ha logrado contenerse de forma total y que reaparece como si de una metástasis se tratara. Aceptar el diagnóstico para poder combatir la enfermedad resulta vital.

EL NARCOTERRORISMO

El Diario El Comercio publicó recientemente un reportaje en el que su enviado especial a la zona de Vizcatán (selva de Ayacucho), “En muchos territorios, sobre todo de la selva y de la serranía suroriental del país, las autoridades y la presencia del Estado brillan por su ausencia” Óscar Castilla, cuenta cómo en puntos alejados de lo que se considera civilización el narcoterrorismo suele campar a sus anchas. En Vizcatán un contingente de militares peruanos ha podado una montaña para evitar los ataques de los narcoterroristas y se ha asentado para tratar de controlar el lugar.

En Vizcatán no hay masas, ni poblados. Es una zona vacía en la selva. Solo está Sendero controlando todo. Allí el Estado no llega. No se tiene la menor idea de lo que es dicho lugar, señaló en uno de sus testimonios judiciales Óscar Ramírez Durand, alias Feliciano, quien fuera el primer sucesor del también capturado Abimael Guzmán, fundador, ideólogo y por muchos años líder de Sendero Luminoso.

Feliciano no miente en este caso. Y lo peor es que, como Vizcatán, territorio situado en la zona fronteriza entre la sierra y la selva peruanas de la zona de Ayacucho, muchos puntos del país permanecen dejados de la mano de Dios, como sabe cualquier peruano medianamente informado o cualquiera que se haya interesado por conocer Perú más allá de los circuitos turísticos. “Hay ocho zonas identificadas como áreas restringidas a las cuales sugiere no viajar debido a riesgos relacionados con el narcotráfico, el terrorismo y de la delincuencia común” En muchos territorios, sobre todo de la selva y de la serranía suroriental del país, las autoridades y la presencia del Estado brillan por su ausencia. La geografía sumamente accidentada y la falta de medios están en el meollo de esta dejación.

La nula presencia del Estado se suma a la alianza que desde hace dos décadas tejen los terroristas con los narcotraficantes. Feliciano fue arrestado en 1999 pero sus dos lugartenientes, José y Alipio, continúan en Vizcatán protegiendo a los narcotraficantes que, desde la zona, exportan cocaína principalmente hacia Europa y México. El camarada Artemio, asimismo, asegura ser el jefe de la zona, conocida también como Valle de los ríos Apurímac y Ene (VRAE). Dar con ellos es el objetivo de la base militar establecida en el lugar, una tarea mucho más que complicada; los narcoterroristas conocen la escarpada zona como la palma de sus manos y están armados con metralletas robadas a los propios militares en la década pasada. Imposible resulta, asimismo, calcular con cuántos hombres cuenta el grupo terrorista.

ESTADOS UNIDOS ADVIERTE DEL PELIGRO

Así las cosas, el Departamento de Estado ha encendido la primera luz roja internacional difundiendo que en Perú hay ocho zonas identificadas como áreas restringidas a las cuales sugiere no viajar debido a riesgos relacionados con el narcotráfico, el terrorismo y de la delincuencia común. Ayacucho, Cusco, Huancavelica, Huánuco, Junín, San Martín, Loreto y Ucayali son las zonas vetadas porque en ellas, señala el Departamento de Estado, hay presencia de narcotraficantes y del grupo terrorista Sendero Luminoso.

Ante el informe estadounidense, el primer ministro peruano, Yehude Simon, ha afirmado que el Gobierno de Estados Unidos cae en errores y tergiversaciones. Para él el informe está completamente equivocado y señala que seguramente alguien amaneció con mal pie y se le ocurrió ese tipo de información que está completamente alejada de la verdad. Simon ha llegado a decir que en Perú hay mucha más seguridad que en Estados Unidos porque, para él, Estados Unidos tampoco es un lugar muy seguro cuando las noticias reportan constantemente que estudiantes universitarios armados matan a otros jóvenes.

RECONOCER EL PROBLEMA PARA ATAJARLO

“Si se continúa por la senda de la minimización del problema se corre el riesgo de repetir errores pasados” La reacción de Simon ha sido la tónica general en las esferas del Gobierno peruano. Una reacción bastante característica en la historia de la república del Perú donde, durante los primeros años del accionar del terrorismo de Sendero Luminoso, en los primeros años de la década de los ochenta, el gobierno de entonces minimizó la existencia del terrorismo en el Perú. Un terrorismo que acabaría ocasionando las muertes de por lo menos 69.000 personas durante dos décadas según datos de la Comisión de la Verdad y la Reconciliación.

Probablemente lo más productivo en las actuales circunstancias sea reconocer el problema y en simultáneo con la necesaria instalación de bases militares en las zonas conflictivas como Vizcatán tratar que el Estado y los recursos lleguen a estas zonas, por el momento espacios vacíos que llena perversamente el narcoterrorismo.

Si se continúa por la senda de la minimización del problema se corre el riesgo de repetir errores pasados que derivaron en gobiernos que, desbordados, tomaron el camino equivocado de la represión ante un terrorismo que en el Perú, lamentablemente, no ha sido ni mucho menos erradicado.

Inversión en carreteras, infraestructuras, educación, salud y desarrollo, en fin, son los remedios que se necesitan en aquellas zonas que, como Vizcatán, han padecido el olvido del Estado. El objetivo no es sólo cumplir con una población que merece oportunidades sino también no dejar flancos libres para el narcoterrorismo.