bodyoflies.jpgEntienda cómo ha ido evolucionando la idea de Inteligencia desde su conceptualización hasta nuestros días, en los que la realidad impone un nuevo enfoque transversal y conjunto desde los que abordar los nuevos desafíos. Cómo están operando los servicios de inteligencia más avanzados. 

TRAS LA GUERRA FRÍA fueron apareciendo nuevas amenazas y tipologías de conflictos, y tras ello la consolidación de la globalización de los mismos. La influencia democratizadora, los nacionalismos, y la amenaza del terrorismo islamista, son los principales cambios que han obligado a replantear el diseño de la seguridad. Los instrumentos clásicos de seguridad ya no sirven para abordar el nuevo panorama de la conflictividad, en los últimos cuarenta años los conflictos han mutado su naturaleza, han pasado a ser asimétricos, internos, regionales o entre Estados y redes u organizaciones semi-clandestinas, con la particularidad de una especial letalidad para las víctimas civiles.

Precisamente porque el abordaje traspasa las fronteras del Estado-nación, y por su dimensión global, se impone con fuerza la cooperación transfronteriza, supranacional, multilateral e intergubernamental. Asimismo, la participación a diversos niveles, recuperar la seguridad colectiva –e incluso fundar una seguridad compartida–, el control de armamento, y el predominio de las organizaciones supranacionales. Las amenazas a las que nos enfrentamos hoy son distintas, son distintos los actores, las herramientas, el modus operandi, el alcance y los medios del terrorismo al que estamos haciendo frente.

MODELO TRADICIONAL

El modelo tradicional se basaba en soluciones prescriptivas, con visión a corto plazo y con un predominio intergubernamental, pero la realidad actual impone un enfoque multidimensional, con visión a largo plazo, y la cooperación transversal e interdepartamental dentro del mismo Estado, integrando los esfuerzos intergubernamentales con los supranacionales a escala mundial. “Las agencias de inteligencia tienen que adaptarse a los nuevos cambios: la era tecnológica, nuevos escenarios de seguridad y amenazas, y a la globalización” Hay que vincular a los distintos profesionales en un sistema coherente, y tener en cuenta que muchos seguimientos y procesos se dan más allá de las fronteras del Estado-nación, para los cuales se hace necesaria la cooperación con otros Estados, agencias, instituciones, organizaciones internacionales, etc. De ello se deduce que las respuestas también se ven necesitadas de unir fuerzas entre diferentes Estados y organizaciones internacionales, pues hoy un solo Estado ya no tiene capacidad suficiente para hacer frente por sí mismo a los fenómenos globales y de dimensión transfronteriza.

Teniendo en cuenta la amenaza terrorista yihadista, que está organizada de forma globalizada, que son una multitud de factores en torno a los cuales emerge el fenómeno de la radicalización, son múltiples los ámbitos de actuación para hacerle frente. Por tanto, es una realidad lo suficientemente compleja como para organizar una respuesta interdisciplinar desde las instituciones, poniendo en común a todos los agentes, administraciones, profesionales y colectivos, a intercambiar y activar soluciones.

Las agencias de inteligencia tienen que adaptarse a los nuevos cambios: la era tecnológica, nuevos escenarios de seguridad y amenazas, y a la globalización; que hacen necesaria una nueva organización de las mismas. Cuando aparece un nuevo objetivo, detonado con el 11-S y los posteriores atentados de similares características, hay que reorganizar la estructura de los servicios de inteligencia. De acuerdo a las nuevas amenazas, ahora ya no es importante la organización territorial, sino la funcional.

INTELIGENCIA COMPARTIDA

“El concepto de espionaje antiguo se estaría transformando en nuevas exigencias basadas en la utilización de fuentes OSINT y el procesamiento automatizado de la información” La metodología heredada de la época de la guerra fría se está quedando obsoleta ante los cambios que impone la nueva amenaza, pues el ciclo de inteligencia ha derivado en algo muy tradicional que sigue funcionando como hace medio siglo, cuando la realidad ha cambiado mucho desde entonces (sobre todo las amenazas, su magnitud, y la probabilidad-letalidad de peligro para la población civil). Basándonos en el enfoque de Clark, hay que centrarse en estudios concretos de cada tipología de amenaza, adaptando así el esquema de análisis a cada caso, siguiendo protocolos distintos adaptados a cada caso (frente al ciclo repetitivo y caduco que heredamos de la guerra fría).

Lo que Clark propone es adaptar las fases de la inteligencia a los objetivos, y diseñarla de acuerdo a las particularidades de cada caso. Hay casos que no requieren procesos lineales como el de la inteligencia tradicional, y el producto de la inteligencia tiene que ser refutado una vez elaborada la hipótesis, y a partir de ahí se planifican los escenarios de operaciones, sobre lo que los decisores intervendrán determinando la puesta en marcha en función de los criterios de utilidad y beneficio. Ante tal contexto, el concepto de espionaje antiguo basado en los secretos se estaría transformando en nuevas exigencias basadas en la utilización de fuentes OSINT y el procesamiento automatizado de la información. No cambiarían la gestión de la información ni la elaboración de la inteligencia, sino la secuencia del proceso –antes ciclo– de inteligencia (que debería de hacerse menos rígida y más interactiva). Ello también incluye el contraste con grupos de conocimiento externos, y la sofisticación en la introducción de modernas tecnologías. Por todo ello se está tendiendo a la llamada Inteligencia Compartida.

También empieza a emerger lo que se llama Reserva de Inteligencia, un proceso de consulta externa, de recurrir a otros marcos menos prioritarios que no se podrían mantener con recursos propios. Aunque esta última opción conlleva el riesgo de incertidumbre en la fiabilidad de las fuentes.

LA TENDENCIA: PLANEAMIENTO, OPERATIVO Y DIFUSIÓN

El modelo surafricano de inteligencia destaca por una simplicidad orgánica puesta al servicio de la eficiencia: la inteligencia está encaminada a una puesta en común que resulte rápida, eficaz y útil, pero sobretodo evitando duplicidades. La comunidad de inteligencia está compuesta por el servicio de inteligencia exterior, el interior, el militar, y el policial, todo ello englobado y supervisado por un Consejo General de Inteligencia. Se organiza sobre tres niveles: planeamiento, operativo y difusión. “Hoy es consabida la manera en que se enmascaran los agentes bajo la cobertura de un agregado cultural o consejero a secas” Pone en coordinación a todas las entidades de inteligencia nacionales de manera muy simple y directa. Esta coordinación conlleva una puesta en común sin corporativismos, lo que contribuye a superar los recelos que suelen existir entre las diferentes agencias y cuerpos de un mismo Estado, a la hora de compartir la información.

Es precisamente el modelo al que se está tendiendo, de una cooperación entre agencias y otro tipo de instituciones más abiertas, que evite duplicidades, y en la que cada agencia se dedique de manera completa a un objetivo (frente al modelo de duplicidades sobre los mismos objetivos, aunque se hagan seguimientos de aspectos diferentes de los mismos); con la única excepción del campo de la defensa, que es la única que realiza aportaciones en esta materia.

Haciendo caso del abandono progresivo del secretismo heredado de la guerra fría, hoy es consabida la manera en que se enmascaran los agentes bajo la cobertura de un agregado cultural o consejero a secas. El representante de la agencia de inteligencia en la embajada debería de tener un rango más oficial y reconocido, que al mismo tiempo desarrolle lazos representativos, de cooperación y relaciones con las instituciones análogas del país de destino, coopere más abiertamente ante el embajador (aunque sin ser su subordinado). Ello no implica, ni es incompatible, con que al mismo tiempo se desarrollen misiones y operaciones por otros conductos y a través de otros canales; de lo que se trata es de dotar de mayor representatividad formal al máximo responsable de la inteligencia en las embajadas.

De forma tradicional, los agregados de seguridad o interior y los agregados militares no pueden compartir información ni trabajo. En el mundo interrelacionado dibujado en la introducción, aparece muy clara esa necesidad de compartir el trabajo y la información entre diferentes tipos de profesionales, el cómo se puedan necesitar en determinadas circunstancias unos a otros (incluso a otro tipo de profesionales de la embajada, todos ellos sometidos a trabajar con certificado de seguridad, por el manejo de información sensible).

Los agentes encubiertos y sin relación con la embajada seguirían haciendo su trabajo, y enviando los resultados del mismo directamente a la agencia central, que a su vez ésta haría llegar, ya convertido en inteligencia, a modo de informe de situación, al representante formal en la embajada, pero sin desvelar la identidad y localización de dichos operativos (gestionados desde la agencia central).

LA DEFENSA NO ATAÑE SÓLO A MILITARES

Por otro lado, la Defensa necesita integrar a civiles expertos en gestión de crisis y analistas que aporten prospectiva y manejo de las variables políticas y socio-culturales del contexto en el que moverse. “El contexto de las misiones de paz es un escenario donde civiles y militares están inevitablemente obligados a trabajar juntos y cooperar, pues se necesitan unos a otros” La Defensa ya no es exclusiva de los militares, y las acciones militares a menudo van entrelazadas con aspectos socio-culturales a tener en cuenta. Ciertas decisiones necesitan tener en cuenta el contexto político, el momento, conocer mejor el medio sobre el que se van a implementar las acciones, y lo que es más importante: la evaluación de riesgos, impacto, probabilidades de éxito, etc., sobre una multitud de factores no estrictamente militares sobre los que se va a operar. Es algo que ya están realizando las democracias más avanzadas, pero sobre todo es un aspecto absolutamente necesario ante las demandas del mundo actual. Incluso Estados Unidos ha impulsado un proyecto piloto en Afganistán, de compartir trabajo entre antropólogos, militares y otros profesionales de las ciencias sociales, en su inmersión militar sobre el terreno.

El contexto de las misiones de paz es un escenario donde civiles y militares están inevitablemente obligados a trabajar juntos y cooperar, pues se necesitan unos a otros. Las aportaciones civiles a la Defensa son importantes, porque pueden aportar una orientación especializada, vanguardismo en la gestión, y una mayor conexión con la sociedad. La Defensa se está convirtiendo en un ámbito de participación multidisciplinar, y lo que es más importante: gestionar y tomar decisiones en función de variables socioculturales y políticas, que hoy es imprescindible tener en cuenta sobre el teatro de operaciones militar. La aportación de los profesionales civiles en gestión de crisis, seguridad y defensa resulta ineludible para las instituciones de Defensa.

Siempre ha habido una tendencia a reclutar para las agencias de inteligencia a individuos con vínculos, sobretodo familiares, con las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado, porque ello genera una especie de confianza, pero hoy ya ningún Estado desarrollado funciona con este restrictivo criterio, pues existen técnicas afinadas para reclutar en confianza. Estados Unidos y Gran Bretaña llevan años reclutando civiles formados en universidades y otros ámbitos del conocimiento. La integración de expertos civiles (procedentes del mundo académico, organizaciones privadas, organismos internacionales, de las consultorías, etc.), en diferentes modalidades de contratación, es una tendencia imparable en el mundo actual.

RESPUESTAS TRANSVERSALES

Las demandas de las nuevas realidades en los entornos de la radicalización yihadista en los países de acogida, imponen respuestas creativas e interdisciplinares, exigen compartir soluciones e iniciativas entre diferentes cuerpos de profesionales:

– Vigilancia de los entornos de radicalización detectados, mediante confidentes, infiltrados, escuchas y seguimientos. Todo ello dirigido a su ámbito de actividad corriente: sus típicos comercios, barrios, mezquitas, prisiones, entorno de las mezquitas, ONGs sospechosas, empresas asociadas a sus perfiles, celebraciones populares musulmanas, cibercafés, centros culturales, etcétera; todos aquellos lugares susceptibles de ser utilizados para la captación y para la propagación de mensajes yihadistas.

-Empresas, ONGs, etcétera, tapaderas a través de las cuales aproximarse a su entorno, por medio de confidentes e infiltrados musulmanes.

– Reforzamiento de la vigilancia y las comprobaciones en fronteras, en cooperación con los países del Magreb y del Sahel.

– Trabajo en coordinación y puesta en común con grupos de investigación antinarcóticos, de aduanas, y de delincuencia más común susceptible de ser utilizada por los yihadistas (falsificación documental, de tarjetas de crédito, etcétera).

– Mayor sintonía y flexibilidad entre el sistema judicial y los servicios secretos, a la hora de probar los hechos y lograr neutralizar a los yihadistas.

– Mayor facilidad y rapidez de acceso al control de Internet, de las comunicaciones, etcétera. Y una especialización en el uso que de estas tecnologías realizan los yihadistas.

– Endurecimiento de la vigilancia y fiscalización del uso de armamento.

– Mayor control de la venta de productos que puedan ser usados para fabricar explosivos y armas de destrucción.

– Creación de centros específicos para actuar conjuntamente con mediadores profesionales que interactúen de manera transversal con otras entidades y colectivos de profesionales. Poner en común los datos del entorno radical con juzgados, trabajadores sociales (en asuntos que sean de su competencia), y demás. La mediación intercultural debería de ser profesionalizada y homologada, de funcionar en cooperación con la policía, juzgados, trabajadores sociales…

Una plataforma desde la que trabajar en cooperación con las fuerzas de seguridad cuando los casos lo requieran, los profesionales pueden ser sometidos a trabajar con certificado de seguridad si llegado el caso se requiere, pero hay que aproximarse a los entornos de la radicalización yihadista también desde los servicios sociales. Y hay que hacerlo no sólo por obtener inteligencia, sino como una labor más allá, la prevención, pues los factores que subyacen a la radicalización yihadista son de tipo social y educativo.

LA COOPERACIÓN DE LAS AGENCIAS

Teniendo en cuenta la emergencia de nuevos y preocupantes escenarios como el Sahel, la conexión de los grupos del Magreb con Europa, en definitiva la transformación del frente de amenaza para Europa que representan el Magreb y el Sahel, se hace cada vez más necesario:

– Reforzar la cooperación con los servicios de inteligencia del Magreb con el fin de detectar el paso de fronteras, sistemas de alertas e información en feed-back (de los que entran y salen en ambas direcciones).

– Cooperación con las fuerzas de seguridad del Sahel en entrenamiento, equipamiento y formación de sus fuerzas regulares; a cambio de incentivos aprovechando que son Estados fallidos y con pobreza extrema; para tratar de lograr un mayor control sobre los grupos que operan en sus zonas y luego pasan a España. Esta medida puede ir acompañada con una propuesta a la UE para colaborar en ello, puesto que la UE ya ha implantado experiencias similares en países como Afganistán y en los territorios palestinos. ¿Por qué no hacer lo mismo en los países del Sahel, que por cuya proximidad supone tener la amenaza más cerca? “Sin la cooperación internacional no sería posible hacer frente a estas nuevas amenazas y riesgos globales”

– Inversión en satélites espía en zonas del Sahel con campamentos base yihadistas, acompañado de ayudas al desarrollo al gobierno de turno. Esta puede ser una propuesta que requiera de una inversión de gran envergadura, por ello puede ser potenciada a través de la Unión Europea y en colaboración con su centro de satélites (que además tiene sede en Torrejón de Ardoz). Para ello, también sería deseable que la política antiterrorista de la UE, que hasta la fecha es más de coordinación entre los Estados miembros en cuanto al flujo de información, adquiriera mayor envergadura en el ámbito operativo y logístico poniendo las capacidades de los Estados miembros al servicio de estos fines.

Por tanto, el seguimiento y las soluciones de muchos problemas ya no pueden quedar en manos del Estado-nación, pues trascienden esta dimensión, y por ello se hace necesaria la cooperación internacional, e incluso llegar a participar en estructuras y procesos de tomas de decisiones supranacionales. El realismo que ha imperado en las relaciones internacionales hasta la actualidad se estaría quedando obsoleto, pues ni tan siquiera el equilibrio de poder entre varias potencias garantiza ese seguimiento y ese disponer de soluciones a escala global del que necesitan muchos problemas.

Las naciones ya no pueden poner soluciones por sí mismas, ni aisladas a los problemas actuales donde prima la interrelación mundial.