imuroobama.jpg La crisis más grave y la llegada de un líder con ideas coinciden. Obama ha devuelto la esperanza al mundo de un nuevo renacimiento. 

(Desde Madrid) UNA EXTRAÑA CONFLUENCIA DE LOS ASTROS ha hecho coincidir la crisis más grave y la llegada de un líder con ideas. Obama ha devuelto la esperanza al mundo de un nuevo renacimiento. Algunos se aprestan a señalar que es sólo un político centrista más, que no es un reformador, que no es de izquierdas. “Los acontecimientos parecen colocar a la socialdemocracia en una posición de vanguardia pero es un espejismo motivado por el derrumbe de las tesis neoliberales”Puede ser, pero la izquierda es mucho más que lo que está a un lado de una línea divisoria, es sobre todo una esperanza de racionalidad para el conjunto.

Las crisis sociales siempre sorprenden. Golpean y, al tiempo, obligan a buscar salidas urgentes sin tener suficientes referencias, a repensar el progreso sobre la marcha. De momento, los acontecimientos parecen colocar a la socialdemocracia en una posición de vanguardia pero es, más bien, un espejismo motivado por el derrumbe de las tesis neoliberales. La verdad es que también la izquierda lleva más de veinte años deslizándose hacia un pragmatismo sin ideas. Y que el progreso no se puede limitar a implantar políticas anticíclicas keynesianas ni a establecer un nuevo reequilibrio entre estado y sociedad.

MODELOS EMPRESARIALES EN CRISIS

La socialdemocracia lleva tiempo sin profundizar en el sistema productivo, sus recetas se han limitado a corregir con políticas distributivas sus desigualdades de origen. Ocurre que la capacidad de actuación de esas políticas no ha hecho más que menguar a lo largo de los últimos 20 años: de un lado, los impuestos sobre el capital se homogenizan a la baja, de otro, la progresividad fiscal disminuye para no perjudicar a las clases medias. “Cuando se pretende evitar que una minoría de ejecutivos, comportándose como monarcas absolutos, se apropie de los beneficios colectivos, es necesario saber qué es lo que se espera del trabajador”Y mientras tanto, la capacidad del sistema para generar desigualdad crece: antes de que esta crisis financiera nos recordara la de 1929, otro parámetro menos visible, la distribución de la renta entre capital y trabajo, ya había retrocedido en Estados Unidos a los niveles de aquellos años. Retrocesos similares se han producido en toda la OCDE.

Los modelos empresariales que ayer constituían paradigmas están en el origen de la crisis que vive el mundo. Los deseos de buen gobierno y la invocación a la responsabilidad empresarial son palabras vacías si se desvinculan de un modelo de convivencia basado en la revalorización del trabajo y en su nuevo engranaje con el capital. La buena gobernanza económica no es algo que pueda resolverse desde el exterior, regulándola mediante leyes, debe surgir desde el interior de la propia empresa. Por ello mismo, son tan importantes los contrapoderes internos. Cuando se pretende evitar que una minoría de ejecutivos, comportándose como monarcas absolutos, se apropie de los beneficios colectivos, es necesario saber qué es lo que se espera del trabajador, en tanto que ciudadano libre decisivo para crear riqueza. Y en qué pueden contribuir a ese control interno.

FLEXIBILIDAD SOLIDARIA ANTE LA CRISIS

Alemania, que seguía siendo en 2007 el primer país exportador del mundo a pesar “Los trabajadores tienen más derecho que nunca a reclamar la capitalización en acciones de los sacrificios que tengan que hacer”de sus altos salarios, tiene un modelo de cogestión que facilita la participación de los trabajadores en el control. ¿Se debe desligar lo uno de lo otro? Los trabajadores de buena parte de las grandes empresas tecnológicas americanas son también accionistas de sus compañías. ¿Se debe desligar lo uno de lo otro? A pesar de décadas de hegemonía neoliberal, en Estados Unidos más de 11.000 firmas norteamericanas siguen acogidas a los programas ESOPs fundados en 1971 (Employee Stock Ownership Plans, planes de propiedad accionarial de trabajadores) e incluyen el 14 por ciento de las compañías que cotizan en bolsa, las que tienen más valor. El peso de estas empresas crece en los periodos de recesión, hasta representar bastante más del 20 por ciento de la fuerza de trabajo.

“Existe un paradigma de lo despreciable, mixtura de desvergüenza neocon y de la política como espectáculo, maestro en combinar la demagogia populista y la marrullería social”Obama (y también Zapatero) están obligados a impulsar una flexibilidad solidaria ante la crisis para que no descargue su factura dramáticamente sobre el empleo. Será imprescindible apelar al sacrificio salarial del trabajador ciudadano pero, viniendo de donde venimos, un mundo cargado de mentiras y excesos, los trabajadores tienen más derecho que nunca a reclamar la capitalización en acciones de los sacrificios que tengan que hacer. Con ello pondrían la primera piedra sobre nuevas relaciones de poder en las empresas. El capitalismo quizás sobreviría con ello pero incorporando elementos de participación post-capitalistas necesarios para impulsar la innovación y la sociedad del conocimiento, ahora frenadas, y con ellas abrir las puertas a un nuevo renacimiento.

EL PODER DE LAS IDEAS

Hoy más que nunca, la política está obligada a ganar altura para aglutinar a las mayorías sociales en torno a nuevas ideas, aquellas que saben centrarse en lo principal y aíslan a las fuerzas que constituyen un obstáculo para el progreso. Existe ya, no lo olvidemos, un paradigma de lo despreciable, mixtura de desvergüenza neocon y de la política como espectáculo, maestro en combinar la demagogia populista y la marrullería social, impulsor de un nuevo neofascismo laminador de cualquier contrapoder institucional: es Berlusconi y ejerce el poder absoluto en Italia, la cuna de la civilización occidental.

En el otro extremo, Obama es, objetivamente, una pieza importante en las políticas de progreso, símbolo del poder de las ideas. De momento, basta con recordar sus palabras en La audacia de la Esperanza: “cuando nos volvemos pragmáticos dejamos de argumentar; cuando dejamos de argumentar, nos volvemos perezosos, y cuando nos volvemos perezosos, somos incapaces de ofrecer respuestas a los desafíos”. En esas estamos.

Ignacio Muro Benayas acaba de publicar el libro “Esta no es mi empresa. El desapego de los profesionales del siglo XXI“.