asuncionobama.jpgTras el cambio político, Estados Unidos deberá optar entre la tradicional política de estrecha unión con Israel a toda costa o una relación más vinculada al proceso de paz y al establecimiento de nuevas alianzas con el mundo árabe y musulmán, dice el autor.

(Desde Madrid) EL ATAQUE ISRAELÍ SOBRE GAZA en las últimas semanas, que ha causado la muerte de mil palestinos, la mayoría mujeres y niños, no sólo es un paso más en el conflicto árabe israelí, sino que es uno de los actos más graves llevados a cabo a sangre fría por el Gobierno de Israel en su cerco y ocupación calculado de Gaza y Cisjordania.

No es posible pasar de puntillas sobre un hecho tan grave, ni tampoco puede ser justificado por algunos Estados bajo el argumento de la legítima defensa, cuando el precio es la muerte de tantos inocentes y la violación del derecho a la vida en comunidades tan desprotegidas y en minorías tan vulnerables como son los niños.

La ignorancia por parte de Israel de la Resolución de la Comisión de Derechos Humanos de Naciones Unidas, que condena este acto ilícito internacional, demuestra hasta qué punto existe impunidad para determinados Estados que se colocan fuera del respeto de las normas internacionales para, de forma inmoral, utilizar el uso de la fuerza siempre que les viene en gana, sin pagar otro precio que su especial relación con Estados Unidos, ante la debilidad y división de los Estados de la UE.

VIEJAS RESPUESTAS

“La condena que de los socios europeos no puede esconder el segundo plano al que ha pasado la UE en los últimos años en la búsqueda de una solución a este conflicto de Oriente Medio” El bombardeo selectivo y la ocupación militar de Gaza por parte de Israel, después de los últimos meses de recrudecimiento del conflicto, es la clara demostración de la muerte del Proceso de Paz; la constatación de una gran impotencia por parte de la comunidad internacional que ha arrastrado su frustración desde el Proceso de Madrid hasta la Hoja de Ruta, pasando por los Acuerdos Oslo.

La respuesta de Estados Unidos y de una parte de los aliados europeos ante este acto tan execrable perpetrado por parte de un Estado contra tantos inocentes, responde en gran medida a una forma tradicional y caduca de entender el conflicto de Oriente Medio, en donde la estrategia de las operaciones militares israelíes de represión sobre espacios geográficos concretos va desplazándose según el momento: Líbano, Gaza, Cisjordania y así sucesivamente.

La condena que de este hecho han realizado los socios europeos no puede esconder el segundo plano al que ha pasado la UE en los últimos años en la búsqueda de una solución a este conflicto de Oriente Medio. Tampoco puede ocultar las debilidades internas de su Política Exterior y de Seguridad Común, fruto de la división de los socios y de la escasez en los instrumentos de mediación y solución.

En este sentido, es justo reconocer que, en mayor o menor medida, los distintos actores implicados en este conflicto y en su solución no han sido capaces de crear nuevas mentalidades, métodos renovados, nuevas formas de aproximarse a los problemas y de proyectar los objetivos internacionales. Intentamos solucionar las nuevas manifestaciones de los conflictos con las clásicas y viejas fórmulas de la respuesta militar contundente sobre idénticas bases de inestabilidad. Los sucesivos acuerdos adoptados y rutas planteadas entre árabes e israelíes son una buena prueba de ello.

ESCENARIOS Y ÁMBITOS GEOGRÁFICOS INTERDEPENDIENTES

En estos días en los que la llegada de Barak Obama a la Casa Blanca “Los procesos de cambio en el sistema internacional sólo vienen de la mano de dinámicas de transformación en escenarios geográficos interdependientes” supone apostar por un futuro esperanzador, es necesario tener en cuenta que tanto los nuevos conflictos, derivados del atentado del 11 de septiembre de 2001, como los viejos conflictos agravados, entre los que se encuentra el de Oriente Medio, son prueba clara de una lección que todavía no ha aprendido el sistema internacional. Una llamada de atención que exige un esfuerzo colectivo para el que probablemente todavía no están preparados ni nuestros gobiernos, ni nuestras instituciones, ni tampoco algunas de nuestras mentalidades.

Una lección terrible y dramática que, incluso después de las imágenes atroces de los bombardeos en Gaza, todavía no ha aprendido ni Estados Unidos, ni occidente, ni nuestros mecanismos internacionales de prevención y gestión de conflictos.

“Nunca habrá paz real y definitiva en ningún país musulmán, ni en el corazón de todos los árabes, si no se resuelve de forma aceptable la existencia de un Estado palestino” Llegados a este punto intolerable del enfrentamiento palestino-israelí dentro de un agravamiento progresivo de los conflictos en todo el mundo, es inevitable señalar que los procesos de cambio en el sistema internacional sólo pueden venir de la mano de dinámicas de transformación en escenarios y ámbitos geográficos interdependientes. Sirva un ejemplo: es posible un proceso pacificador (paz impuesta por las armas) en Afganistán o Irak, legitimado con gobiernos elegidos de forma democrática e, incluso, con Conferencia de Paz previa a la retirada ordenada de las tropas estadounidenses tal y como ha comprometido el nuevo presidente Obama.

Todo esto puede pasar, pero lo cierto es que nunca habrá paz real y definitiva en ningún país musulmán, ni en el corazón de todos los árabes, si no se resuelve de forma aceptable la existencia de un Estado palestino. La llegada de la administración Obama deberá afrontar esta cuestión como principal objetivo en la nueva política exterior y asumir un liderazgo renovado para continuar la hoja de ruta dentro del proceso de paz. En la solución progresiva de esta cuestión se encuentra uno de los procesos determinantes en la seguridad internacional y en la lucha contra el terrorismo islámico.

OBAMA FRENTE AL PROCESO DE PAZ

El fracaso de la política exterior estadounidense antes y después del 11 de septiembre de 2001 –con Afganistán y e Irak de telón de fondo–, ha sido producto, en gran parte, de su incapacidad para saber asumir su inevitable protagonismo en la solución de este conflicto. Después del cambio político, Estados Unidos tendrá que optar entre la tradicional política de unión estrecha con Israel a toda costa o, por el contrario, una relación con este Estado íntimamente vinculada al proceso de paz y al establecimiento de nuevas alianzas con el mundo árabe.

Estados Unidos deberán afrontar esta cuestión como principal objetivo en la nueva política exterior y asumir un liderazgo renovado para continuar la hoja de ruta dentro del proceso de paz. En la solución progresiva de esta cuestión se encuentra uno de los procesos determinantes en la seguridad internacional y en la lucha contra el terrorismo islámico. En ello estriba una parte significativa del cambio esperado en los próximos meses en el actual sistema internacional.

El Yes We Can de toda la ciudadanía mundial con la llegada de Obama y su mensaje de unión entre personas y pueblos, o mejor, el diálogo y mestizaje entre culturas como base para una nueva era en las relaciones internacionales, sólo será posible cuando acontecimientos como el bombardeo de Gaza por parte del ejercito israelí, con la complicidad de Estados Unidos y la justificación de una parte de la sociedad internacional, sean definidos como lo que son: un acto genocida que viola las normas básicas del Derecho Internacional para golpear con fuerza en nuestras conciencias.