obamakarzai.jpgBarack Obama acaba de lanzar la nueva estrategia para Afganistán. ¿Está Hamid Karzai dentro de los “planes de remodelación”? ¿Quién nos asegura que los otros candidatos no puedan ser 10 veces peores que Karzai?

(Desde Madrid) BARACK OBAMA ACABA DE HACER pública su estrategia para Afganistán. La reformulación estratégica, aparte de la presencia militar, incluye una aproximación regional y la mejor coordinación de los efectivos internacionales junto a la inclusión de otros actores internos, principalmente los talibán que no opten por la violencia. En esta lógica, cabe preguntarse si el actual presidente de Afganistán, Hamid Karzai, está dentro de los planes de remodelación, máxime cuando están previstas elecciones para el 20 de agosto de 2009.

Incluso en su etapa de candidato a la presidencia de la nación, Barack Obama, viene anunciando que Afganistán va a ser un vector prioritario de la política exterior norteamericana y que “habrá que tomar decisiones difíciles” en relación con este país e Irak.

“Afganistán se ha convertido en un caso práctico, altamente complejo, que puede funcionar como termómetro de los compromisos de la agenda internacional multilateral”Con el fin de la bipolaridad, las nuevas amenazas y las diversas formas de conflictos internacionales que vienen caracterizando las dos últimas décadas del siglo XX, suponen un reto para esta etapa actual, en la que ya no cabe vincular seguridad con medios militares, sino que son necesarios otro tipo de elementos como el desarrollo y la voluntad política consensuada. En esta lógica, Afganistán se ha convertido en un caso práctico, altamente complejo, que puede funcionar como termómetro de los compromisos de la agenda internacional multilateral. El tiempo y los resultados nos confirmarán si no se convierte en veraz aquella frase del último gobernador británico en el país, Sir Olaf Caroe cuando afirmó, “a diferencia de otros conflictos, en Afganistán las cosas se ponen feas de verdad sólo cuando la guerra ha acabado”.

UN CAMBIO DE RUMBO

Muchas son las esperanzas depositadas en Barack Obama tanto por la sociedad estadounidense como por la comunidad internacional, que demanda acentuar el consenso entre los distintos actores internacionales para temas comunes y relanzar el multilateralismo en el gran “juego de Asia central”. Y, es precisamente en esta perspectiva analítica donde hay que inscribir la cuestión de Afganistán, que tras las actuaciones infructuosas y nefastas en múltiples sentidos de la anterior Administración norteamericana y de la OTAN, no han conseguido mejorar la complicada situación por la que atraviesa el país asiático, e incluso en algunos terrenos se ha incrementado la conflictividad e inestabilidad, siendo ejemplos significativos el aumento de víctimas, civiles y militares, la no mejora de las condiciones socioeconómicas de la población civil donde los progresos son escasos, la fragilidad tanto de las instituciones del Estado como del actual gobierno afgano o el aumento progresivo de los talibán, que actualmente controlan al menos 10 provincias del país.

“El nuevo diseño para Afganistán por parte norteamericana parece que se va a centrar en combatir el terrorismo y a los talibán que no renuncien a la violencia”

La situación de Afganistán es extremadamente compleja producto de su propia idiosincrasia y de las actuaciones externas. Si nos centramos en el ámbito interno, es conveniente recordar las rivalidades étnicas, los radicalismos religiosos, la agudización del terrorismo, la fragilidad del Estado, la economía del opio, la fortaleza de los talibán, el subdesarrollo generalizado, etc., que contribuyen a la atomización de los problemas.

Estamos ante una tierra indómita, siempre codiciada pero nunca dominada por las potencias regionales, de aquí que podamos afirmar que la ubicación estratégica de Afganistán es causa de la situación del país, a la vez que pieza clave en la estabilización regional.

La decisión de intervenir militarmente ha contribuido a que los países del área se vean de manera directa o indirecta salpicados por el conflicto afgano, siendo el más afectado su vecino Pakistán, con una frontera sumamente permeable y con una situación geopolítica también complicada. El delicado doble juego de este actor internacional, altamente ambivalente, producto por un lado de atender a los intereses de las potencias occidentales y por otro a factores internos, condescendiendo de manera velada a los sectores islamistas más radicales, ha llevado a que Pakistán se encuentre en una posición extremadamente débil, padeciendo uno de los períodos más convulsos en sus sesenta y dos años de historia.

¿PRIORIZAR LA ESTABLIDAD?

El nuevo diseño para Afganistán por parte norteamericana parece que se va a centrar en combatir el terrorismo y a los talibán que no renuncien a la violencia. Para la estabilización de Afganistán se necesita aumentar la asignación de recursos, solventar las tensiones en el seno de la OTAN sobre los objetivos de su misión, incentivar los acuerdos de las Conferencias Internacionales de donantes, trazar políticas de carácter multilateral consensuadas y eficaces, junto a mayores dosis de coordinación tanto de los actores externos entre sí, como de estos con las autoridades afganas. Pero la pregunta que subyace es ¿sólo Afganistán o se necesita incluir a otros países vecinos?

Aunque todavía es prematuro analizar la nueva estrategia diseñada para Afganistán por Barack Obama, si que podemos observar cambios sustanciales:

1) Se intenta evitar la sensación de deriva que se produjo con el caso Irak;

2) Se concibe la situación en este país “no solo como un problema militar”, sino también político y social;

3) Estados Unidos ya no pretende exportar la democracia, el buen gobierno y los principios básicos de la sociedad civil a este país, sino que este territorio no sirva de santuario a los terroristas, pues la prioridad es “asegurarnos que Al Qaeda no pueda atacar ni Estados Unidos ni nuestros intereses o los de nuestros aliados”;

4) Planificar la estrategia de salida;

5) Involucrar a otros actores regionales en el proceso, contemplando un enfoque regional;

6) Enviar nuevas tropas al territorio pues, aparte de los 17.000 soldados ya comprometidos, para sumarse a los efectivos desplegados en la región.

EL FORTALECIMIENTO DE PAKISTÁN

Un elemento decisivo para la estabilidad regional, y por ende para la de Afganistán, es el fortalecimiento de la frágil democracia y de la economía pakistaní, pues como ha señalado el enviado especial de la Casa Blanca a la zona, Richard Holbrooke en la Conferencia de Munich (7 y 8 de febrero), y que en la década de los noventa fue un mediador decisivo en la solución del conflicto de los Balcanes: “Seamos claros. El teatro de esta lucha es Afpak. No lo digo por ahorrar sílabas, sino para fijar en nuestras mentes que no se trata sólo de Afganistán, sino que estamos ante un único escenario de combate dividido por una frontera mal trazada, a un lado de la cual podemos actuar mientras que en el otro no. Y en éste tienen sus bases nuestros enemigos”. Asimismo, no se puede arreglar la situación de Afganistán sin un consenso con Irán, que en un momento determinado, sobre todo durante la Conferencia de Paz de Bonn, jugó un papel muy constructivo.

La creación de un Estado fuerte en Afganistán no fue un objetivo prioritario para la anterior Administración republicana estadounidense, apostando por Irak y dejando en segundo plano la reconstrucción física y política de este país, aunque actuando en la mejora de la seguridad. Tampoco han contribuido otros factores altamente determinantes: la preponderancia de la variable militar frente a la política; la falta de una fuerte implicación económica de Estados Unidos y de Europa; la debilidad del gobierno afgano, cuya influencia a penas rebasa la capital; la extendida corrupción, que imposibilita el fortalecimiento de las instituciones; la deficiente coordinación entre los actores externos y de estos con las autoridades afganas; y la no inclusión en el proceso de otros actores civiles.

“Serán algo más de 13 millones de electores los que puedan ejercitar su derecho a voto, sobre una población de 30 millones”En la 45º Conferencia de Seguridad celebrada en Munich (7-8 de febrero), Estados Unidos admitió que se habían cometido errores, siendo necesario un cambio urgente en la estrategia de pacificación y el apoyo de sus socios, no sólo para un aumento de tropas, sino con mayor alcance, pues Afganistán no es un problema exclusivo de Norteamérica sino internacional, ya que afecta al conjunto regional más próximo y a la credibilidad en política exterior de otras naciones implicadas.

El conflicto de Afganistán ha sido catalogado como la guerra “buena” en comparación con la de Irak. A pesar de las dificultades, Irak era un caso más fácil si atendemos su situación en cuanto a desarrollo o desestabilización fronteriza, y unos años después, se aprecian mayores dosis de estabilidad, frente a Afganistán, donde la conflictividad e inestabilidad aumenta desde 2001, no sólo dentro del país centroasiático sino con los vecinos limítrofes, principalmente en Pakistán. Ante este panorama, la Administración estadounidense viene contemplando la retirada progresiva de Irak, de manera que su presencia quede reducida, produciéndose un by pass con Afganistán, en relación a efectivos militares, pues nadie pone en duda la necesidad de incrementar las fuerzas militares por parte de Estados Unidos y de los miembros OTAN, lo que significa que Washington presionará a sus aliados europeos para que refuercen su compromiso militar con Afganistán.

¿UN PRESIDENTE AMORTIZADO PARA EL CAMBIO?

La decisión inesperada del Hamid Karzai de adelantar las elecciones a abril, cogió por sorpresa al convulso panorama político interno y alarmó a los aliados occidentales, a la vez que sembraba dudas sobre la legitimidad del proceso. Este órdago del presidente afgano le proporcionaba acceder a los comicios desde el poder, reforzar su posición en un futuro próximo y dificultar el acceso a otros candidatos por la premura de tiempo. Los comicios presidenciales afganos estaban previstos para el 20 de agosto de 2009, existiendo dudas muy considerables en cuanto a su celebración por el clima de inseguridad que vive el país. Aunque técnicamente esta fecha queda fuera del marco establecido por la Constitución, y se entra en una especie de limbo constitucional, desde que expira el mandato presidencial hasta la proclamación del nuevo presidente nombrado en virtud de los resultados electorales de agosto, tanto la OTAN como los principales actores internacionales involucrados ¡ en la reconstrucción de Afganistán, apostaban por ella, no siendo tan observantes con la legalidad constitucional en aras de primar una hipotética mayor estabilización y seguir buscando un candidato de consenso.

Por tanto, serán algo más de 13 millones de electores los que puedan ejercitar su derecho a voto, sobre una población de 30 millones. Es cierto que Afganistán se caracteriza por tener una sociedad excesivamente atomizada que no beneficia el establecimiento de un poder central asentado y democrático, pues cada etnia mantiene sus tradiciones, fuertemente arraigadas en cuanto a la toma de decisiones políticas, tribales y religiosas, primando las medidas emanadas de los clanes, consejos de ancianos, señores de la guerra, etc. y no aceptando las disposiciones de un poder central estatal. El grado de conflictividad aumenta si a lo anteriormente reseñado añadimos, que la etnia pastún, la más numerosa y dominante con cerca del 50 por ciento de los habitantes, mantiene un enfrentamiento permanente con el actual gobierno y se posiciona en su mayoría con los talibán.

La Comisión Electoral Independiente, ha rechazado el adelanto de las elecciones. La ONU, la OTAN y el resto de actores internacionales implicados en la reconstrucción del país han recibido con alivio la noticia, pues la primera asiste al gobierno afgano en la organización de las votaciones, para lo que necesita más tiempo; y la segunda, espera la llegada de los 17.000 soldados prometidos por Estados Unidos para reforzar su despliegue ante el avance de la insurgencia talibán. Además, todas las fuerzas políticas afganas acordaron con Karzai, el año pasado, que resultaba poco práctico y muy difícil organizar el escrutinio en primavera, puesto que esto, obligaba a llevar a cabo los preparativos durante la temporada de nieves que deja aisladas numerosas regiones del país.

“Karzai que gozó del respaldo de la Administración de George Bush, parece distanciado de la de Obama”Las relaciones entre Karzai y la nueva Administración demócrata norteamericana, pasan por un período delicado, cuyo primer contratiempo se produjo en mayo de 2008, cuando el que sería nombrado enviado norteamericano para Pakistán y Afganistán, se refirió al gobierno actual como “débil” y “corrupto”. El presidente afgano viene sembrando una pequeña política de dardos envenenados hacia los actores externos, principalmente Estados Unidos, que se visualizó en febrero en la Conferencia de Seguridad de Munich, mediante un duro mensaje, achacando el resurgimiento de la violencia a errores estratégicos como “el retraso en construir una policía (…), la ineficacia en cortar la financiación a los grupos violentos (…), los arrestos arbitrarios (…), el aumento de los daños colaterales”, es decir, víctimas civiles.

EL GIRO POLÍTICO DESEADO

Karzai que gozó del respaldo de la Administración de George Bush, parece distanciado de la de Obama. En su intento por salir reelegido y para paliar la baja popularidad de su gobierno y de él mismo –producto de la corrupción generalizada, de la escasa implantación estatal, de la no visualización de mejoras para la población, del aumento de víctimas civiles, del narcotráfico, etc.–, ha optado por incluir en sus discursos ciertas críticas a las actuaciones externas y una mayor islamización del Ejecutivo actual, para acercarse más a la población. Ante la posibilidad de no gozar con el respaldo de los actores externos, viene propiciando, en los últimos meses, un discurso de aproximación a los talibán, que repudien la violencia y quieran integrarse en Afganistán.

“Hamid Karzai se ha caracterizado por tomar decisiones en solitario, dejando al margen a sus aliados y, en su afán por mantenerse en el poder está dispuesto a negociar con Dios y el diablo, si se tercia”Parece evidente que Estados Unidos y otros socios europeos desean dar un giro político en Afganistán que incluya a la presidencia de la nación. Uno de los vectores que ayudarían en este objetivo sería crear la figura del primer ministro quien llevaría las riendas del poder, a la vez que recortaría los poderes presidenciales, lo que supone la reforma de la Constitución y convocar una asamblea general. Es evidente el consenso externo para frenar las actuaciones al actual presidente y reducir sus poderes (The Guardian, 23 de febrero), puesto que Hamid Karzai durante los últimos años se ha caracterizado por tomar decisiones en solitario, dejando al margen a sus aliados y, en su afán por mantenerse en el poder está dispuesto a negociar con Dios y el diablo, si se tercia.

Sin embargo, no se duda que el actual presidente continuará en este cargo después de las elecciones de agosto, a la vista de los candidatos que aspiran al cargo. Por ahora, ninguno parece hacerle sombra, y el único que podría es el ex-ministro de Finanzas –Ashraf Ghani– que goza de amplia popularidad en el país, que se perfilaba como hipotético sucesor y que cuenta de la aprobación de los actores externos, pero tiene problemas de salud. Ante esta situación y la falta de un candidato de mayor agrado para los actores internos e internacionales, Karzai tiene el camino más fácil, pues como afirmaba un diplomático “nadie nos asegura que los otros candidatos no puedan ser 10 veces peores que Karzai”, dejando la apuesta clara.