wicker

Conozca el auge del movimiento evangélico en Estados Unidos en los años noventa y sepa por qué han pasado del desarrollo sin precedentes al declive actual.

(Desde Salt Lake City) DEBEMOS A HOLLYWOOD la proyección de la amplia realidad social y política de Estados Unidos. A través del tiempo, la incesante producción fílmica norteamericana no ha dejado sin mostrar aspecto alguno de la realidad del país. Y a ello no escapa el movimiento religioso evangélico, ese grupo asociado a una practica particularmente fervorosa del cristianismo.

En la película El Apóstol (1997), Jacques Duvall recrea magistralmente a un pastor evangélico del sur americano. Vehemente, gesticulando y transpirando de manera incesante, Duvall da vida a un componente central del movimiento: los predicadores. Valiéndose de una amplia batería de recursos emotivos y psicológicos, estos pregonan el evangelio como verdaderos San Pablos del Siglo XXI. Con recurrentes invocaciones bíblicas, confesiones de pecados públicas y el uso sugestivo de las manos, sacuden a los fieles del letargo espiritual en que los sume la sociedad de consumo actual.

A partir de la década de los noventa, el movimiento evangélico logró un desarrollo sin precedentes. A lo largo del país (y con particular fuerza en el sur) los evangélicos levantaron unas estructuras sin precedentes. Recaudaciones astronómicas, imponentes “mega-iglesias” y la aparición de pastores con dotes comunicacionales notables, posibilitaron este surgimiento. A su vez, la llegada a los medios de comunicación catapultó el mensaje más allá del ámbito estricto de las iglesias. Como muestra de esa “mediatización” evangélica basta mencionar un ejemplo: en 2005, la lista de libros mas vendidos compilada por el New York Times incluía en la categoría no ficción cuatro libros cuya autoria correspondía a reconocidos pastores.

EL BOOM EVANGÉLICO

Naturalmente, esta proyección permitió acceder a la arena política. Y una vez allí, los exponentes evangélicos se convirtieron en interlocutores obligados en la discusión de temas sociales, culturales, morales y políticos. Además, esta influencia creciente se vio reforzada por una gran capacidad movilizadora de los votantes cristianos. En un contexto marcado por la apatía electoral, el compromiso de los evangélicos en elecciones y referendos los convirtió en un factor a tener en cuenta.

Apoyando candidatos conservadores, pasaron a tener una notable influencia en distritos y elecciones claves. Y en el caso particular del Partido Republicano, a gravitar fuertemente en su vida interna. De este modo, han incidido en el arduo proceso de las primarias que conduce a la selección de los candidatos a presidente y vice. Y más importante aún, han ejercido una influencia innegable para configurar el mensaje partidario de cara a la nación.

En las últimas elecciones presidenciales, la designación de la gobernadora Sarah Palin como acompañante de McCain fue visto como un gesto inequívoco destinado a obtener el apoyo de los atentos grupos religiosos conservadores. Hasta aquí, esos mismo habían demostrado estar muy poco motivados por la figura del senador McCain. De igual manera, las elecciones presidenciales de 2000 pusieron en evidencia la fuerza del voto evangélico, permitiendo con su empuje el ajustado triunfo del entonces candidato republicano, George W. Bush. En 2006, habrían de asegurarle a Bush la reelección presidencial, esta vez de una manera mas holgada.

En 2006, la Conferencia Baptista del Sur (la mayor agrupación dentro del movimiento) lanzó una campana de conversión masiva. Los baptistas apuntaban a “cosechar” (tal fue la expresión utilizada) un millón de almas en tan solo doce meses. Si bien ese objetivo no fue alcanzado, el esfuerzo reveló de forma contundente tanto la ambiciosa agenda evangélica como la enorme maquinaria operativa en la que se sustenta.

CRONOLOGÍA DE UN DECLIVE

Pero hoy ese apogeo, parece haber dado paso a un declive pronunciado. En su libro The Fall of the Evangelical Nation (La Caída de la Nación Evangélica) la periodista norteamericana Christine Wicker presenta un panorama desalentador.

Adentrándole en la realidad del movimiento, visitando sus iglesias y dialogando con pastores, feligreses y ex integrantes, Wicker revela un movimiento en franco proceso de declive. Y consecuentemente, de perdida de influencia en la arena pública.

La pregunta obligada es: ¿cuáles son las razones de ese declive? Varios factores parecen conjugarse, algunos de orden interno y otros asociados a circunstancias externas. El eclipse evangélico parece producirse en un contexto donde el cristianismo como pilar cultural y social innegable de la nación estaría siendo puesto a prueba. En una edición reciente, el semanario Newsweek refería precisamente a esta tendencia.

Según Newsweek, Estados Unidos seria hoy una sociedad culturalmente mucho más compleja y diversa. En las últimas décadas, el impacto de corrientes migratorias constantes (en muchos casos, procedentes de regiones del planeta no cristianas) habría logrado ampliar su matriz cultural. La resultante de este proceso seria un país mucho menos homogéneo, y cuyas raíces se expanden en múltiples direcciones.

A este factor se sumarían otros, como la creciente indiferencia religiosa de las jóvenes generaciones, privando a las iglesias de la renovación de fieles, miembros y contribuyentes. Según Wicker, estaríamos ante un país menos religioso, o al menos con un menor compromiso hacia la práctica regular, formal e institucionalizada del culto, en este caso cristiano.

AUMENTO DE LOS AGNÓSTICOS

Para reforzar esta explicación, la periodista arroja una estadística contundente: entre 1990 y 2001, el número de personas autoidentificadas como agnósticas se duplico, pasando de 14 a 29 millones.

En el caso de los evangélicos, los indicadores disponibles parecen confirmar los peores pronósticos. Entre 1980 y 2005, la caída del número de bautismos realizados en la Iglesia Bautista del Sur se redujo aproximadamente 40 por ciento. Y un grupo donde esa caída es particularmente notable es en los sectores blancos de ingreso medio y medio-alto. Esta baja en las filas tiene además un impacto financiero para las mega-iglesias, dado los costosos programas en que se apoyan. Para compensar, los evangélicos han incrementado sus esfuerzos orientándose a dos comunidades hasta aquí no prioritarias en su trabajo misionero: hispanos y afroamericanos.

Un efecto asociado a este declive, señalan los analistas, es la incipiente reorientación en la agenda impulsada por los evangélicos. Así, se estaría pasando del enfoque casi excluyente en temas tales como el derecho a la vida, la promoción de la abstinencia sexual en los jóvenes y la oposición a las uniones civiles, entre otros, para conformar una agenda más “social”.

Wicker da cuenta del interés creciente de algunas iglesias evangélicas en contribuir a proyectos educativos, de salud o alimentación en barrios o sectores marginados. E incluso fuera del país, colaborando en países en vías de desarrollo.

LOS NUEVOS TIEMPOS

En algunas comunidades evangélicas, se habría generado incluso una incipiente apertura a dialogar con exponentes políticos liberales. Tal el caso del entonces senador Barack Obama. Cuando fue invitado por el pastor Rick Warren hablar a su congregación, se desató una enorme controversia. A nadie escapaba en esa comunidad el hecho de ser Obama un referente demócrata de primer orden de quienes favorecen el aborto. Sin embargo, fue escuchado con atención y finalmente ovacionado. Sin dudas, algo muy inusual, acaso imposible de haber tenido lugar en otros tiempos.

Resulta difícil pronosticar el curso futuro de estas tendencias. Y mas difícil en momentos como el actual, con una realidad en franco proceso de ebullición. La profunda crisis económica hace sentir sus efectos en todo la trama de la sociedad norteamericana. Y un aspecto que no puede escapar a ello, es la forma en que los distintos grupos, sectores e intereses actúan en la “plaza pública” y se relacionan entre sí. Sobre esta base, no debe sorprendernos que las dinámicas y visiones seguidas hasta aquí por los principales referentes evangélicos se ajusten a los nuevos tiempos.