obamaegyptspeechLanzar una nueva estrategia no tiene porqué ser positivo, ni siquiera para sustituir a otra fallida. Que la Administración de Obama haya decidido pasar a la historia por resolver el avispero medio oriental es la mejor de las señales, pero queda ahora por averiguar si detrás de esto hay algo concreto.

(Desde Madrid) NORMALMENTE, las grandes estrategias políticas requieren de pocas palabras. “América para los americanos”, subrayó James Monroe vetando cualquier aventura política europea en el Nuevo Mundo. A Kennedy le bastaron cuatro palabras pronunciadas en el lugar adecuado (ich bin ein berliner) para dejar claro a la Unión Soviética y al resto del mundo lo que pensaba de la guerra fría. Años más tarde Juan Pablo II utilizó apenas tres (non avete paura) para lanzar, además de un mensaje espiritual, un llamamiento político a todos los europeos que se encontraban detrás del Telón de Acero. Con su archifamoso “la suerte está echada” Julio César decidió cruzar el Rubicón para dar el golpe de Estado que acabó definitivamente con la Roma republicana e instauró las bases del Imperio. Y de Churchill recordamos la firmeza de su resistencia contra Hitler con un concepto: “sangre, sudor y lágrimas”.

“Benjamín Netanyahu presentará su propio plan para la zona, algo que no tenía ni previsto cuando accedió a la jefatura del Gobierno de Israel… Netanyahu ha decidido mover ficha”

Pues bien, Barack Obama ha necesitado de casi 6.000 palabras, pronunciadas eso sí con gran solemnidad y despliegue mediático, para que una parte importante de la opinión pública internacional quede totalmente confundida respecto al objetivo final sobre Oriente Medio del presidente de Estados Unidos que más expectación ha levantado en todo el mundo desde Kennedy (el de las cuatro palabras).

COMIENZAN LAS PREGUNTAS

Su discurso estructurado en seis puntos apenas ha pasado de la claridad formal para deslizarse en la oscuridad de la incertidumbre una vez que el auditorio comienza a preguntarse por los pasos concretos. Obama y sus asesores han pasado por alto las importantísimas diferencias culturales que se dan entre los múltiples auditorios a los que se dirigía: los europeos, los israelíes, Irán, el Islam moderado y el Islam radical. Paradójicamente cuanto más variopinta es la audiencia más simple tiene que ser el mensaje, de lo contrario, sucede que nadie queda satisfecho. Una hora hablando da para mucho, pero sobre todo da para que surjan las dudas sobre lo veraz que puede ser el mensaje. Cualquier general que arengue a sus tropas durante una hora antes de la batalla puede irse a casa sin luchar, porque ya ha perdido de antemano. Sin embargo un vendedor ambulante lo hará sin problemas.

“El peor enemigo de las células de Hamás –que pretenden convertir Cisjordania en una segunda base de lanzamiento de cohetes contra Israel– son las células antiterroristas de la Autoridad Palestina, entrenadas por Jordania y asesoradas por Israel”

Es verdad que las palabras de Obama (y otros varios miles de ellas pronunciadas por su secretaria de Estado y asesores enviados a la zona que no hemos escuchado ni escucharemos) ya han logrado que algo se mueva en el hasta ahora irresoluble rompecabezas medio oriental.

Benjamín Netanyahu presentará su propio plan para la zona, algo que no tenía ni previsto cuando accedió a la jefatura del Gobierno de Israel. Ahora, ante la constatación de que un silencio israelí podría crear una sensación de aislamiento internacional (falsa porque la alianza con Estados Unidos no ha estado nunca en cuestión), Netanyahu ha decidido mover ficha.

DIVIDE Y VENCERÁS

Los israelíes, y sus gobiernos, hace tiempo que se han resignado a la idea de que el conflicto con los palestinos no se resolverá en esta generación y que lo mejor y los más práctico es tenerlo controlado. De hecho para esto Netanyahu sí que tenía un plan basado en el “divide y vencerás” (otra vez Julio César). Se trata de crear una fractura territorial entre los moderados palestinos, en una Cisjordania donde mejoren notablemente las condiciones de vida y el autogobierno, y los radicales confinados en una Gaza en manos de Hamás. Y esta estrategia, iniciada con Olmert, está teniendo cierto éxito.

“Apenas minutos después de que el mandatario tendiera dialécticamente la mano el líder supremo de la revolución iraní, Ali Jamenei, aseguró que “los musulmanes odian a Estados Unidos” y Hezbolá, reiteraba su disposición a seguirse armando”

De hecho el peor enemigo de las células de Hamás –que pretenden convertir Cisjordania en una segunda base de lanzamiento de cohetes contra Israel– son las células antiterroristas de la Autoridad Palestina, entrenadas por Jordania y asesoradas por Israel.

LA MEJOR DE LAS SEÑALES

Sin embargo no queda tan claro que la exposición de Obama en El Cairo haya tenido el mismo efecto movilizador en el Islam radical. Apenas minutos después de que el mandatario tendiera dialécticamente la mano el líder supremo de la revolución iraní, Ali Jamenei, aseguró que “los musulmanes odian a Estados Unidos” y Hezbolá, reiteraba su disposición a seguirse armando, un factor de desestabilización en Líbano y en el resto de la región.

Lanzar una nueva estrategia no tiene porqué ser positivo, ni siquiera para sustituir a otra que no ha tenido éxito. La historia del conflicto de Oriente Próximo está llena de novedades que no llegaron a buen puerto. Que esta Administración haya decidido pasar a la historia por resolver el avispero medio oriental es la mejor de las señales que se podían esperar. Queda ahora por averiguar si detrás de esas señales se esconde algo concreto o todo queda en un ejercicio dialéctico. Palabras más, palabras menos.