reutemannQuién pierde en Argentina las elecciones legislativas que tienen lugar dos años antes de la competencia presidencial, irremediablemente pierde las presidenciales.

(Desde Buenos Aires) EL KIRCHNERISMO sufrió el pasado domingo 28 de junio un severísimo revés en unos comicios legislativos que, en gran medida, sirven para delinear el panorama electoral con vistas a las presidenciales de 2011.

Tras años de holgadas mayorías en las Cámaras de Senadores y Diputados, el saldo de los comicios sentenció que a partir de diciembre el oficialismo quedará con un legislador menos que la mayoría en el Senado (siempre que el bloque oficial no sufra nuevas deserciones) y a más de 30 bancas del quórum propio en la Cámara de Diputados en Buenos Aires.

POCAS CHANCES PARA EL OFICIALISMO

Pero lo que es todavía más preocupante para la menguada estructura del poder oficial es la siguiente combinación de factores que ha dejado la reciente compulsa electoral: mientras buena parte de los “presidenciables” opositores se alzaron con importantes victorias (Julio Cobos en Mendoza, Mauricio Macri en la Ciudad de Buenos Aires y Carlos Reutemann en Santa Fe), las tres figuras con mayores posibilidades del oficialismo (la presidenta Cristina Fernández, el ex presidente Néstor Kirchner y el gobernador de la Provincia de Buenos Aires, Daniel Scioli) han quedado severamente debilitados con vistas a 2011.

Sin embargo, los resultados electorales también han golpeado a algunos “presidenciables” de la oposición, siendo el caso más notorio el de Elisa Carrió (líder de la Coalición Cívica), cuya lista quedó ubicada en un lejano tercer puesto en la ciudad de Buenos Aires. Tampoco puede dejar de mencionarse como un “derrotado” de la jornada al gobernador santafecino Hermes Binner, cuyo delfín (Rubén Giustiniani) cayó, aunque por estrecho margen, con Carlos Reutemann en la competencia por la primera senaduría nacional de la provincia de Santa Fe.

“Será necesario que el gobierno acuerde un esquema que le permita transitar los dos años y medio que le restan de mandato del modo más ordenado posible.”

EL QUE PIERDE EL CONGRESO, PIERDE LA CASA ROSADA

Así las cosas, pareciera que todo se encamina hacia la repetición de un fenómeno que se ha convertido en regla en la Argentina desde el retorno de la democracia en 1983: quien pierde las elecciones legislativas que tienen lugar dos años antes de la competencia presidencial, irremediablemente pierde las presidenciales.

Así ha ocurrido en 1987 (caída del alfonsinismo frente a la renovación peronista y posterior triunfo de Menem en las presidenciales de 1989), 1993 (derrota radical frente al menemismo y cómoda reelección de Menem en 1995), 1997 (derrota del menemismo frente a la Alianza de radicales y frepasistas, que en 1999 alcanzarían el gobierno de la mano de Fernando De la Rúa), 2001 (derrota del radicalismo frente al peronismo y posterior sucesión de presidentes peronistas hasta llegar al triunfo de Néstor Kirchner en 2003) y 2005 (aplastante victoria del kirchnerista Frente para la Victoria sobre un grupo heterogéneo y desarticulado de opositores).

EL PERONISMO FEDERAL

En este contexto, una primera cuestión que merece especial atención es el imperativo de la gobernabilidad, para lo cual será necesario que el gobierno acuerde un esquema que le permita transitar los dos años y medio que le restan de mandato del modo más ordenado posible.

En este punto juega un papel preponderante la habilidad que demuestre el gobierno para relacionarse con el “peronismo federal”, es decir, con el conjunto de gobernadores y líderes provinciales que a partir de ahora tendrán un papel mucho más relevante en términos de gobernabilidad que el que les cupo hasta el día de la elección.

En este sentido, si hasta el domingo de las elecciones los líderes peronistas del interior fueron parte del engranaje de poder y reconocían a Néstor Kirchner como su jefe natural (aunque desde el conflicto con el campo por la resolución 125, algunos de ellos tomaron distancia del ex presidente, en especial el santafecino Carlos Reutemann, el cordobés Juan Schiaretti y el entrerriano Jorge Busti), desde la madrugada del lunes –cuando se conocieron los resultados electorales– dejaron de ser sus subordinados en un esquema de poder para convertirse en piezas claves del bloque federal que puede asegurar la gobernabilidad hasta 2011.

DE SUBORDINADOS A PARES

Ahora bien, aún cuando en principio la necesidad de diseñar un esquema “peronista-federal” de gobernabilidad pareciera ser, ante todo, una urgencia del gobierno kirchnerista, lo cierto es que el conjunto de mandatarios y líderes provinciales peronistas –hasta ayer subordinados y hoy pares del ex presidente en la conducción del peronismo– también necesitan, en aras de un futuro promisorio, que este esquema funcione correctamente.

¿Qué es lo que se negociará en la mesa del “peronismo federal”? En primer lugar, una redistribución del poder (y, por ende, de los recursos). Hasta el domingo de las elecciones, Néstor Kirchner manejó con mano de hierro las decisiones asociadas al ejercicio del poder en el seno del peronismo. Un liderazgo como el de Kirchner, viejo defensor acérrimo del federalismo en sus tiempos de gobernador santacruceño, había devenido en el más rancio discrecionalismo centralista, por ejemplo, a la hora de la distribución de los fondos a las provincias. Esta lógica discrecional se ha terminado con la derrota electoral.

El gobierno kirchnerista deberá compartir espacios de poder. No es casual, en este sentido, que la primera decisión importante de Néstor Kirchner luego de la derrota haya sido justamente la de resignar la jefatura del partido (que ha quedado en manos del vicepresidente primero, el gobernador bonaerense, Daniel Scioli). El gobierno deberá, además, ceder espacios en el gabinete con un “criterio federal” (tampoco sorprende que la primer vacante ministerial, en el área de Salud, haya sido cubierta con el nombramiento del vicegobernador de la provincia de Tucumán, Juan Manzur).

“Todavía está presente en la memoria de los argentinos –y particularmente de los peronistas– la etapa final del gobierno de Carlos Menem, envuelto en flagrantes casos de corrupción y en una batalla sin cuartel contra su enemigo partidario, el entonces gobernador bonaerense, Eduardo Duhalde.”

REPARTIR LA CAJA

Finalmente, el gobierno recibirá presiones de esta “mesa federal” por encarar una agenda parlamentaria que incluya cuestiones sensibles a los gobiernos provinciales: coparticipación federal, retenciones a las exportaciones agrícolas, mejora en la distribución de los fondos asociados a la ley del cheque, etc.

Sin embargo, las necesidades no son sólo del gobierno nacional, sino que los líderes provinciales del peronismo también necesitan, si desean tener chances efectivas de acceder al poder en 2011, que el gobierno transite de manera ordenada el tiempo que le resta de mandato. Eso significa, entre otras cosas, mantener robustas las variables clave del modelo económico y reducir al mínimo las confrontaciones intrapartidarias.

Todavía está presente en la memoria de los argentinos –y particularmente de los peronistas– la etapa final del gobierno de Carlos Menem, envuelto en flagrantes casos de corrupción y en una batalla sin cuartel contra su enemigo partidario, el entonces gobernador bonaerense, Eduardo Duhalde. Aquella situación terminó por minar cualquier chance electoral del peronismo y por facilitar el acceso al poder de la Alianza (UCR/Frepaso), comandada por Fernando De la Rúa y Carlos “Chacho” Álvarez. Cualquier escenario semejante aterra a los peronistas, que si algo sufren, es la lejanía del poder.

LOS PRESIDENCIABLES EN CARRERA

Prima facie, la elección del domingo ha dejado en la pole position de la carrera presidencial a tres figuras: al vicepresidente de origen radical, Julio Cobos; al senador santafecino, Carlos Reutemann; y al jefe de gobierno porteño, Mauricio Macri.

El primero, contra una serie de encuestas que auguraban un final más reñido, contribuyó, al tomar parte directa en la campaña electoral, a que el senador Ernesto Sanz (un candidato radical con peso propio) se impusiera categóricamente (por 25 puntos) en la provincia de Mendoza, un reducto gobernado por el oficialismo kirchnerista desde 2007. De este modo, Cobos sigue en pleno ascenso desde hace más de un año, cuando se distanció del gobierno del que es vicepresidente, al votar en contra del proyecto oficial de rentenciones móviles a las exportaciones agrícolas (Resolución 125). Desde entonces, Cobos no dialoga con la presidenta, Cristina Fernández, y finalmente, en estas elecciones, ha adoptado un perfil decididamente opositor.

COBOS Y REUTEMANN

La proyección presidencial de Cobos dentro del espacio que se ha dado en llamar “panradical” (radicalismo, socialismo, Coalición Cívica), se ha visto fortalecida por el debilitamiento en las recientes elecciones de los otros dos referentes principales de ese espacio: el socialista Hermes Binner (perdedor en Santa Fe frente a Reutemann) y la dirigente Elisa Carrió (derrotada en la Ciudad de Buenos Aires). Además, la Unión Cívica Radical –a la que se reintegraría Cobos una vez que finalice su mandato como vicepresidente– ha realizado una excelente elección a nivel nacional, ganando incluso en territorios históricamente hostiles (como Entre Ríos y la Santa Cruz del matrimonio Kirchner).

Otro triunfador de la jornada fue Carlos Reutemann, quien renovó su banca en el Senado por la provincia de Santa Fe. Contra la mayoría de las encuestas, que en las últimas semanas daban una ajustada victoria a Rubén Giustiniani (apoyado por el popular gobernador de la provincia, el socialista Hermes Binner), Reutemann pudo sacar provecho de su enorme apuesta y es, al final de cuentas, el peronista con chances presidenciables que mejor posicionado ha salido del entuerto electoral. Será, sin dudas, una de las voces más importantes de la mesa “federal-peronista” que deberá asegurar la gobernabilidad de aquí a 2011. Cuenta, además, con el invalorable apoyo de la corporación mediática, el establishment empresario y el respeto de casi todos los peronistas.

SIN RUMBO

La lista de ganadores con proyección presidencial se completa con Mauricio Macri. Pese a no haber ganado en su distrito por la distancia esperada (su candidata, Gabriela Michetti, debió lidiar con la sorpresiva performance electoral de Proyecto Sur, del cineasta Pino Solanas), el mayor éxito del jefe de gobierno porteño ha sido el de pergeñar la alianza (Unión PRO) que dio el mayor batacazo de la jornada: la derrota de Néstor Kirchner en la provincia de Buenos Aires a manos del empresario Francisco De Narváez. Fue justamente Mauricio Macri, quien en febrero de este año convocó a De Narváez y a Felipe Solá (un ex kirchnerista que fue segundo en la lista ganadora) para que conformaran un frente común contra el kirchnerismo. La figura de Macri va cobrando, poco a poco, dimensión nacional.

“Ha cambiado la política y ha cambiado la sociedad. Creo que el gobierno debe asumir esos cambios y cambiar también. Yo se lo venía diciendo a Néstor y a Cristina en nuestras habituales reuniones. Pero consideré que un gesto público era mejor que un consejo. Por eso, renuncié”.

“Uno de los errores garrafales del kirchnerismo, que condujo al desenlace electoral del pasado 28 de junio, fue el conflicto con los productores rurales por las “retenciones móviles” a las exportaciones de granos.” Estas palabras, pronunciadas por Alberto Fernández –ex jefe de Gabinete y kirchnerista de la primera hora–, al dimitir a su cargo en julio de 2008, son la mejor muestra de los errores del kirchnerismo en los últimos dos años. El revés electoral sufrido por el kirchnerismo no significa que todo se haya hecho mal. Sí muestra, en cambio, que ha habido un enorme desgaste, consecuencia de un proyecto que en determinado momento perdió el rumbo.

PERSONAJES IRRITANTES

Uno de los errores garrafales del kirchnerismo, que condujo al desenlace electoral del pasado 28 de junio, fue el conflicto con los productores rurales por las “retenciones móviles” a las exportaciones de granos. A ello se suma el abandono del gobierno por parte de sectores progresistas, el refugio de Kirchner en lo más retrógrado del peronismo bonaerense, el mantenimiento a capa y espada en el elenco de gobierno de figuras irritativas (como los secretarios de Transporte, Ricardo Jaime, y de Comercio Interior, Guillermo Moreno) y el descalabro en que se sumió al Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC), intervenido “de facto” por el secretario Moreno desde hace dos años.

Sin embargo, no debe olvidarse que se trata también de un proyecto que tuvo al presidente que salió del poder con el mejor índice de ponderación social de la democracia: más de un 70 por ciento de aprobación al final de su mandato, en diciembre de 2007. Néstor Kirchner adoptó muchas decisiones correctas: reforzó el poder presidencial en tiempos de crisis, negoció y desendeudó al país como ningún otro mandatario, impulsó una Corte Suprema honorable e hilvanó una política de derechos humanos, que vino a completar la gesta iniciada por Raúl Alfonsín cuando despuntaba la democracia recuperada.

Ahora que comenzamos a transitar el post-kirchnerismo, con una renovada estructura “peronista-federal” de poder y la emergencia de nuevos liderazgos con proyección presidencial (Cobos, Reutemann, Macri), es momento de hacer balances. Y hacer balances significa marcar los errores para corregir el rumbo, pero también destacar los aciertos, para no volver a los yerros del pasado.