Siempre en la historia de la humanidad, los poderes político, económico y militar sumados otorgan a sus dueños el ansiado control sobre los destinos de los demás. Esto es un axioma fundamental en el estudio de las relaciones internacionales en un contexto histórico de amplio horizonte temporal.

(Desde Santiago de Chile) “LA CASA BLANCA AMANECIÓ tomada por más de trescientos efectivos de élite, la familia Obama ha sido apresada y se encuentra en cautiverio en su propio hogar. El ejército se ha tomado las capitales de los estados de la Unión a las 0300 horas y la flota del Pacífico se ha distribuido de modo de impedir el tránsito por las aguas jurisdiccionales norteamericanas. La Guardia Nacional se esparce por las calles de las ciudades adhiriendo al levantamiento. Los líderes republicanos no reportan paradero conocido. En tanto, la fuerza aérea ha tomado el control de los principales aeropuertos. Las embajadas, en todo el globo, vieron quintuplicada su dotación de marines y boinas verdes…” y sigue “…La convulsión planetaria se desató y la red mundial de comunicaciones se ha visto sobrepasada, Internet está dejando de funcionar en todos los países, las naciones del Cáucaso y de Oriente están convocando a sus líderes con urgencia, todas las naciones aconsejan a sus ciudadanos regresar a sus países…”. “…¡Esto es increíble!, en unas pocas horas el mundo ha alcanzado niveles de entropía jamás conocidos…”

Estos son fragmentos de un texto en desarrollo de un imaginativo escritor latinoamericano que, hace tan sólo unos minutos me lo dio a conocer. Mientras me lo comentaba, aún en su burbuja creativa, su adrenalina le hacía expresarse con una celeridad inusitada, igual que su historia, su proyecto en pleno proceso de escritura. El título de este análisis es el título de su manuscrito, lo he tomado con su expresa autorización, no le preocupa, pues como me ha dicho, es el primero que vino a su mente, el nombre definitivo lo atesora como su mayor secreto.

“A veces esperan la caída para cooperar, aunque casi siempre se hacen de alguna parte de la propiedad de riquezas y recursos de alto valor económico y estratégico.”

APROVECHANDO LA INESTABILIDAD

En muchos puntos del planeta se están produciendo sublevaciones, levantamientos y asonadas, podemos denominarles de tantas maneras. Cuando se trata de países pequeños, con una baja influencia en el equilibrio mundial, las naciones más desarrolladas salen a defender los fundamentos de la democracia. A veces esperan la caída para cooperar, aunque casi siempre se hacen de alguna parte de la propiedad de riquezas y recursos de alto valor económico y estratégico.

Es claro, y así se ha sido siempre en la historia de la humanidad, que los poderes político, económico y militar sumados otorgan a sus dueños el ansiado control sobre los destinos de los demás, esto es un axioma fundamental en el estudio de las relaciones internacionales en un contexto histórico de amplio horizonte temporal. Sin embargo, la sociedad humana propugna la defensa de la paz, la solidaridad, el acceso a las oportunidades y el derecho de cada individuo a buscar el fin último de la vida: la felicidad en su paso lo que, por cierto, los apetitos hegemónicos acendrados impiden.

LA CRISIS ORIGINA DE EL SENO DEL ALMA HUMANA

Aún con los acuerdos de reducción de arsenales críticos de las grandes potencias, y con la lucha contra el terrorismo, el mundo se encuentra “equipado” de suficientes elementos destructivos como para arrasar potencialmente con millones de seres vivos y con grandes reservas verdes en todo el globo. Probablemente la especie humana jamás se desprenda de esta amenaza, es más, y es muy probable, aún deben haber mentes afiebradas desarrollando nuevos engendros de destrucción. Es el germen del mal coexistiendo con las grandes y prodigiosas obras logradas por el hombre.

Atravesamos por una crisis mundial, originada en el seno del alma humana. Siempre los apetitos desmedidos desencadenan alguna tragedia. Esta no es la excepción. Los “blindados” del mundo enfrentan el chaparrón del “ciclo contractivo”, los menos afortunados pierden los empleos y los bienes que tanto les ha costado conseguir. La solidaridad acaba cuando se impone la ambición. Las sentencias exhortando al progreso, al desarrollo y a los mismos derechos para todos se morigeran, atenúan, o simplemente desaparecen, cuando arrecia una tormenta como las crisis pandémicas. El hombre aún no se aleja sino unos centímetros de nuestros antepasados griegos o romanos.

“Cuando Nicolás Copérnico le mostró al mundo cómo funcionaba el mecanismo celeste los Conservadores contemporáneos rasgaron vestiduras y se aferraron fuertemente a sus convicciones, con el devenir del tiempo el mundo reconoció que su aporte revestía todas las características de una revolución.”

REMEZÓN COPERNICANO

¿Cómo se origina esta vorágine de ideas? Simple, la desestabilización hondureña, una más entre tantas ciertamente, debe hacernos reflexionar profundamente, pues existen en desarrollo otros focos análogos en otros puntos del mapa. Y ¿Si al relato del escritor con que comienzo este texto simplemente le cambiáramos el nombre del país, y lo reemplazáramos subsecuentemente por otros de países influyentes? ¿Los demás también se sentirían poseedores de la verdad, para aconsejar, presionar o imponer una salida, en pos de los altos intereses de la sociedad? ¿No será un buen momento para que la civilización toda entre en una instancia de reflexión, acerca de la verdadera responsabilidad que, a cada uno de nosotros, le cabe respecto de la paz y la armonía de la especie humana?, porque aún de diferentes razas, credos o jerarquía social somos todos seres humanos, y tenemos el derecho a forjar nuestro destino con equidad, sin cruzar jamás la frontera que causa daño o detrimento al otro.

Cuando Nicolás Copérnico le mostró al mundo cómo funcionaba el mecanismo celeste los Conservadores contemporáneos rasgaron vestiduras y se aferraron fuertemente a sus convicciones, con el devenir del tiempo el mundo reconoció que su aporte revestía todas las características de una revolución. La palabra revolución hay que entenderla en contexto amplio, no circunscrita a mezquinos perímetros analíticos. Como él han sido muchos los grandes hombres que han logrado que la Humanidad progrese y se desarrolle verdaderamente, no habría espacio para mencionar a tantos. Quizás por este fenómeno es que al poner el fuego en las manos del asador, como en el fragmento de relato, podamos ponernos en el lugar de los otros, entender sus dolores y sus sueños. El impacto del texto que les he citado me provocó un “remezón copernicano”, y me he visto impelido a preguntarme cómo puedo contribuir, espero que me dure por mucho tiempo y que se contagie a otros.