uruguay-bLas lecciones de un viaje a Costa Rica.

La campaña electoral en Uruguay podría adquirir más interés si algún candidato tomara una decisión lúcida y urgente: cuestionar la necesidad de tener militares. Un reciente viaje de este articulista a Costa Rica, invitado a dar una conferencia en un encuentro de Comunicación Política, fue la oportunidad para observar una realidad que motivó este artículo, en el que contrasta el pragmatismo y el realismo de los “ticos” con la falta de realismo de los orientales.

En Costa Rica, el 1 de diciembre de 1948, el presidente Figueres decidió –con sentido práctico que le honra-, que el país no necesitaba fuerzas armadas. Licenció al ejército, y desde entonces el país no tiene militares. Han transcurrido más de sesenta años, y el tiempo le dio la razón a Figueres.

Costa Rica: “Se proscribe el ejército como institución permanente”.

El gobierno del presidente Figueres acordó lo siguiente: “Se proscribe el ejército como institución permanente. Para la vigilancia y conservación del orden público, el Estado contará con las fuerzas de policía necesarias. Sólo por convenio internacional o para la defensa nacional podrán organizarse fuerzas militares, las cuales, lo mismo que las de policía, estarán siempre sujetas al Poder Civil, y no podrán deliberar ni hacer manifestaciones o declaraciones, en forma individual ni colectiva“.
Sesenta años después, el gobierno de Oscar Arias, comentando lo anterior, afirma: “La abolición del ejército ha hecho posible que se destinen más recursos públicos al desarrollo del país, especialmente en materia de educación, salud y cultura, ha legitimado la vía electoral como único camino de acceso al poder, y ha impedido la formación de un grupo militar capaz de cobrar autonomía e intervenir directamente en el destino de una nación”.

La educación, la salud y la seguridad social, beneficiadas..

Esa decisión política permitió a Costa Rica derivar recursos que hubieran sido dilapidados por los militares –sin beneficio para nadie-, en la educación. Costa Rica cumple con el mandato constitucional de entregar el 6% de la producción interna a la educación de los ciudadanos. España dedica sólo el 4%. Los recursos para educación representan casi la cuarta parte del presupuesto total. La Profesora Marta Eugenia Monge Piedra, autora del libro “La Abolición del Ejército en Costa Rica”, afirmó: “No tener ejército nos ha permitido invertir en desarrollo. La educación, la salud, la seguridad social, la protección de la naturaleza, la infraestructura para el transporte, han sido posibles gracias a que se ha dispuesto de un presupuesto nacional libre de ejército” (4/08/2009).
En Costa Rica la tasa de alfabetización es de un 97,5%, siendo la más alta de Centroamérica. Este articulista pudo ver, en la plaza principal de Alajuela –ciudad que está a unos 20 kilómetros de San José- a un costado de la catedral, un edificio de dos plantas, almenado. Hasta 1948 fue un cuartel. Ahora es un instituto de enseñanza.

¿Para qué quiere Uruguay gastar en armamento?

En el mundo hay unos veinticinco países sin militares. Si pensamos que un tanque -de segunda mano- puede costar 500.000 dólares, y que hay que tener más de uno para impresionar a los vecinos, por ejemplo, cincuenta, estamos ante veinticinco millones de dólares en sólo un artículo para las Fuerzas Armadas.
Si pensamos que un avión militar cuesta 50 millones de dólares, y que hay que tener varios para no hacer el ridículo, podemos hacernos una idea del coste desmesurado que supone para los ciudadanos mantener unas fuerzas armadas que no tienen ninguna utilidad.
El arma de caballería de Uruguay destaca en su web: “Efectos psicológico que sus medios ejercen sobre el enemigo por su aptitud para el choque: resultante de su movilidad, del blindaje y de su potencia de fuego”. ¿Es posible que el arma de aballería oriental pueda “asustar” al ejército de Brasil, o al de Argentina, con sus efectos psicológicos?

Siete millones de dólares en fusiles, cuatro millones en blindados.

Uruguay compra fusiles STEYR AUG a Austria. Gasta unos 7 millones de dólares en comprar 3.500 armas, cuyo uso no servirá para nada, salvo para empobrecer al país con juguetes que nunca tendrán otro uso que el de maniobras militares simulando atacar a un enemigo inverosímil.
A esa compra hay que añadir la adquisición de 40 blindados General Dynamics Armoured Vehicle General Purpose, de segunda mano, que Canadá ha dado de baja. Los antedichos blindados viajan a Chile para ser reacondicionados en la empresa FAMAE, a un costo aproximado de 100.000 dólares por blindado, importe que incluye lo que cobra la empresa chilena. ¿Puede ese país gastar cuatro millones de dólares en equipos que no le sirven para nada?

13 millones de euros en dos fragatas compradas a Portugal.

La Armada Nacional compró dos fragatas a Portugal. Esos buques, que ya tienen cerca de 40 años, tampoco parece que tengan mucha utilidad, porque el derecho internacional puede encargarse perfectamente de poner en su lugar al que viole las aguas jurisdiccionales del país. Se dice que pagaron 13 millones de euros, que no redundarán en ningún beneficio para los ciudadanos, porque es falso el modelo que da en decir que hay que tener recursos para la defensa para poder defender la soberanía nacional.
Las soberanías nacionales tienen hoy mucho de farsa, y el derecho internacional y el equilibrio entre las naciones constituyen un sistema que se autorregula suficientemente bien, como para caer en estos gastos infantiles, como sabe bien Costa Rica. ¿Qué fue lo primero que hicieron esas fragatas? Pues chocar entre sí en Sudáfrica…

La necesidad de derivar recursos económicos a la educación.

El país carece del impulso que en otros países supone el sector industrial. Tampoco el sector militar genera beneficios, ni exporta tecnología, como es el caso de la industria de armamento en Francia, Gran Bretaña o Estados Unidos. El coste del ejército uruguayo no tiene beneficios para la sociedad. Su oficialidad es una elite disfuncional. Su tropa es perfectamente prescindible.
La inversión en ciencia y tecnología es sólo del 0,3% del PBI, mientras en Brasil es el 1%, en Chile el 0,7% y en USA y Japón ronda el 3%. Me dicen que un biólogo gana en Uruguay 25.000 pesos (USD 1075), y al final de su carrera profesional puede alcanzar los 40.000 pesos (USD 1720).
Danilo Astori, cuando era ministro de Economía, refiriéndose al presupuesto para la educación, dijo que “el Uruguay no está en condiciones de incrementar significativamente el volumen total de su gasto. Sencillamente no podemos”. Minutos antes el rector le había recordado que Uruguay “está en el lugar 111 en el informe 2004 del PNUD” por los bajos recursos dedicados a educación (7/07/2009).
Suponiendo que el porcentaje del presupuesto que se destina a gasto militar sea el 1,3% -estos datos corresponden al año 2006-, y que el país gaste 250 millones de dólares en defensa, podemos imaginar lo que ese dinero podría suponer para la educación.
Y para la seguridad: el Uruguay ha perdido la batalla de la seguridad ciudadana. Ese es el enemigo a batir. Hoy necesita una policía fuerte, profesional y bien pagada.

El Uruguay puede (y debe) prescindir del ejército.

Desengañémonos: a Uruguay las fuerzas armadas no le son de ninguna utilidad. Más bien constituyen un fraude. La historia lo demuestra. Nunca tuvieron un comportamiento relevante. En el siglo XIX sólo sirvieron para perpetrar un genocidio contra la vecina república del Paraguay, en un triunfo pírrico, en el que el país no obtuvo ningún beneficio territorial. Tras la última guerra civil, en 1904, su inutilidad parece indiscutible. Y en 1973, cuando la guerrilla ya estaba derrotada, perpetró un cruento golpe de Estado contra la sociedad, protagonizando asesinatos y violaciones de los derechos humanos. Los militares quedaron deslegitimados. Usaron las armas compradas con los impuestos de los ciudadanos para cercenar vidas, torturar, perseguir, y privar de la libertad a todos. En definitiva, su actuación fue típicamente colonial: en 1864, al servicio de Brasil y Argentina; en 1973, al servicio de Estados Unidos y su Doctrina de la Seguridad. Y hoy los militares uruguayos sólo son un agujero negro que se traga una parte relevante del presupuesto nacional, sin beneficio para nadie.

Un referéndum para conocer la opinión de los ciudadanos.

En octubre Uruguay celebra elecciones. Me dicen que la cuestión militar no es un issue de la campaña electoral. Pero podría convertirse en un tema de campaña si alguien lo plantea. No lo harán los blancos ni los colorados. Tampoco será el gobernante Frente Amplio. Otros deberán ser los que hagan suya esta idea, sin un enfrentamiento frontal contra los uniformados: simplemente, podrían proponer un referéndum sobre el tema, para conocer qué opinan los ciudadanos.
Ahí hay una idea relevante. Veamos si alguien recoge el guante. El mensaje hacer más interesante la campaña electoral, podría influir en los indecisos, que son el 7%, y acaso conseguiría coadyuvar a repensar el país del Siglo XXI, tarea que nadie consigue abordar con creatividad y con imaginación.