libertad-de-prensa-en-venezuelaEn apenas unas semanas, hemos comprendido lo que significaba para Hugo Chávez la “intensificación del proceso revolucionario” y “pisar el acelerador”. Este pensamiento, finalmente, se ha reducido a un incremento en la represión contra los medios de comunicación no afines al régimen, a la persecución de todas las protestas de la oposición, a la utilización sistemática de la violencia para amedrentar cualquier forma de disidencia y para destruir hasta el último vestigio de lo que quedaba de la endeble y machacada sociedad civil venezolana. Luego está el asunto de la educación, donde la dictadura chavista ha decidido pasar a la acción y comenzar el adoctrinamiento desde las escuelas de todos los jóvenes venezolanos. Las recientes Leyes relativas a la educación aprobadas por el régimen caminan hacia el control total del sistema educativo venezolano.

El régimen se ha quitado la careta y ha mostrado en estos días, agresiones a periodistas por medio, su faz más brutal. La responsabilidad de todo lo que está ocurriendo, en esta sociedad absolutamente bipolarizada, es de Hugo Chávez. Al igual que en el nazismo, el máximo líder señala los objetivos a batir y a golpear; más tarde, las “comités de defensa de la revolución” chavistas, compuestas por personas de baja extracción social totalmente fanatizadas y seducidas por el influjo del máximo líder, atacan. Y luego, siguiendo el maquiavélico guión de todos los regímenes fascistas, Chávez condena la acción que él mismo, con su retórica incendiaria y su discurso militarista, puso en marcha. Ya criminalizó en el pasado a la comunidad judía y después sus Tonton Macoute arrasaron varias organizaciones y asociaciones judías. Se trató, en una versión reducida, de una suerte de Cristalnacht (Noche de los Cristales Rotos) venezolana. Qué vergüenza.

Estamos, hablando en terminología maoísta, inmersos en plena “revolución cultural” en versión caribeña. Siguiendo los pasos del Gran Timonel chino, Mao Tsé Tung, el ex golpista Chávez está atizando los sentimientos populares contra los intelectuales, los periodistas, los disidentes y los estudiantes, pues, según él, peligra el proceso revolucionario. Una vez consolidado el monopolio de los medios de comunicación y sometida la educación al estricto control del régimen, apenas quedarán espacios para el ejercicio de la crítica y el debate acerca de las cuestiones fundamentales que atañen a la sociedad venezolana. Venezuela se está cubanizando a marchas forzadas, mientras que en el país que supuestamente es el modelo, Cuba, se atisban algunos signos para la esperanza y el cambio.

Sin embargo, que nadie se engañe: la situación puede, incluso, empeorar y encaminarse hacia una mayor dureza en el trato a los sectores que todavía defienden la libertad de expresión y una democracia plena para Venezuela. Chávez, con tal de seguir en el poder otros diez años más, es capaz de todo. En el pasado, utilizó todos los recursos políticos, incluyendo el fraude electoral y la descarada compra de votos, para ganar todas las consultas –menos una- y elecciones celebradas en el país. El Estado también es utilizado sin ningún rubor para sus fines políticos, es tan sólo una maquinaría propagandística y electoral del desenfrenado régimen chavista. Nada invita a pensar que ahora vaya a cambiar, sino más bien lo contrario: Chávez se radicaliza y presa del pánico, ante una previsible bajada del petróleo, que le nutre y le permite sus aventuras continentales, busca el control total de la sociedad. Todo vale con tal de seguir en el poder.

Comienza la cuenta atrás para la sociedad venezolana

El proyecto de Chávez es totalitario, hegemónico y nutrido, tal como describía muy acertadamente el historiador Enrique Krauze, de muchos elementos del fascismo. El dictador venezolano se cree un hombre heroico que ha colocado la historia en un momento providencial para llevar a cabo una gran tarea: la construcción del “socialismo del siglo XXI y liderar al continente hacia ese objetivo impreciso, ya fracasado y condenado al naufragio. El liderazgo de Chávez en América Latina está sustentado y fundamentado en el uso y manejo del dinero del petróleo en su proyecto continental, es decir, en la financiación ajena a ningún control de los Estados más infuncionales, corruptos y fracasados, como son la Cuba de los hermanos Castro, la Nicaragua sandinista, la Bolivia de Evo Morales y el Ecuador de Rafael Correa. También lo intentó con Honduras, pero el tiro, por suerte para los hondureños, le salió por la culata. Honduras se encamina ya, sin discusión, hacia la plena normalización política y constitucional. En definitiva, Chávez se gasta el dinero de los venezolanos en su proyección exterior y en su aventurada carrera por liderar al coste que sea a América Latina.

Resumiendo, Chávez se prepara para dar el gran salto adelante y consolidar definitivamente su poder por otro largo periodo, muy al estilo de su adorado Castro. La relación paterno-filial que mantienen Chávez y Castro será material de estudio en el futuro para la psicología política. Ambos comparten la misma visión totalitaria y cerrada del mundo, desdeñan al modelo occidental y a ese gran logro de la civilización que es la democracia y se encuentran cómodos recibiendo y compartiendo conversación con los tiranos de medio mundo. Sólo así se puede comprender como personajes de tan escasa catadura moral y política, auténticos tiranos en el peor sentido de la palabra, como Mahmud Amadineyad, sean recibidos con todo lujo de detalles y alfombra roja en Caracas y en La Habana, pero también en La Paz, Quito o Managua. Incluso Chávez ha llegado a defender a dictadores como Alexander Lukashenko, el déspota de Bielorrusia que ya no tiene quien le escriba y que incluso es repudiado por su antaño aliada Rusia.

Anécdotas al margen, Venezuela vive su hora más crítica, ese momento que también vivió Castro a comienzos de los sesenta, cuando el régimen cubano se quitó la máscara y cerró la isla a cal y canto por décadas. Desde aquellas fechas, como todos saben, no volvió a soplar el aire fresco en La Habana. Cuba se convirtió en una ergástula de diez millones de presos. Ahora, sabedor de que el tiempo apremia y que quien golpea primero golpea dos veces, Chávez cumple al pie de la letra con el guión castrista. Si la sociedad venezolana no es capaz de reaccionar a tiempo y movilizarse unida, tal como hizo en diciembre de 2007 derrotando al sátrapa en una consulta, el coste político de su inacción será el largo y conocido camino hacia la tiranía sin justicia y libertad. Que Dios nos coja confesados. También a Venezuela.