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Auge de la piratería en el Índico y claves del conflicto somalí

pirata somalíEl país vive en el caos, y la piratería es tan solo una de sus consecuencias. La región del noroeste, Somalilandia, es casi un Estado independiente. El sur de la capital y la zona meridional del país están dominados por Al Shabab, un grupo islamista vinculado a Al Qaeda (con algún apoyo eritreo). La piratería tiene su base en la región noreste de Putlandia, por el estratégico Golfo de Adén transitan 21.000 buques anualmente, siendo un punto de conexión del índico con el Mediterráneo, por donde pasa el 13% del tráfico mundial (petróleo de Oriente Medio incluido).

En el siglo XIX británicos e italianos intentaron implantar sin éxito un sistema de leyes occidental, en un lugar donde las disputas se dirimen aun hoy por el sistema tradicional de clanes. Los británicos respetaron las costumbres locales en Somalilandia, y en las zonas donde los italianos las suplantaron es donde ahora se sufre un mayor caos. Desde que se independizó en 1960 ha sido, por su situación estratégica, el depósito de armas de la guerra fría, primero para los rusos y después para los norteamericanos. Del 69 al 91 el dictador que estaba al frente del gobierno tan solo dominaba Mogadiscio. Tras su derrocamiento, el caos imperante generó una gran dependencia del negocio de la guerra, sobre todo a los señores de la guerra que se hicieron con sus zonas (siempre entorno a puertos, aeropuertos y otros lugares estratégicos).

La descomposición actual que vive el gobierno central de Somalia comenzó en 1991 con el derrocamiento del Presidente Siad Barre, y desde entonces ha habido catorce intentos fracasados de recomposición y el país ha sido tomado por bandas de criminales y toda una maraña de clanes y sub-clanes difícil de esclarecer.

Otras consecuencias de ese caos son los secuestros, las emboscadas, el trapicheo de armas, el auge del islamismo y el caudillaje, que tienen lugar tierra adentro. Por ello hay que entender Somalia como el desmorono de un Estado (un gobierno de transición que nombró la ONU hace cuatro años), incapaz de poner orden ni control, y donde últimamente las guerrillas islamistas están cobrando mucha fuerza. El problema está afectando también a las fronteras con sus países vecinos: Kenia, Etiopía y Eritrea.

Estamos hablando de un gobierno que solo controla cuatro manzanas de la capital en torno al palacio presidencial, que lleva ya 14.000 soldados desertados y no tiene, por tanto, ni ejército ni funcionarios. Sin embargo, sus cerca de 10 millones de habitantes (predominantes nómadas) hablan la misma lengua, el somalí, y pertenecen a la rama suní del islam y a la misma etnia.

En 1993 los americanos salieron del país tras un intento de acabar con su caudillo, que desembocó en el derribo del Black Hawk. Desde entonces estuvo olvidado por occidente durante al menos diez años, lo que fue aprovechado por la rama wahabita saudí para ocupar ese vacío, que acabó instalando un sistema asistencial y de tribunales islamistas, aliándose con los señores de la guerra para proporcionarles armas. Los americanos pagaron a los señores de la guerra para enfrentarse a Al Qaeda, que expulsó al último señor de la guerra en 2006 y llegó incluso a calmar la situación uniendo a clanes rivales, estableciendo cierto orden e incluso impidiendo la piratería (hasta que en 2006 decidieron asaltar los busques cuando se retomó la lucha por parte de algunos clanes de los señores de la guerra). EEUU temía un despertar islamista y se enfrentó a ellos a través del ejército etíope, mientras que los islamistas se aliaron con Eritrea, resultando finalmente derrotados. Se estableció un gobierno de transición compuesto por antiguos caudillos, y los islamistas pasaron a la clandestinidad. Pero éstos aprovecharon que Etiopía se disputa la región somalí de Ogaden desde la guerra del 77-78, para recabar respaldo popular. Las tropas etíopes salieron del país a finales de enero pasado tras dos años de ocupación, y permanece tan solo un pequeño contingente de la UA formado por tropas de Ruanda y Burundi.

CLAVES ENTORNO A LA PIRATERÍA

La piratería tiene su origen en la competencia de las modernas flotas de arrastre extranjeras, que generan 300-500 millones de dólares de ganancias anuales, y que sin pagar los correspondientes derechos de pesca (de unas aguas ricas en atunes y tiburones), han diezmado la pesca somalí basada en barcas rudimentarias. Esta debilidad somalí ha hecho aflorar a los señores de la guerra tras el negocio de la piratería.

En 2006 tan solo hubo 10 ataques piratas, mientras que en 2008 han asaltado más de 40 navíos, generando unos ingresos de 100 millones de dólares en rescates. En el primer cuarto de año de 2008 hubo 6 ataques, frente a los 61 del 2009. En lo que va de año los ataques se han doblado con respecto a los del año pasado, y ya han comportado unos beneficios de 38 millones de dólares.

Desde que se han establecido las patrullas de EEUU, India, Rusia y de la UE, el número de ataques se ha multiplicado. La comunidad internacional cuenta con una debilidad legal a la hora de detener a los piratas, ya que solo pueden requisar las armas, luego los tienen que liberar porque la OTAN no tiene protocolos de detención. Aunque la resolución 1838 del Consejo de Seguridad de la ONU de 2007 autoriza el uso de la fuerza contra la piratería en aguas internacionales, sin embargo no está claro como ni en qué circunstancias. Tampoco se ha elaborado un plan para hacer frente al caos político (la causa) que alimenta la piratería y otros males no menos peligrosos, tan solo se ha buscado una solución para un problema inmediato (la piratería, una de las consecuencias).

Por tanto, al problema de los ex pescadores somalíes reconvertidos a piratas, ahora aliados con mafias diversas, hay que añadir el problema de fondo de Al Qaeda tierra adentro, haciéndose cada vez más fuerte en la capital.

RECOMENDACIONES

En la última conferencia de donantes de la ONU, que tuvo lugar el pasado 23 de abril en Bruselas, la comunidad internacional destinó 192 millones de euros para reforzar la seguridad y la misión africana. Pero para ello habrá que crear unas potentes fuerzas de seguridad que hoy son inexistentes, probablemente necesitadas de un contingente de asistencia internacional tierra adentro, al estilo de una misión africana o de la ONU. O bien se produce un refuerzo de la AMISOM (African Union Misssion in Somalia), que en estos momentos cuenta con escasos 3.000 soldados (apoyados por Etiopía), o se pone en marcha una misión de gran envergadura de la ONU, al estilo de una misión integral destinada a la reconstrucción del Estado y la gobernabilidad, puesta en marcha de un sistema político de consenso, preparación de elecciones (al estilo Timor Este), con una dotación de infraestructuras al estilo de la misión en Sudán, y de un contingente necesario entorno a los 20.000 soldados.

La capacidad de los piratas está relacionada con la ausencia de Estado que vive Somalia, y cuyos males confluyen en una preocupante falta de gobernabilidad.

Una solución política a largo plazo pasa por reflejar la composición real del poder en Somalia, en un sistema político aglutinado en torno a los jefes de los clanes. En orden a ello cobraría más consistencia organizar gobiernos de distrito y regionales, más una federación nacional que los coordinase. El sistema de gobierno debe reconocer la división de clanes y subclanes, los tribunales islámicos (restablecimiento del sufismo moderado tradicional) en sustitución de la actual Unión de Cortes Islámicas, el bazar como sistema de negocio, y ofrecer una repatriación a los más de 870.000 desplazados desde 2007.

Serían necesarios la implantación de un ejército y de un cuerpo de funcionarios, la UE tiene experiencia sólida en el apoyo y la asistencia a fuerzas regulares y del Estado de derecho en lugares tan diezmados como Afganistán, Irak, e incluso en Kosovo.

La operación Atalanta es tan solo disuasoria y va destinada a cubrir una las consecuencias del conflicto, no interviene en el cuerpo del mismo. Está ofreciendo una protección frente a unas necesidades inmediatas, que afloran tras múltiples raíces de problemas. Patrullar 2,5 millones de millas es logísticamente imposible, y un cambio de ruta o los refuerzos de la seguridad llevarían a un alza de las principales mercancías que transitan por la zona (en especial del petróleo). Teniendo en cuenta que en 2006 fue prohibido pescar en esa zona, y que la UE es la que tiene potestad para negociarlo, sería deseable regular unos acuerdos de pesca, lo que por otro lado desarmaría en excusas a la piratería. Otro aspecto que está poniendo en evidencia sobre la marcha la operación Atalanta es la necesidad de armonizar las diferentes legislaciones nacionales en una internacional, y converger en los protocolos de detención. España puede hacer propuestas en todos estos sentidos en el seno de la UE y de la ONU, e ir más allá de los problemas inmediatos, ahondando en la necesidad de ponerle una solución integral a largo plazo que contemple las diferentes dimensiones causantes del conflicto.