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Más cerca y Más lejos: ¿viraje en la política exterior turca?

acuerdo turquia-armeniaPor un lado, concretó un acercamiento histórico con Armenia, un vecino en constante litigio. Por el otro, rechazó realizar un ejercicio militar regular junto con Israel, con quien mantiene desde hace décadas una alianza histórica. ¿Está Turquía realizando un cambio significativo en su política exterior? ¿Se está produciendo un cambio en el equilibrio geopolítico de la región?

Más cerca

Desde hace días el nombre de Turquía viene colmando la sección Internacionales de diarios y revistas especializadas en todo el mundo. Y no es para menos: el proceso iniciado en setiembre de 2008 con la visita a Armenia del presidente turco Abdullah Gull para un partido de fútbol, derivó el pasado Sábado 10 de octubre de 2009 en un histórico acuerdo firmado en Zurich que prevé la normalización de las relaciones entre ambos países.

El acuerdo – firmado por el Ministro de Relaciones Exteriores armenio Edvard Nalbandian y su homólogo turco Ahmet Davutoglu – consiste en dos protocolos que estipulan un calendario para el establecimiento de relaciones bilaterales y la apertura de sus fronteras en un plazo de dos meses, a partir de la ratificación por los Parlamentos respectivos.

Las gestiones de Estados Unidos, Rusia, Francia y Suiza tienen mucho que ver en que las Partes hayan podido sortear los obstáculos que los separaban, fundamentalmente vinculados al reconocimiento del Genocidio Armenio (inflingido por parte de los turcos entre 1915 y 1918), así como al retiro armenio de Nagorno-Karabakh, un enclave que mantienen “de facto” desde la guerra con su vecino Azerbaiján (y a causa de la cual Turquía cerró su frontera con Armenia en 1993, en apoyo a la reivindicación azerí).

En ese sentido, se habría convenido que a los cuatro meses de ratificado el acuerdo se daría paso a la creación de una comisión conjunta que estudie el Genocidio Armenio (lo que podría dar lugar a un reconocimiento oficial turco), al tiempo que se habla de ciertos compromisos por parte del gobierno armenio en relación a Nagorno-Karabakh. Sin embargo, las reivindicaciones posteriores del primer ministro turco Recep Tayyip Erdogan y del presidente armenio Serz Sarksyan, sumado a las hostilidades de políticos opositores y las protestas de manifestantes nacionalistas en ambos países, evidencian que aún hay mucho camino por recorrer en este proceso.

Más lejos

A los pocos días Turquía volvió a sorprender al mundo con una noticia, si bien menos histórica, ciertamente controversial. Las maniobras militares “Anatolia Tagle” esperadas para el lunes 12 de octubre – de la cual también participarían fuerzas de OTAN, EEUU e Italia – fueron postergadas producto de la intención de Ankara de excluir a Israel. Dichas maniobras implicaban la prueba de los sistemas aéreos de defensa y de reposición en vuelo, así como la planificación de movimientos en el espacio turco fronterizo con Irán, Siria e Irak.

El premier turco Erdogan justificó la decisión en lo que llamó “sensibilidades diplomáticas”, atribuyendo la imposibilidad de actuar en conjunto “con los aviones que sobrevuelan Gaza”. Las rispideces entre Turquía e Israel vienen precedidas por el escándalo entablado entre el propio Erdogan y el presidente israelí Shimon Peres en el último Foro de Davos, a lo que luego se sumó la renuncia del ministro Davutoglu de la anunciada visita a Israel en Octubre, al serle rechazada la posibilidad de visitar Gaza.

No obstante, desde fuentes oficiales israelíes intentaron restarle importancia a dicha decisión, transmitiendo que la alianza es histórica (desde inicios de la Guerra Fría) y estratégica para ambos, de allí que no está en peligro. Y si bien hay quienes en los últimos días adjudican la posición de Turquía a demoras en el suministro por parte de Israel de un material aeronáutico previamente convenido, resulta evidente que las relaciones bilaterales se encuentran en un mal momento. La mejor demostración de ello es que Turquía aún no ha repuesto su embajador desde que el anterior finalizó su período, hace ya varios meses.

¿Más cerca o más lejos?

La gran razón para la confusión de estos días radica en el sentido que tienen ambas acciones del gobierno turco. ¿Tienen relación entre sí? Y si la tienen, ¿se tratan de dos movimientos que van en la misma dirección o, por el contrario, se oponen uno al otro?

La aceptación por parte de Turquía de entablar el proceso para armonizar relaciones con Armenia encuentra diversas motivaciones. En lo que hace a su propio interés, la reconciliación con el mundo armenio constituye una de los principales escollos para su futura adhesión a la Unión Europea, en donde la población mayoritariamente cristiana y la carga del “reconocimiento del genocidio” pesa, y mucho.

Asimismo, es claro el deseo turco de asumir un mayor liderazgo en la región, de modo que no puede estar totalmente enemistado con un vecino que también tiene una importancia geo-estratégica: ante el conflicto de Rusia con Georgia, la ruta por Armenia se torna esencial para asegurar el aprovisionamiento de gas y petróleo. Similar motivación tienen Rusia y EEUU, de allí la presión que en esta fase de “detente” ejercieron para que se concrete el acuerdo; el primero consigue así reducir el poder geopolítico georgiano, al tiempo que EEUU también se asegura dicha ruta energética y un nuevo paso de tropas hacia Irán.

Por su parte, las fricciones que viene experimentando con Israel se pueden explicar, ante todo, por un progresivo acercamiento que viene experimentando hacia sus vecinos en el sur y sud-este: Siria, Irán e Irak, e incluso más allá, como Arabia Saudita o Sudán. Hay quienes dicen que se trata de un “regreso a la región”, ya sea por una cuestión de índole ideológica basada en el ascenso de las tendencias islamistas en un Estado históricamente laico, o por el ya mencionado deseo de recobrar el liderazgo en la región (en un momento en que Irán recoge toda la atención).

Pero también puede explicarse por el temor del gobierno a dejar de ser percibido como “islamista” cuando se acerca demasiado a Europa, de allí la necesidad de realizar una política pendular inversa. Es decir, para atenuar tanto “Occidente”, el actual gobierno turco necesita apelar a un poco más de “Oriente”.

De allí que cuando el gobierno turco se decide a armonizar relaciones con Armenia (con sentido hacia “Occidente”) le resulta por demás efectivo para revertir esa imagen un choque con Israel (con sentido hacia “Oriente”). Por supuesto, la defensa de la causa palestina y las fricciones con Israel siempre recogen buenas ganancias políticas en el mundo islámico.

Ambos movimientos contienen un mismo sentido, pues Turquía con ellos consigue acrecentar su rol de líder regional. Y ambos contienen sentidos contrarios, logrando así equilibrar su imagen política tanto ante el liderazgo europeo como ante la opinión pública local.

¿Implica esto un cambio en la política exterior turca? Claro que lo es, se trata de un re-posicionamiento estratégico que viene sucediéndose de manera progresiva desde hace años. ¿Puede llegar a cambiar el balance estratégico del Medio Oriente? Parece poco viable, pero Philip Gordon y Omer Taspinar (“Winning Turkey: How America, Europe, and Turkey Can Revive a Fading Partnership”, 2009) ya advierten en su libro sobre el riesgo de “perder Turquía”. Por lo pronto, aparenta ser más una cuestión de diplomacia mediática que de verdadera intencionalidad política de dar un viraje a sus alianzas.

No olvidemos que, al fin y al cabo, se trata de un país que está acostumbrado a estar en una constante encrucijada histórica-cultural: con un pie en Europa, con el otro en Asia.