Los desafíos externos – segunda parte

Logo Nobel Prize Muchos gobiernos, dirigentes políticos e influyentes medios de comunicación se apresuraron a dar la enhorabuena a Barack Obama por tan “merecido” premio. Sin embargo, otros sectores en Europa, América Latina, en los propios EEUU y otras regiones del mundo, criticaron que el Instituto Nobel de Noruega otorgase en muchas ocasiones ese premio a determinadas personalidades sólo por sus declaraciones de deseos, por sus promesas y no por resultados concretos obtenidos.

El Instituto ha otorgado ese premio tanto a probados luchadores por la paz y los derechos humanos como Adolfo Pérez Esquivel (1980); Rigoberta Menchú (1992), o Nelson Mandela (1993), como a un instigador de tantos golpes militares en América Latina y masacres en Asia como Henry Kissinger (1973) y a otras numerosas figuras polémicas. Eso ha hecho que el prestigio del premio fuera decayendo y que cada año exista una incertidumbre total sobre quién resultará el elegido y por qué tipo de cualidades.

¿Y qué actuación tan especial desarrollada por Obama en sus primeros ocho meses en el poder es la que se ha querido premiar? Según el jurado, “ha fomentado la lucha contra el cambio climático”; “ha impulsado el proceso de paz en Oriente Medio” y “ha apostado por un mundo sin armas nucleares.”

Para muchos analistas, en realidad, dado que en ninguno de estos terrenos se han conseguido todavía resultados demasiado significativos, lo que se ha querido premiar es “la esperanzadora visión del mundo” de Obama, frente a los negros ocho años de gobierno de George W.Bush. La herencia, el sólo recuerdo del retroceso que sufrió Estados Unidos y el mundo entero por la agresiva política unilateralista y belicista de su Administración, por su extrema intolerancia y fervor integrista, por su freno al Protocolo de Kioto, al desarrollo de la Corte Penal Internacional y a tantos tratados internacionales, y por la sistemática violación de los derechos humanos, hace que cualquier gesto, cualquier promesa esperanzadora de Obama, brille como el sol en todo el mundo.

Las declaraciones de principios y objetivos anunciados por Obama desde que asumió la Presidencia crearon grandes expectativas. El presidente más mediático y con más carisma desde John F. Kennedy no se subió al trono imperial en el que estaba sentado Bush junior, sino que empezó a hablar de un mundo multipolar; reconociendo públicamente que EEUU por sí solo no podría resolver la crisis financiera mundial ni los grandes problemas que aquejan al mundo.

LA TORTURA Y EL CIERRE DE GUANTANAMO

Barack Obama ha desterrado el término de Guerra contra el terror que le sirvió a Bush para justificar la tortura, las cárceles y vuelos secretos de la CIA y ha prometido cerrar la prisión de Guantánamo el 22 de enero de 2010.
Pero; ¿qué ha pasado con esos impactantes anuncios hechos ni bien llegó a la Casa Blanca?

La Justicia estadounidense, inmersa en mil contradicciones en los últimos siete años sobre la política a adoptar con esos enemigos combatientes encarcelados en el peculiar e ilegítimo territorio de ultramar de EEUU en Cuba, donde se encuentra la Base Naval de Guantánamo, ha permitido que más de 750 personas de 40 nacionalidades, algunas de ellas menores de edad y otras ancianas, desprovistas de todo derecho, sufrieran torturas y humillaciones durante años. Sólo tres de ellos han sido acusados formalmente de algún delito de terrorismo. Aún hoy día, diez meses después de asumir el poder la nueva Administración, la Justicia no ha encontrado la fórmula para terminar con ese vergonzoso campo de concentración del siglo XXI.

Obama reconoció en las últimas semanas que sería muy difícil cumplir con el plazo prometido. Muy a su pesar seguramente, se ha encontrado con que la compleja trama legal montada por Bush, Cheney, Rumsfeld y compañía, pone grandes obstáculos prácticos a cualquier intento por acabar con lo tejido durante ocho años.

No es fácil dar cerrojazo a la prisión si no se soluciona qué hacer con los prisioneros que aún permanecen en ella. Obama contaba con que la mayoría demócrata en las dos cámaras le permitiría cambiar drásticamente la situación heredada. Sin embargo, la propia Cámara de Representantes y el Senado le negaron el presupuesto reclamado para todo el trámite de cierre de la prisión y el 1 de octubre pasado por 258 votos —contra 163— la Cámara de Representantes le prohibió el traslado de parte de los cerca de 215 prisioneros aún encarcelados en Guantánamo.

La mayoría de los gobernadores de su país se han negado igualmente a albergar a parte de esos prisioneros en cárceles de EEUU alegando razones de seguridad nacional, lo que vino a sumarse a la resistencia de parte de los países aliados europeos a recibir en sus respectivos territorios a las decenas de prisioneros cuya custodia quiere encargar Obama. Una semana después de la negativa de la Cámara de Representantes, esta cambió de postura y aceptó por 307 votos a favor y 114 en contra, el traslado de prisioneros a cárceles de alta seguridad de EEUU, pero especificando que sólo se aceptaría a aquellos que fueran a ser enjuiciados en territorio estadounidense. La Justicia debe decidir aún a cuántos de esos prisioneros pretende juzgar. Ni bien llegó al Gobierno Obama congeló los juicios militares sin garantías a los que venía sometiéndose a esos presos. Organizaciones humanitarias como Amnesty Internacional, Human Rights Watch, o la más poderosa defensora de los derechos civiles de EEUU, la ACLU (American Civil Liberties Union), dieron en ese momento la enhorabuena. Pero ACLU criticó a Obama después de que el 28 de octubre pasado firmara una reforma de las comisiones militares en vez de suprimirlas para siempre. ACLU reconoce que esa reforma prevé por primera vez algunas garantías de defensa para el prisionero, pero recuerda que esa suerte de tribunal militar no respeta ni la Constitución estadounidense ni el ordenamiento jurídico internacional.

La última decisión de la Cámara de Representantes, que el día 20 de octubre fue refrendada también por el Senado, puso como condición de que si alguno de los prisioneros a los que se juzgue resulta liberado, no podrá permanecer en EEUU, aunque no exista ningún cargo contra él. El Gobierno tendría que encontrarle un país de acogida. La Corte Suprema estudiaba aún a inicios de noviembre si avalaba tal votación o decidía permitir a los jueces federales liberar a prisioneros en territorio estadounidense. La Corte Suprema autorizó por otro lado la liberación de varios prisioneros uigures y de un yemení al ser considerados inocentes por los propios tribunales de Guantánamo, pero, dado el alto riesgo de volver a sus países de origen, buscó países que los acogieran. Solo el pequeño estado isleño de Palau aceptó recibir a seis chinos uigures. Al no encontrar lugares de acogida para el resto y no estar resuelto todavía si se aceptará liberar en territorio estadounidense a prisioneros de Guantánamo aunque sean inocentes si no son enjuiciados en el propio territorio de EEUU, estos permanecerán encarcelados allí al menos por el momento. La mayoría de ellos ya lleva más de siete años detenidos ilegalmente.

Obama prometió también, en sus primeros días al frente de la Casa Blanca, que acabaría con la tortura y con las cárceles secretas, un anuncio que sólo podía enfurecer a los Rumsfeld, Cheney y a todos los otros adalides de esas formas de terrorismo de Estado de proyección mundial. El presidente ordenó incluso la desclasificación de algunos de los más significativos memorandos internos de la Administración Bush en los que se podía comprobar cómo se urdió toda una maquinaria legal para justificar la tortura y la no aplicación de las Convenciones de Ginebra y otros tratados internacionales a los prisioneros. Obama llegó a mostrarse públicamente favorable a abrir una investigación sobre los crímenes cometidos y a perseguir a sus responsables.

Sin embargo, poco después, y a pesar del apoyo que su iniciativa obtuvo por parte del sector más progresista del Partido Demócrata y la sociedad estadounidense, Obama se retractó. Las advertencias no sólo de sectores militares y del Partido Republicano, sino también de parte del propio Partido Demócrata y hasta de miembros de su Gabinete, hicieron que el presidente diera marcha atrás.

Prevaleció la idea de que por motivos de seguridad nacional no se podía llevar adelante esa investigación, no se podía ventilar públicamente lo actuado, identificando a los responsables y a todo el personal involucrado en las aberraciones cometidas bajo el paraguas de la Guerra contra el terror. Máxime teniendo en cuenta que numerosísimos funcionarios del Estado, mandos medios de las Fuerzas Armadas y agentes de Inteligencia siguen en sus puestos todavía. El manto de impunidad que se tejió con tanto cuidado durante años para proteger desde el torturador de bajo rango hasta el comandante en jefe de las Fuerzas Armadas, el mismísimo Bush, no se movió de lugar, como es tradición por otro lado en la historia de EEUU. Ningún nuevo presidente tiene el mal gusto de airear los trapos sucios de su predecesor y abrir la caja de los truenos.

Obama propuso finalmente que se prohibiera la difusión de más fotografías sobre malos tratos a prisioneros, al menos durante los próximos tres años. Su propuesta, que fue inserta dentro del proyecto de presupuesto de Seguridad Nacional de 44.000 millones de dólares, fue apoyada en octubre por el Senado.

AMBIGÜEDAD ANTE LA CORTE PENAL INTERNACIONAL

Obama tampoco ha dado pasos hasta ahora para que EEUU se constituya por fin en estado miembro de la Corte Penal Internacional (CPI), el único tribunal en el mundo con capacidad para juzgar genocidios, crímenes de guerra y crímenes contra la humanidad. La CPI fue creada en 1998, con el apoyo de 139 países, y entró en vigor en 2002. El 31 de diciembre de 2000, entre sus últimas medidas antes de abandonar el poder, Bill Clinton firmó el Tratado de Roma, el programa que dio origen a la CPI, pero dejó a su sucesor, a George W.Bush, la patata caliente de presentarlo ante las cámaras para ratificarlo, sin lo cual carecía de todo valor real. Y Bush no sólo no lo ratificó sino que creó leyes específicas y acuerdos bilaterales (los Bilateral Inmunity Agreement, BIA) con numerosos países para impedir que sus soldados, agentes, diplomáticos y ciudadanos en general que estuvieran en dichos países, pudieran ser llevados ante el banquillo de los acusados de ese alto tribunal, aunque se hubiera comprobado que habían cometido algunos de los crímenes para los cuales es competente.

Bush logró a través del chantaje y las penalizaciones a los estados miembros de la CPI que se negaran a firmar un acuerdo de ese tipo con Estados Unidos, que nada menos que 103 de los 110 países que han ratificado el Tratado convirtiéndose en estados miembros, aceptaran un BIA-

Esa acción de boicot declarado a la CPI, ha quitado gran parte de la fuerza y credibilidad de ese tribunal, dado que en la práctica su acción no es aplicable en casi ninguno de los países sobre los que tiene jurisdicción aceptada, cuando los acusados sean estadounidenses. Siendo EEUU el país con más tropas, agentes de Inteligencia y mercenarios en todo el mundo, es evidente las consecuencias que esto implica.

Hillary Clinton, ha dicho en enero de 2009 ante el Comité de Asuntos Exteriores del Senado, que “EEUU no persistirá en su política de hostilidad a la CPI” y de hecho ha asegurado que apoyaría las acciones de este tribunal para perseguir, juzgar y encarcelar a los responsables del genocidio de Darfur.

Obama también ha adoptado otra medida en el mismo sentido; no ha renovado una legislación específica, adoptada por las dos cámaras durante la era Bush, en 2004, la llamada Enmienda Nethercutt, que endureció aún más las penalizaciones contra aquellos países que se negaran a firmar un Bilateral Immunity Agreement con EEUU.
Sin embargo nadie de la Administración Obama hasta el momento ha anunciado que se vayan a eliminar esos ignominiosos acuerdos, que representan una verdadera burla al Derecho Internacional. EEUU tampoco ha prometido la ratificación del Tratado de Roma, para convertirse en estado miembro de la CPI.

SIN CAMBIOS EN ORIENTE MEDIO, SIN CAMBIOS EN IRAK Y AFGANISTAN

Barack Obama dio por termina la siniestra doctrina militar de Guerra preventiva, pero, al mismo tiempo, el flamante presidente mantiene en su cargo al mismo secretario de Defensa de Bush, a Richard Gates. El, como sus predecesores, es el responsable último de la muerte de tantas víctimas civiles de Afganistán e Irak en los daños colaterales provocados por sus bombardeos. El es igualmente el responsable último de las matanzas que protagonizan los miles de mercenarios de Blackwater y de tantas otras empresas de seguridad privadas contratadas por el Pentágono que operan en esos dos países.

Obama ha decidido enviar decenas de miles de soldados más a Afganistán, mientras refleja su debilidad para condicionar su apoyo al fraudulento y corrupto gobierno de Hamid Karzai, al que aupó al poder. Karzai, ex consultor de la poderosa compañía energética norteamericana Unocal fue, paradójicamente, por sus antecedentes como muyaidin durante la guerra contra las tropas soviéticas que ocupaban Afganistán (1979-1989), fue para EEUU durante esos años y tras la toma del poder por los talibán en 1996 un puente perfecto para negociar con estos (en épocas en que estaban en el campo de los buenos) el paso por territorio afgano de un importante gasoducto y un oleoducto que permitiera evitar el control ruso.

Es verdad que en uno de sus primeros discursos en el exterior, el que dio en la Universidad de El Cairo, Obama lanzó un ramo de olivo al mundo musulmán, habló de diálogo, de una nueva era, algo impensable en boca de su predecesor, pero hasta ahora, en Oriente Medio, salvo suaves amonestaciones al ultraderechista gobierno israelí, el nuevo presidente no ha movido una sola ficha a favor del oprimido pueblo palestino; no ha amenazado siquiera con sanciones a Tel Aviv por seguir adelante con sus asentamientos.

Tampoco ha cambiado de actitud frente al legítimo gobierno de Hamás en Gaza, salido, le guste o no a la comunidad internacional, de unas elecciones reclamadas por ella y reconocidas como transparentes por los observadores internacionales. Sin un cambio drástico de postura de EEUU en el conflicto palestino-israelí, será imposible obtener la paz en Oriente Medio, y, por su importancia, por su peso económico, político, religioso, cultural, por la importancia de los 1.200 millones de musulmanes que hay en el mundo, que se sienten identificados con los palestinos, equivale a decir que no habrá paz en el mundo.

Frente a Irán, Obama ha ofrecido también diálogo, sí, lo que representa un cambio indudable tras los 30 años de esa política de acoso y derribo que EEUU emprendió desde que fuera derrocada su pieza principal en toda la región, el sha Reza Pavhlevi y el ayatolá Jomeini instaurara la Revolución Islámica. Pero, hasta ahora, Obama ha alternado los gestos de diálogo, de la tradicional zanahoria, con los de las amenazas, con el palo y sigue manteniendo la tradicional política de doble rasero sobre el tema nuclear, totalmente distinta ante Irán que con países que incluso ya tienen armas atómicas, como Pakistán, India, Israel y otros. Ninguno de ellos es firmante del Tratado de No Proliferación de Armas Nuclares, y por lo tanto, sus programas no son supervisados por el Organismo Internacional de Energía Atómica (IEA), a diferencia de Irán que sí es firmante.

La política tradicional que ha mantenido EEUU frente al régimen iraní durante estas tres últimas décadas sólo ha servido para radicalizar más y más a los sectores ultraconservadores, a los más intolerantes, representados en el poder por Ahmadineyad.

Este ha hecho buen uso de las amenazas de EEUU y de la comunidad internacional para intentar crear un sentimiento nacionalista en la población, para difundir la idea de un frente nacional contra el común enemigo externo, acusando a cualquier oposición interna de alianza con Occidente.

ESCUDO ANTIMISILES Y CIBERGUERRA

Obama anunció la congelación del escudo antimisiles y propuso un tratado para la eliminación de todas las armas nucleares, una medida sin duda loable, al menos en su espíritu declarado. Sin embargo, en la letra pequeña de esa decisión sobre el escudo (la la versión más actualizada del viejo programa de guerra de las galaxias) se explica que la razón de la cancelación temporal está dada precisamente porque se han rebajado las alarmas sobre el programa nuclear iraní. Porque el OIEA ha reconocido que contra lo que se especuló una y mil veces (al igual que con las armas de destrucción masiva de Sadam Husein), Irán, aunque realmente lo pretendiera, tardaría aún años en poder tener su primera bomba nuclear.

Obama se ha reservado sin embargo el derecho de retomar plenamente el programa del escudo, dependiendo de la actitud de Irán. Y, por otro lado, se sigue adelante con una parte importante del mismo, con la instalación de grandes sensores que permitan una detección temprana de cualquier lanzamiento peligroso de misiles.

El escudo antimisiles viene siendo en realidad revisado desde hace años. Dentro del Pentágono se han alzado ya muchas veces voces críticas, que dudan sobre la verdadera eficacia del sistema. Al mismo tiempo, el presupuesto del Pentágono, ya excesivamente voluminoso por el desarrollo de las dos guerras abiertas durante un periodo mucho más prolongado del previsto inicialmente, no permite incluir el altísimo costo que supondría pasar a las fases más avanzadas del escudo. La grave crisis económica actual ha obligado a Obama a ralentizar de una forma sensible la delirante espiral en la que había entrado Bush. Obama, un hombre que durante su campaña electoral ha sabido sacar tanto partido a Internet, seguramente potenciará un tipo de guerra en la que ya puso los primeros ladrillos Bush en 2003, la ciberguerra, mucho más económica, menos sangrienta, pero con la cual se puede desde anular todo el sistema informático de un país, con las gravísimas consecuencias que eso conlleva en este siglo XXI, paralización de instituciones oficiales y privadas, comunicaciones de todo tipo, aeropuertos y un largo etcétera, cortar el fluido eléctrico, o bloquear todas sus cuentas en el exterior, todas sus operaciones comerciales y muchas actividades vitales.
En los mismos días en que recibía el Premio Nobel de la Paz Obama hablaba sobre la ciberguerra como un desafío fundamental que iría dejando detrás los métodos bélicos convencionales.

Por otro lado, el presidente Obama ha anunciado un brusco giro en la política energética de su país, el mayor contaminador del planeta; lo que provocó inicialmente la euforia del movimiento ecologista y de todas las personas preocupadas por las gravísimas consecuencias provocadas por el cambio climático en el planeta. Sin embargo, declaraciones posteriores de Obama sobre lo que podía esperarse de la próxima Cumbre de Copenhague de diciembre —donde se debe revisar el Protocolo de Kioto– hicieron bajar enormemente las expectativas creadas sobre un cambio drástico en la postura de EEUU.

RELACIONES CON CUBA, AMERICA LATINA

La relación que mantendría la nueva Administración de EEUU frente al Gobierno cubano era otra de las incógnitas sobre el rumbo de su política exterior. Mientras EEUU mantiene relaciones diplomáticas y comerciales con China o con un país como Vietnam, contra el que libró durante años una cruel guerra y donde perdió a 55.000 de sus soldados, nada hace presagiar que Obama vaya a decidir a corto plazo el levantamiento del criminal bloqueo impuesto a la isla desde 1962, que tantos estragos sigue provocando en la vida cotidiana de la población.

Obama da tímidos gestos de acercamiento a Cuba en temas de viajes entre ambos países, pero se escuda, como han venido haciendo las distintas administraciones desde 47 años, en la falta de un sistema democrático —¿le gustan más los sistemas saudí, chino, vietnamita, países a los que no cuestiona?—para perpetuar ese anacronismo.
El pragmatismo del que hace gala tan a menudo Obama, no es al menos por ahora tan consecuente como para atreverse a romper con la tradición del bloqueo a Cuba, ni para enfrentarse al poderoso lobby cubano-americano.

Es verdad que Obama no habla de América Latina y el Caribe como si fuera el patio trasero de su país, pero no duda en instalar siete nuevas bases militares permanentes en Colombia, al mismo tiempo que acusa a Venezuela y otros países de la región de lanzar una escalada armamentística. La postura de Obama ante los golpistas hondureños que derrocaron por las armas al legítimo presidente Zelaya, ha reflejado igualmente la ambigüedad en la que se mueve su Administración.

Si bien el presidente estadounidense, al igual que su secretaria de Estado, Hillary Clinton, se negaron a reconocer al gobierno fantoche de los golpistas, EEUU no asumió ante estos una postura rotunda, de sanciones y promoción de medidas drásticas de aislamiento internacional, como puede hacer indudablemente la primera potencia mundial. La política de Obama y Clinton, que fue la que finalmente se impuso, consistió prácticamente en tratar como iguales, como dos partes enfrentadas, al legítimo presidente y al presidente golpista que usurpó el cargo de este durante meses apoyado por las bayonetas. Lo que se vendió como la gran mediación de EEUU para solucionar la crisis, fue en realidad que Zelaya recuperara su cargo, un mes antes de las elecciones convoicadas, pero sólo después de aceptar formar parte de un gobierno de conciliación nacional con los mismos golpistas que lo derrocaron.

¿Será éste un precedente del estilo Obama-Clinton para resolver situaciones embarazosas, cuando no se quiere respaldar a gobiernos legítimos, porque son díscolos, pero públicamente no se puede respaldar a golpistas de viejo estilo?

¿Cuántos Obama hay? Hugo Chávez lo preguntó en la asamblea de la ONU. Es pronto para saber, por un lado, si está dispuesto a batallar hasta el final por sus convicciones declaradas, y, por otro lado, queda por ver los márgenes reales de maniobra que tiene en su propio partido; en las Cámaras, y frente a los poderosos lobbies defensores de importantes intereses, que tanto han influido con su dinero y su poder sobre la política nacional y la política exterior de los gobiernos de EEUU a lo largo de toda su historia.