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START: el compromiso estratégico

misilesDe hecho, desde la reunión de Moscú de julio del 2009, los dos líderes habían acordado que el nuevo documento tendría una vigencia de 10 años y reduciría el número de ojivas nucleares de cada país a una cifra entre las 1,500 a 1,575 en sus primeros siete años, mientras que sus vectores se reducirían a un máximo que estará entre 500 y 1,000 proyectiles de lanzamiento. Sin embargo, para diciembre solamente se firmaría el nuevo tratado que deberá ser ratificado tanto por el Congreso norteamericano como por la Duma rusa, un proceso que podría llevar varios meses.

No se trata de una simple reducción numérica de cabezas nucleares, sino negociar punto por punto la capacidad destructiva de cada una, comparar los lanzadores que cada país tiene, tener la posibilidad de una verificación in situ, la cuestión de los vectores móviles que escapan a todo control, la cuestión de los submarinos lanzadores de misiles (SLBM, Submarine-launched ballistic missiles), etc.

Demasiado armamento nuclear

Aunque el tratado previsto para diciembre es un paso importante en las relaciones estratégicas de las dos superpotencias nucleares, faltando solamente ‘cuestiones técnicas’ según el presidente ruso, el número de cabezas que cada país mantendría sería más que suficiente para aniquilar a toda la humanidad varias, el tristemente célebre poder de ‘overkilling’ que se utilizaba durante la Guerra Fría. Esta capacidad sobrante de aniquilamiento, hace que con casi dos mil ojivas, tanto Moscú como Washington siguen teniendo el mayor arsenal nuclear del planeta.

El tratado Start, sin embargo, fue un hecho importante para el fin de la Guerra Fría. Firmado en 1991 entre el presidente Bush y el Secretario General del Partido Comunista de la Unión Soviética, Mijail Gorbachov, no pudo ser ratificado sino 3 años después por el desmoronamiento de la URSS. En efecto, el mismo año de su firma, la otrora superpotencia se colapsaba, dejando el espacio a 15 nuevos Estados, 4 de los cuales tenían armamento estratégico nuclear de largo alcance: Rusia, Belarus, Ucrania y Kazajstán.

La desaparición de la Unión Soviética abre un periodo de intensas negociaciones entre las naciones sucesoras para finalmente llegar a un acuerdo el 23 de mayo de 1993, pero una ratificación por los Parlamentos de cada país hasta el 05 de diciembre de 1994 durante la cumbre de Budapest. El compromiso de las tres Repúblicas ex – soviéticas (Belarus, Ucrania y Kazajstán) fue remover totalmente su armamento nuclear y su traslado a Rusia en un lapso de 5 años, lo que se logra cuando el 05 de diciembre del 2001, Ucrania entrega su último misil a Moscú, dando por finalizado el proceso de desarme total. Mientras que Kazajstán y Belarus, además de eliminar su arsenal balístico, se adhieren al Tratado de No-proliferación Nuclear, Ucrania acepta desmantelar su armamento, pero no adherir al TNP. Por otra parte, el acuerdo dejaba a la Unión Americana y a Rusia 6,000 ojivas cada una.

Poco, pero mejor

A lo largo de la década pasada y de esta, tanto los Estados Unidos como Rusia han eliminado toda una serie de armas nucleares y de misiles. Para mayo de 1995, la Casa Blanca anunciaba la destrucción del último artefacto de los 150 silos de Minuteman II y para octubre de 1999, la erradicación de los 450 silos de Minuteman III.

Sin embargo, la eliminación de ciertas categorías de cohetes nucleares, no descarta el peligro atómico sobre la humanidad. Durante las dos administraciones Bush, la Casa Blanca buscó mejorar sus unidades anti-misiles a pesar de las reiteradas críticas de Moscú por la violación al acuerdo nuclear de parte de los Estados Unidos. Esta temática de la interpretación laxa o textual de los acuerdos dominó las relaciones entre las dos ex superpotencias. En 1973, la URSS y los Estados Unidos habían logrado, durante la década de la primera distensión, firmar el Salt 1 (Tratado obre la Limitación de Armas Estratégicas) que planteaba, entre otros puntos, la prohibición del desarrollo de armas defensivas (salvo alrededor de Moscú y de Washington), pero no de los artefactos ofensivos. La interpretación abierta del acuerdo por parte de los Estados Unidos permitió en 1983 al presidente Reagan de lanzar su proyecto de la Iniciativa de Defensa Estratégica, más conocido como la Guerra de las Galaxias.

En la nueva coyuntura, la posesión de artefactos atómicos por parte de Estados Unidos y Rusia se ha vuelto caduca debido a la poca probabilidad de su uso. En cambio, la construcción de armas más sofisticadas y de mayor precisión se convirtió en la meta norteamericana. El desarrollo de cohetes para destruir los misiles contrarios, se planteó como la prioridad de Washington debido a los ensayos nucleares de Corea del Norte y a la búsqueda de Irán de convertirse en un Estado nuclearizado. El ex –gobierno republicano buscó inclusive colocar a sus anti-misiles en Polonia, oficialmente en contra de Irán, pero en realidad como instrumento de presión vis-à-vis de Rusia.

La decisión de Obama, en septiembre del 2009, de cancelar el programa polaco permitió acercar las posiciones rusas y norteamericanas, no solamente para lograr la negociación del actual Start, sino también permitir a Moscú tomar una actitud más crítica hacia Teherán.

Así, por un lado las dos ex superpotencias se centran en reducir su arsenal, mientras que las potencias medias inician una carrera nuclear para reformular los equilibrios regionales. Solamente con una política abierta e incluyente de todos los países que poseen bombas atómicas, el TNP puede no solamente extenderse, sino aplicarse a todas las naciones y conllevar a mediano plazo a un verdadero desarme universal.