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Chávez busca una guerra para justificar su proyecto militarista

chavez-militarLe recomiendo a Mister Danger que no se le ocurra venir al país… Estamos preparando una guerra de resistencia”. (Marzo de 2006).

Gringo que se meta en una quebradita por allá, pum. También vamos a  comprar miles de equipos de visión nocturna, por si piensan meterse de noche… Ese equipo es para la guerra de guerrillas, desde las montañas, desde los  cerros”. (Agosto de 2007, tras la compra a Rusia de 5.000 rifles).

Acuso al gobierno de Colombia de estar fraguando una provocación bélica contra Venezuela, por orden de EEUU, para obligarnos a dar una respuesta que pudiera prender una guerra”. (Enero de 2008)

Alvaro Uribe es un criminal, mentiroso y paramilitar. Estamos moviendo tropas a la frontera. Si eso hubiese pasado acá sería motivo de guerra”. (Marzo 2008, luego de la muerte del jefe de las FARC, Raúl Reyes, en territorio ecuatoriano)

Colombia defiende la tesis del ataque preventivo… Vientos de guerra comienzan a soplar”. (Agosto de 2009, sobre el acuerdo militar con EEUU para el uso de bases).

Hago un llamado el pueblo, a la fuerza armada, vamos, ¡apresto de combate!”. (Setiembre de 2009, denuncia una supuesta incursión de Colombia).

Estas son sólo algunas de las innumerables frases del presidente de Venezuela, Hugo Chávez, en donde la guerra y el militarismo es el leimotiv de este ex paracaidista que en el pasado intentó llegar al poder mediante una golpe de Estado.

Desde que se propuso la toma del poder el teniente coronel Hugo Chávez planteó, como hipótesis final de su proceso revolucionario, una confrontación bélica en dos niveles. En primer lugar, con Estados Unidos, caracterizado como el enemigo estratégico a derrotar. Y en segundo lugar, con los aliados, externos o internos, de Washington. A partir de estas premisas comenzó a formular su política nacional y sus alianzas geopolíticas regionales y extracontinentales.

En el libro del profesor e investigador universitario, Agustín Blanco Muñoz, “Habla el Comandante Hugo Chávez Frías” de 1999, el Teniente Coronel Chávez afirma su concepción guerrerista de la realidad política. “Nosotros hablamos de la lucha política como de la guerra política; es decir, de la guerra o el combate militar que hicimos. Estamos ahora en una guerra política, estamos en otra forma de guerra, y no sabemos si más adelante pasaremos a la guerra nuevamente”, sostiene el presidente que se ha autoproclamado como el heredero de Bolívar.

Ya en julio de 1992 Chávez sostenía la misma posición. En la cárcel de Yare escribió: “se inicia, asimismo, en este lado del escenario, una acumulación de fuerzas transformadoras que van siendo encarriladas por una sola vía. La escalada del conflicto y su desencadenamiento en una guerra civil, fraticida, pero justa y legítima”, expresaba Alberto Garrido en su libro “Terrorismo de Estado y Guerra Civil, en Alberto Garrido, De la Guerrilla al Militarismo”.

El presidente Chávez necesita una confrontación militar para reafirmar todas sus tesis militaristas, acompañadas con más de una docena de leyes que regulan a las empresas, las elecciones, reforman las Fuerzas Armadas, intervienen en la propiedad privada, el comercio, censuran y controlan la prensa, las relaciones laborales e implanta una educación socialista, entre otras iniciativas, que lleva adelante a paso redoblado en un rico país petrolero, que no ha logrado saldar su gran deuda social.

Chávez está inmerso en lo que ha llamado la transición hacia el “socialismo del siglo XXI”, que pasa por continuar incrementando el poder económico del Estado en detrimento del sector privado, mientras paralelamente imprime su ideología izquierdista a toda la sociedad.

El gobierno venezolano, para consolidar ese proceso, avanza en un proyecto político personalista, autoritario y neopopulista que ensaya una versión tropical del llamado “Estado Guarnición”, de Harold Lasswell. En 1941 Lasswell escribe su renombrado ensayo, “The Garrison State and the Specialists of Violence”, en donde alertaba sobre los peligros que acechaban a las sociedades modernas. Lasswell afirmaba que los especialistas de la violencia, es decir los militares, podrían convertirse en el elemento social rector de éstas. En esencia, un desarrollo inteligente y personal de Lasswell sobre los ancestrales temores liberales frente al militarismo.

La avanzada concepción militarista de Chávez llega incluso a la estructura de su formación política. El Partido Socialista Unificado de Venezuela (PSUV), está organizado en divisiones, batallones y patrullas.

El presidente Chávez entiende que la militarización es necesaria para adquirir y no perder el poder absoluto, pero para implementarla, necesita un buen pretexto. Una justificación creíble de que el país está en inminente peligro y amenazado por los enemigos externos e internos, léase Estados Unidos, Colombia y la oposición local.

Chávez necesita de un conflicto bélico no riesgoso, pero magnificado por la propaganda, para justificar un estado militarizado bajo sus nuevas leyes, en un país en donde el gobierno enfrenta innumerables problemas que no ha podido resolver pese a la renta petrolera.

La escalada conflictiva no debería sorprender a nadie. Chávez, alimenta una confrontación y la está buscando para acelerar ese proceso de militarización y adoctrinamiento creciente de la sociedad. Además de sus provocadores discursos, recientemente detuvo temporalmente a ciudadanos colombianos en la capital venezolana, incluyendo personal diplomático, cultivando la escalada de la tensión entre ambos países, e intentando provocar una reacción de Colombia que justifique sus encendidos discursos guerreristas que pronostican un enfrentamiento bélico.

El gobierno chavista no ha parado de aumentar su potencial militar y de multiplicar sus anuncios de nuevas adquisiciones en Rusia, así como de estrechar sus relaciones con regímenes como el iraní, lo que deja bien claro quién es el que está añadiendo factores de inestabilidad en la región e intentando recrear el confrontativo clima de la Guerra Fría.

Por la vía de los hechos -a través de la sistemática dotación a la Fuerzas Armadas de pertrechos ofensivos de alto poder de fuego- el gobierno de Venezuela intenta ser una potencia militar, capaz de alterar la correlación de fuerzas existente en la región y con capacidad para proyectarse en términos estratégicos mucho más allá de sus fronteras. El propio Chávez reconoció en un discurso en 2004 que “no se sostiene un Ejército con una estrategia defensiva”. El Teniente Coronel quiere fuerzas ofensivas, para el ataque.

El proyecto bolivariano, a diferencia de otras aspiraciones nacionales tiene una concepción de expansión hacia la región. Cuando su activismo político cruza la línea y se transforma en intromisión en los asuntos internos de otros Estados, como ya ha ocurrido en algunas ocasiones, inevitablemente se generan contiendas y conflictos de potencialidad muy latente.

Batallas, campañas, guerra asimétrica, guerra de cuarta generación, guerra de resistencia, guerra mediática, guerra civil, guerra comercial, guerra anticolonial, guerra necesaria, batalla de ideas, son parte del discurso del mandatario.

En el frente interno, proclama la guerra contra los escuálidos, contra los oligarcas, contra los burgueses, contra los ricos, contra la oposición, contra el latifundio, contra el empresariado, contra la industria, contra la propiedad privada. En el frente externo, guerra contra el imperio, con Colombia, contra el imperialismo, contra el libre mercado, contra el ALCA, contra los Tratados de Libre Comercio, guerra latinoamericana, guerra continental, y la lista podría continuar.

En todas sus intervenciones está presente la guerra, es parte de su doctrina que quiere imponer con un autoritarismo muy marcado, autocrático. Todos los poderes están en su puño, militarista, y con una vocación que raya en el totalitarismo.

Definitivamente, el presidente Chávez necesita provocar una guerra para justificar su proyecto político en donde la democracia, no está entre sus prioridades. El autoproclamado heredero de Bolívar quiere su guerra, busca un escenario en donde sus sueños épicos se hagan realidad. Un prócer místico sin batallas ganadas –y él está convencido que es la reencarnación de Bolívar- no entra en las mejores páginas de la historia.