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Afganistán: la guerra de Obama

obama-in-afghanistan-100809-lgLa mayor duda es porqué se demoró tanto, ya que durante toda su campaña dijo una y otra vez que la verdadera guerra para EE.UU. no estaba en Irak , sino que se llevaba a cabo en Afganistán, ya que allí existiría un problema que afectaba realmente a la seguridad nacional del país, además que la guerra se estaba perdiendo.

Obama anunció fundamentalmente dos cosas: el aumento de tropas estadounidenses y de otros países de la NATO, y una fecha de retiro de las tropas, al menos de posiciones de combate. Es indudable que la guerra no la inició Obama, pero a partir de esta fecha deja de ser la guerra de Bush, para transformarse en la de Obama, en el sentido que a él se le va a pasar la cuenta si fracasa, como también se le atribuirá el éxito, si es que triunfa.

El discurso de Obama tuvo también otra característica: es la definición más concreta y medular que ha hecho en política exterior en lo que lleva de su mandato.

En efecto, otras definiciones y propuestas no han tenido el impacto esperado en el sentido de las expectativas que han desatado. Ocurrió con su apertura hacia el mundo musulmán, ha pasado también en el medio oriente donde nada parece haber cambiado en lo fundamental, en Irak su itinerario de retiro de tropas se asemejó al que fijó Bush más que al que prometió en campaña, en América Latina no ha habido avances desde las ofertas hacia Cuba y en el caso de Honduras, si algo ha caracterizado sus decisiones ha sido un zigzagueo, sobre todo en relación al ex Presidente Zelaya, influido quizás por la oposición que encontró en el senado de EE.UU. Y si en las relaciones con Rusia, hubo un reconocimiento de los intereses de seguridad de ese país, quizás las concesiones de EE.UU. estuvieron determinadas por una situación económica que hoy impide la inversión en tecnología de punta que tanto preocupaba a los rusos.

Lo anterior no es una crítica, ya que es tan solo la constatación de tres hechos: el primero que la “Obamanía” ha terminado por perjudicar la labor de gobernante de Obama, ya que desata expectativas difíciles de cumplir; segundo, que más allá de sus intenciones el Presidente norteamericano sigue siendo el Jefe de Estado de una potencia mundial que a la vez es un imperio, lo que determina una compleja red de relaciones y de intereses que no pueden ser cambiados a voluntad; y tercero, que en el sistema norteamericano, si es efectivo que las atribuciones del Presidente como comandante en jefe son totales, en lo demás debe compartir su poder con el congreso y autoridades locales y federales.

La pregunta de fondo ¿es cuanto cambiará la situación en Afganistán como consecuencia del discurso de Obama y si su definición estratégica logrará sus objetivos?

Y ahí entran las dudas, y son varias.

En primer lugar, es efectivo que la guerra se está perdiendo y la situación está empeorando en vez de mejorar, sobre todo, porqué la inestabilidad se está trasladando a un país nuclear, tal como es Pakistán.
En segundo lugar, cada vez existe menos apoyo dentro de EE.UU. a una guerra, donde a diferencia de Al Qaeda, el Talibán no parece ser hoy una amenaza directa a EE.UU., ya que si son un peligro lo son para su propia gente y las zonas limítrofes, ya que no existe evidencia alguna, que deseen o aspiren a salir de esa ubicación geográfica.
En tercer lugar, no hay ni siquiera mención alguna de actores regionales que tienen un profundo interés en Afganistán, ya sea por razones religiosas, políticas o estratégicas como es el caso de Arabia Saudita, Irán o la India, que debieran ser parte de todo acuerdo. Especialmente clave es el rol de la India que ve en Afganistán una posibilidad de debilitar a Pakistán.
En cuarto lugar, Pakistán no solo está siendo desestabilizado por el traslado de la guerra talibán a su propio territorio, lo que es una novedad, no en el sentido de la presencia de ellos, sino de la decisión militar de confrontarlos, con las consecuencias del caso, lo que no es menor, ya que Pakistán siempre vio en Afganistán la profundidad estratégica que necesitaba para una guerra convencional con un enemigo superior, como es el caso de la India.
En quinto lugar, nada dice Obama del problema de un gobierno como el de Karzai, no solo acusado de corrupción, sino de mantenerse ilegítimamente en el poder a través de elecciones fraudulentas, ni de un gobierno que realmente no tiene control alguno sobre sus Fuerzas Armadas como es el caso del de Pakistán.
En sexto lugar, 30.000 tropas en ningún caso aseguran el control de un territorio tan complejo y montañoso como el de Afganistán, por lo que el éxito del aumento de tropas para estabilizar Irak no parece ser repetible en el otro país, además que el conflicto iraquí devino en una especie de guerra civil, lo que no es el caso de Afganistán, donde las bajas aumentan entre las tropas extranjeras, y por lo tanto, la moral combatiente ha disminuido, no solo entre los norteamericanos, sino entre aquellas tropas que aún mas que las estadounidenses han llevado el peso de la guerra, como es el caso de las británicas.
Por último, y como concesión a las “palomas” del Partido Demócrata que se oponían a este aumento de tropas, se fijó una fecha de retiro muy cercana, el año 2011 para que calzara con el itinerario electoral de la potencia, lo que inmediatamente hace difícil que el aumento de tropas cumpla su objetivo, ya que es fácil predecir que aquellos vacilantes o temerosos de tomar un lado en Afganistán, ahora ya saben que luego se irán los estadounidenses, pero el Talibán permanecerá allí.

En resumen, un discurso muy esperado, pero que no parece tener las soluciones, al menos para el objetivo declarado por Obama: ganar la guerra. Más bien, parece una muy buena pieza de oratoria, pero dirigida a distintas audiencias, y que considerando el programa de política interna, sobre todo, la reforma de la salud, va a obligar a la administración a hacer concesiones, y una constatación más que Afganistàn pasó a ser no solo la guerra de Obama, sino que su resultado es hoy por hoy el elemento que está definiendo su presidencia ante la historia, y para ello, la “Obamanía” y sus expectativas, a veces infundadas, es hoy parte del problema más que de la solución. Sobre todo, el discurso deja la impresión que la guerra no es ganable, sin la colaboración y las correspondientes concesiones a los “señores de la guerra”, lo que en si es contradictorio con el objetivo declarado de crear un ejército nacional y trasladar a éste ( que hoy prácticamente no existe) las tareas de seguridad.