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El espíritu emprendedor

emprendedorPensamiento y acción son dos facetas esenciales de la condición humana. La inteligencia y la realización de decisiones  y proyectos, se conjugan para marcar el lugar singular del hombre en el cosmos. Allí se entronca precisamente la libertad humana.

Hay conductas que se cumplen por instinto o por intuición. Otras, son frutos de procesos intelectuales.

La acción es una conducta que sigue a un proceso subjetivo e inteligente que lleva a la toma de decisiones. La acción le añade a este proceso un indispensable eslabón, que lo completa: la ejecución.

La duración del lapso que media entre la decisión y la ejecución, hace la diferencia entre quien hace prevalecer lo subjetivo (la esfera del mundo interior), y quien siente que no sólo hay que tomar decisiones, sino ejecutarlas (dar el salto hacia el mundo de la realidad objetiva). O sea, convertir el pensamiento en acción, tornar lo subjetivo en historia evidente, en el menor tiempo conveniente y posible.

Emprendedor es quien se atreve a pasar del pensamiento a la acción, impulsando siempre iniciativas y realizaciones. Sabe compaginar el proceso que lleva a definir metas subjetivamente, elaborar proyectos conducentes al logro de estas metas, y asumir los riesgos consiguientes para transformarlos en resultados concretos.

A la inteligencia y a la imaginación forjadoras sabe sumarles el coraje necesario para enfrentar las resistencias o salvar los vacíos, que frenan incluso antes de animarse a alcanzar logros.

La visión es la capacidad de imaginar futuras realidades y ejecutar acciones destinadas a crearlas, o a cambiar lo que ya está envuelto en la obsolecencia.

El emprendedor no se conforma con todo cuanto existe. Busca crear cosas nuevas o cambiar algunas de las ya existentes. Abre nuevos caminos. Se anima a innovar. A veces imita cosas ya vigentes, aunque añadiéndoles matices novedosos. En esos casos, prefiere afirmar algo ya hecho por otros, en lugar de permanecer inactivo. En todo caso, para no ser un mero imitador, siempre incorporará nuevos matices, que llevarán su impronta, y habrán de marcar la diferencia.

No todo emprendedor convierte necesariamente su iniciativa en empresa

institucionalizada. Pero toda empresa precisa de uno o más emprendedores.

El impulso esencial que crea e inspira al emprendedor, se entronca en la vocación del espíritu humano de crear y seguir creando. Ser forjador de nuevas realidades y nuevas pautas de acción y de maneras de vivir. Lo mueve la ansiedad de abrir nuevos rumbos, iluminar nuevas perspectivas, dejar un legado de realizaciones que lleven el sello de su presencia y se tornen en nuevas contribuciones.

Hay emprendedores que aportan nuevos conceptos y arriesgadas orientaciones. Pero cuando se es emprendedor de ideas, y éstas quedan sólo en el discurso, no se puede dar el ejemplo que las mismas se pueden convertir en acciones. La persuasión discursiva no tiene la misma fuerza que la persuasión activa. Predicar y dar ejemplo de cuanto se predica, no son sinónimos. Son vigencias distintas. Pueden compaginarse, y en muchos casos, deberían hacerlo.

La fuerza persuasiva de una idea se enaltece cuando su inspirador asume el riesgo de alcanzar logros propios.

Vencer los miedos, hacerse de coraje, son la energía emocional que la inteligencia necesita para dar el salto de la mente a la historia.

Emprendedor y líder son las dos caras del mismo rostro. Ambos están atentos al tiempo indispensable que requieren las reflexiones, previas a la acción. Pero no se dejan persuadir fácilmente por las razones que aconsejan no actuar. En todo caso, tratan de distinguir entre pensamiento indispensable, y pretextos para no animarse a la acción.

Quienes son más proclives a acentuar su temor a equivocarse, tienen más dificultad para poder ser emprendedores. Es más fácil hacer pesar las razones para no actuar, que arriesgarse a la acción, la cual siempre encierra la posibilidad de errar. Sin el riesgo de equivocarse, y a pesar de todo actuar, todos serían emprendedores. Emprender es saber siempre de antemano que se puede fracasar. No animarse a emprender ¿da por asegurado el éxito? Son más cantidad quienes no se animan. Por eso el triunfo sólo es viable cuando hay quienes lo saben lograr, sin preocuparse de formar parte de una mayoría irresoluta. El triunfador sabe que no alcanzará sus logros sin vencer resistencias subjetivas y objetivas.

Todo emprendedor siente un llamado que se le torna mandato y compromiso consigo mismo, y que lo lleva ala convicción que las verdades esenciales se tornan evidentes en la acción y por la acción.