Brasil, IranEste acuerdo, si es que finalmente logra llevarse a cabo, arroja dos resultados paralelos: por un lado la victoria de la presión occidental para evitar que Irán se haga con nueva tecnología, capaz de enriquecer en mayor porcentaje su uranio; y por otro lado, de una victoria diplomática y política de Irán, que lograría –si todo se mantiene según los parámetros de este primer acuerdo- conservar su plan de desarrollo nuclear, a pesar de las presiones con las que cuenta.

A pesar de haberse logrado este primer acuerdo entre los gobiernos de Irán, Brasil y Turquía, las principales potencias occidentales, la Unión Europea (UE) y el Estado de Israel, no dejaron de mostrarse escépticos, ante lo que consideran: “una nueva maniobra de Teherán para retrasar nuevas sanciones del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas y obtener, de paso, mayor cantidad de uranio enriquecido”. Y motivos para dudar, sobran.

Si bien, hasta el momento, el gobierno iraní rechazó a todas las delegaciones del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA) –dependiente de la ONU- en octubre del año pasado, confesaron tener 1.200 kilos de uranio poco enriquecido (en un 3.5%) La duda que se plantea en la actualidad, es de cuantos kilos realmente cuenta el gobierno iraní, ya que, desde su último anuncio hasta nuestros días, su presidente, Mahmoud Ahmadinejad, no a cesado de advertir que continuó enriqueciendo más cantidad de uranio, pero sin aclarar cuanto.

La re-aparición de potencias regionales, cambia el tablero

Independientemente de los anuncios “oficiales” por parte del gobierno iraní, lo que más se destaca –en principio- es la capacidad diplomática de Teherán y el inteligente aprovechamiento del actual contexto multipolar, en que juegan las distintas potencias. En este nuevo tablero, donde claramente sobresalen los Estados Unidos, como potencia hegemónica, también re-aparecieron otras –que les disputan poder en varios frentes simultáneos- como el caso de Rusia, China, India, Brasil y Turquía. En el caso de éstos últimos países, Brasil –a las claras- sobresale como potencia regional latinoamericana, y Turquía, de a poco, comienza a consolidarse como potencia regional en el Medio Oriente. Entre otras cosas, la victoria de un partido religioso turco en las últimas elecciones con la consecuente llegada al poder de Recep Tayyip Erdogan , y la falta constante de respuesta europea a sus diversos pedidos, hicieron que el país donde antiguamente reinó el Imperio Otomano, haya virado de estrategia y apunte sus principales intereses a su ex zona de influencia: el denominado “Cercano Oriente”. Esta –en principio- victoria diplomática de Brasil y Turquía, pasa a engrosar, fundamentalmente, las estrategias de Ankara y Brasilia para los meses inmediatos. En el caso de brasil, su presidente, Ignacio “Lula” Da Silva, en pocos meses dejará la presidencia y ya se anotó para competir por el puesto de Secretario General de Naciones Unidas, y este paso en la arena internacional, le brinda algunas chances más. También, Brasil, apuesta a desarrollar su propio plan nuclear; por este motivo, el apoyo de su país a cualquier nación subdesarrollada que tenga en sus planes llevar a cabo esta industria, se enmarca –para los intereses estratégicos de Itamaratí- en el “derecho soberano”, tal como lo pretenden los mismos brasileros.

Más dudas que festejos

Si bien, podría hablarse de un “empate diplomático”, entre las principales potencias europeas e Irán (siempre teniendo en cuenta que Irán estaría por lograr la legitimidad final de su plan nuclear, con todo lo que esto conlleva) habrá que estar muy atentos a los próximos pasos.

En principio, Irán dice contar con 1.200 kilos de uranio poco enriquecido, al 3.5%.

Con este acuerdo firmado en Teherán, el pasado 17 de mayo, el país de los ayatolas se compromete a expatriar dicho uranio a centrales protegidas en Turquía –bajo la estricta vigilancia turca e iraní- El segundo paso obligado, es negociar con el denominado “Grupo de los 6” (G6); Estados Unidos, Rusia, Francia, Inglaterra, China y Alemania. Si el G6 acepta los trazos generales de este plan, Francia y Rusia se comprometerán –en el lapso de un año- a canjear el uranio iraní guardado en Turquía, por 120 kilos de uranio mucho más enriquecido (a un 35%) Este porcentaje de enriquecimiento es el necesario para desarrollar una tecnología nuclear superior, capaz de obtener capacidad bélica (bomba atómica) a pesar de que el régimen iraní lo niegue.

Conclusión

A pesar de este anuncio, las verdaderas dudas (¿qué fin querrá brindarle Irán a su programa nuclear?) continúan sin una respuesta clara.

El régimen iraní, en otras ocasiones, ya demostró su capacidad para el engaño, y supo detener nuevas sanciones y no dar nunca explicaciones serias acerca de su plan. Esperemos que este, no sea un nuevo ejemplo de ello.

Por lo demás, y sumadas a esta preocupaciones, la jefa de Relaciones Exteriores de la Unión Europea, Catherine Ashton, dijo que el acuerdo “no responde a todas las preocupaciones” sobre la cuestión nuclear iraní, asimismo, el portavoz adjunto del Gobierno alemán, Christoph Steegmans, dijo que ningún acuerdo puede reemplazar un pacto entre Irán y el OIEA. “Eso no puede ser sustituido por ningún trato entre países”.