Lluís Bassets
21/12/10

Bassets celebra el último avance de la democracia americana, que siempre parece ir por delante a pesar de la superioridad con la que se les juzga desde Europa: los militares estadounidenses serán los primeros en poder declararse abiertamente homosexuales. De esta manera, se acaba con la política de “no preguntes, no cuentes” instaurada en el primer mandato de Clinton (involuntariamente, por su parte). La administración de Obama se apunta ahora un importante hito y devuelve a Estados Unidos el status de un país de oportunidades. Pero, tras esta reforma, surge una nueva pregunta: ¿podría la sociedad americana votar a un presidente homosexual? Muchos dudaban de que se pudiera elegir a un presidente afroamericano, e incluso otros interpretaron su victoria como un reflejo del antifeminismo, pero ya se ha visto que ambos casos son posibles. Sin embargo, parece ser algo más difícil que una persona abiertamente homosexual llegue a ejercer un cargo político como el de presidente. En las últimas campañas electorales, los candidatos han seguido una tendencia de utilizar la imagen de familia convencional como ventaja. Curiosamente, concluye Bassets, el único gobernante que ha reflejado una imagen sexual desordenada es Berlusconi, uno de los más claros representantes del populismo y la derecha en Europa.

Lluís Bassets es periodista y director adjunto de EL PAÍS. Se ocupa de las páginas y artículos de Opinión. Escribe una columna semanal sobre temas de política internacional.

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