Lluís Bassets
20/01/2011

Poco podemos predecir de cómo se desarrollará el siglo XXI, pero lo que está claro, dice Bassets, es que estará determinado por las relaciones entre las dos grandes potencias mundiales ahora mismo: China y EE.UU. Las especulaciones por lo que puede ocurrir entre ambos países son muchas, pero la realidad es que no hay referencias a las que atenerse. El caso de China, su rápido ascenso, no se ha dado nunca a lo largo de toda la historia. Aunque asegura que su expansión será pacífica, esto no acaba de convencer a los demás países asiáticos. La de EE.UU. también lo era en un principio y luego se convirtió en la mayor superpotencia militar. Al contrario que la Unión Soviética, el capitalismo chino abandona toda ideología en sus movimientos económicos internacionales y se guía tan solo por sus intereses. La visita del presidente Hu Jintao a EE.UU. ha dado lugar a importantes declaraciones de miembros de la política estadounidense, que fomentan un orden mundial pacífico y comentan sobre el desarrollo militar y la escena económica para las empresas internacio.nales en el país asiático. Toma una posición especial el respeto de los derechos humanos, que EE.UU. reclama a China, aunque hay quien exige también a los norteamericanos “predicar con el ejemplo” y eliminar por su parte la tortura y la censura, así como crear un sistema público de sanidad. No solo serán las grandes empresas quienes deben tomar parte en las relaciones entre ambas potencias, sino también los defensores de los derechos humanos.

Lluís Bassets es periodista y director adjunto de EL PAÍS. Se ocupa de las páginas y artículos de Opinión. Escribe una columna semanal sobre temas de política internacional.

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