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LA DIMENSIÓN INTERMÉSTICA DE UNA DECISIÓN PRAGMÁTICA

Pocas veces el término “interméstico,” utilizado por cientistas sociales para describir un fenómeno que tiene expresiones domésticas y ramificaciones internacionales, encuentra una aplicación tan adecuada para reflejar un momento de decisiones políticas. Considero que ese es el caso al que asistimos con la decisión del Presidente Barack Obama al anunciar pública y oficiosamente el retiro de las tropas de Irak porque, según sus propias palabras “es tiempo de enfocar en la construcción de nación en casa.” En muchos sentidos, este llamado apremiante resulta mas pragmático que ideológico. Con un gasto promedio de $1.3 trillones de dólares invertidos a lo largo de una década para librar dos guerras que han sobredimensionado las reservas humanas y económicas del país; que han puesto a prueba sus capacidades estratégicas y a la vez comprometido las posibilidades de un desenlace exitoso, el argumento de mantenerse a toda costa resulta insostenible para un país que no termina de salir de su crisis financiera y que tan sólo en el presente año fiscal invirtió en ambos despliegues la friolera suma de US$120 billones de dólares. Con una creciente deuda externa que ya bordea los US$14.29 trillones, el excesivo gasto militar también es oneroso e injustificable ante la opinión publica, sobretodo para el creciente porcentaje de la población profesional y trabajadora desempleada que aún no tiene garantías para reinsertarse en los exiguos mercados laborales o para gran parte de los estados y pueblos de la Unión que actualmente enfrentan una crisis presupuestal sin precedentes, ante la cual tienen que hacer malabares para afrontar viejos y nuevos problemas como la reconstrucción de ciudades enteras abatidas por catástrofes naturales, o impactadas por el auge de la criminalidad violenta.

Por si acaso éstas no fueran suficientes razones para un reflujo, el Presidente Obama maneja ahora un nuevo referente inadmitido con las eclosiones sociales recientes en diversas partes del mundo. Estas revueltas sociales resonantes sobretodo en el Medio Oriente constituyen un llamado de alerta no sólo a los gobiernos dictatoriales y autoritarios que predominan en la región, sino también a los regímenes democráticos occidentales de larga data y formidable tradición institucional pero a los cuales sus gobiernos hacen cada vez menos justicia en su desempeño frente a las
necesidades insatisfechas de importantes conglomerados sociales.

La reciente convocatoria de gobernadores estadounidenses en la que se expusieron las precarias condiciones que enfrentan los estados para honrar sus responsabilidades con los ciudadanos que los eligieron, aunado al claro mensaje de los “furiosos ciudadanos desempleados” (angry jobless citizens) como se hacen llamar estos conglomerados improvisados de pobladores, dispuestos a “piquetear” el Congreso Nacional en demanda de que el dinero que se ahorre de los recortes militares sea utilizado para la creación de empleos, no da mucho margen para indecisiones y además perfila el gran desafío que estos gobiernos tienen por delante.

Si, es tiempo ya de restablecer las prioridades presupuestales que estén acorde con las necesidades mas perentorias en el ámbito domestico. La forma en como estas dos guerras han cambiado el panorama de bienestar de las comunidades contribuyentes al erario público es apenas debatido en las altas esferas políticas; no así en los hogares de una clase media en deterioro y de una creciente masa de familias depauperadas y desalojadas de sus hogares impactados por la crisis de bienes raíces. Estas voces también buscan encontrar la forma de ser oídas, y mas aún, retribuidas correspondientemente.

Es cierto que este nuevo pragmatismo anunciado hace apenas unos días por el Presidente Barack Obama enfrenta la tradición realista de la estrategia de seguridad norteamericana, pero con unas elecciones a la vuelta de la esquina no es posible, como afirmara recientemente el Senador demócrata por el estado de Virginia, Joe Manchin III, “cortar servicios y programas nacionales, incrementar los impuestos y disparar aun más la deuda para financiar la construcción de Afganistán; la cuestión que todos encaramos es simple -insiste el susodicho,- vamos a elegir reconstruir América o Afganistán?”

Por otro lado, no menos cierto es que esta opción estratégica minimalista pone por primera vez en sintonía las infladas expectativas de “reconformación de nación” con la factibilidad de realizar una encomienda de tal envergadura. En términos tácticos, ella se ampara en el relativo éxito recientemente alcanzado por el operativo militar desplegado en Pakistán que tuvo por objetivo la eliminación de Osama bin Laden. Este evento ofreció a la administración del Presidente Obama una puerta de salida, calificada por la administración como “responsable,” al impasse de 10 años de despliegue en territorio extranjero. En primer lugar, frente al pueblo norteamericano, cansado de tanta guerra aunque víctima de un nacionalismo insuflado, pero a la vez sacudido por la terrible pérdida de más de 1,500 de sus hijos/as, hermanos/as, padres, madres y amigos/as, ante quienes el gobierno tiene una responsabilidad moral -por decir lo menos- de justificar este inconmensurable sacrificio e irreparable pérdida.

En segundo lugar, la nueva estructura de oportunidades que creó la eliminación de Osama bin Laden aporta peso a un argumento no menos sugerente para un país que tiene vasta experiencia en operaciones bélicas, la necesidad de enfocarse mas en estrategias y tácticas de contraterrorismo. El complejo ajedrez que en este reciente episodio ha tenido que jugar la nación mas poderosa a nivel mundial con Pakistán, un país tercermundista pero apertrechado como no cualquier país desarrollado, hace honor al famoso dicho de que “la razón hace la fuerza,” y esta razón incluye no dejarse seducir por un anacrónico y fútil triunfalismo como el que expresara el presidente Sarkozy para justificar su propio retiro del campo de batalla, de que, “dado los progresos que hemos visto, Francia iniciará la gradual reducción de sus tropas de refuerzo en Afganistán, en un calendario comparable al retiro de las tropas norteamericanas.” Afirmaciones como éstas, sólo sirven para agregar un toque de cinismo a la errática política internacional que ha primado durante los últimos diez años.