La criminalidad es una de las lacras de América Latina. Para reducir su incidencia, los Estados necesitan intervenir con un enfoque social más efectivo que las simples actuaciones policiales.
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por Ricardo Israel Zipper
La CEPAL estima que América Latina crecerá sólo un 1,9 por ciento en 2009. Lo que suceda en la realidad dependerá de las políticas publicas, la responsabilidad social empresarial y de la movilización ciudadana. A pesar de la seriedad de los problemas, América Latina dispone de una serie de fortalezas.
En América Latina, la crisis significa reducción de exportaciones, bajada de los precios de los commodities, disminución de las inversión extranjera y caída de las remesas de los inmigrantes. ¿El resultado? 15 millones de pobres más, superando ampliamente los 200 millones de pobres.
América Latina debe sacar sus conclusiones. Frente al difícil 2009 que viene, es preciso recrear en los hechos, en las leyes, en las regulaciones, y en los presupuestos, una agenda ética para la economía. Precisamente, esa que ha fallado en Wall Street.
Entienda por qué en la actual coyuntura crítica económica, las clases medias pueden llegar a ser una de las fuerzas más vigorosas en la defensa de un modelo de desarrollo que incluya a todos, y proteja a los más débiles.
La clase media no será más carne de cañón de experimentos económicos ortodoxos y dogmáticos en América Latina. Se ha concienciado, aumenta su participación y será un actor decisivo en la modelación del futuro de la región.
Diversos operadores financieros de Wall Street actuaron en contradicción total con la idea de responsabilidad social empresarial. Trataron de maximizar el lucro a corto plazo, sin atención ninguna al daño social. Los más vulnerables del mundo ya están pagando los costes de esta gravísima crisis global. La ética debe volver a regir la economía. Urgentemente.
América Latina debe reexaminar las regulaciones, las prácticas especulativas, las altas inequidades, el papel de la política pública, y muchos otros importantísimos asuntos que subyacen del trágico derrumbe de Wall Street. La región debe salir de una vez de los economicismos estrechos, y visualizar qué componentes básicos del capital social como la confianza y la ética tienen enorme peso sobre la economía. Es hora.








